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enero 2021 - page 2

Irresponsable Renzi

Italia se adentra en una nueva crisis política que puede desembocar en el tercer Ejecutivo de esta legislatura. La ruptura del líder de Italia Viva y ex primer ministro, Matteo Renzi, con el Gobierno que lidera Giuseppe Conte abre un escenario incierto en el que no puede descartarse la convocatoria adelantada de elecciones. El país transalpino, en un momento de extrema fragilidad por la pandemia y la crisis económica, vuelve a dar muestras de su inestabilidad crónica. El momento elegido por Renzi, sin embargo, tiene pocos precedentes.

Italia devora un primer ministro cada 14 meses (67 Gobiernos desde la Segunda Guerra Mundial). El país se ha acostumbrado a navegar en una crisis política perenne. Un contexto en el que no sorprende el movimiento de palacio de Renzi, principal autor de las últimas crisis de Gobierno desde que descabalgó a su compañero de partido, Enrico Letta, de la presidencia del Consejo de Ministros para ocupar su lugar en 2014. Los argumentos esgrimidos ahora por el florentino, que denuncia las carencias de este Gobierno y un exceso de personalismo de Conte a la hora de tomar decisiones —como la gestión de los fondos de recuperación europeos—, pueden ser parcialmente compartidos. Pero el momento resulta totalmente inapropiado y sume al país en una incertidumbre perjudicial para sí mismo y para sus vecinos europeos.

La tarde que Renzi anunció que retiraba a sus dos ministras del Gobierno, Italia comunicó más de 15.000 casos de coronavirus en el país y 507 fallecidos. El país acaba de alargar el estado de emergencia y se encuentra en plena campaña de vacunación. Debe decidir también cómo gestiona la mayor asignación de fondos europeos para la pandemia (unos 230.000 millones de euros) y se dispone a inaugurar su presidencia del G-20. Renzi defiende que la pandemia no puede ser el único motivo que mantenga en pie este Gobierno. Pero ninguna de las razones esgrimidas, pese a su legitimidad, parece tan poderosa como para someter ahora al país al riesgo de meses de parálisis política que acarrearía un voto adelantado.

El presidente de la República, Sergio Mattarella, ha sido durante esta legislatura la única referencia estable de un país que se asomó peligrosamente al antieuropeísmo y a las políticas de ultraderecha durante el periodo en el que Matteo Salvini fue vicepresidente. Ahora deberá volver a pilotar una crisis política en circunstancias de excepcional gravedad. Conte busca nuevos apoyos para mantener la confianza de la mayoría del Parlamento y planeaba una votación para comprobarlo el lunes. Evitar un incierto y paralizante proceso electoral es necesario. También lo es lograrlo con una maniobra política transparente, que conforme una nueva mayoría clara y estable, como correctamente reclama Mattarella.

Fuente: Irresponsable Renzi | Opinión | EL PAÍS (elpais.com)

Renzi abre una crisis de Gobierno en Italia al retirar a sus ministras del Ejecutivo de Conte

El líder de Italia Viva, Matteo Renzi, ha cumplido finalmente con su amenaza y ha obligado a dimitir a las ministras de su partido del Gobierno de coalición italiano. El movimiento abre una crisis todavía sin una salida a la vista que provocará, con toda probabilidad, la dimisión del primer ministro Giuseppe Conte esta misma semana. Las incógnitas son muchas. Es incluso posible que el primer ministro sea nombrado de nuevo para encabezar un tercer Ejecutivo esta misma legislatura. Pero la situación del país es de extrema fragilidad y el presidente de la República, Sergio Mattarella, deberá ahora comenzar una ronda de consultas para encontrar una salida.

En 15 años, Alemania ha tenido a Angela Merkel al frente de todos los cambios. Italia, en cambio, ha sido capaz de poner en órbita a siete primeros ministros y a 10 Gobiernos distintos (va camino del tercero en esta legislatura). El país está acostumbrado a gobernarse en una crisis perenne, ya lo escribió Giulio Andreotti, siete veces primer ministro. Pero el movimiento de Renzi, que conduce a Italia a un nuevo escenario de cambio de Ejecutivo, llega en un momento delicadísimo que ni los italianos logran ya entender. En medio de una pandemia (el miércoles más de 15.000 casos de coronavirus en el país y 507 fallecidos), justo cuando tiene que decidirse el destino de casi 230.000 millones de euros que llegarán de la Unión Europea para salir de la crisis, o cuando el país tiene que presidir el G-20, Italia se dispone a buscar la fórmula para un probable tercer Gobierno en esta legislatura. “La pandemia no puede ser el único motivo por el que se mantiene en pie este Gobierno. Justamente porque hay pandemia se deben respetar las reglas democráticas. La democracia no es un reality show”, sentenció el líder de Italia Viva, el partido que fundó tras abandonar el PD y que hoy tiene apenas un 3% de apoyo en los sondeos.

Renzi compareció junto a sus ministras con 45 minutos de retraso. Toda Italia esperaba su veredicto final. Hasta el último minuto, el presidente de la República trató de mediar para que pudiera darse un acuerdo con el primer ministro. De hecho, Conte atendió a la prensa en la calle dos horas antes y tendió la mano para una posible reconciliación y ofreció un pacto de legislatura. Pero el discurso de Renzi, muy acelerado y vehemente, ha sido durísimo y ha reprochado al Gobierno decenas de problemas que van mucho más allá de lo que alegaba estos días para romper. “Este Ejecutivo no lee los documentos que aprueba”, llegó a decir. El problema es que Renzi sabe que la mayoría, tal y como se pudo comprobar poco después, piensa que está incendiando el país en una situación de fragilidad extrema. Pero se defendió: “No estamos haciendo nada irresponsable, solo que si hay una crisis política se afronta en las mesas políticas y no en las redes sociales”.

¿Qué sucede ahora? Conte subió la apuesta de Renzi el martes y aseguró que si el florentino derribaba el Gobierno, no volverían a formar uno juntos. La ruptura fue total, aunque luego haya intentado rebajar el tono. Nadie domina en Italia las partidas de ajedrez de palacio como el florentino, que ya se la jugó antes a Enrico Letta y a Matteo Salvini. Por eso el primer ministro no se fía de que pueda volver a apoyarle en un tercer Gobierno si dimite -tal y como dijo el líder de Italia Viva- y cree todavía que puede tener apoyo suficiente en el Senado para sustituir a los 18 parlamentarios de la formación de Renzi. Necesita unos 15 votos, pero Mattarella no quiere que sean francotiradores y ha pedido que quienes acepten ese papel de “responsables”, ya sean del grupo mixto o de la oposición, deben constituirse en una formación cerrada y bajo una sigla. La fórmula permitiría a Conte no tener ni siquiera que dimitir. Pero solo hay un precedente en la historia, cuando Berlusconi sobrevivió en 2010 a la salida del Gobierno de su aliado Gianfranco Fini (Alianza Nacional).

La realidad es que ahora mismo no parece que exista ese número de voluntarios para sostener a Conte. “Pero si los encuentran, buena suerte y buen trabajo”, dijo Renzi. El ex primer ministro, además, no está dispuesto a una simple remodelación del Ejecutivo. “Si las fuerzas políticas quieren resolver los problemas que tienen sobre la mesa, que lo hagan ya, sin posponerlo. Alguien tiene que tener el coraje de decir que el rey está desnudo. Y si hay que dimitir para eso, se hace”, dijo en rueda de prensa. De modo que el primer ministro, probablemente, tendrá que presentar su renuncia esta misma semana y el presidente de la República iniciará una ronda de consultas con los partidos para entender qué fórmula puede ser la más oportuna: un tercer Gobierno con Conte al frente, un nuevo candidato, un Gobierno técnico o unas elecciones (esta parece la más remota).

El presidente de la República está muy decepcionado por cómo han ido las cosas. Mattarella pidió en su mensaje de Fin de Año que se priorizase la unidad. Llamó expresamente a Renzi el pasado fin de semana para solicitarle que sus ministras no dimitiesen y subrayó en varias ocasiones que, en ningún caso, debía abocarse al país a una crisis ciega. Nada de esto ha sido atendido y ahora Mattarella deberá entrar en juego.

Renzi ha asegurado que no participará en un Gobierno en el que esté la derecha. “No haremos ningún acuerdo con la derecha, que tiene una mirada populista y soberanista sobre Europa”. Pero, en cambio, apoyaría a un Ejecutivo técnico y estaría también dispuesto a hacerlo de nuevo con Conte a cambio de una dimisión previa, pese a haberlo considerado inadecuado durante su rueda de prensa. Si eso sucediese, el actual primer ministro debería volver a ser nombrado en las Cámaras y se crearía un Ejecutivo diseñado desde cero. Esa siempre ha sido la opción preferida de Renzi. Especialmente porque le permitiría dar rienda suelta a su imaginación y decidir en el último momento si vuelve a dar su apoyo a Conte o, por el contrario, lo liquida.

Daniel Verdú (publicado por El País el 13/01/2021)

Fuente: Renzi abre una crisis de Gobierno en Italia al retirar a sus ministras del Ejecutivo de Conte | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

Las marchas sobre Roma y Washington

En uno de los pasajes más evocadores de En busca del tiempo perdido, el narrador describe la sugestión que le causó la observación de los dos campanarios de Martinville desde los cambiantes ángulos proporcionados por el movimiento de la carroza en la que viajaba. Quizá los campanarios puedan interpretarse también, metafóricamente, como acontecimientos sobresalientes —de la vida de uno o de la historia— en los que es enriquecedor fijarse desde distintos puntos de vista, en el tiempo.

El campanario hermano de lo ocurrido en Washington esta semana, en cierto sentido, puede considerarse la marcha sobre Roma, de la que el año que viene se cumplirá un siglo. Por supuesto hay profundas diferencias: lmarcha de Washington es un esperpéntico fracaso y la democracia de Estados Unidos sigue adelante; la de Roma alumbró el régimen fascista, experiencia piloto de las repugnantes réplicas que se produjeron en distintos lares de Europa. Pero hay algunos paralelismos entre estas hordas fascistoides que, a distancia de un siglo la una de la otra, se dirigen hacia el corazón político de países en momentos de dificultad. ¿Qué nos puede sugerir la observación de estos dos campanarios?

El dato crucial de la marcha sobre Roma es que, a pesar del belicoso nombre con el que pasó a la historia, sustancialmente no se produjo semejante cosa. Miles de fascistas se atestaron amenazantes cerca de Roma, sí. Pero como aceradamente escribió Denis Mack Smith en su Historia de Italia, “la marcha sobre Roma no fue otra cosa que un viaje en tren en respuesta a una explícita invitación del monarca”. No hicieron falta asaltos de milicianos fascistas o baños de sangre. El débil Estado italiano que no había levantado cabeza después de la Primera Guerra Mundial fue miope o cobarde en la gestión del pulso fascista. Pese a su fragilidad, las Fuerzas Armadas tenían capacidades suficientes para sobreponerse a las mal pertrechadas hordas fascistas, pero no recibieron las órdenes precisas para ello. Lo que no hubo fue la clarividencia y determinación política para afrontar el órdago adecuadamente.

Una mezquina mezcla de titubeos, miedos, y sobre todo cálculos de cooptación permitió al fascismo llegar al poder sin tener que asaltar las instituciones. Por supuesto, aunque en esa circunstancia definitiva no lo necesitaran, los fascistas habían dado ya sobradas muestras de su disposición a recurrir a la violencia para alcanzar sus fines. Por eso quienes contemporizaron o buscaron la cooptación merecen la rotunda condena de la historia: no había duda alguna.

En la Europa actual ningún actor político reseñable propugna el uso de la violencia, pero no escasean los dirigentes con dudosas credenciales democráticas que erosionan el Estado de derecho y el pluralismo. En la parte oriental se detectan desgarros del tejido; en la occidental, conatos de desgaste. En ambas partes, se acumula una base de malestar social que será material altamente inflamable. Si lo alimentó la crisis económica de hace una década —con la superposición del desafío migratorio—, es razonable pensar que la actual lo hará mucho más.

El episodio de Washington muestra que el paso desde el deterioro blando del Estado de derecho a las vías de facto es breve. Apaciguamiento, contemporización, técnicas de contención son errores. Titubeos y calculillos ventajistas se pueden pagar a caro precio. La respuesta correcta es volar los tacticismos, pegarse a los valores; firmeza democrática sin contemplaciones, con todos los instrumentos del Estado de derecho. Es lo que susurran los campanarios de Martinville.

Andrea Rizzi (publicado por El País el 08/01/2021)

Fuente: Las marchas sobre Roma y Washington | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

La agenda progresista de Argentina da oxígeno a la izquierda en América Latina

La ley de aborto legal aprobada en Argentina el 29 de diciembre interpela a la izquierda latinoamericana. Perdida la hegemonía del arranque del siglo, cuando casi todo el continente estaba dominado por Gobiernos progresistas, los contados regresos al poder se han visto lastrados por la crisis económica y, ahora, la pandemia. La recuperación de la agenda por los derechos sociales puede ser ahora el cemento de una nueva épica y dar oxígeno a la izquierda. Desde Argentina, Bolivia y México, donde la izquierda o las propuestas antiestablishment han vuelto al poder, pasando por los movimientos de insurrección ciudadana en Chile y Perú y los intentos de construcción política alternativa en Brasil o Colombia, los proyectos progresistas buscan la ruta que les permita revertir la actual hegemonía conservadora. El camino es largo. Si hablamos de aborto legal, solo Uruguay, Cuba, Guyana y la Guayana Francesa han avanzado. Y mientras la nueva ley sitúa Argentina a la vanguardia, países como México están, en su conjunto, aún muy lejos de ello, pese a las banderas que enarbola a Andrés Manuel López Obrador.

El presidente mexicano, que ha recibido repetidas críticas del movimiento feminista, defendió en la última conferencia de prensa del año que “las estructuras de poder” no deben intervenir en decisiones como la regulación de la interrupción del embarazo, donde, dijo, “hay puntos de vista a favor y en contra”. Su apuesta sería, en todo caso, convocar un referéndum. “Lo mejor es consultar a los ciudadanos y, en este caso, a las mujeres. Hay mecanismos para poder solicitar una consulta”. López Obrador evita así tomar partido al respecto en un país donde solo la Ciudad de México y el Estado de Oaxaca permiten el aborto libre y gratuito hasta la semana 12. Su posición no es, sin embargo, tan tajante como la de otros líderes latinoamericanos progresistas que no han renunciado a postulados tradicionalmente conservadores sobre el aborto. El dirigente opositor colombiano Gustavo Petro volvió a manifestar esta semana que el camino no es la prohibición, sino que hay que mejorar la educación si se quiere una “sociedad [con] cero aborto”. Más allá fue en su momento el exmandatario ecuatoriano Rafael Correa, quien amenazó con renunciar si la Asamblea aprobaba la legalización. “Yo jamás aprobaré la despenalización”, zanjó al comienzo de su último mandato, en 2013.

Parece una paradoja, pero sus palabras se parecen a las pronunciadas por Jair Bolsonaro en Brasil, un país que por su peso puede marcar la agenda regional y que se ha abrazado al extremismo conservador. El brasileño también ha sentido la onda expansiva iniciada en Buenos Aires. “En lo que dependa de mí y de mi Gobierno, el aborto jamás será aprobado en nuestro suelo”, escribió el presidente en Twitter. En Paraguay, el Parlamento hizo un minuto de silencio por “por las miles de vidas de los hermanos argentinos que se perderán antes de nacer”.

“Somos conscientes de que nos miran”, dice Vilma Ibarra, secretaria Legal y Técnica de la presidencia argentina e impulsora de la ley de interrupción del embarazo aprobada en el Congreso. “Sobre todo nos miran las mujeres. Nos abrazamos a otras experiencias porque sabemos que sin ellas no llegamos. A las mujeres argentinas nos costó, pero nos abrió camino España, Cuba, Uruguay, la ciudad de México. Lo bueno de esas luchas es acompañar y transmitir experiencias. Ahora vamos a poder transmitir experiencias en la región”, dice Ibarra en una conversación vía Zoom con corresponsales extranjeros.

El regreso de la agenda progresista en Argentina puede estimular movimientos semejantes en otros países. La experiencia boliviana, con el triunfo de Luis Arce un año después de la salida anticipada de Evo Morales, dio nuevo impulso a la idea del regreso. Pero los problemas económicos complican los planes de expansión. El costo político de un ajuste puede ser demasiado. “A la derecha, el discurso de menos Estado con ajuste fiscal le es natural. Pero a la izquierda, la promesa de una sociedad más igualitaria y con más Estado, en un momento con menos plata, ajuste fiscal y pandemia le resulta más complicado. Eso plantea la tentación de ir a las minorías, de una agenda de expansión de derechos civiles que no es solo el aborto. Se expande la idea indigenista, se vuelve a la agenda de largo plazo, de reforma cultural de la sociedad”, explica el periodista y analista Carlos Pagni, columnista de este periódico en temas latinoamericanos. Se trata, entonces, de reescribir los discursos, pero sin tropezar con las piedras que en el pasado la alejaron del poder.

A esas reflexiones se añaden los debates de corte religioso o relacionados con la influencia política de las iglesias que proliferan por América y que en algunos casos engrosan las filas de los llamados partidos-movimientos de izquierdas. “Hay un esfuerzo tácito por no meterse en temas que puedan desatar la ira de los evangélicos y los católicos, porque hay una gran parte de la población que no apoya ciertas agendas”, señala Sergio Guzmán, director de la consultora Colombia Risk Analysis. “América tiene una tasa de religiosidad entre el 60 y el 70%, en Latinoamérica hay más fervor religioso. Y a las iglesias se les está dando un papel determinante en las decisiones políticas en el continente. El mismo papa Francisco trató de mediar entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe a propósito del proceso de paz”, continúa. La tendencia no es nueva, aunque hoy las organizaciones religiosas están más fragmentadas. En Colombia sigue activo el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una guerrilla nacida a principios de los sesenta con un prontuario ideológico que mezclaba marxismo y teología de la liberación. Uno de sus padres fue precisamente el sacerdote guerrillero Camilo Torres. Y aunque este es un caso extremo, es significativo que el conservadurismo y el machismo hayan impregnado durante décadas también el ideario de organizaciones insurgentes, incluidas las extintas FARC. Hoy todavía, regímenes que se autodenominan como revolucionarios, el de Nicolás Maduro en Venezuela y el de Daniel Ortega en Nicaragua, han rechazado legislar sobre el aborto.

“La izquierda tiene tendencia a dar lecciones de moral”

Tatiana Roque es catedrática en Matemáticas en la Universidad Federal de Río de Janeiro y fue candidata a diputada por el PSOL brasileño, la formación que criticó por la izquierda al Partido de los Trabajadores de Lula da Silva. Roque siguió con atención la discusión por el aborto legal en Argentina. “El movimiento argentino marca una nueva forma de hacer política, de crear consensos en una sociedad que conmina a la izquierda a dialogar. La izquierda tiene tendencia a señalar, a acusar, a dar lecciones de moral, y eso nos aleja a las personas con quienes tenemos que hablar, personas de clase media baja o pobres. El proceso del aborto en Argentina es en ese sentido una enseñanza, porque se hicieron gestiones con los sectores más conservadores”, dice. En esa estrategia del diálogo Roque ve la semilla de la reconstrucción de una izquierda que, dice, ya no puede tener al PT como faro ni a Lula como “el único capaz de articular”.

Ni Argentina ni Bolivia tienen figuras con la influencia que alguna vez tuvieron Néstor Kirchner, Lula, Hugo Chávez, Pepe Mujica o Rafael Correa. Algunos han muerto o están retirados de la política activa, otros están presos por corrupción o inhibidos de participar en elecciones por motivos semejantes. Para el sociólogo argentino Mario Santucho, director de la revista Crisis y experto en movimientos de izquierda latinoamericanos, esa falta de referentes abre la puerta a nuevos movimientos, más atomizados pero no por eso menos potentes. “El feminismo en la región no tiene vuelta atrás. Si bien ha habido una reacción de las iglesias, el sedimento es el de una consolidación de estas agendas más de avanzada”, dice Santucho. Y pone como ejemplo a Chile, donde la discusión por una nueva Constitución es también un debate por los nuevos valores de la democracia. “Ahí entran en juego los derechos civiles, de avanzada, que no son solo derechos en términos liberales”, explica, “estamos hablando de una nueva idea de lo social, de lo humano. Ese es el gran desafío de la izquierda: conjugar un modo progresista y democrático con las nuevas discusiones del siglo XXI, junto con los derechos sociales que siempre ha defendido”.

Sergio Guzmán apunta que son precisamente las mujeres quienes han tomado el liderazgo de la agenda. “Los políticos progresistas hombres son muy reacios a liderar el tema”, dice en referencia al caso específico del aborto. “Las políticas progresistas no tienen ningún problema al hablar de libertades y derechos”. Este año y 2022 redefinirán el mapa en países como Ecuador, Perú y Colombia, mientras que Luis Arce, heredero de Morales, acaba de iniciar su mandato en Bolivia. El periodista estadounidense Jon Lee Anderson, profundo conocedor de la región, destaca la decadencia de la izquierda con retórica revolucionaria que hace una década encarnaba, por encima de todos, Hugo Chávez. Eso no supone la muerte en sí de los proyectos progresistas, sino más bien su obligación de adaptarse y reformularse a través de un nuevo camino centrado en las políticas públicas.

Federico Rivas Molina y Francesco Manetto (publicado por El País el 03/01/2021)

Fuente: La agenda progresista de Argentina da oxígeno a la izquierda en América Latina | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

Coronavirus en Argentina: terminó el año pero (todavía) no la pesadilla

A principios de diciembre, Angela Merkel, la líder de uno de los países más ordenados y ricos del mundo, pronunció un discurso desesperado y, a la vez, muy conmovido. Alemania había tenido en esos días un pico de 590 fallecidos, el más alto desde el comienzo de la pandemia. Entonces, Merkel se dirigió a su pueblo para plantearle los caminos posibles de allí en más.

“Sé que suena duro, y sé cuánto amor se ha puesto en montar los puestos de vino caliente, pero esto no es compatible con el acuerdo que hicimos de comprar solo comida para llevar y comerla en casa. Hay demasiado contacto entre las personas. Lo siento, lo siento desde lo más profundo de mi corazón, pero pagar un precio diario de 590 muertos, desde mi punto de vista, no es algo aceptable. Debemos hacer todo para evitar una progresión exponencial. Si tenemos demasiados contactos los días antes de Navidad, y terminan siendo las últimas Navidades con nuestros abuelos, entonces habremos hecho algo mal”, dijo

Veinte días después, la cifra diaria de muertos en Alemania había superado el millar. Desde que Europa logró controlar la primera ola, Alemania era uno de los países expuestos como ejemplo en el mundo. Luego sobrevino la segunda ola. Desde septiembre, multiplicó por tres veces y medio la cantidad de fallecidos.

En los próximos días, es muy probable que el presidente Alberto Fernández deba enfrentarse al mismo problema de Angela Merkel, y de tantos otros líderes del mundo. ¿Qué hacer frente al crecimiento exponencial del número de casos de coronavirus que se ha producido en la zona metropolitana de Buenos Aires, y cómo evitar que eso se multiplique en los destinos turísticos donde, encima, no hay camas suficientes para atender una eventual emergencia sanitaria?

Para el análisis político, que intenta entender lo que pasa en el proceso político o social –o debería, al menos, intentarlo—es difícil encontrar un hecho tan trascendente como ese, porque definirá muchísimo del futuro próximo, en lo sanitario, en lo económico y, por tanto, en lo político y social.

La magnitud del problema estuvo reflejada en el parte que difundió la ciudad de Buenos Aires el viernes primero de enero. Los casos nuevos, que en el mejor día de los últimos meses habían caído por debajo del piso de 200, ahora superaban los 1400, casi el récord desde que empezó la pandemia. Ese dato se superponía con las imágenes que difundía la televisión sobre las primeras reuniones multitudinarias en Mar del Plata y los alrededores, sin distanciamiento social y poco barbijo.

Cualquier mirada realista sobre lo que ha ocurrido en ambos campos –el de los contagios y el de la vida cotidiana—debería concluir en que lo más probable es que el país esté ingresando nuevamente en una zona muy oscura de la pelea contra el coronavirus. Por un lado, los contagios crecen, a una velocidad temeraria. En la zona de Capital y Conurbano se pasó del piso al pico en apenas 15 días y no hay por qué creer que esto va a frenar. Mientras tanto, la conducta social se ha vuelto completamente despreocupada: es como si todo fuera una gran marcha anticuarentena, una quema colectiva de barbijos.

Solo en la escena pública, lo que se ha visto en el último mes ha sido muy elocuente. El velorio de Diego Armando Maradona, el festejo del segundo aniversario del triunfo de River sobre Boca en Madrid, los banderazos de las hinchadas de Racing Club y Boca Juniors previos al partido definitorio de los cuartos de final de la Libertadores, la celebración del cumpleaños de Rosario Central, los festejos por la legalización del aborto, mostraron a miles de personas abrazadas, saltando y cantando, sin distanciamientos ni barbijos. La muerte está a la vuelta de la esquina pero ya no importa.

Si eso pasa en público, no es difícil presumir lo que ocurrió en privado en las fiestas de Navidad y Año Nuevo. En el momento en que el virus está presente de manera masiva, cientos de miles, tal vez millones, de personas, se trasladan de un lado a otro, se abrazan y se besan. Si la ciencia tiene razón, y este tipo de conductas promueven masivamente los contagios, no es difícil anticipar lo que puede ocurrir.

Frente a esta situación, como tantas otras veces durante este año interminable, el Gobierno no tiene frente a sí opciones sencillas. Gran parte de la sociedad, naturalmente, está cansada del esfuerzo del 2020. La catarsis del último mes tal vez está relacionada con las privaciones de los meses anteriores. Convencerla, como lo intentó Angela Merkel, de volver a sus casas, quizá sea un intento fútil, imposible. Puede pasar que solo sirva para exponer que el Gobierno –todos los gobiernos del mundo—ya ha perdido autoridad en la materia ¿De qué seriviría hacer un gesto de mando que nadie obedece, o que genere un malestar tal que provoque explosiones por otro lado? Pero, por otro lado, ¿no hacer nada? ¿dejar que la gente se contagie alegremente y muera?

Muchas veces, la realidad presenta problemas cuyas soluciones no son fáciles de encontrar, si es que existen.

En la mayoría de los países europeos, la respuesta a este desafío se resume en una expresión que aquí tiene agrias reminiscencias: “Toque de queda”. Básicamente, se trata de prohibir el movimiento durante la noche. Como se supone que una parte significativa de los contagios se producen en fiestas multitudinarias –legales o prohibidas–, y estas se realizan en horario nocturno, entonces los gobiernos prohíben salir de sus casas entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana.

Como ocurre en todos los pronósticos respecto de la pandemia, el panorama ofrece cierta incertidumbre. El ministro de Salud porteño, Fernán Quiroz, sostiene que los datos son preocupantes pero deben ser matizados por tres elementos: el mes de diciembre es un período donde los contactos son inevitables y entonces tal vez los casos bajen en las semanas que vienen; la positividad ha subido de 10 a 18 por ciento en los últimos días pero aún es muy baja respecto de los peores momentos; la cantidad de internados en terapia intensiva se mantiene en niveles bajísimos.

Pero la suba de casos ha sido tan abrupta, los números absolutos son tan contundentes y la experiencia europea tan aleccionadora, que sería ingenuo establecer una estrategia apoyada en los datos que permiten no ser tan pesimistas. Las cifras que llegan de Europa son impiadosas. Alemania, el país que más sufrió la segunda ola multiplicó por tres veces y media la cantidad de fallecidos. Otros países, como Italia, el Reino Unido, Francia o España, las duplicaron o se acercaron a esa tragedia.

La pregunta, para quienes conducen el operativo sanitario, no tiene una respuesta sencilla: ¿Cómo hacer para convencer a la sociedad de que la pesadilla no terminó, de que debe resignar gran parte de los espacios de libertad que recuperó, con alegría, con cansancio, con angustia, con alivio, en los últimos tres meses? Lo primero que deberían intentar, al menos, es que el tema ocupe el centro del diálogo entre el Gobierno y la sociedad: en los últimos meses, no solo la población civil se relajó.

Este proceso convive con otro que, en paralelo, se empieza a producir en todo el mundo. Las campañas de vacunación que han comenzado en muchos países, y el incremento de la cantidad de vacunas que empiezan a recibir validación de los expertos del mundo –Pfizer, Moderna, AstraZeneca—preanuncian, según los especialistas, autorizaciones en cascada de vacunas y tratamientos que, en algunos meses, producirán un alivio sensible, previo a la derrota del coronavirus. Eso no es absolutamente seguro, como nada en estos tiempos, porque aparecen nuevas cepas. Pero los expertos coinciden en que se trata de lo más probable.

Por eso, los Gobiernos piden un último esfuerzo que, sin embargo, a las sociedades les cuesta aceptar. Tardan en pedirlo, además, porque también ellos están desesperados por que las cosas vuelvan a ser como eran y les den un respiro. Es muy humana la reacción, pero -al mismo tiempo- tiene consecuencias terribles.

Tal vez en pocos meses, todo esto empiece a formar parte del pasado.

Pero la pesadilla, todavía, no ha terminado.

Apenas cambió una hoja en el calendario.

Ernesto Tenembaum (publicado por Infobae.com el 03/12/2021)

Fuente: Terminó el año pero (todavía) no la pesadilla – Infobae

La mentalidad totalitaria persiste

No creo que los kirchneristas conozcan la historia del peronismo. Es probable que hayan ingerido pequeñas píldoras, leído los clásicos del “socialismo nacional”, asimilado cierta catequesis. Sin embargo, hacen lo que el peronismo hizo, dicen lo que dijo, siguen las huellas que dejó. ¿Coincidencia?

¿O la mentalidad totalitaria es una herencia genética – una “cultura”, dirían algunos – a la que nadie hizo nunca frente? Tomemos el caso de la dirigente exigiendo aplausos para Cristina Kirchner. ¡Qué demonios! ¡La fe debe ser exhibida, gritada, reivindicada!

Los que evocan a Stalin o Mussolini tienen razón: de esto se trata. Pero no importa viajar mucho en el espacio, basta con hacerlo un poco en el tiempo: en 1950, Eva Perón ordenó a la prensa arremeter contra los diplomáticos “culpables” de no haberla aplaudido durante un discurso. ¡Qué tormenta con las cancillerías extranjeras!

Sí, porque antes de ser un régimen político el totalitarismo es una mentalidad. Y donde se impone un régimen totalitario, se puede estar seguro que más que en la fuerza se apoyará en la mentalidad totalitaria latente entre la población.

¿Por qué, si no, todos los regímenes totalitarios fueron tan populares? ¿Por qué gozaron de tanta aprobación durante tanto tiempo? Antes de buscarla en los tiranos y sus aparatos, la semilla del totalitarismo deberíamos buscarla entre nosotros, dentro de nosotros.

Para identificar la actitud totalitaria, hay por tanto que entender que el totalitarismo no es un producto industrial, no viene con todas los extras incorporados, como la Hitlerjugend o los Comité de Defensa de la Revolución, los Balilla, el Komsomol o las Veinte Verdades. Es ante todo un impulso de unanimidad, una nostalgia por un mundo armonioso idealizado, un sueño de unidad de fe o ideología, de una cultura y un pueblo puros, incontaminados: ein Volk, ein Reich…; un mundo libre de la molestia del conflicto, la imperfección, la herejía, de los imprevistos de la historia.

La mentalidad totalitaria no desdeña los medios más modernos para alcanzar el objetivo más antiguo: erradicar las raíces del “desencanto del mundo” y restaurar el Reino, volver al seno protector de la comunidad.

En cuanto pulsión, el totalitarismo no existe en estado puro, nunca es verdaderamente “total”. Mientras unos pagan el precio de su furia unanimista, muchos otros se conforman; así sucedió en los fascismos y comunismos. Precisamente porque es un impulso y una mentalidad, le es fácil confundir huellas, esconderse entre las hojas, vestir todos los colores, incluido el de la democracia.

Que hoy casi no existan regímenes totalitarios, por tanto, no debe engañar: la mentalidad totalitaria no ha desaparecido, al contrario, está más viva que nunca y explica que muchas democracias se vuelvan iliberales.

Encontramos rastros de ella por todas partes, en los grandes escenarios políticos y en la rutina diaria. La mentalidad totalitaria es apta para todos los géneros: culta o popular, trágica o ridícula, solemne o grotesca, habita todos los planos de nuestras sociedades. El primer indicio de su presencia, sin embargo, es siempre el mismo: al totalitario no le alcanza con el poder, con predicar su fe, con expresar su ideología. Exige que todos la proclamen, que los fieles la propaguen, que se castigue al hereje, que se reclute y movilice a los pasivos. No tolera la timidez y los matices, ¡ay de los escépticos y neutrales!

Cuando el Presidente canta las alabanzas a su gobierno exagera, pero es su derecho; si, sin embargo, añade que nadie puede dudar de ellas, el que sale es el enano totalitario. Cuando la vicepresidenta azota a sus oponentes, está en su papel; si, sin embargo, lo hace aludiendo a su pueblo como si fuera todo el pueblo, el enano asoma otra vez.

Cuando un intelectual ataca a otro estamos en la norma; pero si pide que lo echen de su universidad, ya no lo somos. Lo mismo cuando un edificio público se llama Kirchner pero Borges está censurado. Esto sucede con las estatuas y los libros escolares, la diplomacia y la administración pública. Piénsenlo, ¿cuántos casos similares se les ocurren?

La apoteosis de la mentalidad totalitaria fueron las exequias de Maradona, en Argentina y en otros lugares. No es de extrañar. El culto a los héroes es su líquido amniótico. Rendirle homenaje con la debida pasión era “su obligación moral”, se escuchó tronar contra los tibios. ¿Los indiferentes? Insultos. ¿Los críticos? Traidores. ¿Los sobrios? La mentalidad totalitaria exige pompa, no sobriedad.

Todo ya visto. Pasó lo mismo con la muerte de Eva, Castro, Chávez y muchos otros: dolor obligatorio, contrición de Estado. Escraches, actos de repudio, autodafé: la historia está llena de multitudes “patriotas” que se ensañan contra víctimas indefensas, de “pueblos” que imponen su “cultura” a los ciudadanos.

Al escuchar la crónica excitada de un vuelo intercontinental cargado con vacunas, es difícil permanecer serio. Ya sucedió con la exhumación chavista de las cenizas de Bolívar: una escena hilarante, un grosero despliegue de necrofilia. Pero cuidado con el escalofrío que sentimos por la espalda. Para la mentalidad totalitaria son epopeyas de “pueblos” devotos a una “patria” en busca de un “jefe”. Hay poco de qué reírse.

Loris Zanatta (publicado por Clarín el 02/01/2021)

Fuente: La mentalidad totalitaria persiste (clarin.com)

Italia reabrirá los colegios el 7 de enero a pesar de los contagios de COVID-19

El Gobierno de Italia ha anunciado que reabrirá los colegios el próximo 7 de enero para permitir la realización de clases presenciales a pesar de la pandemia. El Ministerio del Interior ha indicado en un comunicado que la educación “segura” debe estar garantizada a pesar del coronavirus. Así, ha especificado que las clases podrán reanudarse al 50 por ciento de la capacidad normal, si bien el resto de alumnos tendrán que seguir la lección desde casa.

Poco antes, el Gobierno había señalado que el 75 por ciento de las clases serían presenciales, algo que fue suspendido durante la segunda ola de contagios, especialmente para los alumnos de los últimos cursos.

Esto ha sido motivo de controversia en Italia desde que estalló la crisis sanitaria y los centros educativos fueron completamente cerrados. Las autoridades no permitieron su reapertura hasta septiembre.

El último balance del Ministerio de Sanidad indica que se han registrado 22.211 casos en el último día y 462 muertes, un leve descenso respecto al día anterior. La tasa de positividad sigue aumentando, situándose en el 14,1 por ciento frente al 12,6 por ciento de ayer. Además, se han realizado 157.524 test en las últimas 24 horas.

Actualmente hay 22.822 personas ingresadas en los hospitales del país, si bien se ha producido un descenso de los pacientes en las unidades de cuidados intensivos.

La vacuna en Europa

Casi 2,8 millones de estadounidenses han recibido ya sus primeras dosis, pero la cantidad está muy por debajo de las 20 millones de inoculaciones que la administración del presidente saliente, Donald Trump, había prometido para antes del final de 2020.

La carrera por vacunarse debe dominar el año que arranca, mientras el coronavirus deja ya al menos 1,8 millones de fallecidos desde su aparición en China en diciembre de 2019, según el recuento realizado por la AFP con base en cifras oficiales.

La firma alemana BioNTech comunicó el viernes que trabajaba intensamente para aumentar la producción de su vacuna y cubrir así la escasez causada por la falta de otros inmunizantes aprobados en Europa.

Países como Reino Unido, Canadá y Estados Unidos dieron primero la luz verde para la vacuna de Pfizer-BioNTech y desde entonces también han autorizado los inmunizantes de la compañía estadounidense Moderna o de la alianza británica entre la Universidad de Oxford y AstraZeneca.

“La situación actual no es fácil, hay un agujero debido a la ausencia de otras vacunas aprobadas y tenemos que llenar este espacio”, afirmó el cofundador de BioNTech, Ugur Sahin, al semanario Der Spiegel.

Las críticas sobre la lentitud de la distribución de la vacuna aumentaron en los últimos días. En Alemania, responsables sanitarios se quejaron de que personal médico sigue esperando las vacunas, pese a ser un grupo prioritario.

Francia registró quejas similares, obligando a que el gobierno anunciara que los trabajadores de la salud de más de 50 años podrán vacunarse desde lunes, más pronto de lo planeado originalmente.

La administración francesa anunció además el viernes que el toque de queda nocturno nacional se extenderá en 15 regiones donde los contagios son elevados. La restricción de las salidas comenzará ahora a las 18H00 en vez de a las 20H00. “El virus continúa extendiéndose… pero con disparidad entre regiones”, explicó un portavoz del gobierno, confirmando que los teatros, cines y salas de conciertos no podrán reabrir el 7 de enero, la última fecha marcada.

También en Francia, unos 2.500 juerguistas acudieron a una enorme fiesta clandestina de Fin de Año cerca de Rennes (noroeste), enfrentándose con la policía que trató de detenerla, informaron las autoridades.

Pero en todo el mundo, las normalmente multitudinarias celebraciones en ciudades como Sídney, Nueva York, Rio de Janeiro o Edimburgo se vieron reducidas o canceladas.

Contagios en vacaciones

Los viajeros que tomaron trenes entre Londres y París el primer día después de la salida del Reino Unido de la Unión Europea pasaron por registros adicionales, pero parecían más preocupados por las nuevas reglas exigidas por la pandemia. “No debía haber venido a casa para vacaciones, pero hubo una urgencia. Compré mi billete en el último momento, con un test (para covid-19) que cuesta 200 libras (unos 270 dólares)”, contó Stephanie Bapes, una francesa de 35 años que vive en Londres.

Reino Unido afirmó el jueves que ya había vacunado a casi 950.000 personas, mientras un repunte de contagios obligó a reabrir hospitales de campaña.

Noruega, que ha tenido una de las menores tasas de infección de Europa, comenzará el sábado a exigir exámenes de covid-19 a quienes lleguen a su territorio.

Quienes arriben deberán guardar una cuarentena de siete días y que dos tests resulten negativos. Esa medida forma parte de las restricciones impuestas por Noruega luego de haberse detectado cinco casos de la cepa británica del coronavirus.

Los expertos piensan que lo peor está todavía por llegar a nivel global, y predicen un alza pronunciada de casos y muertes tras semanas de encuentros por las vacaciones.

Según la Universidad Johns Hopkins, Estados Unidos alcanzó un récord de muertes diarias el miércoles, con más de 3.900 fallecimientos por covid-19 en 24 horas.

El presidente electo, Joe Biden, que asumirá el 20 de enero, criticó el problemático lanzamiento de las vacunas y rogó a los estadounidenses que lleven mascarilla.

Bajo la administración de Trump, las autoridades lanzaron frecuentemente mensajes encontrados sobre el porte de tapabocas, la eficacia de la distancia social y los confinamientos, mientras el mandatario minimizaba en múltiples ocasiones los riesgos del virus. Pero en su mensaje de Fin de Año, Trump destacó que los “ciudadanos más vulnerables ya están recibiendo la vacuna, y millones de dosis están siendo distribuidas por todo el país”.

Estados Unidos comenzó el viernes el Año Nuevo superando el triste umbral de los 20 millones de casos de covid-19, horas después de que las celebraciones mundiales para dar la bienvenida a 2021 quedaran ampliamente silenciadas por el coronavirus.

La primera economía del mundo ha fracasado en sus esfuerzos por controlar el virus, que sigue expandiéndose rápidamente por el país y ya ha causado más de 346.000 muertes, el mayor balance nacional de fallecimientos con diferencia.

Las esperanzas mundiales de que las vacunas contra el covid-19 traigan un rápido final para la pandemia en 2021 se han visto sacudidas por el lento comienzo del programa de inmunización en Estados Unidos, afectado por problemas logísticos y hospitales sobrecargados.

Fuente: Italia reabrirá los colegios el 7 de enero a pesar de los contagios de COVID-19 – Infobae

La definición del papa Francisco después de la muerte de Maradona: “En el campo era un poeta, pero también un hombre frágil”

La muerte de Diego Maradona generó un impacto mundial. Más allá de la multitudinaria despedida del público en la Casa Rosada y del acompañamiento de los restos camino al cementerio de Bella Vista donde fue sepultado, personalidades de todos los ambientes se pronunciaron ante la desaparición física de uno de los grandes deportistas de la historia.

En las últimas horas, uno de los líderes mundiales habló por primera vez a más de un mes del adiós al histórico número 10 de la selección argentina. El papa Francisco contó cuándo conoció al astro del fútbol mundial. “Conocí a Diego Armando Maradona con motivo de un partido por la paz en 2014: recuerdo con placer todo lo que hizo Diego por Scholas Occurrentes, la Fundación que se ocupa de los más necesitados en todo el mundo”, dijo el Sumo Pontífice en una entrevista que publicó el periódico deportivo italiano La Gazzetta dello sport.

“En el terreno de juego fue un poeta, un gran campeón que dio alegría a millones de personas, tanto en Argentina como en Nápoles. También era un hombre muy frágil”, agregó el líder de la Iglesia Católica sobre uno de los máximos ídolos del deporte argentino.

Además de referirse a la capacidad de Maradona como futbolista, y de marcar el estado de su salud, Francisco dio detalles de cómo fue que se enteró que Argentina se consagró campeón del mundo en México 1986 de la mano de Diego y el resto del equipo.

“Tengo un recuerdo personal vinculado al Mundial de 1986, el que ganó Argentina gracias a Maradona. Estaba en Frankfurt, en un momento difícil para mí porque estaba estudiando el idioma y recolectando material para mi tesis. No había podido ver la final de la Copa del Mundo y solo supe el resultado el día después de la victoria de Argentina sobre Alemania, cuando una niña japonesa escribió ‘Viva Argentina’ en la pizarra durante una lección de alemán”, explicó.

“Lo recuerdo, personalmente, como la victoria de la soledad porque no tenía con quien compartir la alegría de esa victoria deportiva: la soledad te hace sentir solo, mientras que lo que embellece la alegría es poder compartirla”, sumó en su recuerdo.

El pasado 26 de noviembre, día del velatorio de Maradona, sorprendió la aparición de un rosario sobre el féretro del Diez, que estuvo tapado por varias camisetas, entre ellas varias de Boca y una del seleccionado albiceleste. Durante dicha jornada, se confirmó que fue el propio papa Francisco el que lo había enviado a través del embajador argentino ante Italia, Roberto Carlés.

“Cuando me informaron de la muerte de Maradona, recé por él y envié a la familia un rosario con unas palabras personales de consuelo”, confesó con el diario italiano.

Reconocido por ser un amante del fútbol y fanático de San Lorenzo, el papa también aprovechó la entrevista en la que habló de deporte y fe para recordar cuando iba con su familia al viejo Gasómetro de Boedo.

“Recuerdo, en particular, el campeonato de 1946, el que ganó mi San Lorenzo. Recuerdo aquellos días que pasé viendo a los futbolistas jugando y la alegría de nosotros, los niños, cuando regresábamos a casa: la alegría, la felicidad en la cara, la adrenalina en la sangre”, comentó. Al mismo tiempo, fue memorioso y explicó que de pequeño jugaba con una “pelota de trapo” en una plaza cercana a su casa y que no tenía dotes para la práctica deportiva, sino más bien “lo que en Argentina llaman una ‘pata dura’”.

Por último, y además de destacar a los deportistas paralímpicos por su esfuerzo ante las adversidades que le presentó la vida, dejó un augurio para el año que acaba de comenzar. “Mi deseo es muy simple, lo digo con las palabras que escribieron en una camiseta que me dieron: ‘Mejor una derrota limpia que una victoria sucia’. Es la manera más hermosa de jugar tu vida con la cabeza en alto”.

Fuente: La definición del papa Francisco después de la muerte de Maradona: “En el campo era un poeta, pero también un hombre frágil” – Infobae

1,8 millones de muertos por covid en todo el mundo en 2020

Al menos 1,8 millones de personas han fallecido por la covid-19. Es el balance que deja un año de pandemia, exactamente 12 meses después de que las autoridades chinas alertaran por primera vez de una neumonía no identificada. Bélgica (cerca de 19.360 fallecidos), Eslovenia (2.630), Bosnia (4.020), Italia (73.000), Perú (37.500) y España (50.400) son los países de más de dos millones de personas que más muertes por habitante han notificado en 2020. De los 15 Estados con más fallecidos en términos relativos, nueve están en Europa.

Los datos de muertes no son perfectos y son difíciles de comparar entre países —como casi todas las cifras de esta pandemia—, pero sí permiten ver el impacto del virus en cada lugar. Ahora, Europa lucha contra los coletazos de una segunda ola de menor intensidad que la primera, pero mucho más larga. Ya se han registrado más muertes por coronavirus de agosto en adelante que antes: 325.000 desde el verano y cerca de 530.000 en todo el año. Estados Unidos, donde han fallecido casi 340.000 personas de covid-19 desde marzo, ya está en plena tercera ola. Allí los hospitales se han saturado aún más que en las olas anteriores y el pico de fallecidos diarios lleva semanas por encima de los registros de primavera y de otoño.

La primera ola fue un tsunami casi para cualquier país. La llegada de la covid-19 desconcertó a quienes llevan años esperando una pandemia. “Todo el mundo especulaba con que la gran pandemia sería una mutación del virus de la gripe, con la de 1918 como referencia”, reflexiona Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínic de Barcelona. Habían llegado otros coronavirus, como el SARS o el MERS, pero la covid-19 ha resultado más compleja. “Ha adquirido la capacidad de transferirse por el aire, a través de los aerosoles, y tiene a muchísimos asintomáticos que son potencialmente infecciosos: crea pacientes invisibles que están circulando sin que lo sepamos”, apunta Trilla.

El verano del hemisferio norte parecía un punto de inflexión. En toda Europa bajaron los contagios, los hospitalizados y las muertes. Pero fue una ilusión y antes de septiembre había que encarar ya una segunda ola, que en muchos países se revelaría más fuerte que la primera.

Hay que tener en cuenta que la capacidad diagnóstica no es siempre la misma y cuanto mayor es el colapso del sistema sanitario, más fácil es que mueran pacientes a los que no se les ha hecho un test. Aun así, países que no habían sufrido el fuerte azote de la primera ola están ahora entre los que más fallecidos han notificado desde agosto. Por ejemplo, Hungría (100 muertos por 100.000 habitantes desde verano), Polonia (68) o Lituania (45). De este grupo, la peor situación se vive en Bulgaria (100), Eslovenia (100) y Hungría (120), que parecen estar sufriendo este invierno el peor brote del continente en todo el año. Peor que España o Italia en primavera, cuando ambos rondaban las 60 muertes por 100.000 habitantes.

“Hay una combinación de factores que influyen en las diferencias entre las dos olas: las condiciones climáticas, la relajación de las medidas y la penetración según la exposición inicial”, explica Daniel López-Acuña, exdirector de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Donde ha habido más muertes desde verano, es probable que sea “porque habría más población susceptible, más cambios climatológicos, relajación de medidas y exceso de confianza”.

Pero también hay países que encadenan dos olas duras, como Bélgica, Reino Unido, España, Italia o Francia. Alemania está en cifras más bajas (menos de 30 fallecidos por 1000.000 habitantes), pero desde el verano ha notificado más del doble de muertes que antes. La complejidad de luchar contra el virus la demuestran también los datos de fallecidos de países como Corea del Sur o Japón, cuyas estrategias de test y rastreo son un ejemplo en todo el mundo: ambos países han tenido más del doble de fallecidos entre agosto y diciembre que antes.

Serán más de dos millones: el exceso

Las casi dos millones de muertes que ha provocado el virus son los notificados oficialmente por haber dado positivo en una prueba PCR. Son datos incompletos y difíciles de comparar por países, ya que no todos siguen la misma metodología para su cómputo. La cifra total de muertes será superior y llevará años determinarla con exactitud.

Algunos países cuentan con una estimación mejor gracias a los registros civiles, cuyos datos permiten calcular las muertes en exceso con respecto a un año normal. Según las últimas cifras disponibles para 2020, España es el que peor exceso tiene: desde marzo los registros han observado unas 77.000 muertes más de lo habitual en años anteriores. Son 165 muertes por cada 100.000 habitantes, por encima de Bulgaria (162) y de Bélgica (143). El INE, tras analizar los datos de la primera ola, ha confirmado que casi todo el exceso de muerte es por covid confirmado o sospechoso.

Los datos de países que publican un exceso de muertes dan también algunas pistas sobre sexo y edad de las víctimas: la pandemia golpeó más fuerte a los mayores y fue más letal para los hombres que para las mujeres. España destaca por tener el mayor exceso de mortalidad entre las personas de entre 15 y 64 años y por ser de los pocos donde hubo semanas que registraron un exceso de más del 140% entre los mayores de 85. Es decir, por cada 5 mayores que habían muerto en ese período en años anteriores, lo hicieron 12 este año. En Italia, el exceso en esas franjas de edad alcanzó el 80%, en Estados Unidos el 30% y en Alemania el 20%. La diferencia se explica, en gran medida, por la intrusión incontrolada del virus en las residencias españolas en la primera parte del año, como explicaba la epidemióloga Marina Pollán, del CSIC, a EL PAÍS, “Las residencias han sido unos lugares particularmente terribles en España porque ha habido grandes brotes, muchos muertos y, en ocasiones, hasta dificultades de acceso a los hospitales”.

Tercera ola

La tercera ola incipiente en varios países europeos y en Estados Unidos es probable que se vea afectada por la nueva variante del virus, de la que los primeros estudios fiables apuntan a que sería un 60% más contagiosa que la anterior. “La emergencia de nuevas variantes de virus es un elemento muy habitual en virus respiratorios”, explican desde el grupo de expertos en covid-19 del Centro Nacional de Epidemiología (CNE). “De hecho, las propias epidemias estacionales de gripe de cada invierno son el resultado de la aparición de nuevas variantes antigénicas de virus gripales, para los que la población no tiene una inmunidad total”, añaden.

A la espera de ver su efecto sobre los nuevos contagios, unido probablemente al aumento de actividad social en medio mundo por las fiestas de fin de año, el epidemiólogo Adam Kurcharski alertaba de que es más preocupante un virus más transmisible que más letal: “Un incremento en algo que crece de forma exponencial (como la transmisión de este virus) puede tener un mayor efecto que el mismo incremento en algo que solo afecta al resultado final (la gravedad de la enfermedad)”.

Daniele Grasso (publicado por El País el 30/12/2020)

Fuente 2020: 1,8 millones de muertos por covid en todo el mundo | Sociedad | EL PAÍS (elpais.com)

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