La colectividad italiana y sus representantes

El cese forzado de actividades que implica esta época de cuarentena abre espacios de manera casi inconciente a momentos de reflexión, pensamientos y balances. En un silencio casi absoluto vuelven pensamientos y recuerdos  de otras épocas, cuando nuestra colectividad se caracterizaba por su efervescencia.

Siempre lo fue, ahora también se organizan actividades y se firman convenios, pero es inevitable pensar que actualmente nuestra comunidad parece la sombra de lo que fue hace no mucho tiempo, puede ser porque antes había muchas personas y hoy hay muchas menos, la operatividad se hacía más evidente. En los últimos años llegaron de Italia nuevos migrantes italianos, entre ellos muchas mujeres, pero ellas prefieren tener otros espacios de reunión en internet y en las redes sociales.

Por respeto a la historia hay que recordar que la colectividad organizada nació oficialmente en 1858, cuando 35 italianos fundaron la Unione e Benevolenza. Desde entonces nunca dejó de realizar actividades, aunque tuvo momentos de mayor o menor efervescencia. Alcanza con pensar cuando la colectividad juntó dos veces el dinero necesario para encomiendar al escultor Arnoldo Zocchi la realización del monumento a Cristoforo Colombo, que se inauguró en 1821 con la presencia del entonces presidente Hipolito Yrigoyen.

En el segundo posguerra mundial en una nueva oleada migratoria llegaron personas fuertes, determinadas con ideas claras en relación a los derechos de los italianos en el exterior. Sabían que un emigrante para el Estado Italiano era una persona muerta y ellos querían continuar siendo ciudadanos italianos. Entre tantos tenemos a Luigi Pallaro, Alfredo Maltinti, el Dr. Francesco Franco, Antonio Ambrosio, Mario Frizzera, Fernando Caretti, alpino y presidente de la Unione Ossolana, y muchos otros. Fueron ellos y muchos más los que lucharon para el reconocimiento del derecho de continuar a existir de los emigrantes italianos. Hay que recordar también a Antonio Macri, tío del ex Presidente Mauricio Macri y padre de Jorge Macri; Domenico Pugliese, Riccardo Laino, Franco Arena, Marcelo Pacifico. Muchos luchadores que libraron una verdadera guerra en pos de sus objetivos y lograron, gracias al diputado Mirko Tremaglia, una verdadera victoria: el reconocimiento del derecho al voto de los italianos en el exterior y la creación de la “circoscrizione estero” con la Ley 459/2001. 

Lamentablemente desde entonces nuestros directivos nos dejaron por razones naturales y son pocos los descendientes que siguen su legado, salvo contadas excepciones, fueron fagocitados por las exigencias de su cotidianidad, como nos cuenta la inmigrante triestina Eleonora Marí Smolensky es su libro “Colonizadores colonizados. Los italianos porteños“.

Edda Cinarelli