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julio 2021 - page 2

Por efecto del “green pass” en Italia las inscripciones para vacunarse contra el COVID-19 aumentaron un 200% en un solo día

La variante Delta está aguando la fiesta del verano italiano 2021 y nadie había imaginado que con la campaña de vacunación en marcha la situación a nivel de contagios fuese peor que en el 2020.

De todas formas, la eficacia de las vacunas puede verse reflejada en el porcentaje de camas ocupadas en terapia intensiva: hace un año en este período la ocupación era de un 5% mientras que ahora es un 1%. Estos porcentajes demuestran la importancia de las vacunas para prevenir infecciones graves.

Con la  fría calma que lo caracteriza y siguiendo los pasos de su par francés Emmanuel Macron, el primer ministro italiano Mario Draghi ha lanzado un mensaje que tuvo el efecto de una bomba que cayó sobre la situación sanitaria en Italia.

“El llamado a no vacunarse es el llamado a morir”, dijo sin medias tintas y luego agregó que sin vacunas se tendrá que cerrar todo nuevamente.

A las palabras le siguieron los hechos: a partir del 6 de agosto será obligatorio el green pass, un certificado que permitirá, a quién lo posea, de recuperar las costumbres que el Covid ha eliminado o que ha limitado fuertemente y, a quién no lo tenga, le serán prohibidas muchas actividades.

El certificado será necesario a partir de los 12 años, edad mínima requerida para vacunarse con Pfizer y, desde hoy, también con Moderna, y permitirá el acceso a eventos deportivos, museos, parques temáticos y parques de diversión, congresos, exposiciones, centros termales, bingos y casinos, cines, teatros, concursos para cargos públicos y conciertos. También será necesario para ir a restaurantes y bares en espacios cerrados. Las discotecas en cambio no fueron tenidas en cuenta, no abrirán este verano.

El green pass estará disponible para aquellos que hayan recibido al menos una dosis de las vacunas disponibles pero también para aquellos que tengan un PCR negativo o que se hayan curado de Covid. La duración del certificado en el caso de cura dura 6 meses, si se trata de un hisopado la validez es de 48 horas luego de haberse realizado el test. Con la segunda dosis de la vacuna se obtendrá un certificado válido por 9 meses.

La obligatoriedad del green pass ha provocado un boom de inscripciones para vacunarse entre los más jóvenes, que están entre los más afectados por el virus, y ha comenzado la caza de las vacunas.

Los call centers  y los sitios están colapsados. Las palabras del primer ministro han provocado el efecto deseado, los italianos salieron corriendo a reservar sus turnos.

En esta semana los contagios fueron alrededor de 5000 por día y las muertes oscilan entre 20 y 5 en el día de hoy, números bajos con respecto a la Argentina pero preocupantes para Italia que parecía haber alcanzado una zona segura que se ve afectada por la variante Delta responsable de la multiplicación exponencial de los casos.

En Europa 200 millones de habitantes han completado el ciclo vacunatorio, el 55% de la población, como anunció la presidente de la comisión europea Ursula Von de Leyen. En este contexto, Italia registra casi un 48,3% de vacunados, es decir, casi 30 millones de habitantes.

Draghi con sus palabras y con el anuncio del green pass ha dado un gran golpe a los adversarios políticos consolidando así su liderazgo, un liderazgo que no se veía en el Palazzo Chigi desde los tiempos de Berlusconi. Fue este último quién había visto en Draghi un gran talento y es por ello que lo envió al Banco Central Europeo, dónde ocupó el cargo de presidente desde el 2011 al 2019.

Con estas medidas restrictivas, aquellos que tenían dudas sobre vacunarse o no hacerlo tienen más argumentos para poner sobre la balanza además de las propias convicciones personales sobre las vacunas, a pesar de ello, el pueblo anti green pass se manifestó en las plazas de más de 30 ciudades italianas para protestar contra el decreto.

Guiados por el movimiento europeo World Wide Demonstration, los manifestantes han expresado un fuerte rechazo  al “certificado esclavitud”, a la estafa Covid y a las medidas del gobierno acusándolo de una nueva dictadura sanitaria y de un nuevo Apartheid contra los no vacunados.

Son los mismos que habían ya protestado contra los tapabocas y contra el nazismo sanitario que afectaba a los conejillos de indias de las vacunas.

A los italianos no hay que tocarles las vacaciones, la vacunación de los hijos adolescentes puede esperar, no vaya a ser que el turno toque justo mientras uno está en la playa y el aumento de los contagios en el balneario donde se está vacacionando es un argumento del cual nadie quiere hablar.

“No soy anti vacunas ni tampoco complotista, quiero solo esperar y ver cómo va”, se escucha frecuentemente repetir desde las reposeras.

Se prefiere postergar la decisión sobre la vacunación al final de verano, en un contexto dónde es imposible hacer previsiones, pero está Super Mario (Draghi) que no se va de vacaciones y decide qué cosas se deben hacer ahora.

Nunzia Locatelli (publicado en Infobae.com el 24/07/2021)

Fuente: Italia: las inscripciones para vacunarse contra el COVID-19 aumentaron un 200% en un solo día – Infobae

Una dosis para muchos o dos dosis para pocos: el dilema que divide a América Latina en la lucha contra la pandemia

Pese a que el ritmo de vacunación se ha acelerado en América Latina durante las últimas semanas, casi siete meses después de la primera vacuna puesta en el continente su grado de inmunización poblacional aún es insuficiente: menos de uno de cada cinco entre sus habitantes disponen de la pauta completa, y la protección parcial que proporciona una sola dosis en los esquemas de doble vial (algo común a todas las empleadas en el mundo salvo la del laboratorio estadounidense Janssen) alcanza a menos de un tercio. La complejidad de mantener en el tiempo programas de vacunación a la vez ambiciosos y urgentes que necesitan de una doble dosificiación se hace evidente ahora más que nunca en una región caracterizada por la desigualdad de acceso y presencia de los servicios públicos.

Mientras, los proveedores no se mantienen todo lo constantes que desearían sus clientes. Gamaleya, el laboratorio ruso que produce la Sputnik V, ha estado incurriendo en retrasos desde enero: en Argentina, las remesas de componentes se aplazan y la producción a cargo de laboratorios locales apenas ha podido despegar; en Guatemala se plantean solicitar la devolución del importe íntegro que el país desembolsó para adquirir ocho millones de dosis, de las que no han recibido ni un 5%. La pasada semana, el secretario de Salud de Bogotá alertó de la falta de dosis de Pfizer para completar pautas ya iniciadas de vacunación, aunque esperaba recibirlas en breve. Antes, Sinovac había retrasado el despegue de la vacunación en mayo por entregas inesperadamente tardías en abril.

Los picos de contagio que no cesan (alimentados por variantes como Delta o Lambda, y otras mutaciones amenazan en el horizonte) plantean la duda de si no convendría hacer ajustes a la estrategia de vacunación de los países latinoamericanos. Este interrogante se desdobla a su vez en dos dilemas distintos: la decisión entre usar las dosis disponibles en proteger del todo a personas que ya tienen la primera o maximizar la cantidad de individuos que tienen al menos algo con lo que defenderse; y la posibilidad (aún incierta) de combinar vacunas de laboratorios distintos para la segunda dosificación conforme vayan llegando.

¿Priorizar primeras dosis, o completar pauta?

Argentina y Brasil multiplican respectivamente por 3 y por 1,5 la cantidad de personas con una sola dosis versus las que disponen de la pauta completada. Ambos están implementando una estrategia que prioriza la protección parcial. Lo mismo se intuye en los datos de Costa Rica, Bolivia y Ecuador. Por el contrario, la proporción de personas con ambas dosis sobre el total es mayor en Perú o Colombia. Estas diferencias pueden verse afectadas no sólo por decisiones explícitas de qué hacer con las dosis que van llegando, sino también con los plazos establecidos para las vacunas empleadas. AstraZeneca requiere doce semanas, mientras que Sinovac está en cuatro. Pfizer es tres o doce según el lugar, obedeciendo estas variaciones también, en parte, a decisiones de priorización. Colombia, por ejemplo, amplió a esos tres meses para el vial estadounidense-alemán hace poco, con la intención explícita de mejorar su efectividad y el efecto implícito de priorizar inmunizaciones parciales.

El Reino Unido fue país pionero en Occidente al implementar esta estrategia desde el primer momento. Lo hizo en una fase de difícil contagio, esperando que la protección parcial salvara más vidas que asegurar la total. Algunos modelos estadísticos publicados posteriormente avalan la estrategia, pero para que las cuentas salgan, esta protección parcial de primera dosis debe ser elevada. Una de estas estimaciones, publicada en el British Medical Journal, calibró reducciones de tasas de mortalidad considerables: una de cada diez vidas salvadas en comparación con una estrategia de completar cuanto antes segundas dosis. Pero la letra pequeña es crucial en estos cálculos: la ventaja de la estrategia desaparecía por completo cuando la efectividad de la vacuna se reducía al 70%.

Efectividades por encima del 70% para una sola dosis es algo que solo vimos claramente con las opciones basadas en mRNA (Pfizer, Moderna) y al principio de dichas mediciones: con las primeras olas de vacunación en EE UU e Israel. Datos recientes del Reino Unido recogiendo efectividad de Pfizer y AstraZeneca contra la variante delta, por ejemplo, dibujan un escenario de brecha considerable en la protección entre primera y segunda dosis contra la mutación: del 49% al 89% en la primera; del 35% al 79% en la segunda.

No conocemos el equivalente de estos valores para CoronaVac o Sputnik V, dos de las más empleadas en Argentina, Brasil y otros países del continente. Pero estos datos implican una modificación sustancial respecto a la efectividad de una sola dosis antes del advenimiento de delta, lo cual explica la prudencia que guía la reconsideración de algunos países, que hasta ahora seguían una priorización de primeras sobre segundas dosis, y hoy están reconsiderando su aproximación. En el Reino Unido, de hecho, está emergiendo la hipótesis (no comprobada) de si esta vacunación parcial no dio un incentivo de asentamiento a delta, en su intento por penetrar un muro inmunológico más asequible que el producido por la doble dosis.

Más que confirmar o desmentir dicha hipótesis, el ejercicio es útil para entender el dilema de política pública: aunque en un primer momento pueda parecer mejor proporcionar alguna protección a mucha gente que mucha a poca, no es inmediatamente obvio qué le deja más espacio al virus para que siga reproduciéndose.

¿Combinar vacunas?

Una posible salida a este dilema podría pasar por combinar vacunas siguiendo un criterio de disponibilidad. Este tipo de estrategia se consideró inicialmente en Europa después de descubrir los poco frecuentes casos de coágulos entre mujeres menores de 50 años con AstraZeneca. Es por ello que la mayoría de los datos que tenemos se refieren a esta vacuna, aunque ahora llama la atención entre países de América Latina por la flexibilidad que proporcionaría para lidiar con problemas de entregas, o incluso (y esto es, por ahora, apenas especulación informada) la posible complementariedad en refuerzo inmunológico, especialmente interesante ante el asentamiento de variantes más eficaces en el contagio.

La información recogida sobre combinatoria es positiva, pero preliminar. El estudio CombiVacS, realizado en mayo por investigadores del Instituto de Salud de la Universidad Carlos III de Madrid, mostró que la administración de una segunda dosis de Pfizer entre 8 y 12 semanas después de una primera de AstraZeneca producía una respuesta inmune significativa. Estudios similares surgieron en Alemania poco después: uno, entre personal sanitario de Berlín, comprobó que la respuesta inmune se producía y quizás era incluso algo mejor que la combinación de doble Pfizer con 3 semanas de plazo. Otro, en la Universidad de Saarland, observó que dicha reacción era mejor que con dos dosis de AstraZeneca, y al menos tan bueno como dos de Pfizer. A finales de junio, el estudio Com-COV del Reino Unido se unió al coro para agregar que la respuesta inmune era buena independientemente del orden de la combinación. En este mismo se encontró que quizás la combinación aumentaba la probabilidad de sufrir efectos secundarios leves: la fiebre, cansancio habituales después de cualquier vacuna, no sólo por covid, que indican activación del sistema inmune. Pero esto no es algo que preocupe particularmente a científicos ni a médicos.

Otros estudios avanzan: en Moscú están midiendo la combinación de Sputnik V con la de AstraZeneca; en Filipinas, ambas, Pfizer, Moderna, J&J y Covaxin combinadas con Coronavac (de Sinovac); en EE UU y el Reino Unido, los mismos equipos que ya publicaron resultados andan probando otras mezclas. Mientras, países tan significados en el proceso de vacunación mundial como Alemania, Francia, España, Italia, Canadá o el propio Reino Unido ya practican la combinatoria.

Este consenso, así presentado, puede parecer definitivo, pero hay que dimensionar e interpretar los estudios antes de convertirlos en política pública. Solo dos de ellos (el español y el británico) cumplen con los requisitos de ensayo clínico con grupo de control y otro de tratamiento para poder establecer diferencias causales entre regímenes de vacunación, no sólo observadas. Pero ni siquiera éstos se aplicó a más de unos cientos de personas, y únicamente para observar la reacción del sistema inmune. Es decir: esta evidencia es comparable a la obtenida en los estudios de fase dos que todas las vacunas aprobadas tuvieron que pasar, pero no a los de fase tres, los definitivos para comprobar eficacia de dicha reacción inmune en evitar contagios. Hasta ahora hemos observado que los mecanismos que queremos producir están activándose con estas combinaciones de vacunas, y que no hay efectos secundarios graves que se produzcan con frecuencia, pero no las hemos sometido a una prueba estricta contra el virus que implique a miles de personas, como sí hicimos con los regímenes de vacunación aprobados.

La cautela, una vez más, se vuelve a imponer ante un escenario incierto. Uno que la evidencia puede ayudar a iluminar, pero sin ofrecer una guía incontrovertible para la toma de decisiones. Esta semana, por ejemplo, un tribunal en la colombiana Cartagena de Indias revertía el retraso de 12 semanas impuesto por el gobierno colombiano para la segunda dosis de Pfizer entre nuevos vacunados, exigiendo a la entidad proveedora de salud correspondiente que vacunasen al demandante que exigía un cumplimiento de los tiempos originales de 21 días. En la sentencia se afirmaba que no existía “soporte científico” para la nueva política, empleando la ciencia como escudo sin grietas de la decisión judicial. Sin embargo, las múltiples evidencias muestran que tanto en plazos como en mezclas la ciencia es más una conversación que una serie de máximas establecidas, dificultando la intención de desplazarle responsabilidades que, constitucionalmente, corresponderían a los poderes públicos.

Jorge Galindo (publicado por El País el 18/07/2021)

Fuente: Covid-19: Una dosis para muchos o dos dosis para pocos: el dilema que divide a América Latina en la lucha contra la pandemia | Sociedad | EL PAÍS (elpais.com)

Argentina supera los 100.000 muertos por Covid-19

Argentina ha registrado este miércoles 614 nuevas muertes por covid-19 y supera los 100.000 fallecidos desde que se inició la pandemia. El dato, difundido por el Ministerio de Salud, sitúa a Argentina entre los diez países del mundo con mayor número de decesos por millón de habitantes, lo que supone un revés para el Gobierno de Alberto Fernández en este 2021 electoral.

El país sudamericano ha cruzado esta barrera simbólica mientras se enfrenta a una segunda ola más letal que la del año pasado y aprieta el acelerador en la campaña de inmunización. Hasta la fecha, más del 45% de la población argentina ha recibido una dosis de la vacuna y el 11% las dos.

América del Sur es la región más castigada por el coronavirus en muertes por millón de habitantes. Dentro de ella, Argentina está en cuarto lugar, por detrás de Perú, Brasil y Colombia. Como en la mayoría de países, la población anciana se ha llevado la peor parte: más de la mitad de los fallecidos han sido personas que habían superado los 70 años. El miedo a la nueva enfermedad, además, los ha mantenido aislados de sus seres queridos durante meses, con graves trastornos para su salud física y mental.

Con la aparición de los primeros casos, el Gobierno de Alberto Fernández impuso un aislamiento estricto en marzo de 2020 que logró retrasar la propagación de la enfermedad y contó con un amplio consenso social y político. Cuando el país alcanzó el pico de la primera ola, durante el invierno austral de 2020, el sistema sanitario había tenido tiempo de reforzarse y se evitó un colapso hospitalario similar al que se había visto en España, Italia, Perú y Ecuador, entre otros.

Sin embargo, la prolongación de la cuarentena y su enorme impacto en una economía que arrastraba ya dos años de crisis económica comenzaron a agrietar el respaldo inicial al mismo tiempo que subía el número de casos y el coronavirus se expandía por todas las provincias del país. Con el paso de los meses, las diferencias políticas en el manejo de la pandemia se acrecentaron y escándalos posteriores como el vacunatorio VIP que funcionó en el Ministerio de Salud mermaron la confianza en el Gobierno.

“Prefiero tener el 10% más de pobres y no 100.000 muertos en la Argentina”, dijo el presidente argentino en una entrevista publicada en abril de 2020. Ahora sus palabras se le han vuelto en contra. Argentina sufrió en 2020 una caída histórica del 9,9% del PIB debido en gran parte a las duras restricciones, pero aún así estas no han evitado que el país lamente un elevado número de muertes.

La mayoría de decesos se han registrado durante la segunda ola iniciada el pasado abril, de una virulencia muy superior a la primera. Las nuevas cepas son más contagiosas y causan estragos en el sistema respiratorio con mayor rapidez que las primeras, según infectólogos locales y gerentes hospitalarios que se han visto obligados a enfrentar situaciones que no vivieron en 2020, como pacientes sin camas en terapia intensiva y personal de salud exhausto después de más de un año sin tregua. En mayo se registraron varios días consecutivos con más de 700 muertes diarias, récord desde el inicio de la pandemia, y el Gobierno volvió a aplicar nuevas medidas, como una drástica disminución del número de pasajeros autorizados para entrar al país, toque de queda nocturno, prohibición temporal de actividades en interiores y la reducción del horario de negocios gastronómicos, entre otras. Las medidas han frenado el número de contagios, pero el acatamiento es muy inferior al de meses atrás y el malestar sigue en aumento.

La oposición ha aumentado las críticas contra el Gobierno peronista de centro-izquierda por la gestión de la pandemia, en especial por la suspensión de las clases presenciales y su impacto en niños, adolescentes y familias y el lento arranque de la campaña de vacunación. A cuatro meses de las elecciones legislativas —en las que se renueva la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado—, la lucha contra el coronavirus y la recuperación económica se prevén como ejes centrales de la campaña electoral.

Mar Centenera (publicado por El País el 15/07/2021)

Fuente: Coronavirus: Argentina supera los 100.000 muertos por la covid-19 | Sociedad | EL PAÍS (elpais.com)

Una reforma que explica 30 años de historia política en Italia

La política italiana ha convertido la justicia en el principal caballo de batalla de los últimos 30 años. El debate sobre el poder que entraña, la velocidad de los procesos, la dureza de las penas y el control que ejerce sobre la clase política y la corrupción han dado a luz los principales fenómenos surgidos en las últimas décadas. Desde La Liga Norte a Silvio Berlusconi, pasando por el Movimiento 5 Estrellas. Italia se divide desde entonces en dos categorías algo absurdas: los justicialistas y los garantistas. Y nadie ha logrado jamás poner de acuerdo a todos los partidos sobre cómo afrontar la cuestión. El Ejecutivo de Mario Draghi, sin embargo, se dispone a comenzar una gran reforma que tocará temas cruciales como la prescripción de los delitos, la radical disminución de las penas de cárcel o el poder desmedido del Consejo Superior de la Magistratura (CSM).

La reforma es una exigencia periódica de la Unión Europea en la última década y que ahora se ha hecho inevitable como condición a la entrega de los fondos del Plan de Recuperación. En Bruselas preocupan especialmente los tiempos de la justicia. Los recursos en segundo grado se demoran de media 851 días (la media europea es de 155) y los expedientes atrasados, según los datos de 2019, eran 260.946. Para el recurso en segundo grado, según los datos del presidente del Tribunal Supremo italiano (tercer grado), Pietro Curzio, los tiempos se alargan a 1.038 días. Todo ello pretende la ministra de Justicia, Marta Cartabia, debería agilizarse con más medios y procesos más simples. Pero, sobre todo, con el elemento clave que explica la política de los últimos 30 años: el debate sobre la prescripción.

La reforma prevé ahora que los tiempos en los que un imputado será “improcesable” sean más cortos. Esa es la bandera de los llamados garantistas y lo que siempre pidieron de forma interesada políticos como Berlusconi, que logró escabullirse de sus imputaciones dilatando los tiempos de los juicios. Los llamados justicialistas, representados por el M5S, pero también por un nutrido grupo de magistrados antimafia, desearían que la mayoría de delitos no llegasen nunca a esa prescripción y prometen dar guerra en el Parlamento para modificar ese punto. La batalla, sin embargo, comenzó mucho antes.

El 17 de febrero de 1992 el magistrado Antonio Di Pietro pidió una orden de detención para Mario Chiesa, importante empresario y miembros del Partido Socialista Italiano. Comenzó así un enorme proceso judicial contra la corrupción de la clase política que se conoció como Mani pulite y que desmontó todo el sistema de poder de la vieja Democracia Cristiana y abrió la caja de los truenos para todos los fenómenos políticos que vendrían luego. El problema es que la magistratura certificó su enorme poder e independencia y se convirtió en el eje sobre el que se articularon todas las batallas políticas de las siguientes décadas. Gherardo Colombo fue el magistrado que instruyó aquel caso. “La reforma será positiva si se puede ejecutar todo lo que prevé. Si es así, los procesos penales serán más veloces y eso es un aspecto técnico que tiene también consecuencias políticas”, señala.

Italia es un país fundado sobre la primacía de la justicia. A diferencia de otros estados como Francia o España, la política siempre ha debido hacer cuentas con ese hecho. Tiene que ver con la vieja inercia de la Guerra Fría de dar poco poder al parlamento, y mucho a los partidos y a la administración pública. Pero el peso de la magistratura sigue siendo enorme y se ha mantenido también gracias a la dignidad ganada después de años de lucha contra el terrorismo o la mafia. Un periodo en el que fueron asesinados 21 magistrados y la credibilidad de la política fue cayendo en picado. De hecho, pocos presidentes del Consejo de Ministros se han librado de imputaciones: Prodi, Renzi, Bettino Craxi, Berlusconi o Giulio Andreotti.

Colombo cree que la parte más importante de la reforma, sin embargo, es la que tiene que ver con la reducción del uso de la cárcel como instrumento punitivo. “La pena debe ser reeducación y no venganza. La reforma va en esta línea. Reduce notablemente el recurso de la cárcel. Y si se efectúa verdaderamente, la cárcel será más residual”. Una idea que comparte el ex magistrado y profesor Luciano Violante. “Lo más importante es que cambia la relación entre el ciudadano y el Estado. Hasta ahora el estado en el proceso penal fijaba cuánto tiempo debía estar en la cárcel y separado de la sociedad. Aquí se modifica la visión: la cárcel es la última opción. Y la actividad del juez está destinada a reconstruir la relación entre condenado y sociedad. Este proceso es el mismo que se aplica a los menores y ahora se hará en la justicia penal para adultos”, apunta.

Muchos magistrados, sin embargo, creen que la velocidad con la que prescribirán ahora algunos delitos, especialmente los financieros y de corrupción, será un coladero para delincuentes. Roberto Scarpinato, histórico juez de procesos antimafia como el de Piersanti Mattarella (presidente de Sicilia asesinado por la Cosa Nostra en 1980), el del general Carlo Alberto Dalla Chiesa (prefecto de Palermo asesinado también por Cosa Nostra en 1982) o el de la supuesta negociación del estado con la mafia, insiste en que “el problema de la reforma del proceso penal en Italia está en el centro de un desencuentro político que dura 30 años”. “Es un debate tan encendido que en algunos momentos casi ha provocado una crisis de Gobierno. Y eso no pasa en ningún otro país. Para entenderlo hay que recordar que en Italia la Fiscalía es independiente del poder político. Y eso ha permitido a la magistratura italiana celebrar procesos contra muchos exponentes del establishment italiano: senadores, jefes de servicios secretos, primeros ministros… De ahí la reacción violenta de una parte de la clase dirigente contra la magistratura y las reformas que han introducido y que dificultan el proceso penal. Lo han alargado y, al mismo tiempo, han reducido el tiempo de prescripción de los delitos. Y por eso tantos delitos en Italia se extinguen, especialmente los de corrupción y economía”, critica.

¿La solución? Scarpinato no tiene dudas. Eliminar todas las reformas que han hecho más farragoso el proceso penal, hacerlo más veloz, reservar el rito acusatorio para delitos graves. “Mire, esto no es un problema técnico jurídico, sino un problema político”. Un problema que explica 30 años de historia.

Daniel Verdú (publicado por El País el 16/07/2021)

Fuente: Mario Draghi: Una reforma que explica 30 años de historia política en Italia | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

¿Hacia dónde emigran los italoargentinos?

Es factible pensar que una persona que adquiere la ciudadanía de sus raíces por motivos afectivos o familiares quiera permanecer en el país que la vio nacer. Probablemente ante la elección de una emigración optaría por la tierra de la que debieron partir sus abuelos, pero no es así. Todos los principales diarios argentinos trataron en lo que va del 2021 este nuevo fenómeno migratorio. Ante la falta de datos oficiales, según estimaciones de la ONU ya serían más de un millón, cifra que se redoblaría si se consideraran las segundas y terceras generaciones.

Según Lelio Marmora, ex Director de la Dirección Nacional de Migraciones, ex funcionario de la Organización Internacional para las Migraciones y hoy director del Instituto de Políticas de Migraciones y Asilo (IPMA), de la Universidad de Tres de Febrero, en Europa residen de 400 mil argentinos, de los cuales más de la mitad vive en España, casi todos con ciudadanía italiana. “En el último censo, los españoles se sorprendieron por la cantidad de italianos que tenían, más que en la época de los romanos: eran argentinos con doble nacionalidad”, bromea Mármora. “Mucha gente saca la doble nacionalidad por las dudas, sobre todo europea, que permite un movimiento más fácil”, acota. un caso especial es el de EE.UU. que cuenta con más de 215 mil argentinos residentes, donde la mitad de los 100 mil que viven en Miami son italoargentinos.

Atrás de España y EE.UU. sigue Chile con 72.813 argentinos que desplaza a Italia del tercer lugar. El país sudamericano es elegido por la cercanía y por el idioma, aunque al caso del belpaese es muy particular, porque a pesar de los 71.880 italoargentinos que se declaran residentes, se estima que su número real sea por lo menos el doble. Siguen Paraguay (58.535), Bolivia (45.609), Brasil (39.078), Israel (38.259), Australia (17.583 casi todos con ciudadanía italiana) y Perú (17.148). También en Alemania (17.141) y Gran Bretaña (12.239) es notable la presencia de argentinos con doble ciudadanía, aunque hoy las preferencias se orientan hacia Francia que le sigue a España y luego Gran Bretaña, Italia y Alemania. A las ya numerosas presencias en Israel y Australia se agrega un flujo considerable hacia Uruguay y Paraguay.

Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) explica que “hay una fuerte expectativa de emigración en los jóvenes de clases medias y medias altas. Estos jóvenes que completaron estudios técnicos o profesionales o que están estudiando, piensan su futuro laboral en clave de irse a otro país en busca de mejores perspectivas profesionales. En el imaginario, la solución está afuera”, así como sus abuelos que eligieron dejar su país.

Paolo Cinarelli

“Los monstruos” y “Los nuevos monstruos”: dos comedias italianas que parecen hechas a la medida de Argentina

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Italia impactó al mundo con grandes películas reunidas bajo el nombre de neorrealismo italiano. A la crudeza de esos títulos le siguieron otros grandes realizadores, siendo Federico Fellini el más prestigioso de todos. Y allí detrás, con una mirada tan filosa como brillante, aparecieron las comedias italianas, que reinarían durante un par de décadas.

A fines de los 50 el género encontraba en Los desconocidos de siempre (1958), de Mario Monicelli, el tono exacto que sería una marca indeleble en la historia del cine. El veterano actor Totó se cruzaba con los jóvenes Vittorio Gassman Marcello Mastroianni. A partir de esa banda de perdedores que soñaban con dar un gran golpe Italia hizo un cruel y desopilante retrato de sus habitantes.

La comedia italiana se destacaría por esos actores a los que hay que sumarle a Alberto Sordi Ugo Tognazzi. Muchos otros nombres merecen un apartado, pero en el cuarteto Gassman, Mastroianni, Sordi y Tognazzi la comedia encontraría un póker de ases que se convertiría en leyenda. Fueron mundialmente famosos, pero inmediatamente Argentina los adoptó como propios. Junto a Nino Manfredi, otro maestro de la comedia, Vittorio Gassman llegó a filmar en nuestro país la comedia Un italiano en Argentina (Il Gaucho, 1964), prueba cabal de esa conexión directa.

El director de este título fue Dino Risi, uno de los verdaderos artífices de este género, el director de Los monstruos y, junto Mario Monicelli Ettore Scola, de Los nuevos monstruosEste trío de realizadores son piezas claves de este fenómeno tan particular que se volvió tan cercano a nuestra identidad como sociedad. Para bien o para mal, sus películas nos resultaron muy cercanas y el público argentino se rio con la certeza de que algo propio había en cada uno de los personajes.

Los monstruos es una película de una enorme libertad. Las viñetas, los sketches que conforman la trama tienen una duración variable: algunos son historias complejas y otros, sutiles y veloces, pasan volando. Un padre que rompe todas las reglas de tránsito frente a su hijo, dándole lecciones de inmoralidad sin ningún problema, es el arranque de 20 historias de humor negro, crítica social, sátira política y hasta comedia sexual. Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi hacen una docena de papeles cada uno, como una versión cinematográfica de la comedia del arte italiana. El espectador los reconoce y les permite este juego durante toda la película.

En estas historias vemos personajes muy argentinos, boxeadores, políticos, miembros de la iglesia, pícaros, traicioneros, engañadores que terminan engañados, cínicos sin arreglo, en un mapa muy gracioso pero también algo angustiante. No se trata de un filme amoral: la película se toma el tiempo para mostrar las consecuencias de esos actos en varios casos. La historia final es demoledora, logrando Tognazzi y Gassman el punto más alto del patetismo como dos perdedores que con el boxeo planifican un triunfo que termina en desastre.

Los nuevos monstruos, una secuela que llega 14 años después, tiene menos historias y un tono aún más oscuro. La década del 70 trajo, para Italia y -casualidad o no- para Argentina un clima más oscuro y pesimista, incluso más que el filme anterior. La mirada sigue siendo descarnada, pero el mundo se ha vuelto aún más peligroso y violento. Para probarlo están allí los dos personajes que interpreta Ornella Mutti, cuyos finales dejan al espectador sin aliento. Y se suma a Gassman y Tognazzi, los dos protagonistas, la presencia de Alberto Sordi, encargado de darle un cierre a la película para que no sea tan abrumador. Nuevamente los chantas, los snobs, los cobardes, todo con el marco de una sociedad que parece haber empeorado.

El histriónico Gassman y el sobrio Tognazzi ganaron por Los monstruos el premio a mejor actor, compartido, en el Festival de Cine de Mar del Plata, otra demostración del enorme cariño que provocaron sus trabajos en nuestro país. Ya eran leyenda en la década del 70, pero siguieron disfrutando de una enorme popularidad. Los italianos, cuya herencia llegó a la Argentina con lo bueno y con lo malo, y que siempre parecen estar hablando de nosotros al mismo tiempo que hablan de ellos mismos. En particular cuando se trata de comedias, donde la italianidad y la argentinidad parecen fusionarse en una misma identidad durante el tiempo que duran las películas.

Santiago Garcia (publicado por Infobae.com el 15/07/2021)

Fuente: “Los monstruos” y “Los nuevos monstruos”: dos comedias italianas que parecen hechas a la medida de Argentina – Infobae

Gianni Versace y su trágico final: un móvil jamás conocido, el asesino serial que le disparó y la sombra de la mafia

Veinte minutos antes de las nueve de la mañana del 15 de julio de 1997, el silencio que suele reinar en South Beach a esa hora se rompió con el sonido seco de dos disparos. El asesino no le dio tiempo re reaccionar a su víctima, que estaba de espaldas a él, abriendo la puerta de la mansión Casa Casuarina. El suelo se tiñó se sangre. Giovanni Maria Versace murió en el acto. Regresaba del News Café, donde había comprado diarios y revistas. Inmerso en su rutina, nunca advirtió el peligro. El hombre que lo mató vestía zapatillas, short, gorra con visera y una mochila al hombro. Se fue caminando sin ningún apuro por Ocean Drive. Eso contó Merisha Colakovic, el único testigo del crimen, que regresaba de llevar a su hija al colegio.

A sus 50 años, Gianni Versace estaba muerto. En la cumbre: uno de los reyes del diseño de moda, pareja su carrera con Giorgio Armani, aunque de muy diferentes estilos…, y una empresa que en ese trágico instante valía 1.400 millones de dólares.

Un minuto después de los balazos salió de la mansión Antonio D’Amico, 38 años, su amante desde 1982. Lo abrazó y lo acunó como a un niño, llorando. Un mundo se derrumbaba. La cabeza de Medusa, el logotipo del imperio Versace tomaba su peor forma. Castigada por permitir que Poseidón la sedujera en el templo de Afrodita, su adorado pelo se convertía en miles de serpientes.

Dos balas bastaron. Según la autopsia (muerte cerebral), una en el cuello y otra en la nuca. La última reboto y le voló la cabeza a una paloma: otra ominosa señal.

Quién, cómo, por qué. Desde mayo, la policía seguía los pasos de un asesino serial “in progress”.

Ignoraba su nombre, pero no un claro perfil: gay, taxi boy, seductor de hombres poderosos y mayores que no se habían decidido todavía –y acaso nunca lo harían– a salir del armario.

Primer crimen: 25 de abril, Minneapolis, Jeffrey Trail, ex oficial de la marina norteamericana, al parecer uno de sus clientes sexuales: cabeza destrozada a martillazos.

Segundo crimen: 29 de abril, Chicago, Lee Miglin, empresario de 72 años. Un hombre que intentó cortar varias veces esa costosa y tiránica relación, pero el deseo pudo más.

Tercer crimen: 9 de mayo, el agente de policía William Reese, a quien el asesino le robó la furgoneta que lo llevaría a Miami. A su penúltimo acto.

Las computadoras y los archivos policiales no fallaron. Cruzando datos, apareció el nombre del primer sospechoso: Andrew Cunanan, 27 años.

La primera puerta estaba abierta.

Entretanto, en la Casa Casuarina, todo era sombrío. El cuerpo yerto de Gianni Versace sobre una cama en la que amó y fue amado por Antonio, ciertos acompañantes fugaces, y se supone que su asesino. Y sombría también la lucha de intereses. ¿Quién quedaría al mando de ese imperio que empezó en Reggio Calabria el 2 de diciembre de 1946, llegada al mundo del futuro emperador Gianni I? Y también Santo, su hermano mayor, y Donatella, la hermana menor. Y también Tina, que murió a los 12 años: tétanos.

De esa prehistoria, Gianni recordó que “Reggiopico es el reino donde comenzó la historia de mi vida: la sastrería de Francesca, mi madre: la Boutique d’Alta Moda. El lugar donde, de niño, aprendí a apreciar la Ilíada, la Odisea, la Eneida… donde comencé a respirar el arte de la antigua Grecia”.

Cuna en las antípodas del asesino, que para entonces ya era una de las presas más buscadas por el FBI.

Andrew Cunanan nació en un rincón de San Diego: National City. El más joven de los cuatro hijos de un corredor de Bolsa filipino y un ama de casa itálica. El bolsista estuvo a punto de quedar entre rejas por malversación de fondos, pero huyó a tiempo a su terruño filipino, y jamás volvió.

Su madre quedó como único sostén y severa jueza: es cierto que Andrew era inteligente –alto coeficiente intelectual–, carismático, seductor… pero su madre no toleraba que fuera gay, para ella era una bolilla negra que bastó para que lo echara de la casa sin pasaje de retorno.

Partió con lo puesto a la libérrima San Francisco y eligió lo más fácil: compañero de cama de hombres mayores, ricos y celosos custodios de su reputación social y económica. Pilares de la sociedad…

Ese período significó el cielo y el infierno. De pronto compartía la mansión de un amante, de pronto un sórdido cuarto de hotel cuando el dinero se agotaba: no sólo gastaba en ropa top y en costosos libros de arte, también en drogas.

Mientras, las horas corrían, densas, en la Casa Casuarina, en torno del cadáver del Gianni, zar de la moda, una pregunta pendía como Espada de Damocles: ¿quién ocuparía el trono de un negocio célebre y una máquina de fabricar dólares?

El fiel Antonio D’Amico, pareja oficial del muerto, aspiraba a un bien ganado peldaño al pie del puente de mando, pero la familia de sangre lo desplazó. Antes de los dos balazos, los hermanos Versace –Santo y Donatella– tenían trabajos secundarios: eran corifeos del tambor mayor. Pero apenas una hora después del funeral, el 23 de julio –un abrumador show de millones y fama: desde Diana de Gales hasta Elton John–, Donatella atrapó el Santo Grial: alejó a D’Amico y lo despojó de los 25 mil euros mensuales y el libre uso de las casas que Gianni tenía en Milán, Nueva York y Miami: el legado del hombre que amó.

Sin embargo, una feroz pelea se avecinaba: en 1996, cuando Gianni había sufrido de cáncer de oído, previendo su muerte nombró heredera del 50 por ciento de todos sus bienes a Allegra Beck, la hija de Donatella, por entonces menor de edad; y su impresionante colección de arte, con cuadros de Dalí y Picasso, fue para su sobrino Daniel. No mencionó a Santo ni a Donatella, herederos forzosos. En 2004, año en que Allegra llegó a la mayoría de edad, se vio dueña de 500 millones de dólares.

Mientras, paso a paso, el asesino se acercaba a su víctima. Camaleón, doctor Jekyll y mister Hayde, como lo definió un detective del FBI, Andrew Cunanan se transformaba con afinada astucia. Si su presa era millonario y experto en arte, leía libros ad hoc –curso acelerado–, se acercaba a él, y lo seducía hablándole de artistas, corrientes, preferencias… Y no necesitaba –ni podía– profundizar mucho: bastaba una lombriz en el anzuelo para arribar a la cama.

A veces, esos opulentos y agradecidos clientes le prestaban sus mansiones para que Andrew invitara amigos a fiestas desenfrenadas que duraban más de una luna y un sol.

Preparado para el que sería su último acto, llegó a Miami a mediados de mayo y se alojó en el Normandy Plaza Hotel, pomposo nombre de una guarida de piojos y ratones: lo único que podía pagar.

Hojeó diarios y revistas. Hablaban de él. Era sospechoso de cuatro asesinatos. Fugitivo buscado. Su foto en la galería de criminales. La hora de la fama. Pero no estaba dispuesto a caer.

Según Ronnie Holston, un huésped del hotelucho, “era un buscavidas. Le presenté a algunos viejos con plata. Se lo montaban en mi propio cuarto. También lo acerqué a un camello que vendía crack, y cobré mi comisión. Pero no me imaginé que era un asesino buscado”.

La policía de Miami sumó un dato clave, pero incierto. Informó que Versace y Cunanan se conocieron, años atrás, en una discoteca gay de San Francisco. Posible, pero incomprobable, la hipótesis se esfumó en la niebla del Golden Gate y las aguas de la bahía que llevan a la Isla de los Pájaros y a la inactiva y feroz prisión de Alcatraz.

Entonces, ¿por qué lo mató?

Las versiones agitaron la imaginación. Según Frank Monte en su polémico libro The Spying Game, Johnny Gatto, amigo íntimo de Paul Bec, marido de Donatella, exigió a la familia Versace cinco millones de dólares para no publicar documentos que probarían la relación de Gianni con la Mafia. Según esos papeles, Gianni usaba su red internacional de boutiques para lavar dinero negro originado en el crimen organizado. Monte fue condenado a pagar 600 mil euros por difamación, y murió aplastado por un autobús en el centro de Milán, 1996.

No fue todo. Giuseppe Di Bella, un mafioso arrepentido, escribió otro libro de parecida y sombría hipótesis: “Gianni Versace fue asesinado para saldar las deudas pendientes que contrajo con los padrinos de la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa”. Di Bella, antes de arrepentirse, dirigía una red que extorsionaba a empresarios y era clave en el tráfico de armas y drogas a las órdenes del capo Franco Trovato.

Nada pudo ser comprobado.

Según un equipo de psicólogos del FBI, Andrew Cunanan acechó y mató a Gianni Versace por “soberbia y omnipotencia criminal común a muchos asesinos seriales. Eligen personajes encumbrados como un cazador cuelga en una pared el mejor animal que mató. Es un rasgo psicopático muy común: su modo de creerse (o ser) famoso”.

Una semana después del asesinato premeditado y a sangre fría, el cerco alrededor de Andrew Cunanan se cerró sin posible vía de escape. Acorralado y refugiado en una casa flotante, tardó cuatro horas en decidir su final. Al cabo, se mató de un balazo en la cabeza… con la misma pistola semiautomática que usó para asesinar a Versace, y que le había robado a una de sus víctimas anteriores.

En ese momento, la investigación del caso tenía 700 páginas, 13 videos, 17 cintas de audio y docenas de fotografías… sin que nada de ese arsenal pudiera explicar el porqué: el móvil del crimen.

Santo y Donatella aceptaron que el enigma persistiera, y que la investigación se archivara cinco meses y medio después. Algo que a muchos les pareció demasiado apresurado.

Antonio D ‘Amico, el amante expulsado, cayó en la red de una profunda depresión. Cinco años después lo salvaron de la muerte –cóctel de fármacos– en un hospital de Milán. Se mudó a una casa a orillas del lago Garda, y recién pudo recuperarse años después de la muerte de Gianni: “Conocí a una persona excepcional. Alguien a quien amar y que alivie mi dolor. Pero ahora, pasados veinte años, no hay día en que no extrañe a Gianni”.

Gianni, el chico que ayudaba a su madre a buscar pedrería e hilos de oro para bordar en vestidos. El hombre que en los 80, asociado con estrellas del mundo del espectáculo –como Giorgio Armani– y cantantes de música pop, atrajo y vistió a Liz Taylor, Elton John, Lady Di, Naomi Campbell, Madonna, Cher, Sting, yuppies potentados…, con un estilo único, exuberante, colorido hasta más allá del límite, mucho flúor, dorado y barroquismo. Gianni, el genio, ya no existía.

En septiembre de 1997 se anunció que Santo Versace y Jorge Saud eran los nuevos dueños del colosal negocio, y Donatella la líder absoluta del Departamento de Diseño.

Fuente: Gianni Versace y su trágico final: un móvil jamás conocido, el asesino serial que le disparó y la sombra de la mafia – Infobae

Los grandes cruceros ya no entrarán al corazón de Venecia

El Gobierno de Italia da un golpe sobre la mesa y prohíbe definitivamente la entrada de cruceros en la zona más céntrica de Venecia. Después de que las medidas tomadas en plena pandemia el pasado mes de abril no se hayan respetado y las grandes naves surquen de nuevo las aguas del corazón de la ciudad, el consejo de ministros ha aprobado hoy un decreto ley por el que se cierra la historia por completo. Lo hace in extremis, solo dos días antes de que comenzase la reunión de la Unesco en China en la que debía discutirse la conveniencia de colocar a Venecia en la lista de los 53 bienes en peligro en el mundo. Una decisión que entrará en vigor el 1 de agosto y que tendrá amplias implicaciones culturales, medioambientales y económicas.

La organización internacional se quedó atónita a mediados de junio, cuando el crucero MSC Orchestra, de 92.000 toneladas, surcó el canal de la Giudecca ante la plaza de San Marcos como si el Ejecutivo no hubiera anunciado hacía meses el fin de este tipo de situaciones. Era el primer gran crucero que volvía a la ciudad después de la interrupción de 18 meses que provocó la pandemia. En ese periodo estas embarcaciones no entraron en Venecia debido a las restricciones impuestas por el coronavirus y su ausencia contribuyó a mejorar la calidad del agua. En 2018 pasaron por la ciudad 594 cruceros, casi dos al día, que atracaban, desembarcaban a los pasajeros, se detenían algunos días y después partían. Una fuente de ingresos fundamental para Venecia, pero un daño incalculable para su patrimonio y para la sostenibilidad medioambiental de la laguna. Por ello, el Ejecutivo se compromete ahora también a otorgar ayudas a la región, al Ayuntamiento y a las compañías perjudicadas.

El nuevo decreto afectará a las embarcaciones de más de 25.000 toneladas, a las que posean una eslora superior a 180 metros o una altura de 35 metros. También, desde el punto de vista medioambiental, a las naves que produzcan más de un 0,1% de azufre. Básicamente, el cálculo que hace el Ejecutivo es que las embarcaciones que podrán seguir pasando por serán aquellas que llevan menos de 200 pasajeros. El decreto entrará en vigor en los próximos días y liquidará la confusión de la anterior medida.

El Gobierno estipuló en abril que, en una primera fase, las grandes naves atracarían en el puerto industrial de la vecina Marghera, una localidad perteneciente al municipio de Venecia situada al oeste de la ciudad y en tierra firme, bañada también por la laguna veneciana. La propuesta, que no contaba con el apoyo de las asociaciones contra los cruceros, era una solución temporal, ya que el objetivo era alejar completamente las naves de gran tonelaje de la zona. El Ejecutivo anunció que lanzaría un concurso para elegir una terminal portuaria alternativa alejada de la zona para las embarcaciones de más de 40.000 toneladas, con el objetivo de resolver el problema “de manera estructural y definitiva”. Pero los tiempos se alargaban sobremanera y los resquicios legales de la iniciativa del Ejecutivo permitieron el regreso de las grandes naves.

Reivindicaciones históricas y economía

El Palacio Chigi ha emitido un comunicado en el que se congratula por una medida muy debatida en los últimos días en las diferentes formaciones que conforman el Ejecutivo de unidad. “Es un importante paso para la tutela del sistema de la laguna veneciana. Estas normas intervendrán de inmediato con la cautela y las ayudas necesarias para mitigar el impacto en el empleo del sector. Se añadirán al concurso de ideas para la futura realización y gestión de puntos de atraque fuera del área protegida de la laguna”, señala.

El conflicto y el tira y afloja entre las autoridades y los vecinos vienen de lejos. En 2013, el Gobierno prohibió el acceso al canal de la Giudecca a las embarcaciones que superaran las 96.000 toneladas, pero poco después se retiró la norma. En 2017 también se anunciaron nuevos planes para atajar la situación, que contemplaban, entre otras medidas, el desvío de las grandes naves a Marghera, pero nunca llegaron a aplicarse completamente. También se habló de un proyecto privado para construir un punto de atraque en el borde entre la laguna y mar abierto, pero no consiguió la aprobación del Ayuntamiento ni del Ministerio de Transportes. Ese mismo año, varias asociaciones lanzaron un referéndum popular, sin ningún valor legal, para que los habitantes del centro histórico de la ciudad, donde viven 53.000 personas, votaran si querían expulsar a las grandes naves del corazón de Venecia. Participaron cerca de 25.000 ciudadanos y el sí ganó por un 98,7% de los votos.

El decreto aprobado por el Gobierno de coalición que preside Mario Draghi sustancia ahora esta reivindicación histórica. Pero deberá hacer cuentas también con las exigencias económicas de los supuestos perjudicados.

Daniel Verdú (publicado por El País el 13/07/2021)

Fuente: Los grandes cruceros ya no entrarán al corazón de Venecia | Cultura | EL PAÍS (elpais.com)

Por qué aumento el precio de los pasajes para viajar en el país

Volar a bajo precio en la Argentina dejó -al menos por ahora- de ser simple. Por supuesto, la pandemia hizo lo suyo, pero también se sumaron decisiones gubernamentales. Quedan operando solo dos empresas low cost, JetSmart y Fybondi; se retiró del mercado Norwegian (en diciembre de 2019 se vendió a JetSmart) y, además, se redujo la competencia del sector aerocomercial al salir Latam y Andes.

Las fuentes consultadas por LA NACION coinciden en que la demanda actual con respecto a este mismo período de 2019 está entre 70% y 80% abajo, con más compras a corto plazo que antes por la incertidumbre y por las restricciones que van cambiando. En ese contexto, las aéreas permiten cambios sin cargo. Por la mezcla de diferentes factores, hay vuelos que están a más del doble que entre enero y el 15 de marzo del 2019, cuando todavía la pandemia no había alterado el sistema. Por caso, desde Aeroparque a Córdoba se volaba por unos $3500 sacando tickets con dos semanas de anticipación.

El otro tema es que como hay rutas que no se cubren, los pasajeros del interior del país son los más perjudicados porque hasta hace dos años tenían opciones de conexiones directas y ahora, en varios casos, deben pasar por la Ciudad de Buenos Aires, lo que aumenta fuerte el costo. Para determinados destinos antes había tres empresas que los cubrían y ahora queda una.

Todas las empresas operan ahora desde Aeroparque Jorge Newbery y las dos low cost que siguen en pie no pueden usar rampas y tienen que afrontar el costo de Intercago. Esa situación no se daba ni en El Palomar ni en Ezeiza, donde empleaban su personal y equipamiento. Por ese punto en particular hay diálogo abierto con el Gobierno.

Este medio simuló compras de pasajes con dos semanas de anticipación -con más tiempo las tarifas bajan- con iguales destinos y tiempo de estadía; todos los precios están calculados con mochila de cabina (equipaje de nuevo kilos se paga aparte) e impuestos incluidos. Siempre se eligió la opción más barata. Entre un día y otro puede haber hasta 30% de diferencia. Respecto de dos años atrás, las subas de las tarifas están por encima de la inflación.

Por Flybondi, un ticket de Buenos Aires a Bariloche para el 29 de este mes y regreso el 1 de agosto cuesta $34908; a Córdoba, el costo es de $5020. Si el destino es Jujuy, el precio es $21.288 y si es Iguazú, $14.297.

En el caso de JetSmart saliendo el 29 a Córdoba y regresando el 2 -siempre con bolso de mano- se paga $13.797,99; a Bariloche el precio es de $36.087,99. A Salta (no vuela a Jujuy la empresa), $18.877,98 y a Mendoza (no hay frecuencia a Iguazú y Posadas y Corrientes tienen salidas recién para agosto), $12.477,98.

Si la elegida es Aerolíneas Argentinas, a Córdoba la tarifa total es $14.711,60; a Bariloche, $17.848,90. A Jujuy, $36.249,40 (para el regreso sólo hay premium, si no se debe esperar al 3 de agosto) y a Iguazú, $31.338,40. La línea de bandera tiene varias conexiones diarias a los destinos -más que las otras compañías-, pero hay fechas en que la única opción con lugar es la tarifa más alta.

Desde Flybondi indicaron que hay mayores costos derivados de operar en Aeroparque Jorge Newbery, una inflación acumulada que supera el 50% y combustible que se paga a precio dólar y sin financiación. A eso se le suma, agregaron, los costos extra de “reacomodar todas las rutas”.

La empresa, que emplea a 540 personas, está operando con dos aviones cuando antes de la pandemia tenía cinco y si bien mantiene los destinos, cuenta con menos frecuencias. Las fuentes aseguraron que esperan sumar dos aeronaves más a corto plazo; de las rutas existentes y con “fuertes promociones” algunas trabajan al 80%.

JetSmart tiene cuatro aviones, el mismo número que en la prepandemiaDarío Ratinoff, gerente Comercial de la empresa, señala que están con promociones “agresivas” (incluso una con el 30% de descuento por el festejo del campeonato de la Selección), pero que siempre buscan que la operación “sea rentable” y mantener la estructura de costos “lo más baja posible y no trasladar al cliente” esa presión; menciona que la empresa financia hasta seis cuotas sin interés.

Reconoce que el mercado “se achicó bastante” y que, después de ocho meses sin volar, arrancaron con las rutas “más consolidadas”. Mantienen todos los destinos, pero sí recortaron rutas, como la de Iguazú a Salta, que sin el componente extranjero tenía baja ocupación, o las de Córdoba a Iguazú o a Salta. “Mantenemos otras y esperamos una reactivación; mantenemos el interés en Córdoba y queremos volver a tener una base allí”, agrega.

Aerolíneas Argentinas cuenta con aportes del Tesoro nacional, mientras que las otras dos son enteramente privadas. La línea de bandera recibió el año pasado unos 705 millones de dólares de subsidios del Estado, aunque la pérdida fue algo más. En 2020 voló el 24% de lo que lo había hecho el año anterior y no perdió tanto más que cuando vuela.

Este año, como ya contó LA NACION, por primera vez desde que La Cámpora maneja la empresa, los estados contables se presentarán apenas pasada la fecha.

Gabriela Origlia (publicado por La Nación el 13/07/2021)

Fuente: Por qué aumento el precio de los pasajes para viajar en el país – LA NACION

Roberto Mancini, el entrenador fashion de la selección italiana que con la Eurocopa consiguió revertir su historia en Wembley

Cuando Gianluiggi Donnarumma atajó el penal decisivo y la selección italiana se consagró campeona de Europa en Wembley, Roberto Mancini, el entrenador de la selección italiana que acababa de ganar la Eurocopa se abrazó con su amigo y asistente Gianluca Vialli, que está saliendo de un cáncer. Se trató de la imagen más conmovedora para los tifos, mientras de fondo sonaba “Un’estate italiana”, la canción fetiche del Mundial de Italia 1990.

Nada de esto parecía casualidad. Es en Wembley donde la Sampdoria de Mancini, Vialli, y sus también hoy colaboradores Attilio Lombardo y Alberigo Evani, perdió la final de la Champions League de 1992 ante el Barcelona de Johan Cruyff con un emblemático tiro libre de Ronald Koeman a ocho minutos del final del alargue. En el mismo escenario, ahora lograban revertir la historia con un éxito notable para el fútbol italiano apenas tres años después de uno de los momentos más duros, el haber quedado fuera del Mundial de Rusia 2018, eliminado por Suecia.

Tampoco es casual la referencia a “Italia 90” en la tantas veces repetida canción de Gianna Nannini, que entonaban los jugadores en los festejos, porque Mancini no tuvo demasiadas chances de ser titular en la selección de su país y es acaso la gran deuda de su prolífica carrera en títulos. En cierta forma postergado por haber coincidido como número “diez” con Roberto Baggio pero también por haber sido un jugador de carácter muy duro y de haberse enfrentado con cuanto director técnico tuvo en los equipos que jugó.

Mancini, ya desde sus tiempos de jugador, pero acentuado en los de entrenador, siempre fue considerado fashion por su apostura, por encarnar en los italianos el ideal de la belleza, por lo que es convocado por las grandes marcas de indumentaria y suele pasearse en su velero, que utiliza también para convencer a sus jugadores cuando necesita conversar de algo importante con ellos en privado, fuera del mundanal ruido.

Nacido en Jesi, Ancona, una ciudad de colinas el 27 de noviembre de 1964, Mancini, también conocido como “El Bello”, o “Mancio”, se crió en el seno de una familia trabajadora (su padre, Aldo, era carpintero, y su madre, Marianna, ama de casa) y siempre soñó para Reyes con una pelota de cuero y con botines de fútbol. Cuando a los seis años recibió una camiseta con el número diez, decidió que ese sería su número para siempre.

Hincha de la Juventus, su ídolo era Roberto Bettega, fino y elegante cabeceador (autor del tanto con el que Italia venció a Argentina en el Mundial 1978), jugaba para el Aurora de Jesi, su ciudad, cuando en 1977 consiguió una prueba en el Milan en la que gustó y le ofrecieron que formara parte de la “Primavera” (divisiones inferiores). Sin embargo, la carta nunca llegó a su club porque hubo un lamentable error, y el club del norte italiano la envió al Real Jesi y no al Aurora.

Fue entonces que sus padres acordaron llevarlo al centro de entrenamiento de Castelbote, en Bologna, para satisfacer su deseo de ser futbolista, y un año más tarde se fue a probar al Bologna y encantó inmediatamente, al punto de que decidieron pagarle quinientas mil liras al Aurora y era el más chico de todos en su grupo. Le llevaban dos años de diferencia o más y fue cuando le pusieron el apodo de “Bimbo”. No lo pasó bien y le hacían bromas pesadas. “Me pasaba las horas encerrado en mi habitación elaborando planes de fuga pero al escuchar a mis padres por teléfono intenté con todas mis fuerzas pensar que no había pasado nada. Había llegado hasta allí y tenía que soportarlo”, señaló años más tarde.

Quien lo rescató de esas garras fue Tarciso Burgnich, aquel jugador de la selección italiana al que Pelé le ganó en el salto en su gol de cabeza de la final del Mundial de México 1970 y que ahora dirigía al Bologna, que se dio cuenta de que con apenas 16 años, ese chico estaba ya para dar el salto y debutar en Primera en la Serie A. Era una temporada difícil para el club y el presidente Fabbretti tenía muy poco dinero para invertir y era mejor recurrir a las divisiones inferiores.

Mancini tenía edad de “Primavera” pero en vísperas de la primera fecha del campeonato italiano de 1981/82, le dijeron que no se fuera a Rímini con sus compañeros. Burgnich le dijo que se tenía que quedar porque estaría a disposición del equipo de Primera para el partido contra el Cagliari. En verdad, el chico tenía que ir a préstamo al Forlì en esa temporada pero el entrenador le echó el ojo y pidió que lo dejaran, que le podía ser útil.

El 13 de septiembre de 1981, con 16 años, se produjo el debut de Mancini y su padre llegó justo porque ya viajaba a Rimini para verlo allí, aunque entrara sólo 17 minutos. Al final de ese torneo convertiría 9 goles en 30 partidos y sería considerado el joven más valioso de la liga.

Burgnich lo había colocado como segundo delantero. No duró mucho allí porque enseguida apareció un dirigente visionario como el presidente de la Sampdoria, el petrolero Paolo Mantovani, adelantándose a la Juventus y convenció a Paolo Borea, director deportivo del Bologna, para lo que pagó 2.500 millones de liras más los pases de Galdiolo, Roselli y Logozzo, cifras astronómicas para un joven de casi 18 años que no estaba ni enterado, acampando con su familia en Senigalia. Borea lo mandó llamar y le contó la novedad: “Mantovani quiere construir un gran equipo y vos podés ser su bandera”. Tuvo que firmar su padre porque aún era menor de edad. Era un contrato por cuatro años comenzando por cobrar 40 millones, para ir subiendo de a 20 por cada temporada cuando en el Bologna cobraba 90 mil liras al mes.

Sin embargo, al tiempo que comenzaba a demostrar sus condiciones, su entrenador, al mismo tiempo aparecería lo que luego sería una constante en su carrera, sus problemas con los entrenadores y en los vestuarios. El director técnico, Renzo Ulivieri, detestaba a las estrellas. “Conmigo jugarás como delantero central porque es lo que eres”, le dijo, aunque Mancini no estaba de acuerdo con esa posición y explicaba que él rendía más detrás del nueve.

No hubo, precisamente, amor a primera vista. “Roberto era un niño, un futbolista en formación. Sé que la carrera que hizo después parece darle la razón, pero sigo convencido de que como atacante puro podía haber hecho algo más”. Luego lo criticó como entrenador: “Es demasiado espontáneo y en este trabajo, hay que saber fingir”.

“Nunca dudé de que Mancini tuviera cualidades raras desde el punto de vista técnico –insistió Ulivieri- pero sostuve que había que canalizarlo desde lo táctico. Salí de mi camino para sacudirlo y se resistió y se cerró cada vez más”. “Perdí dos años con él –afirmó Mancini- y al final le pedí a Mantovani que me prestara al Bologna. Un entrenador tiene que dejar huella en el equipo y no se puede cortar la imaginación de ciertos jugadores”.

A Mancini lo salvó Mantovani, que se enamoró de su juego y de su forma de ser. Lo trataba como a un hijo al punto de que el chico le pidió a él, su empleador, que le administrase sus ganancias. Era el único que sentía que podía retarlo sin dar contra una pared y las invitaciones a comer se fueron multiplicando, y los sermones terminaban siempre igual: “Roberto, vaffanculo”, pero era capaz de ofrecer tanto dinero por un premio, que el muchacho a veces se sonrojaba y le decía “presidente, hagamos un poco menos”.

Poco tiempo después, la Sampdoria se fue convirtiendo en lo que se llamó “Blancanieves y los Siete Enanitos” por la contextura de sus jugadores como Lombardo, Vialli, Mancini, Mannini. Se reunían en el restaurante de “Edilio” y confraternizaron hasta conseguir grandes cosas para el club en una época dorada. Ganaron un Scudetto (1990-91), cuatro Copas italianas y una Supercopa de Italia y perdieron de ganar una Recopa europea y la Champions League en la final de Wembley ante el Barcelona en 1992.

Por ese vestuario llegaron a pasar figuras como Ruud Gullit, Toninho Cerezo, Juan Sebastián Verón, Sinisa Mijailhovic, Vincenzo Montella, Gianluca Pagluica Clarence Seedorf, Amedeo Carboni, Enrico Chiesa o David Platt. Y entrenadores que fueron fundamentales para Mancini como Vujadin Boskov, una especie de filósofo balcánico (autor de la frase “fútbol es fútbol”) que hablaba con dificultad el italiano pero de gran sentido del humor, y especialmente, el sueco Sven Goran Ericksson, que se transformó en una especie de guía y que lo adoraba.

Fueron 566 partidos y 173 goles entre 1982 y 1997 para convertirse en el gran ídolo de los hinchas del Luigi Ferraris y en los mejores años del Calcio, los de la Juventus de Michel Platini, Michael Laudrup y Zbigniew Boniek, el Nápóli de Diego Maradona, o luego el Milan de Arrigo Sacchi, pero la Sampdoria presentaba batalla, hasta que Mancini comenzó a necesitar una salida.

¿Cuándo es que comenzó el final? Algunos lo citan en el 20 de mayo de 1992, con aquella derrota de final de Champioins ante el Barcelona cuando dejó Wembley llorando, que pareció el final de un ciclo y la salida de muchos de sus compañeros. Le dijo a Mantovani: “Presidente, yo también me voy porque sin ellos no podemos ganar”. Sin embargo, el dirigente no permitió su salida y con su chequera trajo a David Platt, Jugovic, Gullit y a Alberigo Evani. Otros creen que el mayor bajón fue cuando su compadre Vialli (con el que se peleaban a cada rato en los vestuarios y en los partidos, en los que lo trataba por el apellido y le decía “o me pasás la pelota o te mato”) se marchó a la Juventus (y pudo ganar la Champions allí), o cuando se fue Boskov, aunque muchos también creen que fue el 14 de octubre de 1993, cuando se enteró de la muerte de Mantovani, al que le dedicará palabras llenas de nostalgia y gratitud en su autobiografía: “Estimado presidente, gracias una y otra vez por tratarme como a un quinto hijo y por decirme el mejor cumplido que recibí en mi vida, cuando dijo ‘Espero que pueda tener un hijo como usted’. Gracias por comprenderme más profundamente que nadie”.

Mantovani llegó a ser tan cercano a Mancini que le consultaba hasta los diseños de las camisetas y hasta se le atribuye al “diez”, en una reunión jugando a las cartas, la idea de colocar unas delgadas líneas blancas entre las dos líneas azules horizontales y la roja central para diferenciarse del clásico rival de la ciudad, el Genoa.

Ya Mancini y Vialli se pensaron como estilistas, pero al poco tiempo tuvieron que jugar contra el Grashoppers Suizo (cuya camiseta es albiazul) por la Recopa y al no podían usar la habitual, tuvieron la idea de una roja (que se sigue usando). Pasaron esa instancia de los cuartos de final y ganaron el título.

Tras la muerte de Mantovani, se descubrió que Mancini ya no era el mismo. Tuvo un choque con Gianluca Pagliuca –su arquero- en un partido y se le notaban los nervios al límite. Se quitó la camiseta, se arrojó al suelo, le pidió a Ericksson que lo cambiara, pero el árbitro lo expulsó y salió gritando a todo pulmón que está harto del fútbol y de los jueces. Meses más tarde, otra pelea igual y ya su propio DT se queda sin palabras. Sólo en su defensa al sostener que “hay que aceptar que hay algo en él que está roto”.

Massimo Moratti, presidente del Inter, le hizo entonces una oferta a Enrico Mantovani, ahora a cargo de la Sampdoria ante la muerte de su padre, pero es rechazada al hacer cumplir el contrato existente. Mancini se presenta ante la prensa con un papel arrugado en el que escribió “Estoy decepcionado”, la situación era insoportable. Hasta que en el verano de 1997, meses más tarde, Ericksson se fue a dirigir a la Lazio, tentado por los millones de Sergio Cragnotti. Roma era una fiesta, se acercaba el Año del Jubileo, en el 2000, y había demasiado dinero en la ciudad y los dos equipos de la capital italiana comenzaron a ganar títulos. Era inevitable que el crack se fuera acompañando al DT que mejor lo había tratado, aunque Mantovani hijo se decepcionara. “Nuestra relación entró en crisis cuando lo empecé a tratar como una persona adulta después de años de trato paterno exagerado. Es un niño mimado al que todo se le debía. Quería elegir a los jugadores, al entrenador y muchas más cosas que no puedo decir”. Pero Mancini no responde. “Si de verdad quieres ser entrenador el día de mañana –le aconsejó Ericksson- tenés que ser frío y saber gestionar la situación”.

En la Lazio ganó un Scudetto (1999-2000), dos Copas Italia y dos Supercopas italianas, una Recopa europea (98-99, al Mallorca de Héctor Cúper) y una Supercopa de Europa (1998/99, al Manchester United), y compartió equipo con Marcelo Salas, Dejan Stankovic, Matías Almeyda, Hernán Crespo o Pavel Nedved, con 87 partidos jugados y 15 goles. Fue tal su influencia que fue quien sugirió a Ericksson de traer a Lombardo, su viejo compañero en la Sampdoria, y aunque se le explicó que ya era veterano, insistió porque, sostuvo, era un gran componedor de los vestuarios. Fue aceptado y salieron campeones.

El 30 de marzo de 2000, cuando ya contaba con 36 años, Mancini se apareció en el entrenamiento ya como asistente de Ericksson, algo que fue aceptado y comunicado por el club, aunque no había dejado su carrera como futbolista y seguía perteneciendo al equipo. Fue cuando salieron campeones y aunque luego el sueco se marchó a la selección inglesa y se dijo que él lo podía reemplazar, apareció una oferta del Leicester y la chance de ir a la Premier League. Jugó allí cinco partidos, y ya regresó como entrenador. Se terminaba una carrera con 13 títulos oficiales.

Si su carrera está repleta de éxitos y polémicas en los distintos clubes, no lo fue menos en la selección italiana, en las que participó entre 1984 y 1994, siempre teniendo que disputar el lugar con ídolos como Giuseppe Giannini o Roberto Baggio, aunque pudo formar parte del plantel en un solo Mundial, el de 1990, en el que no jugó ni un solo partido por una dura discusión con el entrenador Azeglio Vicini –también muy orgulloso-, al que jamás le pidió disculpas, y en la Eurocopa de 1988, con 4 goles. En 1994 tampoco fue convocado por Arrigo Sacchi para el Mundial de los Estados Unidos al no hacer las paces luego de otra pelea, y para España 1982 estuvo entre los cuarenta del primer corte pero en 1984 participó de una fuga para irse de paseo con otros jugadores en un viaje por los Estados Unidos, y al regresar, el entrenador Enzo Bearzot le dijo “terminaste conmigo” y no volvió a convocarlo.

“Con (Marco) Tardelli y (Claudio) Gentile fuimos a ‘Studio 54’ y otros lugares de moda. Tenía veinte años y estaba viendo los estados Unidos por primera vez. Al día siguiente regresábamos a casa y pensé que un paseo por el centro no le haría daño a nadie. Pero Bearzot no se lo tomó igualmente bien y yo era el último en llegar y quizá se esperaba de mí respeto por las reglas más elementales –recordó Mancini- y al día siguiente me hizo una escena cuando con una llamada telefónica tal vez lo hubiera solucionado todo. La idea de haber sido el único en pagar, me carcomió”.

Era extraño. Mancini había formado parte del sub-21 de la Eurocopa de 1984 que fue eliminado en semifinales por Inglaterra, y de 1986, que fue subcampeón y como el entrenador era también Azeglio Vicini, se pensó que le guardaría un importante lugar en el equipo nacional absoluto. Una vez más, sus reacciones y resistencias le jugaron en contra.

“Después de diez años de intentarlo, me di cuenta de que nunca sería lo que imaginé con la camiseta azzurra. Mi culpa, mi carácter tan particular, o tal vez que no haya tenido la confianza que necesitaba sentiré, jugaron su papel. Todavía lamento no haber encontrado un entrenador que me dijera que apostaba por mí de todos modos y darme la titularidad por diez partidos pero no tengo resentimientos. Sacchi me enseñó mucho y es el mejor entrenador del mundo en la presión al adversario aunque estoy menos de acuerdo con él cuando la pelota la tenemos nosotros porque un guión preestablecido le quita la libertad mental que genera el pase inesperado o el disparo repentino”, indicó.

Como entrenador, Mancini siguió siendo una mezcla de virtudes como la de ser un líder nato y al mismo tiempo, un modelo por su elegancia (al punto de haber aparecido en infinidad de publicidades de indumentaria, coches o el Correo Italiano –que marcó la diferencia con Gian Piero Ventura, su antecesor, con el que Italia se quedó fuera del Mundialk de Rusia 2018-), y defectos por sus polémicas con colegas, como con Luciano Spaletti o con el izquierdista Maurizio Sarri.

“¿Qué haré cuando sea mayor? Seré entrenador. Y lo haré donde me permitan trabajar sin asistir al curso. Si me permiten entrenar con un director técnico cercano, me quedaré aquí y si no, me iré al exterior”, afirmó en una entrevista con la revista oficial de la Sampdoria en 1996. Terminó haciéndolo en la Lazio cuatro años después.

En 2001, el presidente de la Fiorentina, Vittiorio Cechi Gori, lo convocó para dirigir al equipo, reemplazando al turco Fatih Terim y se encontró con lo que ya avisaba en 1996: no tenía el carnet habilitante y tuvo que dar indicaciones desde las tribunas, ayudado desde el campo de juego por Luciano Chiarugi y Angelo Gregucci. Así ganó una Copa Italia aunque se fue después de 17 partidos porque al mismo tiempo el equipo ocupaba puestos de descenso. Al final, los violetas tuvieron que jugar en Segunda con un club en estado de quiebra.

En 2002/03 volvió a ser requerido por la Lazio, con el que llegó a semifinales de la Copa UEFA (cayó 4-1 ante el Porto de José Mourinho) y al mismo tiempo fue cuarto en la Serie A, lo que le permitió al equipo ir a la previa de la Champions. En la temporada siguiente ganó la Copa Italia a la Juventus y se clasificó a la Copa UEFA.

También el club de la capital italiana empezaba a pasar por dificultades económicas y se fue en 2004, cuando apareció el Inter, que no ganaba un título desde 1988/89 y ya al llegar puso las cartas sobre la mesa: “Quiero un Inter que gane y divierta porque jugando bien es como llegan los títulos”. Y enseguida puso paños fríos con el delantero Christian Vieri, al que se llevó para charlar a solas en su yate “Firefly”, que acababa de comprar. Se discutía si podía seguir en el club y Mancini aseguró que “puede jugar en dupla con Adriano sin problemas porque es uno de los mejores delanteros del mundo” y también sostuvo que esperaba mucho del uruguayo Álvaro Recoba.

Tras un tercer puesto en la primera temporada, terminó ganando tres ligas seguidas, aunque una de ellas en los escritorios porque se la desojaron a la Juventus por corrupción. Con la deuda de los torneos internacionales, se fue en 2008 cuando ingresó en su lugar José Mourinho, que acaso pudo tapar estos éxitos al ganar el Triplete en 2009/10, en especial, la Champions League al Bayern Munich en Madrid. El balance de Mancini en el Inter es de tres ligas, dos Copas de Italia y dos Supercopas italianas.

Un año y medio más tarde fue contratado por el Manchester City para reemplazar en diciembre de 2009 a Mark Hughes y con un ambicioso proyecto. De movida, tuvo un choque con Carlos Tévez (que luego sería más fuerte cuando el argentino se negó a seguir calentando como suplente en la Champions y fue apartado del plantel y acabó yéndose a la Juventus), que respaldó al entrenador saliente. Ganó la FA Cup al superar al Stoke City 1 -0 en 2011, en lo que fue el primer título del club en 35 años, y un año más tarde pudo ganar la Premier League al remontar en la última fecha un 1-2 ante el Queens Park Rangers con dos goles sobre la hora, especialmente el de Sergio Agüero en el minuto 93. También ese año ganó la Supercopa inglesa pero en mayo de 2013 fue destituido al quedar el equipo fuera de toda posibilidad de conquistas.

Después tuvo un breve paso por el Galatasaray, con el que fue subcampeón de la liga turca y ganó la Copa turca para irse a mediados de 2014 de mutuo acuerdo, regresó al Inter cinco meses más tarde y aunque llegó hasta 2016, no pudo repetir los títulos conseguidos en la primera etapa. En 2017/18 recaló en el Zenit de San Petersburgo, cuando coincidió con los argentinos Leandro Paredes, Emiliano Rigoni y Matías Kranevitter, hasta que rescindió el contrato por ser convocado para dirigir a la selección italiana desde el 14 de mayo de 2018. El vicepresidente de la Federación, el ex jugador del Milan Alessandro Costacurta, estaba entre él y Carlo Ancelotti (que acaba de regresar al Real Madrid para una segunda etapa) pero entendió que el ex entrenador del Everton era más para el día a día en un club. Incluso Mancini contó con el aval del experimentado Fabio Capello.

Mancini se propuso cambiar todo lo establecido, jugar un fútbol más ofensivo y renovar el plantel y ya consiguió llegar a la “Final Four” de la actual Liga de las Naciones y ganar la Eurocopa ante Inglaterra en Wembley.

Desde 2016 en el Salón de la Fama del fútbol italiano, y a menudo es citado en las revistas italianas de moda masculina. Es reconocido por haber llevado el “Made in Italy” por las canchas europeas, generando tendencia –es gran admirador de Giorgio Armani- y le encanta vestirse con trajes a medida, vestido por un sastre napolitano, o con un sweter de Cachemir que descansa sobre los hombros y bajo el cuello de la camisa.

Tiene un yate de treinta metros de eslora, el “Firefly”, al que va a menudo con sus hijos Camilla, Filippo y Andrea, y también suele practicar remo y es un gran aficionado al paddle, en el que compartió pareja en un torneo en sus tiempos de DT en Turquía, junto a Francesco Totti, o con un grupo de amigos en el “Airport Tennis Club”, en Bologna.

“Fue una locura, frío. Nunca hubiera dicho ciertas cosas. Pero ponte en mi lugar, tú que ahora me pintas de terrorista. A los trece me llevaron a Bologna, donde el fútbol me obligó a ser ya grande. Estudié hasta el cuarto año de topografía, leí, pero poco, porque el fútbol no da aliento: uno o dos entrenamientos al día, comer, dormir, retirarse, nunca queda poco tiempo para pensar y vivir como los de tu edad. Y cada día en la cabeza está el juego, el juego que no se puede perder… Entonces lo pierdes, así, y por una vez en tu vida explota. Jugué el gran papel hasta el domingo, luego no pude más”, dijo el día que se retiró del fútbol, acaso necesitando regresar a la diversión, esa que no pudo tener cuando era niño, metido en una maquinaria tan exigente.

Tal vez ahora, como DT, esté disfrutando más, como aquel abrazo entre lágrimas con Vialli en Wembley, el domingo, tras el título de la Euro, cuando Gianluigi Donnarumma atajó el penal decisivo y la selección.

Sergio Levinsky (publicado por Infobae.com el 13/07/2021)

Fuente: Roberto Mancini, el entrenador fashion de la selección italiana que con la Eurocopa consiguió revertir su historia en Wembley – Infobae

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