Hacia un peronismo sin Perón – por Ezequiel Toti

Si le preguntamos a un argentino elegido al azar, probablemente independiente de su trasfondo personal, nos dirá que el primer gobierno de Juan Perón realizo las reformas necesarias que la Argentina necesitaba y que de haber finalizado su gobierno con un solo mandato no encontraría detractores en ningún lado.

La industrialización, la auténtica inclusión en materia de derechos laborales, políticos y sociales, la sindicalización y hasta el derecho al voto femenino son el paso que Perón se animó a dar, paso que algun gobernante eventualmente habría dado de todos modos pero que siempre da lustre a quien se anima a darlo.

Las bases del peronismo (originalmente denominado justicialismo) se basaban en el concepto de ”justicia social” acuñado, aunque pocos lo sepan, por los jesuitas; esto sumado la carismática figura de la primera dama Eva Perón creaba un halo de misterio digno de cualquier Casa Real Europea, pues en definitiva Argentina siempre fue considerada la pequeña Europa de America Latina.

Dicho sea de paso, hablando de jesuitas, peronistas y monarcas (porque el Papa es un monarca) vemos que el Obispo de Roma ha querido introyectar sin éxito el carisma del populismo peronista, recurriendo a elevar a los excluídos y darles un rol preponderante. Sin embargo una vez mas la falla cometida por Perón ahora la comete el actual pontífice: una transición populista en la que no se le dan las herramientas (políticas en el caso de Perón) ni catequisticas (en el caso del Papa) a su pueblo, un pueblo que se queda en lo emotivo, lo romántico y sin una base firme.

Décadas de peronismo nos dejaron un pueblo con miedo a no decirse peronista, algo así como el temor de no decirse parte de la clase media, en parte por un sentimiento de culpa inculcado por malos referentes del mundo católico que ven a la prosperidad como algo diabólico, ignorando que la riqueza no es mala por sí misma, sino que es malo el apego a esta.

En una palabra, asistimos a la peronización del cristianismo y no a la cristianización del peronismo, sin duda una gran oportunidad perdida.

Una dominación autoritaria con culto al líder es lo que esta sufriendo America Latina, con ”dictadores benevolentes” y sin el carisma del general Perón, que sea que nos resulte simpático o no, fue sin duda un líder culto, persuasivo y un auténtico estadista.

Lamentablemente el poder en muchos casos hace creer al líder que su persona es indispensable, que es el único capacitado para guiar la vida de los mas necesitados.

Argentina y toda America Latina pagan las consecuencias de la dependencia a un líder ya fallecido, a no permitirse nuevas alternativa y a no cuestionar ni revisar historicamente estos procesos, sirva de ejemplo los gigantes aparatos estatales mayormente inútiles que han ayudado a convertir a parte de la población en trabajadores absolutamente dependientes del Estado y a desocupados aun más dependientes todavia.

El Estado desde una perspectiva cristiana de la política es la ”Familia de Familias” pero cabe preguntarse ¿no hay acaso familias pequeñas pero sumamente eficientes?

¿Qué sucedería con el peronismo con un estado reducido? ¿se volvería el peronismo 3.0 que va a las bases y se olvida del aspecto de culto sectario o desaparecería definitivamente?

Las pandemias y guerras son la crisis que es a la vez oportunidad para la aparición de lideres fuertes, que como dice el prestigioso periodista Michael Charbon: deben dar esperanza a la gente pero diciéndoles la pura verdad y con un proyecto claro.

Sólo el tiempo dirá, después de todo, pese a los autoritarismos y excesos, la democracia sigue viva en America Latina, es sólo cuestión de recordarselo a la ciudadanía.

Ezequiel Toti