Francia e Italia, nueve meses de escalada verbal

Francia e Italia mantienen una escalada verbal desde junio de 2018 que el jueves 7 de febrero ha subido un importante escalón con la decisión del Gobierno francés de llamar a consultas a su embajador en Roma —algo inédito desde la Segunda Guerra Mundial— a raíz del encuentro que uno de los dos vice primeros ministros de Italia, Luigi di Maio, mantuvo con representantes de los chalecos amarillos franceses en la región que engloba a París.

Estos son los principales episodios de la creciente tensión entre dos Ejecutivos con visiones divergentes de Europa:

El caso Aquarius

El 12 de junio de 2018, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, acusa al Gobierno italiano de “cinismo” e “irresponsabilidad” por rechazar la acogida del Aquarius, la embarcación de las ONG Médicos sin Fronteras y SOS Mediterranée con 630 migrantes a bordo, rescatados frente a las costas de Libia. El portavoz de su partido, La República en Marcha (LERM), Gabriel Attal, declara que la postura de Roma es “para vomitar”.
Furioso, el otro vice primer ministro italiano, Matteo Salvini, exige disculpas y amenaza con la cancelación de la visita de Estado que tenía previsto el nuevo jefe de Gobierno italiano, Giuseppe Conte. Finalmente, se celebró el día 15. Salvini es además ministro del Interior y líder del partido nacionalista de derechas La Liga.
Macron y la “lepra” nacionalista

El 22 de ese mismo mes, Macron menciona “la lepra que crece” en Europa, “el nacionalismo que renace, las fronteras cerradas que algunos proponen” y los que “traicionan incluso el asilo”. Salvini tilda al presidente francés de “arrogante” y le responde: “Quizás seamos populistas leprosos, pero yo recibo lecciones de quien abre sus puertas. Acoja a miles de migrantes y luego hablaremos”.
Un Salvini monstruoso

Octubre de 2018. Un vídeo del Gobierno francés para exhortar a sus ciudadanos a votar en las elecciones europeas de mayo de 2019 muestra imágenes de Salvini y del primer ministro húngaro, el nacionalista Viktor Orbán, arengando a las multitudes.

“El Gobierno francés publica, con el dinero de los contribuyentes, un vídeo oficial para las [elecciones] europeas utilizándome como un monstruo al que tener miedo. Macron y sus amigos deben de tener mucho miedo. En 2019, les espera una primavera de los pueblos que les va a barrer”, reacciona Salvini en Twitter.

La polémica de la furgoneta

Ese mismo mes, una furgoneta de la Gendarmería francesa cruza la frontera italiana y abandona en una zona boscosa a dos inmigrantes africanos. La policía italiana hace fotos, comprueba la matrícula y manda el material a la fiscalía de Turín. Salvini no desperdicia la ocasión: “No quiero creer que la Francia de Macron utilice a su propia policía para descargar a escondidas a inmigrantes en Italia. Pero si alguien piensa de verdad que va a usarnos como el campo de refugiados de Europa, violando las leyes, las fronteras y los acuerdos, se equivoca completamente”.

Un día después, París admite los hechos, que atribuye a “un error” de los agentes. Salvini no acepta las disculpas.
El primer apoyo a los chalecos amarillos

El 7 de enero, los dos vice primeros ministros y líderes de los dos partidos que confirman el Gobierno italiano de coalición, Di Maio —del Movimiento 5 Estrellas— y Salvini, expresan su apoyo a los chalecos amarillos franceses, cuyos sectores más radicales buscan la caída de Macron. “Como otros Gobiernos, el de Francia piensa sobre todo en representar los intereses de las élites, de los que viven de privilegios, pero ya no los del pueblo”, dice Di Maio al llamar a los chalecos amarillos a no cejar en su protesta.

La Francia “colonialista”

El 20 de enero, Di Maio pide a la Unión Europea que imponga sanciones contra países como Francia por “empobrecer África” e impulsar a los migrantes del continente a alcanzar Europa. “Si las personas se van de África es porque algunos países europeos, en especial Francia, nunca han dejado de colonizar”, lanza. Salvini remata: “Francia no tiene ningún interés en estabilizar la situación en Libia porque tiene intereses petrolíferos opuestos a los italianos”.

El Ministerio francés de Exteriores convoca a la embajadora de Italia para expresarle su malestar por estas declaraciones “inaceptables”.

Macron, un “muy mal presidente”

El 22 de enero, Salvini manifiesta su esperanza de que el pueblo francés se libere pronto de un “muy mal presidente”. El primer ministro Conte trata de calmar los ánimos subrayando la “amistad histórica” de Italia con Francia.

Al día siguiente, la ministra francesa de Exteriores declara que su país no va a entrar en la “competición del más estúpido” con los dirigentes italianos, pero reconoce que, en esas circunstancias, no se preveen visitas oficiales francesas al país vecino. “El pueblo italiano es nuestro amigo y merece dirigentes a la altura de su historia”, declara Macron en El Cairo seis días después.

Reunión con los chalecos amarillos

El último episodio de la escalada comienza el 5 de febrero. Di Maio anuncia en las redes sociales que se va a reunir en la región que engloba a París con responsables de los chalecos amarillos. Lo hace y cuelga una foto del encuentro.

Este 7 de febrero, Francia llama a consultas a su embajador en Roma —algo que no sucedía desde 1940, tras la declaración de guerra de Italia a Francia en la Segunda Guerra Mundial— en respuesta a lo que considera una “injerencia” y una “falta de respeto”.

Publicado por El País el 8 de febrero de 2019