La “Divina Comedia”: traducciones y homenajes de un libro que “no es de este mundo”

Los actos de conmemoración del séptimo centenario de la muerte de Dante Alighieri serán principalmente en Ravenna, donde está sus restos mortales, así como en Bologna – lugar de sus estudios – y en Florencia, ciudad en la que nació y de la que fue expulsado. Sin embargo, localidades como Génova, Nápoles, Verona, Siena, Roma y Brindisi no son ajenas a la obra de Alighieri, como lo destaca Giulio Ferroni en su libro La Italia de Dante, reciente ganador del prestigioso Premio Viareggio-Rèpaci 2020, en la categoría no ficción.

En la Argentina, distintas actividades institucionales de las cátedras de lengua y literatura italianas, tanto de la Universidad de Buenos Aires como de la Universidad de La Plata se sumarán al curso libre y gratuito en italiano de “Lectura Dantis”, que se da hace más de 10 años, todos los jueves a las 14, en el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires. Este año se puede ingresar por la plataforma Zoom o por YouTube.

En cuanto a las traducciones, el poeta y traductor Jorge Aulicino señala que “en la ‘Divina comedia’, por la cantidad de versiones que tuvo a lo largo de 700 años, se puede ver que cada época traduce a su manera”.

A la traducción argentina realizada por Bartolomé Mitre hay que sumar una traducción considerada por unanimidad como absurda: la “versión lírica” de Francisco Soto y Calvo, una edición ordenada por el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, publicada en 1940 e impresa en los talleres de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires. Aulicino, quien posee una edición comentada a mano por Antonio Luis Beruti (quien también tradujo y publicó el “Infierno” en 1930) dice: “Beruti tiene razón en todo: la versión que comenta es increíblemente mala”.

También existe la traducción de Ángel Battistessa -editada por el Fondo Nacional de las Artes y Carlos Lohlé, en 1971- la cual “está asociada al espíritu de la revista Sur”, según sostiene Claudia Fernández Speier en su libro Las traducciones argentinas de la Divina Comedia (Eudeba, 2019).

Aulicino señala que las traducciones del siglo XX en España y en la Argentina adolecen de un problema: “son académicas, y además han caído en el engaño de que el endescasílabo acerca al original, cuando en realidad aleja; en primer lugar porque el endecasílabo español suena absolutamente distinto al italiano, marcial uno, dulce el otro, y, en segundo lugar, porque el verso métrico solo consigue que se elijan las palabras en función de la medida, no del ajuste al sentido y la profundidad, incluso popular, de los términos originales”.

La otra traducción inédita es la de Fernández Speier, que publicará probablemente en el transcurso de este año la Divina comedia en su totalidad, con un completo estudio preliminar. La dantista destaca que, a contramano de la pasión argentina por el canto del “Infierno”, para ella “el ‘Paraíso’ es el más importante, el más vanguardista, el más novedoso, el recinto donde más aparecen los neologismos y el que más dialoga con el siglo XXI. La ‘Divina comedia’ no es un libro de este mundo”, concluye.