“Sus autos son una basura”: la historia de la frase que disparó la pelea entre Ferrari y Lamborghini

El legado de Enzo Ferrari no sólo comprende exquisitos deportivos de ensueño y grandes piezas automovilísticas de todas las épocas, sino que también frases célebres que van descubriendo el carácter y la particular impronta de Il Commendatore.

Muchas de las definiciones inolvidables de Don Enzo forman parte del inventario de una de las marcas más deseadas del planeta. Otras de sus verborrágicas conclusiones, por el contrario, alimentan las historias de sus grandes enemistades.

Uno de los desencuentros más sabrosos del universo automotor tiene como protagonistas a un consagrado Enzo Ferrari y a un ignoto Ferruccio Lamborghini, próspero fabricante de tractores y cliente ferrarista del norte de Italia. Ambos son los padres de una rivalidad de elite que nació a partir de una lucha de egos, discusión sobre mecánica mediante.

La histórica pelea entre Ferrari y Lamborghini

Para los inicios de la década del 60, Ferrari ya había cosechado cuatro títulos mundiales en la Fórmula 1 (uno de ellos junto con Juan Manuel Fangio) y la marca del Cavallino Rampante se consolidada como una de las más buscadas del planeta. Los resultados en los circuitos potenciaban año a año el prestigio de la firma de Maranello, que se disputaba frente a otra casa italiana, Alfa Romeo, la corona de máximo emblema de deportividad.

Si bien los modelos comerciales de Ferrari nacieron en 1947 a la sombra de su evolución deportiva, el éxito de los autos de calle también creció durante los años 50, cuando Ferrari llegó a producir hasta 200 vehículos al año.

Ferruccio Elio Arturo Lamborghini nació el 28 de abril de 1916 en Cento, Italia, en el seno de una familia dedicada al cultivo de uvas. Por aquellas tareas tuvo su primer contacto con la mecánica, ya que era quien se encargaba de reparar los tractores. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Ferruccio Lamborghini fue reclutado por el ejército italiano para ayudar con el arreglo de los vehículos.

Al regresar, a partir de su profesión, decidió abrir un taller para convertir los tanques en tractores para las fincas. Lo obsesionaba la idea de ser piloto de carreras y el rápido éxito que cosechó con su negocio pronto lo depositó en las pistas. Su trayectoria deportiva resultó efímera: un grave accidente le impidió volver a correr oficialmente.

Su interés por los autos, de todas maneras, permaneció intacto. Y su holgada posición económica le permitió continuar cerca de su pasión: empezó a coleccionar autos de lujo. Lógicamente, no tardó en llegar a su taller una de las joyas mecánicas más deseadas de aquellos tiempos, una Ferrari 250 GT. Iba a ser, luego, el auto de la discordia.

Como Ferrari, Ferruccio Lamborghini también vivía en Emilia-Romaña, donde sostenía su riqueza como fabricante de tractores y se deba el gusto de acumular diversos modelos de marcas como Maserati, Mercedes-Benz y Alfa Romeo, además de la 250 GT.

Cansado de los problemas del embrague que tenía su Ferrari 250 GT, un día de 1963 Ferruccio decidió ir a ver a Don Enzo para proponerle, a partir de sus conocimientos de mecánica, alguna solución que pudiera mejorar los problemas del vehículo. Se enfrentaba, nada menos, al creador de un mito que no dejaba resquicio para la crítica sobre sus autos. “Cuando usted compra una Ferrari, está pagando por el motor. El resto se lo doy gratis”, solía decir Enzo Ferrari como para amedrentar cualquier atisbo de crítica.

La conversación nunca tuvo chances de llegar a un entendimiento. “Las Ferrari sólo me traían problemas, así que cansado de enviarlas al taller llamé a Enzo para decirle que sus autos eran una basura. Su repuesta fue que un fabricante de tractores no entendía nada de sus deportivos”, dijo Ferruccio luego sobre aquella charla álgida.

También popular por su carácter, a Ferrari no le hizo nada de gracia la sugerencia de Ferruccio. “Déjame a mi hacer los autos. Vos encárgate de hacer tractores”, aseguran que le respondió Il Commendatore al empresario. Aquella respuesta desató la furia de Ferruccio, quien abandonó inmediatamente la oficina con una obsesión: construir el mejor deportivo posible para ganarle a Ferrari.

Aquel mítico diálogo, entonces, podría considerarse como el embrión de Lamborghini. Sólo cuatro meses pasaron desde ese episodio hasta que Ferruccio construyó su fábrica en Sant’Agata Bolognese, justamente cerca de la sede ferrarista. Al poco tiempo ya conseguía presentar su primera creación, el Lamborghini 350 GTV, el modelo que inauguró la rivalidad entre ambas marcas y que además contó con una particularidad: el equipo que ayudó a Ferruccio a desarrollarlo había sido echado de Ferrari por estar en desacuerdo con la presencia de la esposa de Don Enzo en la fábrica.

No fue un gran suceso aquel 350 GTV: en dos años vendió poco más de 100 unidades. Pero lo que siguieron creaciones más taquilleras como el Islero, el Espada y el Jarama, y uno de los modelos más bellos de todas las épocas, el Miura, lanzado en 1966 y considerado el primer superdeportivo de la historia.

En las décadas siguientes Ferrari confirmó su destino de leyenda, mientras que Lamborghini debió vender su empresa en 1974 tras la crisis del petróleo. Después de eso se retiró del rubro para dedicarse a la producción vitivinícola, aunque la marca siguió concibiendo varios de los deportivos más extraordinarios del planeta.

“Usted conduce una Ferrari cuando quiere ser alguien y un Lamborghini cuando ya es alguien”, sentenció Frank Sinatra alguna vez. ¿Qué le diría Enzo Ferrari?

Fuente: “Sus autos son una basura”: la historia de la frase que disparó la pelea entre Ferrari y Lamborghini (clarin.com)