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febrero 2021 - page 2

Día de la Nutella: por qué se celebra hoy a la crema que nació en la guerra

Esta pasta está compuesta por 50% de avellanas y 50% de chocolate, pero esa combinación no es producto de una inspiración culinaria sino que es producto de una necesidad económica. Algunos productores de Piemonte, Italia, al verse perjudicados por la escasez de cacao luego de la Segunda Guerra Mundial decidieron modificar la receta y sumarle avellanas. Pietro Ferrero, dueño de una pastelería en Alba, comenzó a vender esta “Pasta Gianduia” en 1946, originalmente como un bloque sólido. Pero en 1949, Pietro comenzó a comercializar una versión cremosa a la que bautizó como “Supercrema”.

Ya en 1963, el hijo de Pietro, Michele, con la intención de comercializar este producto en toda Europa, la modificó y rebautizó como Nutella. Hoy en día se la utiliza para realizar postres y acompañar desayunos alrededor del mundo.

Beneficios del chocolate para la salud:

  • El chocolate ayuda al desarrollo de los huesos, a generar células nuevas, a reducir la presión sanguínea y a transportar el oxígeno.
  • Es bueno para la piel, elimina las células muertas y calma la piel irritada, a la vez que la hidrata y la humecta.
  • Sus antioxidantes protegen nuestras células, nuestra piel y nuestro corazón.
  • Disminuye el estrés, ya que su consumo genera endorfinas, nos hace sentir más relajados y contentos al realizar nuestras actividades cotidianas.
  • Mejora el rendimiento de tu memoria, ya que es rico en flavonoides, los cuales protegen nuestras neuronas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/dia-mundial-de-la-nutella-el-origen-impositivo-que-impulso-la-creacion-de-la-crema-nid05022021/

Italia necesita estabilidad

Mario Draghi aceptó este miércoles 3 de febrero el encargo que le encomendó el presidente de Italia, Sergio Mattarella, de intentar formar gobierno tras el colapso del Ejecutivo de coalición que lideraba Giuseppe Conte. Ante la incapacidad de los partidos representados en el Parlamento para forjar una nueva mayoría, el jefe del Estado apostó por el expresidente del Banco Central Europeo como figura de consenso para conformar un Gobierno técnico que lidere al país en un momento de desafíos trascendentales, evitando la parálisis y la incertidumbre que acarrearía el regreso anticipado a las urnas. La decisión de Mattarella es inteligente; la disposición de Draghi, elogiable, considerando que pone en juego su prestigio en una situación difícil y sin tener a priori un claro respaldo parlamentario.

Las circunstancias que han llevado hasta este punto son las de un fracaso político. Se trata de la enésima encarnación de un defecto crónico del sistema político italiano: una inestabilidad enfermiza que ha entorpecido gravemente las posibilidades de desarrollo de la sociedad. La volatilidad y el cortoplacismo explican en gran medida por qué el país lleva la mayor parte de este siglo deprimido en el estancamiento económico y en una nefasta espiral de pesimismo colectivo. La solución que plantean Mattarella y Draghi a este nuevo episodio de inestabilidad es, sin embargo, la mejor posible y no resulta exenta de virtudes. Por las cualidades personales del elegido, que se sitúa entre las figuras de mayor relieve de la Europa del siglo XXI; y por la vocación subyacente al proyecto, el intento de catalizar una amplia convergencia de voluntades políticas que es oportuna en un momento como este. No solo la lucha contra el desafío sanitario es trascendental y debe concitar unión; la administración de los recursos que procederán de la UE —unos 200.000 millones de euros entre ayudas a fondo perdido y préstamos— representa una oportunidad de transformación del país de tal calado que parece lógico gestionarla con un consenso que vaya más allá de una frágil e inestable mayoría.

No hay garantías de que el intento de Draghi prospere. Pero, leyendo entre líneas de las primeras señales políticas, cabe intuir que tiene buenas posibilidades. Si fuera así, la experiencia tendría también el activo de fomentar una cierta maduración de varias formaciones políticas italianas. Es esta una legislatura dominada por partidos de vocación antisistema como el Movimiento 5 Estrellas, la Liga y Hermanos de Italia, que obtuvieron un 54% de los votos en 2018. Un gesto de responsabilidad ahora puede representar un punto de evolución positiva en sus historias. Deberían entenderlo así, por el bien de la ciudadanía italiana. Los meses necesarios para convocar elecciones y conformar un nuevo Gobierno infligirían un daño letal cuando Italia debe presentar en cuestión de semanas los planes para aprovechar los fondos europeos. La inmadura volatilidad de la política italiana tiene su reverso en una loable capacidad de diálogo. Draghi debe aprovecharla, forjar un consenso que sea la amplia base del proyecto de reconstrucción que el país necesita. El apoyo a los jóvenes, en un país envejecido y que sufre una hemorragia de cerebros, debería ser su estrella polar.

Fuente: Italia necesita estabilidad | Opinión | EL PAÍS (elpais.com)

Draghi, un tecnócrata al rescate de Italia

Hace ya casi 10 años, Mario Draghi (Roma, 73 años) se erigió como salvador del euro: pronunció tres palabras mágicas —whatever it takes, lo que haga falta— y los especuladores huyeron como conejos. Ese parecía el punto culminante de su trayectoria hasta hace apenas unas horas: el más difícil todavía consiste en salvar a Italia, una potencia industrial en decadencia, en permanente crisis política, incapaz de hacer reformas, con una economía que no crece desde hace 20 años y endeudada hasta las cejas.

La peripecia vital de Draghi está marcada a fuego desde sus inicios. Hijo de un exempleado del banco central italiano, Draghi perdió a sus padres en la adolescencia, justo antes de aquel Mayo del 68 que marcó a su generación: “Me dejé el pelo largo, pero no muy largo, no tenía padres contra los que rebelarme”. Estudió en los jesuitas; Luca di Montezemolo, expatrón de Fiat que compartió pupitre con él, dice que ya entonces era el mejor de su clase. Se decidió por la economía y acabó doctorándose en el prestigioso MIT, en una hornada de la que salieron algunos de los mejores economistas de su generación, desde Ben Bernanke a Olivier Blanchard. Su tesis doctoral, Ensayos sobre teoría económica, data de 1976. Ahí analiza las dificultades para aplicar políticas de estabilización a corto plazo y compaginarlas con reformas a largo: poco más o menos el reto que tiene ahora entre manos.

Tras su paso por la universidad inició su fulgurante carrera como alto funcionario. Ayudó a preparar a Italia para incorporarse a la zona euro con duras políticas económicas. Pasó por el Tesoro, por el Banco de Italia y se forjó una bien merecida fama como uno de los miembros de honor de la élite del funcionariado italiano, un puñado de tecnócratas capaces de copar los puestos más relevantes en las instituciones europeas y de hacer funcionar el país a pesar de la inestabilidad perpetua de sus Gobiernos. En un momento dado decidió pasarse al otro bando: fue vicepresidente del banco de inversión estadounidense Goldman Sachs durante los años en los que el “calamar vampiro” —en feliz definición del escritor Matt Taibi— ayudó a maquillar las cuentas de Grecia. Draghi nunca ha aclarado qué hizo allí.

Pero ni su paso por Goldman ni su pasaporte italiano —que despertaba recelos en Berlín— le impidieron llegar a la presidencia del BCE en sustitución de Jean-Claude Trichet. El francés venía de meter la pata, con subidas de tipos de interés a destiempo y su negativa a activar políticas monetarias extraordinarias para tiempos extraordinarios. A Draghi no le tembló el pulso: el primer día rebajó los tipos de interés y metió un manguerazo de liquidez en la banca. Después convenció a la canciller Angela Merkel de que debía adentrarse en las procelosas aguas de la compra de deuda pública y, en fin, se sacó de la chistera aquel whatever it takes mítico que salvó al euro de la quema.

La leyenda negra de Draghi no se circunscribe a Goldman. En agosto de 2011 rubricó un ultimátum de Trichet a Berlusconi: una carta en la que el BCE, de la mano del Banco de Italia que él dirigía, obligaba a hacer duras reformas sin ninguna legitimidad democrática para ello. Más adelante, ya en Fráncfort, sometió a varios países a una enorme presión y prácticamente obligó a varios Gobiernos —el de Mariano Rajoy entre ellos— a pedir un rescate que nadie quería porque iba asociado a recortes draconianos. Con Grecia fue aún más allá y abocó al país a un corralito. “Déspota trágico”, le llamó el ministro Yanis Varoufakis, que descubrió en carne propia que cuando el BCE quiere algo sabe cómo conseguirlo.

Draghi había dejado la Gran Recesión más o menos encauzada cuando salió del BCE, en el que sumó a su brillantez técnica un talento inmenso para comunicar y un instinto político afilado: ese equipaje le va a hacer buena falta en su nueva aventura. Desde que empaquetó sus cosas en Fráncfort y volvió a Roma en octubre de 2019 se había movido entre bambalinas. Tímido y muy celoso de su privacidad —está casado y tiene dos hijos, Federica y Giacomo—, se convirtió a su pesar en el centro de los cenáculos políticos cada vez que las cosas se torcían. Especialmente después de un artículo en el que animaba a gastar e invitaba a no preocuparse por la deuda para salir de la crisis generada por la covid, una posición con la que se ganó el favor de antiguos detractores como el Movimiento 5 Estrellas, que seguían viéndolo con recelo por su paso por Goldman.

La crisis del euro le llevó a Fráncfort; la pandemia, al Palacio Chigi. Durante la covid ha estado retirado largas temporadas en su casa de la Città della Pieve, en Umbria. Desde allí llevaba ya días intercambiando llamadas con el presidente Mattarella; en los últimos meses ha mantenido contactos con otros políticos, como Giancarlo Giorgetti —inspirador del ala centrista de la Liga—, Matteo Renzi o Gianni Letta, el consultor áulico de Silvio Berlusconi. Cuentan que Renzi metió la política italiana en la coctelera para que Draghi no pudiera negarse, tras un par de semanas de drama, a asumir la jefatura del Gobierno.

En su primera comparecencia se le vio emocionado y sonriente, tan cómodo como siempre ante las cámaras. Tiene por delante unos meses muy intensos, en los que tendrá que hacer valer su gravitas. Los Gobiernos tecnocráticos suelen disfrutar de un arreón inicial positivo, pero después los partidos vuelven a mirar por sus propios intereses y las cosas suelen acabar como el rosario de la aurora. Draghi tiene una ventaja respecto al último Ejecutivo tecnócrata: Mario Monti tuvo que aplicar duros ajustes, mientras que él tiene dinero europeo a espuertas para gastar. Los fondos, eso sí, tienen truco: a cambio hay que hacer reformas, y eso ha sido imposible en Italia durante décadas. Es el desafío de Draghi. Si tiene éxito nadie podrá negarle la posibilidad de ser Presidente de la República, su gran objetivo.

Caludi Pérez y Daniel Verdú (publicado por El País el 03/02/2021)

Fuente: Draghi, un tecnócrata al rescate de Italia | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

Italia confía la salida de la crisis a Mario Draghi

Italia volvía a asomarse al abismo institucional y político después de una larga e inútil crisis que dura ya casi dos meses. Los partidos que formaron la vieja mayoría de Gobierno constataron por la tarde la imposibilidad de reeditar un nuevo Ejecutivo. Menos aún de hacerlo bajo las órdenes de Giuseppe Conte, que esperaba en silencio la confirmación. El líder de Italia Viva, Matteo Renzi, activó la trituradora y no dejó ningún resquicio de acuerdo. El presidente de la República, Sergio Mattarella, en un tono extremadamente dramático, anunció este martes a todo el país que solo hay dos caminos: elecciones inmediatas o un Ejecutivo institucional apoyado por todas las fuerzas políticas hasta que se salga de la crisis. Y el elegido es uno de los hombres con más apoyo y prestigio hoy en Italia: el expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi.

Mattarella, a quien resta un año de mandato y se dispone a dar vida a su quinto Ejecutivo, compareció pasadas las nueve de la noche para certificar la defunción de un Gobierno político. Quién sabe si también de un sistema. Los cuatro partidos que integraron el anterior —Movimiento 5 Estrellas, Partido Democrático, Libres e Iguales e Italia Viva— no lograron ponerse de acuerdo durante una mesa de negociación que duró casi tres días. Renzi subió la apuesta a medida que pasaban las horas y rompió el acuerdo pocos minutos antes de la hora límite. Una estrategia que esperaban todas las formaciones. También el palacio del Quirinal, que llevaba días hablando con Draghi para sondear la posibilidad de enrolarle en un Ejecutivo de emergencia. Nadie pensaba que el banquero, arquitecto de una la estrategia económica que capeó la última gran crisis europea, pudiese aceptar. Pero la situación es demasiado crítica y, como mínimo, escuchará la propuesta este miércoles a las doce del mediodía. “Pido a todas las fuerzas que den su apoyo a un Gobierno de alto perfil. Intentaré dar el encargo lo antes posible”, anunció.

Mattarella dedicó toda su intervención a enumerar los motivos por los que sería descabellado convocar ahora mismo elecciones. “El largo periodo de campaña electoral y la reducción de la actividad de gobierno coincidirían con un momento crucial para Italia. Necesitamos un Gobierno fuerte que pueda activar iniciativas, no un Ejecutivo en campaña electoral”, apuntó. El Gobierno de Draghi sería el tercero de carácter técnico que ha tenido Italia en los últimos 30 años.

El jefe del Estado recordó que en abril debe presentarse en la Comisión Europea el plan para la utilización de fondos europeos: 209.000 millones de euros. “Y debe ser antes de la fecha en la que expira el plazo para que se pueda usar ese dinero pronto y pueda haber un debate sobre el plan con nuestro Gobierno, que no podría hacerlo si tuviera la autoridad reducida. No podemos permitirnos perder esta ocasión fundamental para nuestro futuro”.

Draghi, de 73 años, es una de las pocas figuras que suscita un amplio consenso entre los partidos políticos. Incluso la derecha, según ha declarado en otras ocasiones, estaría dispuesta a apoyar un Ejecutivo liderado por el exbanquero (aunque el martes por la noche el líder de la Liga, Matteo Salvini, y la de Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, se inclinasen por unas elecciones). Draghi ha sido el nombre que Renzi se ha encargado de airear cada vez que le preguntaban por la irresponsabilidad de querer abrir una crisis en un momento tan delicado: “¿Y si el primer ministro termina siendo Mario Draghi? ¿No pensáis que es mejor que Conte para este momento?”, respondía. Y a su alrededor se hacía entonces el silencio. Si este Ejecutivo llegase a buen puerto, el florentino se atribuirá su paternidad y podrá obtener el aval moral y político de una crisis que amenazaba con liquidar definitivamente su carrera.

El expresidente del BCE recibirá, presumiblemente, el encargo de manos de Mattarella de intentar formar un “Gobierno institucional”. Si aceptase, deberá configurar una lista de hombres y mujeres de alto prestigio y nivel profesional para liderar Italia durante, al menos, un año. Las citas, en plena campaña de vacunación y a la espera de diseñar el plan definitivo para los fondos europeos, son muchas. Y se da la circunstancia de que en julio comienza el llamado “semestre blanco”, los seis meses durante los cuales no pueden disolverse las Cámaras por su proximidad con la elección del nuevo presidente de la República (a finales de enero). Draghi, por ello, debería pilotar el país hasta esa fecha.

La elección de Draghi generaría un enorme alivio en el sector empresarial y financiero del país. Logrará unir a una parte importante del arco parlamentario. Pero también provocará fisuras dentro de algunos partidos políticos, como el Movimiento 5 Estrellas. Los grillinos, sumidos en una larga agonía desde que arrasaron en las últimas elecciones, verán cómo el experimento populista y los resultados de los últimos años se someten al rigor un Gobierno técnico.

Fuente: Italia confía la salida de la crisis a Mario Draghi | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

A 90 años del fusilamiento de Severino Di Giovanni: la ejecución del enemigo público Nº1

El 6 de setiembre de 1930, el gobierno de Hipólito Yrigoyen fue depuesto por el general Uriburu. El primer golpe militar. Se emite un bando que establece la ley marcial y la pena de muerte. Artículo 1: Todo individuo que sea sorprendido en infraganti delito contra la seguridad y bienes de los habitantes, o que atente contra los servicios y seguridad pública, será pasado por las armas sin forma alguna de proceso. La aplicación del bando la inauguró Joaquín Peninaanarquista catalán. Siguieron Gregorio Galeano, José Gatti y Pedro Icazzatti, todos acusados de distintos delitos.

1 de febrero de 1931. Pasaron varios meses del golpe y el gobierno de facto sonríe satisfecho. Su previsión, la ley marcial, la posibilidad de fusilar, les permitirá eliminar a su enemigo número uno.

Severino Di Giovanni había nacido en Italia casi treinta años antes. En 1922 viajó hacia la Argentina. El fascismo estaba en el poder. Y sus acciones violentas contra el gobierno de Benito Mussolini lo habían obligado a emigrar. Llegó con la última gran ola desde la península itálica. Apenas arribó a la Argentina comenzó a publicar panfletos y periódicos anarquistas. Con Cúlmine intentó la difusión del ideario anarquista y de estrechar fuerzas con otros camaradas italianos.

Lo suyo no fue sólo escribir. Las bombas empezaron a explotar. También efectuó robos: él las llamaba expropiaciones. En cada enfrentamiento con la policía demostraba su extraordinaria habilidad con las armas. La revolución necesitaba ser violenta, pensaba De Giovanni. Estas acciones provocaron que otros grupos anarquistas se alejaran de él y la fulminante condena de los medios de comunicación. Para él no había inocentes. Ni siquiera el quinielero muerto en la bomba que puso en el Banco de Boston.

“El hombre más maligno que pisó tierra argentina”. Eso decía la prensa de él. Di Giovanni, mientras tanto, seguía atacando, escribiendo y fugándose. Casi la totalidad de sus ocho años en la Argentina se la pasó escapando de la policía. Tenía esposa, Teresina, y tres hijos. Vendía rosas en la calle, trabajaba de tipógrafo, estudiaba a Proudhon, Bakunin, Nietzsche y Marx. Día a día mejoraba su castellano. Lo necesitaba para hacerse entender con los obreros.

El lema de su periódico Cúlmine era De la propaganda a los hechos. Creía que la sociedad se podía cambiar a través de la acción de los individuos. Pero sus acciones públicas sólo conocían la violencia.

Una gala en el Teatro Colón. Se celebraba el vigésimo quinto aniversario de la coronación del rey Vittorio Emmanuele II. El embajador italiano, el presidente Marcelo T. de Alvear, otras máximas autoridades nacionales, la alta sociedad. Mientras sonaba el himno italiano, surgieron los gritos desde el gallinero. Después los volantes aterrizando entre los señores de galera y las señoras que hacían tintinear sus joyas con el movimiento nervioso de sus brazos. Desde el gallinero, una cabeza rubia sostenida por un grueso cuello sonreía. Era Severino Di Giovanni. Meses después, cien mil obreros y anarquistas protestaban en las calles de Buenos Aires por la suerte de Sacco y Vanzetti. Entre los que encabezaban la manifestación, repartiendo panfletos y cantando con su voz de lija, de nuevo Di Giovanni.

Pero la persecución no fue por sus ideas ni por sus protestas públicas. En sus diferentes atentados puso una bomba en el Bank Boston, otra en el City Bank, también en la Embajada de Estados Unidos y en el Consulado de Italia. Esta último fue la peor, la más efectiva. 9 muertos y 34 heridos como saldo. También robó dos entidades bancarias para hacerse de fondos. En una de ellas, en el transcurso del robo Di GIovanni mató dos personas.

En esos meses, cada acción violenta y cada muerte en un robo no esclarecida se le imputó a Di Giovanni que ya cargaba con varias reales en su haber.

Conoció a los hermanos Scarfó, Paulino y Alejandro. Italianos y anarquistas como él. Sus acciones recrudecieron. Su leyenda crecía en la ciudad. Algunos lo idolatraban. Los diarios y las autoridades lo criticaban con dureza. El uso indiscriminado de la violencia lo alejaba cada vez más de aquellos a los que pretendía acercarse con sus acciones, aún de los que parecían pensar como él.

Vestía completamente de negro con sombrero de ala ancha. Sectores anarquistas y los socialistas comenzaron a despegarse de su accionar. El diario socialista La Protesta lo tildó de espía fascista, agente policial extranjero, burgués y capitalista. Los dirigentes socialistas López Arango y Abad de Santillán lo condenaron públicamente. Di Giovanni exigió una retractación. La siguiente vez que se encontraron, Severino Di Giovanni mató a López Arango.

Sus perseguidores cada vez estaban más cerca. Cambiaba de casa para no ser encontrado. Su familia sufría. Pensó en viajar e instalarse en París. Volver a empezar. Pero íntimamente sabía que ese movimiento sólo dilataba las cosas. Su pulsión a la lucha y a la violencia, la furia interna lo pondrían de inmediato a hacer lo mismo de siempre. Mientras analizaba esa opción su camarada Alejandro Scarfó cayó preso.

Recrudecieron sus acciones. Lo movían la furia y la plata que necesitaba para liberarlo. Fabricaba bombas caseras con clavos de hierro, gelignita y dinamita. Bombas no muy precisas, pero sí poderosas. Editó, también, un nuevo periódico: Anarchia. Las ideas de siempre pero mostradas con más virulencia todavía.

Ya está José Félix Uriburu en el poder. Di Giovanni es el hombre más buscado. Leopoldo Lugones hijo ya creó y usa con frecuencia diaria su invento: la picana eléctrica. El cerco se cerraba sobre él.

Di Giovanni sigue amenazando y actuando. Uno de sus últimos panfletos. “Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán sus cuerpos. Sepa el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas”.

Sus camaradas, los Scarfó, los escondieron en una pieza. Los Scarfó tenían una hermana menor, América. Severino se enamoró de ella. Y América de él. “El amor, el amor libre, exige aquello que otras formas de amor no pueden comprender –le escribe Severino en una de sus muchas cartas-. Y nosotros dos, rebeldes divinos (jamás nadie podrá llegar a nuestras cumbres), tenemos derecho a desagotar el pantano de la moral corriente y cultivar allí el inmenso jardín donde mariposas y abejas puedan satisfacer su sed de placer, de trabajo y de amor”.

Cuando se conocieron él tenía veinticuatro años y América quinceVivieron un amor intenso. Ella fue la última que lo visitó en la Penitenciaría de Las Heras antes del fusilamiento. Se abrazaron. Severino le dio fuerzas.

América siguió amando a Severino toda su vida. Murió a los 93 años. Un año antes había conseguido recuperar las cartas de amor que Severino le había escrito que habían sido requisadas por más de setenta años por la Policía Federal.

Aunque en la actualidad parezca que el anarquista ejecutado estuvo siempre presente en la conversación pública, en los distintos estudios historiográficos de la época y hasta en la cultura popular, eso no fue así. La figura de Severino Di Giovanni estuvo olvidada durante décadas. La rescató, tras una investigación soberbia, Osvaldo Bayer, en su libro Severino Di Giovanniel idealista de la violenciaLeón Rozitchner escribió al respecto: “Osvaldo Bayer reconstruye, desde el olvido, a un hombre. Junta sus pedazos dispersos, vuelve a darles sangre, nos hace sentir nuevamente el ardor de su cuerpo, le devuelve la vibración de su palabra, abre el espacio de una época olvidada para ubicarlo”.

La adaptación cinematográfica de ese texto debe ser una de las más postergadas del cine local. Los derechos de la biografía de Bayer fueron vendidos en numerosas ocasiones (se rumorea que hasta simultáneamente) y varios guiones fueron escritos. En los noventa se entabló una polémica pública entre el biógrafo y Luis Puenzo por una de esas adaptaciones.

La detención se produjo el 29 de enero de 1931. Lo emboscaron en su imprenta. Severino intentó escapar. La policía abrió fuego. Severino contestó. Pero sus disparos eran más selectivos. No tenía la posibilidad de recargar su arma. Los policías hicieron más de cien disparos. Severino cinco; guardó uno. Se escapó por los fondos de la propiedad. Saltó por los techos, atravesó terrazas, se lanzó desde diez metros de altura, y siguió corriendo como pudo pese a algunas heridas. En la persecución por las calles de Buenos Aires, los disparos policiales mataron a una niña e hirieron a varios transeúntes. La muerte de la niña se la endilgaron a Di Giovanni. Lo arrinconaron en un garaje. Se disparó contra el pecho, pero sólo logró herirse superficialmente.

“Jugué y perdí; pago con la vida. Como buen perdedor”, le dijo Severino a su defensor oficial. El juicio fue sumario. La condena era previa. El Tribunal Militar blandió la Ley Marcial y lo condenó a muerte. El defensor oficial, un oficial de bajo rango del ejército realizó una enfática defensa de DI Giovanni, poniendo toda su capacidad profesional en pos de alejarlo de la ejecución. Cumplir con su deber profesional ocasionó que pocos meses después fue dado de baja del ejército.

En su última noche, en el calabozo de la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, escribió en un papel arrugado y amarillo su última carta:

“No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí, elegí la lucha. Pasar monótonamente las horas enmohecidas de la gente común, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar, llevar encima una masa informe de carne y huesos. A la vida hay que ofrecerle la exquisita rebelión del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso.”

Es el 1 de febrero a la madrugada. Todavía no amanece. Faltan minutos para las 5 de la mañana. Varios guardias entran a la celda de Di GIovanni. Desde el pasillo mira la máxima autoridad de la cárcel. Nadie hablaba. Sólo se escuchaba el estallido del martillo contra el metal de los grilletes con el que estaban sujetando los tobillos del condenado. El eco volvía todo más tenebroso. Los que miraban se movían incómodos. Luego lo llevaron a la sala que oficiaría de patíbulo. Di Giovanni se movió con lentitud por el peso de los metales que lo atrapaban. Las esposas, cadenas y grilletes golpeaban entre sí. Una especie de cascabel macabro. Los que estaban a su paso lo miraban con curiosidad y algo de lástima. Sabían que ese hombre iba a morir.

Roberto Arlt presenció la ejecución y al día siguiente escribió en el diario El Mundo:

“Las 5 menos 3 minutos. Rostros afanosos tras de las rejas. Cinco menos 2. Rechina el cerrojo y la puerta de hierro se abre. Hombres que se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía. Sombras que dan grandes saltos por los corredores iluminados. Ruidos de Culatas. Más sombras que galopan. Todos vamos en busca de Severino Di Giovanni para verlo morir. Un rectángulo. Parece un ring. El ring de la muerte. Un oficial. ‘..de acuerdo a las disposiciones… por violación del bando… ley número…’. El oficial bajo la pantalla enlozada. Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado en aceite rojo. Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre. Negro círculo de cabezas. Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huída hacia las sienes como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Grueso cuello desnudo. Pecho ribeteado por las solapas azules de la blusa. Los labios parecen llagas pulimentadas. Se entreabren lentamente y la lengua, más roja que un pimiento, lame los labios, los humedece. Ese cuerpo arde en temperatura. Paladea la muerte”.

Di Giovanni no muestra emociones. Está serio, con la vista al frente, la cabeza en alto. No se adivina ni tristeza ni orgullo. Tal vez sólo lo habite la resignación.

El patio de la Penitenciaría está repleto de curiosos que madrugaron para ver la ejecución como si se tratara de un espectáculo. El secretario del tribunal militar que lo juzgo lee la larga sentencia. Luego atan a Di Giovanni a una silla de respaldo angosto y muy alto.

Un guardiacárcel se acerca para taparle los ojos. “¡Venda no!” dice enérgico, imperativo el hombre que está a punto de morir. El joven duda unos segundos pero desiste. El jefe ordena al pelotón de fusilamiento que se prepara. Son ocho que estiran sus armas y apuntan. Di Giovanni infla el pecho, como si quisiera aumentar la superficie de impacto, y levanta la cabeza. Con voz gruesa, atronadora, grita: ¡Viva la anarquía!.

“Fuego”, ordena el jefe al pelotón.

Lo que sigue lo cuenta el periodista del diario Crítica que estuvo presente:

“Segundos después, el jefe del pelotón bajaba la espada y el cuerpo de Di Giovanni era atravesado por 8 balazos. Al recibir la descarga un poco de humo que salió de su pecho marcó el sitio de los impactosSu cara se contrajo en una mueca violenta de dolor. Una reacción muscular lo hizo levantarse del banquillo para caer pesadamente hacia al costado izquierdo. El respaldo del banquillo hecho astillas. Un gran charco de sangre inundó el asiento cayendo al suelo. Un aullido atroz desgarra el silencio: son los presos de la cárcel que se despiden de su compañero. Sobre el césped, él se mueve todavía. Aunque tenía el pecho atravesado de proyectiles no murió instantáneamente. Se acerca el sargento y le da el tiro de gracia. Preciso y eficaz. Un estremecimiento del cuerpo que queda inmóvil. Son las 5.10.”

Al día siguiente ejecutaron del mismo modo a Paulino Scarfó, el hermano de América.

Matías Buso (publicado por Infobae.com el 01/02/2021)

Fente: A 90 años del fusilamiento de Severino Di Giovanni: cómo fue la ejecución del enemigo público Nº1 – Infobae

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