Inmigración: un drama que no es sólo nuestro

Hablar hoy de inmigración es hablar de un drama casi bíblico para todo todo el mundo. Aunque el fenómeno de los refugiados, del asilo político, de los grandes desplazamientos la humanidad, Europa hoy es el blanco de una catástrofe que está directamente afectando las raíces democráticas de nuestro país. Italia deberá solicitar ayuda para contener esta dramática invasión, lejos de pensar en actuar como Donald Trump con México construyendo un muro a lo largo de la frontera para evitar la inmigración clandestina.

Si pensamos que sólo en los último 30 años el viejo continente recibió decenas de millones de extarcomunitarios con índices de nacimiento muy superiores a los de los 30 países de la UE, podemos constatar que hablamo de un nuevo orden mundial en el cual la inmigración ocupa un papel preponderante y muy preocupante. Hoy en Francia hay más mesquitas que iglesias: en ciudades cómo París o Lyon, casi la mitad de los ciudadanos de 0 a 20 años son musulmanes. El intendent de Londres se llama Sadik Aman Khad y en Gran Bretaña pasamos de los 82.000 musulmanes de 1977 a los 3,5 millones de hoy. El índice de natalidad promedio de la UE es de 1,38 hijos por pareja, cuando el mínimo para la perpetuación es de 2.2. El índice de natalidad de los musulmanes es de 8,1 hijos por pareja y este es uno de los motivos por los cuales en Europa no hay una disminución del índice de natalidad. Por su posición geográfica Italia es el puente natural de acceso desde Africo e el Medio Oriente y de todos los países de la ex Yugoslavia. este fenómeno que para 2039 podría transformar a Francia en una república islámica, no es sólo italiano y no debe serlo. Desde tiempos bíblicos los italianos son curiosos descubridores de territorios: Marco Polo nació en Venecia en 1254 y Cristóbal Colón nacio en Génova hacia 1440. Pero con la excepción de mil años antes, cuando los romanos conquistaban y fundaban la civilización occidental, el término “colonizar” venía de nuestro Colón que no quería apropiarse de nada, sino descubrir otras culturas.

La situación actual que ve a Italia como el recipiente natural del flujo migratorio más grande la historia de la humanidad, no debe ser sostenida sólo por nosotros. Somos un pueblo acogedor por antonomasia, también porque siempre fuimos acogidos en todo el mundo. Pero no podemos confundir la solidaridad con la trajedia. Mientas Austria translada sus tanques a la frontera para no permitir la entrada de extraconitarios, Italia sigue recibiendo a miles de personas en centros de refugiados que mantienen los contribuyentes italianos. La ayuda de la UE no está especificada y nada contempla lo que está desestabilizando a nuestro país. Estos niños, mujeres y hombres que escapan de las situciones dramáticas de sus países de origen, merecen toda nuestra atención y solidaridad, pero no podemos permitir que este fenómeno sea una catástrofe para nuestra economía, nuestra política y nuestra cultura. También podríamos aumentar los centros de refugiados, pero no podemos hacerlo solos. Europa debe ayudarnos rápido, de lo contrario la consecuencias serán pesadas para nosotros y para todo el continente.

Eugenio Sangregorio