Polémica en la pospandemia: “En Italia el virus sigue entre nosotros, pero bajó su carga viral y los asintomáticos ya no contagian”

Para el médico argentino Gabriel Farante haber vivido la pandemia justo en el epicentro que disparó el coronavirus hacia el resto de Europa – la región de la Lombardía, en el norte italiano – fue peor que una guerra.

En la guerra clásica, la estrategia militar para lograr los objetivos frente al enemigo se trazan analizando las acciones en el campo de batalla; en cambio, esta guerra epidemiológica fue contra un enemigo desconocido, incluso para la propia tropa: los médicos. Italia a lo largo de la pandemia perdió a 160 médicos jubilados. Ellos generosamente -a fines de febrero 2020 cuando escaló el pico de contagios y muertes en la región de la Lombardía – no dudaron en ponerse el delantal y ofrecieron su ayuda. Lo hicieron sin protección, y sin saber muy bien cómo había que enfrentar a ese virus que se mostraba letal e invisible.

Ya en la pospandemia, las cifras del coronavirus en Italia aún estremecen. Todo pasó demasiado rápido: en menos de cuatro meses de pandemia, se sumaron 35 mil personas fallecidas y 240 mil infectados en todo el territorio italiano.

Farante es médico cirujano, especializado en cáncer de mama y nacido en la ciudad de Rosario. Se recibió de médico en la Universidad de Córdoba, y planificó un viaje de profesionalización a Milán por 6 meses, que se extendió hasta hoy por 30 años permitiéndole desarrollar una sólida carrera en el Instituto Europeo de Oncología de Milán.

Lo dicho explica por qué el sistema de salud italiano colapsó ante la exponencialidad de los contagios y el comportamiento del virus en Italia, y su peor consecuencia: el número alto de muertos en varios pueblos pequeños, allí donde todos se conocen. Todo pasó frente a la paradoja que señaló el propio Farante varias veces a lo largo de la entrevista: Lombardía es considerada la región con la mejor medicina y los mejores médicos de Italia. “Qué suerte que la pandemia de COVID-19 comenzó aquí, si no hubiera sido peor”, dijo Farante.

El virus desinflado

El médico argentino Farante, desde Milán, adscribe con sus explicaciones y fundamentos científicos sobre el coronavirus SARS -CoV-2 en la misma línea teórica de dos colegas de la zona de la Lombardía, a quienes él respeta mucho: el virólogo Massimo Clementi, del Hospital San Raffaele de Milán y el médico nefrólogo Giuseppe Remuzzi, director del Departamento de Inmunología y Trasplante Clínico de los Hospitales Reunidos de Bérgamo, en Italia. La tesis de que el virus SARS-CoV-2 que provoca la enfermedad COVID 19 ha envejecido y es cien veces menos virulento ahora que en sus comienzosTanto Clementi como Remuzzi comenzaron -hace unos meses atrás – a describir la pandemia desde un ángulo crítico, de acuerdo a las sugerencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

-Doctor Farante, ¿usted también – como sus pares Remuzzi y Clementi – cree en la tesis -en el caso italiano- que el virus se ha “desinflado”, que ha perdido la virulencia de los primeros tiempos ?

– Gabriel Farante: Sí, e incluso no creo que sea una tesis. Éstas observaciones se basan en hechos fácticos, son una realidad. Fue además investigado científicamente por el grupo de Clementi y por el de Remuzzi, en el Instituto Mario Negri de Bérgamo. El virólogo Clementi emprendió un estudio similar al que hizo Corea (en el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Corea del Sur).

El grupo del doctor Clementi tomó 100 casos de marzo 2020, controló la carga viral y comparó con 100 casos de fines de mayo 2020, controló la carga viral. Y vieron que la carga viral de los de mayo -recientes- tenía al menos 100 veces menos potencia que los de marzo. Por lo tanto, nadie dijo que no existe más el virus, tampoco nadie demostró que hubo una mutación del virus, la única realidad es que la carga viral de los pacientes hoy es menor.

Por eso, a diferencia del inicio que había positivos asintomáticos que contagiaban. Esos eran los más peligrosos, porque era gente que ya estaba infectada, no lo sabía y contagiaban a otros. Hoy, hay muchos COVID-19 positivos que son asintomáticos y que no contagian.

-Los estudios de Clementi y los del CDC de Corea plantearon también un cambio en la clínica de los pacientes positivos, que impactó directamente en la baja de la ocupación de las camas de terapias intensiva, permitiendo que el sistema de salud se recupere...

-Exactamente. En Italia, la pandemia comenzó el 21 de febrero y -90 días después- el 4 de junio se abrió definitivamente. En el interín, el drama: tuvimos lamentablemente 35 mil muertos y 240 mil infectados. Ahora, en este momento es una situación completamente cambiada. Convivimos el virus, el virus no desapareció, pero está bajo control. Tenemos aproximadamente 20 muertes por día y las terapias intensivas se vacían.

Del estudio que emprendió el virólogo Clementi surge el cambio en la clínica de los pacientes, y ya no se trata solo del número de casos. Hoy, llegan pacientes con síntomas muy leves, no hay pacientes graves, ninguno más va a la terapia intensiva o UCI (Unidades de Cuidados Intensivos), y apenas pocos van al hospital. Esta caída en las admisiones a la UCI llevó a los médicos de Clementi a preguntarse si hubo algún cambio virológico. Y el propio virólogo de la San Raffaele aclaró que no se deben a mutaciones del virus, sino a otra característica: la virulencia.

-Doctor Farante, ¿puede establecer a esta altura de la pandemia qué aciertos y qué desaciertos hubo en la gestión de la pandemia del caso italiano?

-Claro que hubo errores, muchísimos: tuvimos 240 mil contagiados y 35 mil muertos. Al inicio era un aluvión que se venía encima y no había forma de controlarlo. ¡Y menos mal que el epicentro fue aquí en Lombardía! donde tenemos la mejor medicina de Italia, donde está la mayor cantidad de centros médicos importantes y de calidad; y de todas las especialidades, cardiología, oncología, hospitales generales e infecciosos. Hubo médicos que morían porque no se ponían los barbijos. Todas estas cosas sucedieron, y poco a poco se comenzó a tomar distancia.

-Hubo un hecho disruptivo que impulsaron los expertos italianos y que permitió un avance importante en el conocimiento sobre cómo tratar el coronavirus; en una línea opuesta a lo que planteaba la OMS ¿Cuál fue?

Hay que decir claramente que Italia aportó un descubrimiento muy importante a la investigación sobre el nuevo coronavirus; y fue cuando hizo las autopsias a mitad de marzo, en contra de la sugerencia de la Organización Mundial de la Salud. Es decir, el país desobedeció, digamos, e hizo las autopsias igual. Y descubrió la coagulación intravascular diseminada (CID) ; descubrió que todos hablaban de las neumonías, y de las pulmonías, y resultó que había un paso anterior que era esta CID que tapaba los pulmones. Por eso el 90% de los que entraban en terapia intensiva, morían.

Después se empezó a usar la dexametasona en bajas dosis porque desinflamaba ese proceso inflamatorio. También se empezó a usar el suero de convaleciente de los que ya habían sido contagiados y curados. Hoy tenemos 190 mil curados, eso significa que tenemos un bagaje por si hay hipotéticamente un nuevo reverdecimiento del virus, estamos más preparados.

Los tests, el centro de la escena

– Sobre las cuarentenas hay divergencia sobre en qué momento hay que salir y en el cómohacerlo. Pero hay consenso sobre los múltiples impactos que provocan: psicosociales, sanitarios y sobre todo económicos ¿Cuál es para usted la mejor estrategia frente a estas sociedades cansadas?

Hay que volver a la normalidad, porque el encierro trae problemas económicos, pero sobre todo trae muchos problemas emocionales: mentales, psicológicos ¿y eso quien lo controla después? En Italia se cerraron el 30% de los negocios y hay millones de trabajadores sin trabajo.

Por ejemplo, la semana pasada tuvimos dos focos, uno en Mondragón, cerca de Nápoli, y otro en Bologna, en una empresa de transporte. Se cerró la empresa, controlaron, hicieron los tests, no abrieron, y así se controló el foco para que no se disemine. Bologna no cerró, y Napoli tampoco. Si en una ciudad como Milán se dispara un nuevo foco, en un barrio, como puede pasar en una ciudad grande y muy poblada como Buenos Aires, se cierra el foco, pero no la ciudad. No podemos cerrar más porque la economía italiana a pesar de que es distinta que la argentina tiene dificultades.

Argentina imitó muy bien a Italia en el cierre. Ahora creo que tiene que imitarla en todas las otras cosas que le ha dado resultado como por ejemplo los tests. Es mejor prevenir que después curar o saturarse porque hay muchos casos. Sigo las investigaciones científicas de la Argentina, son muy interesantes, porque tiene un excelente nivel la medicina argentina. Los médicos se destacan singularmente en todo el mundo y en cualquier especialidad.

-En Italia, doctor Farante, se llegaron a hacer 60 mil tests por día y se sostuvo esa cifra a lo largo del tiempo. ¿Usted considera que esa fue la estrategia clave para “acorralar” al virus?

El tema de los tests resultó fundamental. Con respecto al número, es cierto, se hicieron 60 mil tests por día y algunas jornadas se llegó a 70 mil tests; pero lo más importante es que la estrategia epidemiológica se sostuvo por más de 2 meses. Eso hace a la eficacia de una estrategia, es una inversión que tendrá frutos. Ayer, con 200 infectados por día y alrededor de 22 muertos, todavía se hicieron 55 mil test.

En este momento no hay ningún tratamiento eficaz, ciento por ciento, pero hay una combinación de estrategias antiinflamatorias como la dexametasona, la heparina y algunos antivirales. En general, el mejor tratamiento en la medicina es la prevención. El hecho de mantener la distancia social o permanecer aislados, o evitar los contactos en zonas de infección.

– Cómo funciona en términos concretos la pospandemia en Milán, su ciudad. La gente sigue respetando las normas epidemiológicas, como el DS. ¿O existe una especie de descontrol -como a veces parecen mostrar las fotos del verano italiano- después de tanta angustia y muerte?

-Todos los años en Italia mueren 180 mil personas por tumores y 220 mil por enfermedades cardiovasculares; esto quiere decir que la vida sigue. Tenemos que enfrentar esto, fue un impacto, fue algo nuevo, pero ya lo controlamos.

Porque sino después tendremos más problemas, la problemática económica trae enfermedades también, de todo tipo: desde psicológicas hasta cardiovasculares. Entonces hay que cuidar la parte económica, hacer un equilibrio entre la salud y la economía. Una mala economía provoca enfermedad, y por lo tanto desequilibra la salud general de la población.

Daniela Blanco (publicado por Infobae.com el 05/07/2020)

Fuente https://www.infobae.com/salud/2020/07/05/polemica-en-la-pospandemia-en-italia-el-virus-sigue-entre-nosotros-pero-bajo-su-carga-viral-y-los-asintomaticos-ya-no-contagian/