Monthly archive

septiembre 2021 - page 3

En Italia se abre la puerta a la vacunación obligatoria contra el coronavirus

Italia afronta estos días un conflicto político y social a cuenta del certificado de vacunación obligatorio. Los movimientos antivacunas, secundados por algunos sectores de partidos de la ultraderecha, han promovido movilizaciones violentas contra el salvoconducto necesario ya también para el transporte público, los restaurantes y, próximamente, también para ir a trabajar. El primer ministro, Mario Draghi, ha salido al paso este jueves en una rueda de prensa y ha cargado contra estos grupos. Además, ha asegurado que Italia estudiará obligar a su población a vacunarse cuando la situación lo permita, un paso que hasta la fecha no ha dado ninguna de las grandes democracias occidentales.

La idea original del certificado verde —así se llama el pasaporte de vacunación— era justamente evitar imponer la obligación de vacunarse a toda la población. Se pretendía limitar tanto la vida pública que los ciudadanos elegirían por fuerza la vía de la inmunización. Se evitaba así también problemas de naturaleza jurídica y enfrentamientos sociales. Sin embargo, el debate político suscitado ha hecho pensar al Ejecutivo que quizá convenga actuar de forma más directa y exigir la vacunación a todo el mundo. Draghi, preguntado por ello y por la llegada de la tercera dosis en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, ha dicho: “Respondo con un sí a las dos preguntas”. Fuentes de Palacio Chigi matizan a este periódico que dependerá de la evolución del criterio de la Agencia Europea de Medicamentos y de cómo prospere la campaña de vacunación. En caso de introducir la obligatoriedad, señalan, se suprimiría el actual certificado verde.

La tercera dosis, ha explicado Draghi, también comenzará en breve a inocularse a la población. Algo que ha confirmado el ministro de Sanidad, Roberto Speranza. “Hay ahora mismo un debate que llevará a la aprobación de la inoculación de la tercera dosis. Yo creo que será a finales de este mes, se empezará con las personas que tienen una respuesta inmunitaria más frágil”, ha señalado Speranza.

El primer ministro añadió que el horizonte para llegar al 80% de vacunados también se ha fijado en septiembre. “La campaña de vacunación continúa y a finales de este mes tendremos un 80% de la población (mayor de 12 años) vacunada. Hoy ya hemos llegado al 70%. Estoy seguro de que llegaremos a ese objetivo para finales de mes. Esto es un alivio para la recuperación económica y para que los alumnos vuelvan a las aulas”, ha asegurado Draghi. El primer ministro destacó que poner fin a la educación a distancia con una vuelta segura a las aulas es una prioridad para el Gobierno y ha celebrado que “el 91,5% de los profesores han recibido al menos una dosis de vacunas”.

El primer ministro, además, ha insistido en que la población debe vacunarse “porque es un acto de protección individual y de solidaridad con los demás”, y ha mostrado su apoyo a los periodistas, médicos y políticos agredidos en los últimos días por parte de colectivos que rechazan las vacunas. “Quiero expresar mi total solidaridad con los que han sido agredidos por parte de los contrarios a las vacunas, una violencia particularmente odiosa y cobarde cuando se ejerce contra quienes informan y quienes están en primera línea para combatir la pandemia”. El pasado miércoles, primer día en que entró en vigor la norma que obliga a exhibir el certificado verde para usar el transporte público entre regiones, algunos miembros de estos colectivos intentaron bloquear sin ningún éxito las entradas a las estaciones ferroviarias.

Las discrepancias por el certificado verde también llegaron al seno del Gobierno de coalición esta semana. La Liga, el partido que lidera Matteo Salvini, comenzó a sembrar dudas sobre su legitimidad y con la posibilidad de retirarle el apoyo. Draghi, sin embargo, cree que el Ejecutivo sigue unido. “No veo el final del Gobierno. Todavía veo una coalición. Hay opciones políticas, culturales, personales y profesionales diferentes en esta mayoría. El grueso de sus miembros siguen de acuerdo. No veo ningún desastre en el horizonte”, ha concluido.

Daniel Verdú (publicado por El País el 02/09/2021)

Fuente: Covid-19: Italia abre la puerta a la vacunación obligatoria contra el coronavirus | Sociedad | EL PAÍS (elpais.com)

Un barrio que es una República: La Boca

Estamos en una noche de mediados de 1882. La Boca arde en reclamos genoveses, con pocos criollos presentes que mucho no entienden, ante la colmada Sociedad Italiana. Los obreros del puerto piden mejoras salariales y reducción de jornales. Discuten un petitorio a presentar de inmediato a los patrones de los astilleros y la marina mercante. En los alrededores, sobre la avenida almirante Brown, cerca del Teatro Verdi, las familias siguen boca a boca las novedades. Hasta que en un momento ocurre un disparo, enseguida la intervención policial, corridas entre las casillas de chapa, y el saldo de heridos de ambas partes. Entonces, los italianos reunidos furiosos deciden que “el gobierno argentino no puede mezclarse en cuestiones de genoveses”. Simple. Izan la bandera genovesa y envían un acta, con las rubricas de los vecinos más influyentes, al Rey de Italia, a fin de que reconozca la autonomía de un pequeño y lejano terruño latinoamericano. Incluso piensan en tener una milicia y un organismo ejecutivo. Sueñan con un presidente genovés en el Riachuelo.

Hacía solamente dos años que Buenos Aires se había federalizado con los límites cercanos a la actualidad y unos díscolos inmigrantes querían segregarse. Entonces, un Zorro, el presidente Julio Argentino Roca, metió la cola y, con ayuda del famoso político boquense del siglo XIX, Pepe Fernández, terminó discutiendo mano a mano con los huelguistas/separatistas. Y bajó él mismo el pabellón zeneizi, cuentan algunos.  A todo esto había nacido para la posteridad la Primera República Independiente de La Boca.

Tan lejos y tan cerca de Buenos Aires

Entender esta insólita situación, de un primer mandatario zanjando una disputa de trabajo en un barrio porteño, nos grafica la relevancia social y económica de La Boca a fines del siglo XIX. Asimismo, era una barriada que tenía rasgos característicos distintos al resto de la Ciudad. A las sabidas dificultades en el traslado desde otros puntos, que no mejoraron pese a que a partir de 1860 llegan el tren y el tranvía, lo que en verdad pasaba para diferenciarlos era la estrecha comunidad y solidaridad tejida entre trabajadores, la mayoría llegados después de 1850 de la italiana región de Liguria.

Los primeros vascos, y algunos irlandeses, empezaron más pudientes a desplazarse a tierras más altas, Barracas y San Telmo, al resguardo de los desbordes del río. Y, si bien la mayoría de los italianos era de baja calificación, la gran mayoría traía una conciencia obrera consolidada de la Europa revolucionaria de 1848; y sumemos que además muchos maestros llegaron en esas primeras oleadas. Aquello explica que, en menos de diez años, se funden las seminales Sociedad Unione e Benevolenza (1858) y la Sociedad Nazionale Italiana (1861) e impulsen las primeras escuelas en italiano en 1866. En simultáneo se produce una explosión de medios gráficos, que alternan el castellano con la lengua del Dante, donde se destacan Il Corriere della Boca y El Ancla. Y los temas tratados de los periódicos boquenses eran exclusivamente los problemas sociales y políticos pensados para una comunidad italiana que crecía en un territorio acotado. Incluso Ignacio Weiss en La República della Bocca e i primi genovesi establece a 1876 como el año de fundación de la República de La Boca,  junto al reclamo de la autonomía administrativa –y política, sobre todo– de La Boca. Así que, para cuando intervino el general Roca, la república de los genoveses en América en verdad tenía seis años de vida, inspirada en la participación civil en la “cosa pública”, enemiga de las tiranías.

Aquella luchas boquenses moldearan en el cambio de siglo a los socialistas y radicales, que absorben mucho de los ideales de libertad y justicia social de la generación que fundó la república boquense. Incluso aprenden a su lado en los años de la pelea contra la represiva Ley de Residencia de 1902, y son compañeros de ruta de la barra de “contreras al presidente Quintana” que mantiene la institución funcionando. Entre los reclamos del novecientos se encuentran un visionario plan de elevar el nivel de las calles y mejoras en el sistema pluvial, que demoraron más de un siglo, apoyo al feminismo y medidas que dan un tono humorístico fundamental para la segunda República. Impuesto a los solteros, expulsión a los extranjeros procedentes de Constitución o Barracas, y la ley del Canuto, desde donde salían los decretos presidenciales (sic), son algunas medidas hilarantes que las autoridades de la Segunda República con la cabeza de Quinquela no dejaron pasar.

El tornillo que nos hace falta

Para 1923 Benito Quinquela Martín era uno de los artistas más famosos de la Argentina, a punto de consagrarse en Europa. Decidido a llevar a las últimas consecuencias el tópico “pinta tu aldea y pintarás el mundo”, el artista se afinca en el barrio no solo para pintarlo, sino para transformarlo. Y para eso necesitó ser “presidente dictador” de la Segunda República de La Boca. Rodeado de artistas como Juan de Dios Filiberto y el poeta Bartolomé Botto, más notables vecinos xeneizes, instituye acciones barriales que privilegian las expresiones artísticas callejeras. Toda La Boca fluye hacia la Casa de los Artistas en la pizzería Banchero y ungen a Juan Banchero como Emperador de la Fugazza. O sea que la República ahora tenía un presidente y un emperador. También Quinquela organiza la Orden del Tornillo, que premia a  “hombres y mujeres que viven en estado de locura. Ellos saben de esta opinión y la aceptan con humor. Son los locos que se evaden de los cuerdos, de los egoístas, de los calculadores” con una cena con pastas y vino, en manteles de plástico. Entre los distinguidos “cultores de la Verdad, el Bien y la Belleza” estuvieron Tita Merello y René Favaloro, entre muchos más.

Con el tiempo la Segunda quedó en la niebla de la Historia, además también olvidada la Orden, fallecido en 1977 su ideólogo y mecenas Quinquela. Hasta que, con el retorno de la democracia, comienza una nueva etapa con la Tercera República de La Boca, que tiene la misión primordial de mantener y acrecentar la memoria barrial y sostener el Museo Histórico de La Boca que funciona en el Nuevo Banco Italiano, una joya del eclecticismo finisecular. También vuelven las Órdenes del Tornillo en el Museo Quinquela, la tanguera Nelly Omar, una de las últimas notables “atornilladas”, y nuevos lauros como el Ciudadano Ilustre de La Boca, que en 2018 lo obtuvo el folklorista Raúl Barboza. Un linaje de arte, rebeldía y autonomía que es parte del ADN boquense y que tiene su inmejorable síntesis en el escudo que legara Roberto Pallas: un barco de velas hinchadas, un grupo de herramientas obreras, una paleta con un pincel dispuesto y un puente que anuncia nuevos horizontes.

Mariano Oropeza

Fuente: Un barrio que es una República: La Boca (serargentino.com)

El insólito día que los genoveses fundaron la “República de La Boca” y le pidieron al rey de Italia ser una colonia de ese país

En las últimas décadas del siglo 19 la ciudad de Buenos Aires bien podía pasar por una italiana. De sus 664 mil habitantes, 182 mil eran de esa nacionalidad, y en las fechas patrias de aquel país copaban las calles con la bandera tricolor, sus himnos, canciones y costumbres. Entre 1857 y 1900 conformaban el 49% de la población, contra 22% de los españoles.

A través de un decreto del 4 de septiembre de 1812, el Primer Triunvirato fue el primero en impulsar el fomento de la inmigración, planes que quedaron a mitad de camino por las guerras de la independencia. La iniciativa fue reimpulsada por el ministro Bernardino Rivadavia en 1824. Hubo un impasse durante el rosismo y cobró impulso con la Organización Nacional.

La Boca fue el primer barrio de la ciudad donde los italianos se asentaron. Eran, en su gran mayoría, genoveses, “zeneizi” en su dialecto. Mitad en serio, mitad en broma, se decía que el idioma nacional en ese barrio era el genovés y estaba tan arraigado que inmigrantes de otros países, como españoles, franceses y hasta chinos que se radicaron allí lo terminaron adoptando.

Tendrían sus propias escuelas, sus propios teatros y sus propias mutuales donde encontraban soluciones a sus problemas sociales que el gobierno no les daba. La cuestión de la salud, del trabajo y de la vivienda fue clave. Hacinados en conventillos, en piezas donde vivían familias enteras, dependiendo muchas veces de una sola canilla y de una letrina, las enfermedades no demoraron en llegar, sin contar la cuestión de los alquileres, que provocaron larguísimos enfrentamientos entre inquilinos y dueños.

Esas comunidades fundaron sus propias asociaciones, que se ocupaban de la salud, de ayudar a conseguir un empleo y hasta procurarle los medios a los que deseaban regresar a la patria cuando vieron trunco el sueño de “hacerse la América”.

Fueron los propios genoveses que el 2 de junio de 1884 crearon el primer cuerpo de bomberos, a instancias de Tomás Liberti, cansado de armar cadenas humanas que se pasaban baldes con agua sacada del río para sofocar incendios que en cuestión de minutos reducían a cenizas las precarias casillas de madera y techos de chapa.

Y si bien muchos de los genoveses se dedicaban al comercio, La Boca además se transformó en uno de los epicentros del movimiento obrero del país. Cuando en 1882 un conflicto con la patronal provocó la represión policial de los huelguistas, los genoveses pusieron el grito en el cielo.

Los vecinos de La Boca lo vieron como una intromisión estatal. “¿Con qué derecho el gobierno argentino se mezcla en nuestros asuntos? ¡Nosotros somos genoveses!” Consideraban válido su reclamo: Génova fue república independiente desde el siglo X al XVIII.

Lejos de amilanarse, labraron un acta y le escribieron una carta al rey Humberto I de Italia, quien había asumido al trono en 1878, comunicándole que habían proclamado la República Independiente de La Boca.

Este sentimiento iba en consonancia con la idiosincrasia del inmigrante, que procuraba reafirmar su cultura y costumbre que traía de su país. La mayoría de esas primeras olas inmigratorias fueron renuentes a adoptar la ciudadanía argentina.

Los porteños tomaron esta declaración con ligereza y hasta con simpatía. Pero lo cierto es que escondía un trasfondo muy profundo y complicado. Porque en Italia vieron que los miles de ciudadanos que emigraban al país podían ser la excusa perfecta para reclamar un territorio en el que italianos conformaban una parte importantísima de la población.

Italia ya se expandía en Africa y muchos se entusiasmaron con una colonización de Argentina. Había políticos que afirmaban que Italia tenía “colonias espontáneas” en el país y en Uruguay. A partir de 1870 en Europa surgieron ideales que sostenían la autodeterminación de los pueblos, que hizo crecer el sentimiento de nacionalidad. Se sostenía que el derecho del más fuerte otorgaba el poder de la legitimidad.

Hubo políticos que fueron aún más lejos. Como el senador y economista italiano Gerolamo Boccardoquien propuso en el parlamento incorporar a la Argentina como un espacio colonial.

Uno de los que vieron el problema fue Domingo Faustino Sarmiento, quien se preguntó: “Si esto lo hicieron los ingleses con Malvinas, ¿por qué no lo haría Italia?” Se asombraba por el auge de las escuelas italianas en Buenos Aires.

El propio presidente Julio Argentino Roca, escoltado por efectivos del Ejército, fue a La Boca a convencer a los levantiscos genoveses de deponer su actitud, y de arriar la bandera genovesa que alguien había colocado en un mástil sobre el edificio de la Sociedad Italiana, donde había tenido lugar ese cónclave de aires independentistas.

Fue convincente el primer mandatario, porque los genoveses entendieron razones, quitaron la bandera y hasta bautizaron una calle con el nombre de Roca.

Hay otra versión que minimiza el papel de Roca y destaca la intervención del caudillo boquense Fernández en la resolución del conflicto.

De todas formas Roca y su círculo -consciente de la potencial vulnerabilidad del país que podía quedar al borde de una fragmentación interna- tomó debida nota del conflicto que había destrabado y puso mano a la obra. Era necesario construir nacionalidad frente a la inmigración y al imperialismo de las potencias europeas.

Se inició un proceso donde se invitó a los extranjeros a nacionalizarse, a participar de la vida política y en las escuelas se instruyó a los maestros a inculcar sentimientos patrióticos. Hasta 1884 no se cantaba el Himno, solo 5° y 6° grado había contenidos cívicos y no en todo el país se enseñaba Historia. La escuela fue un problema a resolver: había pocos maestros, mal formados -salvo los normales- alta deserción y no existían edificios adecuados.

Hubo un conflicto con las escuelas italianas, que pretendieron continuar con su currícula, pero la ley 1420 de educación primaria, gratuita y obligatoria empezó a ordenar el sistema. En las fiestas patrias, cuyas celebraciones se centraban en las carreras de sortijas, en los palos enjabonados y en los fuegos artificiales, se empezó a izar la bandera, a entonar el himno y en darle un mayor contenido patriótico. Los escolares participaban de los desfiles militares que el gobierno organizaba y el Estado, por 1887, comenzó a construir monumentos y que a esa altura solo se contaba con el de José de San Martín y el de Manuel Belgrano.

En 1884 se reglamentó el uso de la bandera nacional y poco a poco fue cambiando la ciudad de Buenos Aires, a la que Sarmiento había descripto como “la babel de las banderas”.

Desde 1949 el 4 de septiembre fue instituido como el Día del Inmigrante, en homenaje al decreto del Primer Triunvirato, que fue quien abrió por primera vez la puerta a millones de inmigrantes que vivieron, lucharon y soñaron en el país por un futuro mejor.

Adrián Pignatelli (publicado por Infobae.com el 04/09/2021)

Fuente: El insólito día que los genoveses fundaron la “República de La Boca” y le pidieron al rey de Italia ser una colonia de ese país – Infobae

Ir Arriba