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octubre 2020

Toque de queda en las tres mayores ciudades italianas

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, no quería ni oír la palabra, y sigue negando que pueda llegar en la misma forma que en el mes de marzo. Pero la realidad se impone y el Gobierno, dividido en tres partidos y varias sensibilidades al respecto, ya no excluye la posibilidad de un confinamiento, aunque pudiese permitirse la movilidad para quien va a trabajar o a la escuela. Los casos en Italia se disparan (el miércoles hubo 15.199 nuevos contagios y 127 fallecimientos) y los hospitales comienzan a notar la presión. Las principales regiones ya han decretado un toque de queda antes de la medianoche y algunas, como Lombardía o Lacio, incluso han reducido sustancialmente la presencia en las aulas de los institutos. Las tres ciudades donde vive más gente de Italia, Milán, Roma y Nápoles, vuelven a situarse frente al abismo y el Gobierno estudia ya un nuevo decreto para las próximas horas.

La última región en tomar medidas ha sido Lacio (Roma). Los números de la capital de Italia comienzan a ser demasiado altos y el gobernador, Nicola Zingaretti, ha firmado una ordenanza que impondrá desde el viernes un toque de queda a partir de medianoche hasta las cinco de la mañana. Estará prohibida completamente la circulación nocturna (salvo justificación que deberá señalarse de nuevo en autocertificaciones). Además, entre un 50% y un 75% de las clases de los institutos (desde los 14 años) se realizarán a distancia. Los alumnos de esa edad, considera el Gobierno, son quienes más han expandido el virus en esta segunda oleada.

En Nápoles y toda la región de Campania la situación también es preocupante. Su gobernador, Vincenzo de Luca, fue el primero en tomar medidas y llegó a cerrar las escuelas (luego dio marcha atrás y volverán a abrirse). En el sur han cambiado las tornas. La primera ola tuvo un menor impacto en Nápoles, cuyo sistema sanitario es mucho más frágil que en las ciudades del norte. Esta vez, sin embargo, los datos son muy distintos y se teme que el coronavirus pueda causar un daño muy superior. Por eso, De Luca también ha prohibido los desplazamientos entre provincias, algo que estudian el resto de regiones que han comenzado a aplicar este tipo de medidas como Liguria (Génova) o Piamonte (Turín). Los científicos querían que los restaurantes cerrasen a las diez de la noche, pero Conte se opuso porque no se podía dar ni un turno completo.

Los datos de Italia siguen siendo mejores que los de sus vecinos europeos. Pero el número de casos se ha triplicado en una semana y nadie oculta ya la gravedad de una situación por la que se irán incrementando paulatinamente las medidas de contención (los gimnasios y las piscinas están ahora en el punto de mira del Gobierno). Según el asesor del Ministerio de Sanidad Walter Ricciardi, la pandemia de coronavirus está ya “fuera de control” en algunas zonas metropolitanas como Milán (norte), Nápoles (sur) y Roma, y por ello se requieren medidas más contundentes. “Tienen números demasiado altos para contenerlos con el método tradicional de pruebas y rastreo”, señaló este miércoles.

En el seno de la coalición de Gobierno crecen distintas visiones sobre lo que debería hacerse. Conte traslada ahora la presión a las regiones. Pero el ministro de Sanidad, Roberto Speranza, y el de Cultura, Dario Franceschini, son partidarios de medidas más duras. En ningún caso se plantean restricciones tan severas como las que se impusieron en el mes de marzo confinando de forma total a la población y paralizando la actividad productiva. Se buscan soluciones para acercarse a esa solución, pero sin bloquear la actividad económica y poder llegar a Navidad con un sector comercial vivo. Ese es ahora el mantra imperante.

Daniel Verdú (publicado por El País el 22/10/2020)

Fuente https://elpais.com/sociedad/2020-10-22/las-tres-grandes-ciudades-italianas-en-toque-de-queda.html

Helenio Herrera: el polémico “mago” argentino hizo famoso el Catenaccio, inventó las concentraciones en el fútbol e inspiró a Bilardo y José Mourinho

Recién cuarenta y cinco años más tarde, en 2010, el Inter de Milán, con el portugués José Mourinho como entrenador, pudo repetir un título de Champions League que ya había conseguido en 1964 y 1965 de la mano de un argentino, Helenio Herrera, también llamado El Mago y considerado el inventor del Catenaccio (cerrojo), un muro defensivo que le daba a sus equipos una personalidad rocosa y oportunista con el objetivo de ganar más allá de las formas, y que influyó con su escuela en otros directores técnicos como Juan Carlos Lorenzo, Osvaldo Zubeldía, y Carlos Bilardo.

Mourinho, campeón de Europa e intercontinental con el Inter en 2010, acaso sea uno de los últimos herederos de esta escuela que provocó un cambio en el fútbol italiano a principios de los años 60 con su personalidad magnética, sus técnicas innovadoras, y un particular encanto en sus gestos y palabras, y fue considerado un revolucionario del aspecto psicológico en el fútbol por sus dotes de motivador, al punto de que consiguió convencer a sus hinchas para que llevaran carteles a los estadios para alentar durante los partidos cuando en Europa.

Uno de los más notables periodistas de la historia, Gianni Brera, sostuvo en 1966, “Siéntase libre de juzgarlo según lo dicten sus estados de ánimo. Bufón y genio, sinvergüenza y asceta, villano y buen padre, sultán y leal, vulgar y competente, megalómano y consciente de la salud. Herrera es todo esto y más, como quizá nos pase a cada uno de nosotros. Lo conocí de mago y lo redescubrí de niño, siguiéndolo contigo por mares y tierras de todos los continentes. Francamente, no sé cómo se las arregló para mostrárselo, por cuántas caras, por cuántos lados. Para mí es importante que el personaje nunca sea falso, ni siquiera cuando intenta serlo. Y H.H. siempre es cierto, sino del todo aceptable”.

Es tan polémico Helenio Herrera que ni algunos aspectos de su nacimiento y su muerte son claros. El Mago, también llamado El Fisura, nació, para muchos, el 10 de abril de 1910 en Palermo, en la calle Thames, en Buenos Aires, aunque él sostenía que había nacido el 16 de abril de 1916 y eso es lo que figuraba en sus tres pasaportes, francés, argentino y español. Era hijo de un anarquista andaluz, Francisco, y de María Gavilán Martínez, quienes a sus nueve años emigraron a Marruecos, que en ese momento aún era un protectorado francés. Al llegar a Casablanca y bajar la familia del barco en un puerto en construcción, su madre, que pesaba 103 kilos, cayó al agua y le exigieron a su padre un pago por adelantado para sacarla de allí. Ya Helenio iría tomando consciencia muy pronto de lo que le esperaba. Por lo pronto, su padre, carpintero experimentado, construyó una pequeña casa sobre pilotes en la playa.

“Mis padres habían llegado a la capital argentina después de treinta largos días de navegación en la cubierta de un barco en el que habían embarcado en Algeciras. Eran andaluces y pobres en caña. Emigraron a la Argentina llenos de esperanza con la intención de dejar atrás la miseria y los amargos recuerdos: tres de sus hijos habían muerto a temprana edad. Mi padre, apodado Paco el Sevillano, conoció a mi madre en Gibraltar. Ella era sirvienta en la casa de los terratenientes ingleses, Pero en Buenos Aires se desvanecieron sus sueños y la suerte con la que habían soñado no era más que un espejismo. Sin embargo, la esperanza de los emigrantes está hecha de un material resistente y partieron de nuevo, uno de esos interminables viajes por mar en los que se intenta engañar al hambre cantando canciones y así mi familia llegó a Marruecos”, relató en su autobiografía, escrita en 1964.

Tanto Helenio como su hermana Aurora –también nacida en la Argentina un año antes- fueron a escuelas francesas y ya en el camino hacía malabares con piedras o con una pelota de medias de su madre o por las tardes jugaba al fútbol en la arena con sus amigos de familias llegadas de todas partes. Luego llevaba los postes de los arcos para tapar la casa para que no les robaran. Quería ser tornero. También aprendió enseguida a boxear y le resultó útil para entender algunas cuestiones fundamentales que aplicaría mucho más tarde como entrenador.

“Los soldados, que nos habían tomado simpatía, me enseñaron a boxear. Me hicieron pelear con otro chico de mi edad. Entonces sucedió algo que constituyó una verdadera revelación para mí. Descubrí el veneno de la popularidad. Me imagino la impresión que deben haber sentido los espectadores de un encuentro de boxeo, que tuvo lugar en el circo de Casablanca. Los nombres de los contendientes habían sido anunciados y estaban a punto de ingresar al ring. ¡La sorpresa debe haber sido enorme! Estaba formado por nada menos que dos niños de ocho años: mi rival y yo. El rugido de la risa de la multitud llegó a mis oídos como el eco de vítores dirigidos a un ídolo. Entre esas cuerdas, tuve la sensación de ser un personaje muy importante. El corazón me latía rápido y me parecía repetirme: hay que ganar, hay que ganar”, cuenta el propio H.H. en su libro “Mi vida”. “Fue entonces que comencé a entender que cuando corría a ciegas tras una pelota, la miseria, la guerra, el miedo, no existían para mí. A partir de ahí empecé a correr”.

Ese niño, con mucha cerveza en el cuerpo, organizaba partidos y jugaba seguido al fútbol hasta que ingresó al Roca Negra (1927-1930), y al destacarse como defensor, tras un comienzo como delantero, fue contratado por el Racing de Casablanca (1931-1932) y ya a los quince años estaba en el equipo titular mientras se ganaba la vida en otros menesteres: fue obrero, almacenista, tornero. Ya con 22 años pasó al CASG (Club Athétique des Sports Genéraux).

Formó parte de la selección marroquí ante Argelia y Túnez y hasta lo seleccionaron para un conjunto del Norte de África para enfrentar a Francia en un amistoso. El deseo de llegar en el fútbol ardía en su interior y los clubes franceses, que buscaban jugadores en África, lo notaron. El París lo invitó a una prueba, pero no tenía dinero para viajar y lo ayudó un amigo. Para contratarlo, le ofrecieron paralelamente un trabajo como vendedor de carbón y luego, como tornero, y mandaba casi todo lo que ingresaba a su familia en Marruecos. Jugó allí en la temporada 1932/33. Luego continuó su carrera en el Stade Français (1933/35), OF Charleville (35-37) y EAC Roubaix (37-39).

En 1939, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, fue llamado a combatir. Trabajaba en la fábrica de Saint-Gobain como experto en lana de vidrio, material aislante que tenía un importante uso militar y eso lo salvó de ir al frente. Cuando el mariscal Petain asumió el gobierno colaboracionista con el nazismo, ya jugaba en el Red Star Saint Ouen (1940-1942), con el que consiguió la Copa de Francia, su único título como jugador. Volvió por una temporada al Stade Français (1942-1943), y aquí aparecería su vocación por ser DT de fútbol y se graduó como masajista deportivo con la idea de poder entrar a algún plantel de un modo u otro. En 1943/1944 jugó en el EF Paris-Capítale y en la siguiente y última (1944/1945), en el Puteaux. Allí era jugador y DT al mismo tiempo hasta que se retiró. Algunas biografías sostienen que jugó dos partidos con la selección francesa, pero eso no figura en los archivos de la Federación. En realidad, jugó para la selección de París de la Isla de France.

Mientras se las arreglaba vendiendo líquido para pulir poniendo el pie en la puerta de las amas de casa antes de que ésta se cerrara, asistía ya a un curso para entrenadores y, en un año, ya lo tomaron como profesor, y como tal, fue enviado al norte de África para dar lecciones de fútbol. “Recuerdo que una tarde asistí a un partido en un campo de prisioneros e inmediatamente me golpeó un niño negro que corría con la pelota literalmente pegada a sus pies. Un jugador extraordinario. Le pregunté el nombre y me dijo “Larbi Ben Barek, señor”. Después del partido me acerqué al jugador y le dije “mi nombre es Helenio Herrera y algún día vendré a hacerte jugar en Francia. Con lo que puedes hacer, ganarás mucho dinero”. Me respondió con una sonrisa, como si no me creyera y luego supo que yo le hablaba muy en serio”.

En efecto, Ben Barek fue uno de los primeros campeones del fútbol africano que emigró a Marsella en 1937, se nacionalizó francés y jugó en la selección blue. Helenio Herrera, por su parte, se convirtió en entrenador tras la experiencia en el Puteaux, en las afueras de París y su fama se extendió al Stade Français: “El presidente de ese club era una persona muy rica y ambiciosa y tan pronto como asumí en mis funciones, le conté sobre el jugador negro que había visto en el campo de prisioneros de Ain-Seba y le pedí que lo enviaran a buscar. Confió en mí y la contratación de Ben Barek fue uno de los escándalos deportivos de Francia porque a todos les parecía absurdo que se pagara un millón de francos por alguien completamente desconocido y yo era el principal responsable de lo que se describía como una locura y estaba en una situación delicada –describió Herrera- pero nunca me he equivocado con la opinión sobre un jugador. La cuestión es que Ben Barek se transformó en una “perla negra” y en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos”. H.H. dirigió al Stade Français entre 1945 y 1948.

A todo esto, para poder dirigirse a África del Norte a buscar jugadores, el equipo quedó en manos de otro DT y se encontraba en posiciones de descenso, pero al regresar Herrera, retomó la dirección técnica y llegó a un milagroso tercer puesto. Para 1946, mientras dirigía al Stade Français, se incorporó al cuerpo técnico de la selección francesa, en el que trabajó hasta 1948, cuando decidió marcharse para tener una experiencia en España, para comenzar en el Real Valladolid, aunque aceptado por los dirigentes del Atlético Madrid, con el que ya había firmado contrato.

En el fútbol español comenzaría una etapa fructífera que se extendió por doce años. Se incorporó al Atlético Madrid en 1949 y en ese ciclo ganó dos ligas españolas (1949-50 y 1950-51) y también la Copa Eva Duarte de Perón (1950-51). También al conjunto de la capital española se llevó a Ben Barek, quien lució en el ataque con Estruch, Pérez Payá, Carlsson y Escudero.

Posteriormente pasó por el Málaga y el Deportivo La Coruña (donde descubrió a un gran talento, como Luis Suárez (hasta hoy, el único Balón de Oro nacido en España, ganado en 1960), hasta que recaló en el Sevilla por otras cuatro temporadas, entre 1953 y 1957, en la que llegó a obtener un segundo, un cuarto y un quinto puesto en la Liga Española, y perdió una final de Copa de España. Fue en Andalucía cuando en una mesa cercana a su cama de hospital, internado por una fractura, encontró un libro sobre misticismo, los “ejercicios espirituales” de Ignacio de Loyola, que terminaron inspirándolo para las largas concentraciones y retiros en el fútbol. Por primeras vez en la historia de este deporte, los jugadores vivirían desde entonces en una comunidad como monjes, en espacios verdes y silenciosos entrenándose, estudiando tácticas y llevando una vida sobria.

Al dejar el Sevilla, una cuestión burocrática no le permitió sentarse en el banco como DT y entonces pasó a dirigir a Belenenses de Portugal en 1957/58, cuando fue tentado por el Barcelona, que vivía un momento de crecimiento con la reciente contratación de una estrella como Ladislao Kubala, el Camp Nou se había inaugurado un año antes y la masa social era más grande que nunca. Herrera llegaba en el momento justo y terminó contribuyendo para que los catalanes ganaran dos Ligas (1958-59 y 1959-60), una Copa del Generalísimo y una Copa de Ferias (el antecedente de la actual Europa League). Fue en esta época en la que acuñó una de sus frases más célebres: “Ganaremos sin bajarnos del micro”, en referencia a la previa un partido ante el Sevilla en Andalucía. Esas declaraciones causaron revuelo. Ese día, antes de comenzar el partido, salió a la cancha en el tiempo de calentamiento, deambuló por varios minutos en los que recibió una tremenda bronca de los hinchas, y al volver al vestuario les dijo a sus jugadores “ya están desgallitados, ahora salid y ganad”. Años más tarde, Lorenzo o Mourinho seguirían cada tanto con estas costumbres para enfriar el clima en partidos calientes.

Ese Barcelona de H.H. contaba con Ramallets en el arco, Joan Segarra, capitán del Barcelona “de las cinco copas” en los años cincuenta, los húngaros Kocsis y Czibor, y con Luis Suárez. Al finalizar la temporada 1959/60, se argumentó que uno de los motivos de su salida fueron los permanentes roces con Kubala, la estrella del equipo, pero hubo algo más: comenzó a reunirse a escondidas, en la Autrostrada del Sole, en Milán, con el magnate Ángelo Moratti, dueño del Inter, quien lo tentaba para dirigir al equipo tras fallar en cada uno de sus intentos de éxito con otros entrenadores. Herrera aceptó el desafío y se marchó a Italia con un contrato que significaba una paga del triple de lo que recibían sus colegas, aunque con una promesa de conseguir el título en tres temporadas.

Nacía entonces la figura del director técnico como preponderante, algo que hasta entonces era un actor secundario. H.H. llevaría al Inter la idea del Catenaccio, un cerrojo defensivo que buscaba principalmente el cero en el arco propio, aunque siempre con talentos arriba que pudieran hacerse cargo de sus equipos. H.H. traía ideas innovadoras que modificarían el ambiente. Sus carteles en el vestuario dominaban la escena: “Al jugar individualmente, jugás para el rival. Jugando colectivamente, lo hacés para vos”, “El fútbol moderno es velocidad. Jugá rápido, corre rápido, pensá rápido, marcá y desmárcate rápidamente”. A esto se sumaban algunas indicaciones que no se conocían. Era habitual escucharle decir a sus jugadores “¡Taca la bala!”, que era una ítalo-hispanización de la frase “Attaquez le ballon” (ataquen la pelota).

Y tal como se comprometió con Moratti, Herrera consiguió la primera Liga en la tercera temporada, tras rozar el Scudetto las dos anteriores, aunque no sin polémicas, y así como tuvo problemas con Kubala en el Barcelona, los tuvo con la gran estrella del Inter, el argentino Antonio Valentín Angelillo, quien terminó yéndose a la Roma al finalizar el primer año en el club, y fue reemplazado una vez más por el gallego Luis Suárez. También llegó otro argentino, Humberto Maschio, desde el Bologna, justo para la temporada 1962-63 y entonces comenzó a conformarse lo que se dio en llamar “El Gran Inter”.

“El primer y segundo año de su milicia en Italia habían sido muy amargos –escribió el gran Gianni Brera-. La gente no estuvo muy bien y a los ritos del vestuario literalmente los hizo basura. Tampoco ayudó que se fuera al Mundial de Chile 1962 como parte del cuerpo técnico de la selección española (como ayudante de Pablo Hernández Coronado) y por eso fue descalificado por algunos jugadores del Inter. Fue cuando Moratti aprovechó para reemplazarlo por el emergente Edmondo Fabbri, pero de repente, como si nada, Helenio regresó y Fabbri se quedó con el fósforo encendido en la mano y ese regreso de 1962 trajo suerte a todos en el Inter y comenzó a ganar, aunque Brera no le atribuía todos los méritos al Mago: “Se estaba gestando el colapso cuando Moratti intervino personalmente escuchando a los jugadores y a unos amigos, y obligó a Herrera a sacar a Buffon y colocar a Bolchi y a Maschio en el medio, pero el verdadero punto de inflexión llegó cuando H.H. puso como titular al bebé Sandro Mazzola, portador del aliento de frescura atlética y técnica que necesitaba el equipo para asentarse en la carrera final”.

H.H. no era un director técnico más. Quería saberlo todo y conocer a todos los jugadores posibles para su equipo. No le alcanzaba ni con todos los profesionales del plantel ni de la reserva. Quiso ver a los juveniles. “Cuando lo encuentro frente a mí siento una fuerte emoción: una gran cabeza negra con dos ojos oscuros y penetrantes, que cavan como para leer en su interior. ‘Este es el hijo de Mazzola, señor’, le dice un gerente. ‘Sí, lo sé. Gran jugador, el padre. Veremos, te veremos jugar’. Seco y conciso en su pintoresco italiano. Así se me presenta Herrera. Casi tengo la sensación de que está un poco molesto. A diferencia de los otros ejecutivos, excluido Giuseppe Meazza, que no han perdido la oportunidad de trompetear a los cuatro vientos que tienen con ellos al hijo del gran Valentín, él no le da ninguna importancia al nombre. Al contrario, con su mirada aguda parece querer hacerme entender de inmediato que las recomendaciones son inútiles y nocivas”. Escribió años más tarde, en 1977, Sandro Mazzola, integrante de ese equipo que marcó una época, en su libro “El primer trozo de pastel”.

Así como acabó “reclutando” a Sandro Mazzola, otro acierto fue recuperar a Giacinto Facchetti, dejado de lado por el Inter y cedido a préstamo al Atalanta. En el verano de 1960, Herrera le avisó a la comisión directiva que él lo quería para el equipo y que sería uno de los pilares, y no se equivocó en absoluto. El gran lateral jugó con los negro-azules 634 partidos, con 75 goles y fue capitán de la selección italiana en la Eurocopa de 1968 y en el Mundial de 1970, luego sería presidente del club y al fallecer en 2006, retiraron la camiseta con el número 3 en su honor.

Con el Inter, H.H. ganaría tres Scudettos (1962-63, 1964-65 y 1965-66), dos Copas de Campeones de Europa (1964 y 1965) y dos intercontinentales (1964 y 1965), y pese a tantos títulos, muchos recuerdan a ese equipo mucho más por sus logros y por su aplicación táctica que por el fútbol que plasmaba en el césped, porque jugaba a destruir el circuito de juego de los rivales con una férrea marca individual y con la implementación de la figura del líbero por detrás de la línea defensiva, que caracterizó al Catenaccio como sistema, colocando allí al discreto lateral Picchi, y otras innovaciones como el llamado “foul táctico” (falta para acomodar al equipo atrás). Su punto más fuerte provenía de la banda izquierda. Comenzaba en la salida por Facchetti y luego continuaba por el talento del español Luis Suárez, casi el único –acaso con Mazzola- que tenía permitido, de alguna manera, salirse del esquema férreo, aunque el perder la pelota, ambos tenían obligaciones defensivas. Otra de las novedades tácticas fue la del uso de los “carrileros” por las bandas.

En aquellos primeros años de la década de los Sesenta, H.H. debió cotejar con un gran Milán, el rival de la ciudad, al que llegó como director técnico Nereo Rocco, de quien se hizo amigo, aunque representaban los valores opuestos dentro y fuera de la cancha. Era la demostración de que se podía triunfar partiendo de ideas opuestas. Ese Milan fue campeón de Europa en 1963, un año antes que el Inter, aunque en la final intercontinental no pudo evitar al Santos de Pelé. Si Herrera era un ciudadano del mundo sin una nacionalidad definida y varios pasaportes, Rocco se vanagloriaba de hablar sólo en dialecto de Trieste. Helenio era un monje del fútbol: yoga, yogurt y el silencio religioso. Nereo era un aficionado a las tabernas, el vino y el salame.

Fue justamente Rocco el mayor testigo de la obra maestra de H.H., el “Gran Inter”, que tras ganar el Scudetto 1962-63 se proyectó a Europa y al mundo. Si alguien osaba discutirle la idea, Herrera le saltaba a la yugular: “¿El Catenaccio? Yo lo inventé en el Stade Français. Estábamos ganando 1-0 en un partido importante pero estábamos en dificultades. Yo era el capitán y decidí cambiar el WM que usábamos. Me coloqué detrás de la defensa y delante del arquero, y le dije al volante que se hiciera cargo de mi lateral. Cuando me hice DT, me acordé de aquel día y comencé a utilizar ese sistema de visitante y me dio resultado. Mis muchachos lo llamaban “le betón” (el cemento) porque garantizaba una defensa impenetrable”.

Para la final de la Copa de Campeones de 1964, en Viena, nadie apostaba por ese Inter. Enfrente estaba el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskas y Francisco Gento, que avanzaba con facilidad en cada una de las fases, cuando los italianos ganaban siempre ajustadamente. Si el Inter venció por 4-2 en semifinales al Borussia Dortmund, los españoles golearon 8-1 al Zurich. Pero en la final, el equipo de H.H. hizo lo que mejor sabía, que fue anular a, los rivales y se impusieron por 3-1, ganando por primera vez el título de la máxima copa continental.

Este título le permitió acceder a jugar por primera vez la Copa Intercontinental ante el Independiente de Miguel Angel Santoro, Oscar Ferreiro, Raúl Bernao, Osvaldo Mura y Raúl Savoy, campeón de la Copa Libertadores luego de vencer a Nacional de Montevideo en la final, pero que además había eliminado nada menos que al Santos de Pelé en semifinales, ganándole los dos partidos. Para Herrera, eso significaba volver al lugar donde había nacido. Mientras tanto, en Italia había rozado un nuevo Scudetto pero lo acabó perdiendo en el final.

El Inter perdió 1-0 en Avellaneda con gol de Mario Rodríguez, el mismo que había convertido el tanto del título sudamericano ante Nacional, en Montevideo. En la revancha, en Milán, los italianos se impusieron 2-0 (Mazzola y Mario Corso) y tuvieron que ir a un desempate en el Santiago Bernabeu, en Madrid, que definió otra vez Corso, en el alargue.

Al año siguiente, otra vez el Inter avanzaría en la Copa de Europa sin que le sobrara nada (salvo un 7-0 al Dínamo de Bucarest en octavos de final) y en la definición, prevista de antemano en el Giuseppe Meazza de Milán, donde sería local, tuvo que encontrarse con otro rival de época, el Benfica de Eusebio, Coluna y Simoes, que venía goleando a todos y que en cuartos de final, eliminó al Real Madrid.

Pero como en la final anterior, los italianos hicieron una marca asfixiante, y a los 42 minutos el brasileño Jair Da Costa les dio la ventaja y la administraron hasta el final, para consagrarse por segunda vez consecutiva y tener que volver a enfrentar a Independiente, bicampeón de América, por la Intercontinental. Esta vez, la ida se jugó en Italia y el Inter ganó por un cómodo 3-0 con goles del español Joaquín Peiró y dos de Mazzola, con el arbitraje del alemán Rudolph Kreitlein (el mismo que un año más tarde sería protagonista junto con Antonio Rattín en el Inglaterra-Argentina del Mundial 1966). Una semana más tarde, y una vez más, el Inter administraría la ventaja de la ida para empatar 0-0 en Avellaneda y consagrarse otra vez.

Pese a que en 1966 no podría repetir el título europeo (fue eliminado ajustadamente en semifinales por el Real Madrid, a la postre campeón), repitió el Scudetto, el imperio Herrera seguía y el entrenador ya era todo un personaje. Hablaba en tono lapidario y los suyos no eran discursos sino consignas, e hizo colocar carteles en los vestuarios como “recordá que eres del Inter”, o “Compromiso, compromiso, compromiso”. Si un jugador iba por un pasillo, Herrera se le acercaba por detrás y le susurraba al oído “¿quién eres tú?” y el deportista tenía que responder “¡soy fulano, del Inter, y el Inter es el equipo que ganará el próximo campeonato!”. Creó una atmósfera tal, que hasta muchos periodistas entraron en ella, preguntándole antes de los partidos cuál era el “secreto sensacional” de su nueva táctica para el próximo partido, y él respondía, misterioso, “cada partido requiere de una táctica particular”, según cuenta Luigi Cecchini en su libro “Inter”, de 1991.

El edificio de los éxitos empezó a derrumbarse con el Mundial de Inglaterra 1966, al que El Mago concurrió como ayudante del entrenador de la selección italiana Ferruccio Valcareggi, luego de ocho meses de compartir este trabajo con el Inter, y con malos resultados, especialmente luego de la sorpresiva derrota en el torneo ante Corea del Norte. Moratti, dueño del club, no toleró eso del doble trabajo y hubo quienes lo acusaron de usar a la selección como juguete. H.H. quiso iniciar una renovación del equipo, pero el quinto puesto en la Liga, y el haber perdido la final de la Copa de Europa ante el Celtic de Glasgow, trastocó los planes, y se terminaron cuando poco tiempo después, Moratti decidió dejar su puesto y retirarse con las tres competencias perdidas al final. A los pocos días de caer ante los escoceses en Lisboa (2-1), el Inter quedó eliminado de la Copa Italia ante el Pádova (un equipo de la Serie B) y en la última fecha de la Liga cayó ante Mántova, y la Juventus fue campeona. Un año después, en 1968, decidió aceptar la oferta de la Roma, a la que dirigió hasta 1973, aunque ya sin la misma suerte que en la etapa anterior, aunque en su primera temporada ganó la Copa Italia.

Desde los primeros tiempos, tuvo que enfrentarse con muchos problemas importantes. Tal como con el Inter a su llegada, quiso recurrir a jugadores de las divisiones inferiores pero se encontró con que el presidente Álvaro Marchini (que era quien administraba aunque a él lo había contratado Francesco Ranucci) había transferido a las tres joyas de los juveniles, Spinosi, Landini y Fabio Capello.

Los malos resultados generaron que fuera despedido en abril de 1971 y reemplazado por Luciano Tesalli para las últimas fechas de la Liga, pero las revueltas callejeras oponiéndose a la medida fueron tan duras, que el nuevo presidente del club, Gaetano Anzallone, lo repuso de inmediato en el cargo para calmar los ánimos. El desgaste de Herrera en Roma fue mayúsculo. En 1970 había tenido un accidente en la autopista, en Florencia, al estrellar su Mercedes Benz contra la banquina, lo que le produjo una fractura en las costillas y en la quinta vértebra dorsal, pero no quiso dejar al equipo y apareció sentado en el banco, enyesado desde la cadera hasta el pecho y a veces se veía obligado a levantarse para dar indicaciones, y eso le provocó llagas sangrantes en las axilas, y dolores intensos.

Terminaron echándolo en abril de 1973 y se produjo su regreso al Inter, donde pidió que vendieran a Mario Corso, importante en su esquema de los años 60, algo que con Moratti no habría podido, pero el ahora presidente Ivanoe Fraizzoli lo permitió. Ahora, Herrera les hablaba a sus jugadores en una nueva clave “Ajax”, el equipo de moda en Europa, pero lo miraban sin tanta credibilidad. Tampoco muchos tifosi la tendrían con ellos, cuando tres años más tarde se supo que algunos habían participado en la mafia de las apuestas clandestinas (“Totonero”), y fallaban goles a propósito. Un brote de bronconeumonía en febrero de 1974 lo obligó a ser hospitalizado y tuvo que retirarse. Regresó a Roma, se tomó un descanso, para terminar su etapa italiana en el Rímini en 1978/79 aunque ya lo seguía de cerca desde 1976 en la Serie B y asumió como consultor técnico, debido a que por una situación burocrática estaba impedido de hacerlo como entrenador.

En 1979 decidió aceptar la nueva oferta del vicepresidente del Barcelona, Joan Gaspart, casualmente para sustituir a Kubala, con quien había tenido problemas cuando el húngaro aún era jugador, y volvió a dirigir al equipo catalán por dos temporadas, hasta 1981, cuando ganó la Copa de España, con un plantel en el que se encontraban, entre otros, Tarzán Migueli, Alexanco, el argentino Rafael Zuviría, el alemán Bernd Schuster, el danés Alan Simonsen y el goleador Enrique Castro Quini. Fue allí que decidió poner el punto final a su larga carrera, y la FIFA lo invitó a dar charlas ,por todo el mundo y se dedicó a la actividad periodística.

Herrera tuvo tres matrimonios. En 1937 fue obligado por su madre a casarse en Marruecos con Lucienne Leonard, una chica a la que conoció en un salón de baile y que estaba embarazada de ocho meses y con quien tuvo a Francis, y a Elena, en 1938, y Linda, en 1941. En 1942 nació Daniele, que moriría en 1945 por intoxicación.

En 1952, con María Morilla Pérez (con quien no estaba casado legalmente por no haberse divorciado de su primera esposa). Tuvo a Helenio Ángel y en 1957, a Rocío (fallecida en 2002), En 1976 adoptó a Luna, una niña de dos años, que estaba enferma y a quien encontró en un banco de la Plaza del Pino, en Barcelona, a quien acompañó para que la operaran en Italia. y en Roma conoció a su tercera mujer, Fiora Gandolfi, quien le dio su octavo hijo, Helios (1977)

Fue justamente Fiora (periodista, escritora, pintora) la que debió luchar incluso después de su muerte – el 9 de noviembre de 1997 en Venecia, después de dejar sus apuntes futbolísticos a quien consideraba su discípulo -Facchetti-, para que sus cenizas se alojaran donde Herrera quería, de cara al sol (“se ve que ahora de viejo tengo más frío”) y que cerca de su tumba se escuchara el sonido del mar. Ella, entonces, encargó una de estilo bizantino-veneciano. Sin embargo, apareció el primer problema en el cementerio de San Michele, por el cual tuvo que apelar al alcalde de Venecia, Massimo Cacciari, admirador del Mago: no fue bautizado, era hijo de un anarquista que lo invitaba a alejarse de la Iglesia, pero el reverendo Kleeman dio esperanzas cuando Fiora Gandolfi la explicó la voluntad de su marido. Él examinó el proyecto de la tumba –explicó luego la viuda- lo encontró adecuado y llegó el sí. Y entonces dijo que podían comenzar la operación del sepulcro, pero justo cuando los marmolistas estaban en plena operación, apareció una anciana profesora, Hanna Franzoi, que debió participar del sínodo pero que estuvo ausente, y al enterarse explotó. “¿Quién, ese no cristiano? ¿Quién, un pateador? ¡Fuera, fuera, lejos de nosotros!” y entonces el reverendo Kleeman le explicó a Gandolfi que se necesitaban más reuniones, mientras se seguía esculpiendo la costosa tumba veneciana.

Fachetti llegó a decir en 2001, cuatro años después de la muerte de Herrera, y cuando el problema no se había resuelto, que Massimo Moratti (hijo de Angelo y también presidente del Inter) “está muy amargado por la situación y lo único que hay que esperar es que las conciencias sean sacudidas por la apatía actual y se encuentre la solución deseada por nuestro entrenador”. Incluso deslizó que el Inter estaba pensando en dedicarle el campo de entrenamiento de La Pinetina.

Por fin, tras largas vicisitudes y luchas burocráticas, las cenizas de Helenio Herrera reposan en un nicho de mármol escondido entre la hiedra del cementerio evangélico anglicano de San Michele, y con la lista de todos los clubes y selecciones a los que entrenó, gracias a la intervención de la Reina de Inglaterra, Isabel II, como máxima autoridad de la Iglesia Anglicana a quien acudió Gandolfi (“Vaya, ¿el país que inventó el fútbol no hace un lugar digno a un mago del fútbol?”, le escribió a mano), y luego de que las cenizas estuviesen esperando destino final en una zona alejada del cementerio, con la escritura de “Errera” (sin hache) con un marcador, luego reemplazada por un imperceptible plato, y después de que su viuda organizara una recogida de firmas en internet y enviara una carta al programa “Italiani brava gente” de la RAI-1 para que se conociera la situación de su difunto marido.

Fiora Gandolfi escribió posteriormente el libro “Tacalabala, los pensamientos mágicos de Helenio Herrera”, en el que, además de los principales conceptos de su fútbol, cita algunas de sus mejores frases, como “se juega mejor con 10 que con 11”, o “Juanito (por el delantero del Real Madrid) se marca solo (en vísperas de un clásico contra el Barcelona) o “una vez un periodista me preguntó por qué sólo dirijo a equipos grandes. Pues porque los chicos no pueden pagarme” o “muchos me creen omnipotente porque dicen que conozco todo. Eso no es verdad. Jamás conocí el fracaso y estoy orgulloso de eso”.

En 2005, Herrera fue elegido como el mejor DT de la historia de la Liga Española por el Centro de Investigación, Historia y Estadística del Fútbol Español (CIHEFE) con 293 puntos, por delante de Miguel Muñoz (291) y de Frederick Pentland (255) y en 2013, por la revista inglesa World Soccer como el cuarto mejor DT de la historia y el séptimo en 2019 por la revista France Football.

Francesco Valiutti contó en su libro “Breve historia del Gran Inter”, en 1997, que Herrera le dijo a un periodista “No soy un charlatán. Soy un hombre que llegó al éxito sufriendo y sufriendo. El éxito va para quienes lo merecen. Yo me lo merezco. Tengo el coraje de mis ideas y nunca me detengo. Si los jugadores del Inter me escuchan, pasaremos mucho tiempo juntos, y si no me escuchan, será peor para ellos”.

“El discurso –insiste el gran Gianni Brera- es bastante simple y directo: como H.H. es el mejor de todos, obtiene los mejores resultados de todos. Lo llaman magia y él responde ‘trabajo duro’. Lo consideran tonto en el banco y nunca cambia nada desde el banco a propósito: un jugador ya se equivoca demasiado para hacer lo que tiene que hacer, como para obligarlo a hacer otra cosa. Su método es la lógica y la aplicación, el criterio analítico y la autoconfianza. Nadie en el mundo cree en H.H. tanto como él… Parecerá indigno y anormal. Es sólo normal y humano, con la diferencia de que los demás se esconden y él muestra lo que es”.

Sergio Levinsky (publicado por Infobae.com el 22/10/2020)

Fruente https://www.infobae.com/america/deportes/2020/10/22/hizo-famoso-el-catenaccio-invento-las-concentraciones-en-el-futbol-e-inspiro-a-bilardo-y-jose-mourinho-helenio-herrera-el-polemico-mago-argentino/

Enrico Letta: “Temí un Italexit cuando Salvini gobernaba”

Italia es un país que devora primeros ministros a velocidad de vértigo. Enrico Letta (Pisa, 54 años), un hombre refinado, culto y con una profunda visión política rara en la generación actual de líderes, duró 10 escasos meses (la media son 14). Una treta de salón de Matteo Renzi, de su mismo partido (Partido Democrático, PD), lo descabalgó del Palacio Chigi en febrero de 2014 y lo devolvió a la Universidad. Visto con la perspectiva actual, quizá estuviera sobrecualificado para un cargo por el que han pasado tres políticos más desde entonces. Hoy es decano de Asuntos Internacionales en la prestigiosa Science Po de París y presidente del Instituto Jacques Delors. Pero también dirige el foro Italia-España que lleva dos décadas celebrándose y al que ambos países llegan el martes (se celebra en Roma con la presencia del primer ministro Giuseppe Conte y el presidente Pedro Sánchez) con una sintonía nunca vista. En un mundo en crisis, castigado por la pandemia, Italia y España viven una intensa luna de miel. Letta, promotor de este renacido amor mediterráneo, lo celebra y apunta hacia una alianza de la que pueda salir la Europa del futuro.

Pregunta. ¿Cree que hemos aprendido la lección de los meses de marzo y abril?

Respuesta. Sí, todos los países europeos están buscando una coordinación y tomar medidas adecuadas para proteger la parte débil de la sociedad, pero que eviten un nuevo confinamiento total. El costo económico ha sido inmenso, para Italia son 30 puntos de deuda pública. Algo que pagaremos durante muchos años. Por eso hay que buscar equilibrio entre la exigencia sanitaria y evitar el confinamiento.

P. ¿Entonces no aplicaría medidas más restrictivas que las anunciadas por Italia el domingo?

R. La prioridad debe darse a las escuelas y al trabajo. Hay que explotar al máximo el teletrabajo, pero eso solo es posible si las escuelas están abiertas y permiten a la gente trabajar desde casa. Tengo confianza en quien toma las decisiones y maneja los datos. Ahora todo el mundo critica o sugiere cambios, todos son entrenadores de la Selección.

P. ¿Temió que la UE quedase tocada?

R. Europa estuvo a punto de morir en marzo. Fue un riesgo verdadero y mortal. La imagen más evidente fue la declaración de Jacques Delors advirtiendo de ello: tiene 95 años y no hablaba desde hacía cinco. Pero luego nació la Europa de la solidaridad, que se expresa en el Next Generation EU. Soy muy optimista con la Europa del futuro, y nace de un liderazgo de Italia y España. Junto a Francia, alumbraron una línea que luego aceptó Alemania y siguió toda Europa.

P. Algunos recursos que se pusieron sobre la mesa, especialmente los créditos y el Mede (Mecanismo Europeo de Estabilidad), se ven todavía con inmenso recelo. Parece que nadie quiere tocarlos.

R. Europa gestionó muy mal el episodio de Grecia y provocó en la opinión pública española e italiana un gran problema de confianza. La imagen fue la de un país que en los momentos de dificultad sufrió unas imposiciones demasiado duras y fue abandonado. Eso deterioró la imagen de las ayudas europeas.

P. Entonces, ¿no se usarán esas ayudas?

R. Hay que dar un paso hacia adelante y reformar el Mede. Cambiarlo completamente, también el nombre y las reglas. Hacer que sea comunitario y no solo para los países del euro, además de entregárselo a la Comisión Europea. De otro modo, nadie lo cogerá.

P. Ahora se ve como un caramelo envenenado. Y en Italia tendría un precio político muy alto cogerlo.

R. El Mede es una caja fuerte repleta de dinero, pero por motivos políticos no lo están usando. Italia y España juntas deberían hacer una propuesta para reformarlo. Así se evitará esta paradoja en la que nadie quiere usar los 400.000 millones por la mala fama que tiene a causa del caso griego. Habrá que llamarlo de otro modo, algo como Fondo de Solidaridad Europeo, y entregárselo a la Comisión: de Luxemburgo a Bruselas.

P. Italia y España se han mirado siempre con recelo pese a compartir una agenda e intereses estratégicos. ¿Qué ha sucedido para que eso ya no sea así?

R. No recuerdo unas relaciones mejores que las de ahora, son óptimas. Cuando yo fui primer ministro había una buena relación con [Mariano] Rajoy, pero hoy son más profundas. Creo que se debe principalmente a la crisis de la pandemia y a la respuesta europea que Italia y España han dado juntos. Al hecho de entender que ante los nórdicos solo podemos estar unidos. Además, Conte y Sánchez han trabajado muy bien para crear ese entendimiento que se extiende a otros ministros. Creo que es una situación idílica.

P. ¿Por qué no sucedía antes?

R. Durante 20 años España tuvo la tentación de imaginarse como socio mediterráneo principal del eje Franco-Alemán. Es decir, quería sustituir a una Italia siempre en crisis ofreciendo mayor fiabilidad y una economía que funcionaba mejor con una política ajustable. Por otro lado, Italia siempre ha considerado que tenía un status superior porque pertenecía al G7. Pero el único camino es colaborar para crear un acuerdo que pueda condicionar el resto de decisiones. La agenda italiana y española en inmigración, África o Mediterráneo es muy similar.

P. La salida de Matteo Salvini y la Liga también ayudó a mejorar las relaciones. Y no solo con España. ¿Temió por el papel de Italia en el mundo en aquel periodo?

R. Sí, tuve miedo de un Italexit. Temí que sucediese un incidente como el del Reino Unido. La línea de Salvini estos años ha sido antieuropea y de flirteo con el Italexit. Espero que cambie, pero en ese año de Gobierno tuve mucho miedo.

P. Le he escuchado decir que la salida del Reino Unido de la Unión Europea tiene ventajas.

R. Sí, por supuesto. Y lo digo con toda la fuerza: hay que dejar de llorar por el Brexit. Se ha demostrado que es positivo para Europa. Ahora podemos construir proyectos, como la Europa social, que antes no lográbamos hacer con ellos.

P. ¿Cree que ha pasado la ola soberanista populista?

R. Europa tiene el riesgo interno de que no llegue rápidamente el dinero prometido contra la recesión. Se han creado muchas expectativas y si los ciudadanos italianos y españoles no ven rápidamente ese dinero, se facilitará el mensaje de Salvini o Vox. El segundo condicionante para ese final son las elecciones estadounidenses. Pienso que el populismo en Europa ha crecido gracias a la legitimación que le ha dado [Donald] Trump. Si pierde, como yo espero, será un golpe duro al populismo soberanista europeo.

P. En España últimamente se dice que la política se está italianizando. Sucede también en otros países: parlamentos más fragmentados, múltiples repeticiones electorales, un cierto caos. ¿Qué ha sucedido?

R. Es un problema de agotamiento de las democracias occidentales. Y está ligado a la innovación tecnológica. Gracias a Internet, cada ciudadano está conectado con todas las decisiones y puede expresarse en un minuto. La democracia representativa, basada en delegar ese poder, tiene problemas para avanzar en ese terreno. Es muy importante que se reflexione sobre cómo modernizarla, e Italia y España tienen mucho que hacer juntas. No es solo una italianización de la política europea, es un problema general más importante.

P. En España circula un mito sobre una visita de Giulio Andreotti en plena Transición democrática. Le preguntaron su opinión sobre los trazos de la nueva política. Respondió que faltaba “finezza”. ¿Cómo cree que ha madurado en estos años?

R. Ha vivido el impacto de la crisis económica, como la italiana. Los tonos se han endurecido mucho porque la pobreza ha entrado con fuerza en las familias, en la calle. La política es el espejo del país, y en eso también nos parecemos, porque se ha transformado como consecuencia de este malestar social. Junto a la crisis de la democracia parlamentaria, es un problema que requiere de políticos con una mirada larga.

Daniel Verdú (publicado por El País el 20/10/2020)

Fuente https://elpais.com/internacional/2020-10-20/temi-un-italexit-cuando-salvini-gobernaba.html

La cara triste de la inmigración y el hundimiento del Principessa Mafalda

De 1876 a 1915 hubo 14 millones de italianos que, armados solo con esperanza y una maleta de cartón, dejaron todo para buscar fortuna en otro lugar. Y si durante los primeros 10 años el viaje fue más simple, porque el destino preferido era Europa, a partir de 1886 los italianos comenzaron a embarcarse para llegar a América: en los cuarenta años de emigración masiva, 7 millones y 600 mil italianos cruzaron el Atlántico dirigiéndose inicialmente a Argentina y luego también a Brasil y Estados Unidos. La travesía se realizó, si es posible, en condiciones aún peores que las que se encuentran hoy en los barcos que parten de Libia en dirección a Lampedusa: según el Museo Nacional de Emigración Italiana, “el transporte de migrantes se asigna, con un promedio de 23 días de navegación. Se trata de barcos de vapor desarmados, llamados ‘buques de la muerte’, que no pudieron contener más de 700 personas, pero cargaron a más de 1,000, que partieron sin la certeza de llegar a su destino “.

Cuando llegaron allí también, parte de ellos llegaron sin vida, debido a las malas condiciones sanitarias, transformando el barco en lo que se llamó “buque fantasma”: el Museo Nacional de Emigración informa como en el vapor “Città di Torino” en noviembre de 1905 hubo 45 muertes en 600 embarcados; en “Matteo Brazzo” en 1884 20 muertes por cólera en 1.333 pasajeros (el barco fue devuelto a Montevideo por temor a contagio); en el “Carlo Raggio” 18 muertes por inanición en 1888 y 206 muertes por enfermedad en 1894; en el “Cachar” 34 murió de hambre y asfixia en 1888; en “Frisia” en 1889, 27 muertes por asfixia y más de 300 enfermos; en el “Parà” en 1889 34 muertes por sarampión; en el “Remo” 96 muertes por cólera y difteria en 1893; en el “Andrea Doria” 159 muertos de 1.317 emigrantes en 1894; en el “Vincenzo Florio” 20 muertes nuevamente en 1894.

Las malas condiciones de los barcos utilizados para transportar la “tonelada humana”, como se llamaba la carga de emigrantes, incluso hace un siglo a menudo causaron desastres como el que ocurrió en la costa de Libia: 576 italianos (casi todos del sur) murieron el 17 de marzo de 1891 en naufragio de la “Utopía” frente al puerto de Gibraltar; 549 muertos (muchos de ellos italianos) en la tragedia de “Borgoña” frente a Nueva Escocia el 4 de julio de 1898; 550 emigrantes italianos víctimas, el 4 de agosto de 1906, del naufragio “Sirio” en España; 314 muertes (según el recuento oficial, pero para los brasileños las víctimas fueron más de 600) en el hundimiento de la “Princesa Mafalda” el 25 de octubre de 1927 frente a las costas de Brasil. Precisamente el de la “Princesa Mafalda” es el peor desastre que ha afectado a los emigrantes italianos. Lanzado el 22 de octubre de 1908 y entró en servicio el 20 de marzo de 1909, fue el buque insignia de la flota italiana de Lloyd (absorbida en 1918 en la navegación general italiana) y el vapor tricolor más prestigioso, envidiado por las compañías navieras del resto de Europa. tanto por el lujoso mobiliario de primera clase como por la amplia sala de fiestas, por primera vez en la historia de la navegación, verticalmente en dos cubiertas. Y la tercera clase también se concibió de una manera innovadora, con grandes habitaciones equipadas con baños capaces de acomodar hasta 1,200 pasajeros, generalmente migrantes. Con motivo del último viaje antes del desarme y el desmantelamiento, el barco partió de Génova el 11 de octubre de 1927 con 1.259 personas a bordo, incluidos varios inmigrantes sirios, pero sobre todo numerosos emigrantes piamonteses, ligures y venecianos.

El vaporizador, que según la compañía de armadores estaba en perfectas condiciones, en realidad ya no era considerado seguro por los profesionales después de veinte años de mal mantenimiento y desgaste. Tanto es así, que solo en el tramo mediterráneo hacia Gibraltar, el barco sufrió 8 fallas en el motor, una en la bomba de un aspirador, una en el eje de la hélice izquierda y otra en las cámaras frigoríficas. Después de navegar relativamente tranquilo en el Atlántico, y a pesar de que el comandante, debido a las constantes vibraciones en el motor izquierdo, había pedido sin éxito a la compañía que transfiriera pasajeros en otro transatlántico, el 25 de octubre el barco estaba a 80 millas de la costa costa de Brasil, entre Salvador de Bahía y Río de Janeiro. La “Principessa Mafalda” avanzó a velocidad reducida y visiblemente inclinada hacia la izquierda, cuando a las 17.10 se percibió un fuerte choque: el eje de la hélice izquierda se había resbalado y, al continuar girando por inercia, había causado una gran herida en el casco. Y el agua, después de inundar la sala de máquinas, también invadió la bodega porque las puertas estancas no funcionaban correctamente.

Lanzado el SOS, los barcos apresurados se detuvieron a cierta distancia, temiendo que la caldera del vapor italiano pudiera explotar, y no fue posible comunicarles que el peligro se había evitado abriendo las válvulas de vapor porque el único generador de corriente a bordo había sido dañado por el agua evitando así el uso del telégrafo. Poco después de las 10 p.m., cuando el barco permaneció completamente oscuro, el pánico estalló a bordo: el capitán bajó los botes salvavidas, pero debido a la inclinación hacia la izquierda, los de estribor golpearon el casco que se desmoronó. De los que se sumergieron en el mar, muchos sufrieron daños y embarcaron agua; otros fueron asaltados y volcados. Muchos pasajeros se zambulleron tratando de nadar hacia los barcos de rescate, y algunos de ellos fueron devorados por tiburones; mientras que otros se suicidaron, disparándose para no morir ahogados. Según los datos oficiales proporcionados por las autoridades italianas (quienes – estaba en pleno régimen fascista – minimizaban el desastre, inicialmente hablando de unas pocas docenas de víctimas solo entre la tripulación) hubo 314 muertos, pero los sudamericanos dieron un número de muertes más qué doble, bien 657. Todavía hoy, sin embargo, no está claro cuántos inmigrantes italianos perdieron la vida a bordo de los carros del mar en los que se habían embarcado soñando con un futuro mejor.

El ‘influencer’ de Dios

Los santos rejuvenecen y ya no responden solo a remotos milagros. Carlo Acutis ascendió al altar de los beatos, el primer paso para su santificación, con sus vaqueros y un par de zapatillas Nike puestas. El joven, que murió a los 15 años víctima de una leucemia repentina, fue beatificado el pasado 10 de octubre en Asís abriendo la posibilidad de convertirse en el primer santo millennial. La supuesta ascensión a los cielos de un chaval que adoraba la comunicación, la informática y las redes sociales, conecta de pleno con una generación de católicos alejada inevitablemente de algunos de los mitos de la santificación. El influencer de Dios o El Patrón de la web, como ya le conocen los miles de devotos que le seguían antes de la ceremonia que terminó de encumbrarle, inaugura una nueva era en la adoración de ídolos católicos. Su historia, por varios motivos, dio la vuelta al mundo la semana pasada.

Carlo Acutis nació en Londres en 1991, donde sus padres, una familia de la alta burguesía turinesa, se habían trasladado por motivos laborales. Sin embargo, el chico creció y desarrolló sus pasiones (la informática y la fe) en Milán. Su labor en las redes sociales y en Internet en favor de la Iglesia le convirtieron en un personaje conocido dentro del mundo de las juventudes católicas. El propio Papa se refirió a él y a esa vertiente de mensajero la semana pasada señalando que el joven “supo utilizar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, comunicar valores y belleza”. Para el cardenal Angelo Becciu, entonces prefecto para Congregación de los Santos —hoy caído en desgracia por los escándalos que atraviesan la Santa Sede— era “un ejemplo de fe para los jóvenes”. “Creó un proyecto informático sobre los temas de la fe, tenía un sitio sobre los milagros eucarísticos. Así que este jovencito vivió su fe al máximo”, señaló Becciu.

El talento para el manejo de los unos y los ceros no basta para llamar la atención de la Congregación para las Causas de los Santos. El milagro atribuido y necesario para la beatificación de Acutis sucedió en 2013, cuando, según la versión aceptada por la Iglesia, salvó la vida a un niño brasileño “con una rara anormalidad anatómica congénita” conocida como páncreas anular. El chico había nacido en 2010 en Campo Grande con una lesión que seccionaba el órgano en dos partes, por lo que teóricamente necesitaba una cirugía importante. Su familia, sin embargo, pidió la intercesión de Acutis, que ya había muerto. Básicamente se realizó una oración celebrada por un sacerdote ante un trozo de pijama del futuro beato, que el chico tocó. La operación nunca llegó a practicarse porque el niño se recuperó, sin una aparente explicación médica. Un hecho que la Congregación para las Causas de los Santos reconoció como el milagro necesario para la beatificación de Acutis.

La última sorpresa llegó cuando los devotos que acudieron a la ceremonia hace una semana en Asís —lugar donde pidió ser enterrado— comprobaron cómo el cuerpo del joven se encontraba aparentemente incorrupto. Es decir, prácticamente intacto. Una supuesta señal más de la singularidad de Acutis. Cuando se realiza una beatificación o canonización siempre se exhuma el cuerpo del candidato a los altares y se realiza una comprobación. Pero el de Acutis no fue exhumado en el estado que luego fue mostrado, como explicó el obispo Domenico Sorrentino, de la Diócesis de Asís. “Fue hallado en el normal estado de transformación propio de la condición post mortem (…) el cuerpo, si bien transformado, pero con varias partes todavía en su conexión anatómica, fue tratado con técnicas de conservación y de integración normalmente practicadas para exponer con dignidad a la veneración de los fieles los cuerpos de los beatos y de los santos. La reconstrucción de la cara con una máscara de silicona fue particularmente exitosa.” La imagen del chico postrado en su sepultura, con sus vaqueros, unas zapatillas Nike y una sudadera deportiva generó un impacto enorme. El símbolo de una nueva generación de santos.

Daniel Verdú (publicado por El País el 17/10/2020)

Fuente https://elpais.com/internacional/2020/10/16/mundo_global/1602858185_800256.html

Coronavirus: el gobierno italiano recomienda el uso de barbijo dentro de las casas

El gobierno italiano lanzó una “fuerte recomendación” para que los ciudadanos usen el barbijo dentro de sus domicilios cada vez que tengan contacto con personas no convivientes y llamó a evitar las reuniones privadas de más de seis personas, al disponer por decreto de un nuevo paquete de medidas para hacer frente al coronavirus.

“Está fuertemente recomendado el uso de los dispositivos de protección de las vías respiratorias incluso al interior de las habitaciones privadas en presencia de personas no convivientes”, plantea el artículo 1 del nuevo decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros (DPCM) firmado hoy por el premier Giuseppe Conte.

“En cuanto a las habitaciones privadas, está de todos modos fuertemente recomendado evitar fiestas y recibir más de seis personas no convivientes“, agrega el DPCM con el que Conte dispuso la nueva batería de restricciones a nivel nacional para frenar la difusión del coronavirus, en medio de un aumento de casos en todo el país en las últimas semanas.

Las nuevas medidas incluyen el veto a los deportes amateurs “de contacto”, incluidos fútbol 5 o básquet, según el texto de 12 artículos divulgado hoy por el Gobierno y que incluye además la firma del ministro de Salud Roberto Speranza.

Las nuevas normativas decretadas por Conte tras un acuerdo con los 20 gobiernos regionales disponen además el cierre obligatorio de bares y restaurantes a las 24 y la prohibición de beber alcohol en la puerta de los negocios que no tengan mesas en las veredas desde las 21.

Además, la cuarentena obligatorias para las personas positivas baja de 14 a 10 días y se decretó la prohibición de realizar viajes estudiantiles durante los próximos 30 días.

El nuevo decreto se enmarca dentro del “estado de emergencia” vigente en todo el país hasta el próximo 31 de enero, en un contexto en el que desde el inicio de la pandemia murieron 36.025 personas y 359.569 se contagiaron de la enfermedad.

Desde la oposición, el líder derechista Matteo Salvini criticó a través de Twitter las nuevas medidas, en especial el nuevo número máximo de personas para las fiestas privadas, y aseguró que “ni siquiera George Orwell habría ido tan lejos, estamos locos”, en alusión al escritor británico que ideó un universo distópico autoritario en su libro 1984.

Desde la centroderecha, en tanto, el vicepresidente de Fuerza Italia Antonio Tajani apoyó el DPCM al considerar hoy en declaraciones televisivas que “el objetivo es evitar una nueva cuarentena y hacía falta adoptar medidas que le permitan seguir adelante a la economía”.

El nuevo DPCM se da mientras en Italia quedan 82.764 personas infectadas con coronavirus, en medio de un alzo del número diario de contagios que de todos modos se encuentra lejos de los incrementos que muestran otros países europeos.

Fuente https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/coronavirus-gobierno-italiano-recomienda-uso-barbijo-dentro-nid2478277

Barcelona como refugio de la ‘Ndrangheta

Vittorio Raso, de 41 años, se escondía en Barcelona. Destino preferido de tantos otros capos de la Camorra napolitana y, últimamente, también e la ‘Ndrangheta calabresa, la organización a la que pertenecía. Esta mafia, con un implantadísimo sistema de ramificación internacional, es actualmente la más potente de Italia y la que mejor ha sabido capear la crisis económica y la presión de la policía. Raso pertenecía a una ‘ndrina (las células de la ‘Ndrangheta) torinese, una de las ciudades italianas con mayor presencia de una organización que utilizó en los años 60 y 70 el fenómeno de la inmigración -Torino fue un destino masivo a causa de la fábrica de Fiat- para expandirse por todo el país.

Raso, apodado también Esaurito, fue acusado durante una investigación por usura y extorsión para obtener fondos que, mayoritariamente, servían para financiar a su organización y apoyar a los capos detenidos. Cercano a la familia Crea -uno de los clanes de Gioia Tauro, puerto marítimo en Calabria de la ‘Ndrangheta y lugar donde empezó la expansión de la organización en los años 70- fue acusado de crear un sistema de préstamos con porcentajes de retorno a nieveles de usura a través de una sociedad que se financiaba con dinero público. El año pasado la Brigada Móvil de Torino desmanteló la organización y detuvo a 16 personas, pero Raso ya era se encontraba en paradero desconocido desde 2018 y condenado a 20 años por tráfico internacional de cocaína. El mafioso se encontraba ya en Barcelona con un nombre falso.

La ‘Ndrangheta es una organización profundamente ritualísta compartimentada en distintos estadios de poder. Raso ostentaba el grado de Vangelo: un estadio intermedio de la estructura, pero superior a los de los meros ndranghetistas y a los de la Santa -la organización que se creó posteriormente para dar cabida a quienes se ocupaban de negocios de más alto nivel- que recibe su nombre por el hecho de jurar el cargo con la mano en un evangelio. Quienes tienen ese rango, puede formar parte de la comisión donde se toman las grandes decisiones de una organización que, sin ser piramidal como la Cosa Nostra, sí consensua sus estrategias internacionales.

La ‘Ndrangheta es la mafia más poderosa de Italia. Mueve unos 43.000 millones de euros al año -según la fiscalía de Catanzaro- y tiene más de 30.000 afiliados solo en Calabria. Esta mafia líquida, como la define el escritor Francesco Forgione, es la cuarta empresa de Italia y, probablemente, la que más filiales tiene por el mundo: Australia, Canadá, Bélgica, Holanda, España… Un crecimiento extremadamente silencioso que se produjo paralelamente a la guerra que la Cosa Nostra mantenía con el estado durante los años 80, cuando el entonces capo siciliano, Totó Riina, decidió comenzar una ola de atentados que terminó debilitando a su organización y permitiendo el crecimiento de la Camorra y, especialmente, de la ‘Ndrangheta. El silencio y el intento de evitar al máximo los homicidios, ha sido por ese motivo una de las señas de identidad.

La ‘Ndrangheta es la organización más competitiva y la que goza de mayor confianza entre los carteles. Las operaciones de la fiscalía calabresa han documentnado como, incluso, participan directamente en el negocio de la producción de la cocaína. “En Sudamérica hay decenas de hombres de la organización que viven allí de manera estable. Se han casado y tienen familias en Colombia, en Bolivia y en Perú, y de ahí hacen llegar a Europa toneladas de cocaína. El cartel del Golfo y los Zetas han hecho grandes negocios con los calabreses”, explicaba a este periódico el fiscal jefe de Catanzaro, Nicola Gratteri, quizá el mayor experto del mundo. Se trata de la mafia con menor número de arrepentidos, en parte porque sus células están formadas siempre por miembros de las mismas familias. Un hecho que dificulta enormemente las operaciones judiciales.

Más allá del núcleo de la ‘Ndrangheta radicado en Calabria, las células más potentes se encuentran en las regiones de Lombardia, Piemonte y Emilia Romagna. Tres de las principales motores económicos del país, donde la organización ha podido infiltrarse en el tejido empresarial y político y llevar a cabo sus negocios en silencio.

Danil Verdú (publicado en El País el 12/10/2020)

Fuente https://elpais.com/espana/2020-10-12/barcelona-como-refugio-de-la-ndrangheta.html

El increíble viaje de Cristóbal Colón: la tierra en forma de pera, el mito de las joyas de la reina y el papel clave de Pinzón

Hace apenas 528 años Cristóbal Colón apuntaba en su diario de viaje, que meticulosamente escribía cada noche en su camarote de popa de la Santa María: “A las dos horas después de medianoche pareció la tierra, de la cual estarían dos leguas. Amainaron todas las velas y quedaron con el treo, que es la vela grande, sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una isleta de los Lucayos, que se llamava en lengua de indios Guanahaní…”.

Desde esa madrugada del viernes 12 de octubre de 1492 hasta el día de su muerte creería haber llegado a las indias.

Tenía 42 años cuando descubrió América. Había nacido en 1451 y era el hijo de un cardador de lana que vivía en una casa alquilada del callejón del Olivo Pequeño, en Cogoletto, el barrio de los laneros en Génova. A pesar de los augurios desalentadores y de las mofas que soportó, fue marino.

De muy joven realizó varios viajes en flotas mercantes, y cuando su barco naufragó al ser atacado por piratas, se salvó nadando asido de un madero hasta la costa de Portugal. Se estableció en Lisboa y con su hermano Bartolomé abrió una tienda de venta de cartas geográficas que ellos mismos dibujaban. Y dicen que las hacían muy bien.

Este genovés, que nunca se hizo un retrato en vida, habría tenido cabellos rojizos, tez blanca, ojos azules y muchas pecas. A los 26 años se casó con Felipa Moniz Perestrello, quien le dio un hijo, Diego. Ella murió en 1485 cuando su esposo recién tenía en mente la empresa que lo hizo famoso. Su suegra le cedió cartas cartográficas de su marido.

Llegar a las indias

Desde los tiempos del geógrafo y matemático griego Eratóstenes de Cirene, nacido en el 276 antes de Cristo, se sabía que tierra era redonda. Pero Colón pensaba que era mucho más pequeña de lo que realmente es, que Asia era inmensamente grande, y calculaba que el océano que separaba a España de las Indias se lo podía navegar en pocos días. Sostenía que el mundo tenía la forma de una pera o como una pelota redonda “que tuviera puesta en ella como una teta de mujer, en cuya parte es más alta la tierra y más próxima al cielo”, tal como escribió a los reyes luego de su tercer viaje.

¿Cómo llegar a las Indias? Navegaría de este a oeste y acortaría camino. Algunos aseguran que discutió esta teoría con el físico y cosmógrafo florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli, quien había trabajado en una idea de atravesar el Atlántico hacia el oeste para llegar a las islas de las especias.

Pero el desafío fue hallar quien financiara su novedosísimo proyecto.

El primero en cerrarle la puerta en la cara fue Juan I de Portugal. Luego de estudiar la propuesta, su cuerpo de expertos la rechazó porque estaba basada en datos incorrectos. Mientras su hermano Bartolomé hizo un vano intento en la corte de Enrique VII de Inglaterra, pensó en ir a Francia pero se dirigió a España. Contó como aliado el entusiasmo de los religiosos de La Rábida, quienes pensaban en las tareas de evangelización de las nuevas almas que habitarían del otro lado del océano.

El duque de Medinaceli, un hombre al que le sobraba el dinero y los barcos, se propuso apoyarlo y se lo comentó a la reina Isabel. La monarca, que en el reino se encargaba de las cuestiones marítimas y su esposo Fernando de las mediterráneas, quiso conocerlo.

Idas y vueltas con los reyes de España

El 20 de enero de 1486, Colón hizo su primera entrada a la corte. La reina se mostró interesada porque la exploración de nuevos mundos le proporcionaría riquezas que usaría para financiar proyectos, como ser la reconquista de Jerusalén. Colón explicó que en las tierras de Indias reinaba el Gran Can, un “rey de reyes”, que en vano había pedido a Roma que le mandase gente para que los educase en la fe cristiana; como no lo hicieron, para él era la oportunidad para emprender dicha misión.

Colón se expresaba muy bien, era simpático y a la reina le cayó muy bien. Y el genovés se sintió a gusto en la corte española. Ya viudo, empezó a intimar con la marquesa de Moya, una de las amigas de la reina y, discretamente, vivió con la bella Beatriz Enríquez de Arana, que le daría un hijo, Fernando.

Lo bueno es que comenzó a recibir ayuda económica de la corte mientras expertos analizaban su proyecto. Se tomaron su tiempo, y cuando 1490 finalizaba, le bajaron el pulgar. De nuevo, sin sustento económico, dibujaba mapas y vendía libros de astronomía y geografía. Debía mantener a dos hijos, que solían estar al cuidado de su cuñada, Briolanja Moniz.

Pero los curas de La Rábida, que creían en él, volvieron a insistir ante la corte junto con el tesorero de la Casa de Aragón. Pero cuando Isabel dio finalmente su aprobación, Colón pidió que se le concediese el título de almirante del mar océano, el de virrey y gobernador de lo que se descubriese y el diez por ciento del comercio que se generase con España.

Le contestaron que no a todo.

De nuevo a convencer a la reina, que terminó cediendo. Firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, un instrumento jurídico que formalizaba la relación contractual entre el rey y el particular. A Colón se le otorgó el tratamiento de “don”.

Un hombre clave: Martín Alonso Pinzón

La expedición debía partir del Puerto de Palos, ya que los de Sevilla o Cádiz estaban desbordados de judíos que, perseguidos por la Inquisición, debían abandonar la península. Ese mismo año, los reyes católicos habían expulsado a los moros de España.

En las antípodas de la leyenda de que la reina empeñó sus joyas para financiar el viaje, Isabel decidió -a través de una Real Provisión del 30 de abril de 1492- que los pobladores más calificados de Palos proporcionaran gratis dos carabelas equipadas para una navegación de un año. Y suspendía las causas penales de aquellos que se anotaran para formar parte de la tripulación.

Todos protestaron. Unos, porque no deseaban ceder su dinero y los curas por la inclusión de malhechores en una empresa que llevaría la bandera de la evangelización. Además, había que estar loco para embarcarse con un genovés desconocido hacia tierras nunca antes exploradas.

El que destrabó el malestar fue Martín Alonso Pinzón. Este adinerado capitán -si bien no se llevaba bien con Colón- era muy querido en Palos, y fueron los franciscanos de La Rábida los que los presentaron. Con el almirante sellarían una alianza en que el primero guiaría la expedición y el otro sería una suerte de segundo comandante. Al conocer que Pinzón sería parte, brotó el entusiasmo.

A través de un recorrido por las tabernas de la zona, se logró reclutar a 90 hombres. La mayoría eran españoles y lograron colarse cuatro condenados a muerte, acusados de asesinato.

Con el dinero recaudado, Pinzón alquiló dos embarcaciones pequeñas: La Niña y La Pinta. La primera era propiedad de Juan Niño y era la más ligera; en La Pinta se embarcó el clan Pinzón: familia, amigos y marineros fieles. La tercera, alquilada a Juan de la Cosa, era La Gallega, una embarcación de 24 metros de largo y 8 de ancho. Colón la rebautizó como Santa María.

¡Tierra!

Con provisiones para un año, el viernes 3 de agosto, a las ocho de la mañana partieron de la Barra de Saltés, frente a la ciudad de Huelva y el 6 de septiembre dejaron atrás las islas Canarias -luego de contratiempos técnicos- y se internaron en el “mar océano”, hacia lo desconocido.

A mediados de septiembre, ocurrió lo inevitable: la tripulación estaba más que impaciente, y los cálculos de distancia que realizaban con Pinzón no sirvieron para acallar las críticas hacia Colón, acusarlo de inexperto y presionarlo para dar la vuelta a España. Los ánimos se calmaron un poco cuando desde La Niña avistaron aves, que nunca se alejaban más de 25 leguas de tierra. El 19 vieron a un alcatraz y de ahí en adelante, todos los días los barcos fueron sobrevolados por distintas aves, pero nada de tierra firme.

El 25 de septiembre creyeron avistarla, y hasta se arrodillaron y dieron gracias a Dios. Pero fue una falsa alarma.

Fue a primera hora de la madrugada del 12 de octubre que Rodrigo de Triana, en La Pinta, que navegaba adelante, gritó la famosa palabra: “¡Tierra!”. Estaba contento porque se haría acreedor de un premio de diez mil maravedíes prometidos por los reyes al que primero la avistase. Pero la alegría le duró poco: Colón dijo que la noche anterior ya había visto una fogata en la costa. Y el premio se lo quedaría él.

Cuando hallaron un lugar adecuado, bajaron en botes. Colón lo hizo junto a Martín Pinzón, su hermano, Vicente Yáñez y los notarios Rodrigo de Escobedo y Rodrigo Sánchez de Segovia, que debían tomar nota de todo.

Sosteniendo el estandarte real, en la arena desconocida de un mundo nuevo, Colón le dio el nombre de San Salvador. Se cree que llegó a la isla Watling, en las Bahamas. Para él, estaba en Cipango, el nombre que entonces se le daba a Japón.

Los indígenas, espectadores de una escena para ellos increíble, se fueron acercando tímidamente. Les llamaba la atención las largas barbas. Colón asentó en su diario que estaban “todos desnudos como su madre los parió”.

Los europeos los obsequiaron con bonetes colorados, cascabeles y cuentas de vidrio que los indígenas se colgaban del cuello. Y ellos correspondieron con papagayos, hilos de algodón y alimentos. No conocían las armas, a tal punto que tomaban las espadas por el filo y se cortaban las manos.

En su diario de viaje, Colón fantaseó con detalles que lo habrán impactado. Dijo que el martes 8 de enero de 1493, remontando un río, había visto tres sirenas que no eran lindas como las pintaban y que tenían rasgos de hombre.

Hizo un total de cuatro viajes al Nuevo Mundo, y en el último, cuando regresó, debieron ayudarlo a bajar por su artritis y su gota. Aun reclamaba a la corona dinero atrasado y los títulos de virrey y gobernador. Pero la reina Isabel había fallecido en 1504 y con su hija no se podía hablar. Por algo pasaría a la historia como Juana la Loca.

Colón se fue a Valladolid, donde falleció el 20 de mayo de 1506 y fue enterrado en el Monasterio de San Francisco. Como sus restos sufrieron varios traslados, no se sabe a ciencia cierta dónde descansa ese genovés, hijo de un cardador de lana que, a pesar de todo, cumplió su sueño de ser marino.

Adrián Pignatelli (publicado por Infobae.com el 12/10/2020)

Fuente https://www.infobae.com/sociedad/2020/10/12/el-increible-viaje-de-cristobal-colon-la-tierra-en-forma-de-pera-el-mito-de-las-joyas-de-la-reina-y-el-papel-clave-de-pinzon/

Massimo Cacciari: “La Europa del euro es un fracaso cultural y político”

Massimo Cacciari (Venecia, 76 años), filósofo, es un influyente pensador que en su país ha alternado la experiencia política, —como alcalde de Venecia, por ejemplo, cargo que ocupó entre 1993 y 2000 y entre 2005 y 2010—, con la teoría. Sus ideas en torno al futuro de Europa, que subraya en esta entrevista hecha a partir de un cuestionario por correo electrónico, han derivado hacia un pesimismo que le hace decir que “la política del euro” ha consolidado “el fracaso político y cultural” en que han derivado las esperanzas de un continente que no saldrá necesariamente mejor de la pandemia. Cacciari reclama una atención decisiva de las humanidades para detener este descenso a los infiernos que tiene la propia metáfora de Europa. Su último libro publicado en Italia es Il lavoro dello spirito (“El trabajo del espíritu”).

Pregunta. ¿Qué transformaciones cree que causará la pandemia?

Respuesta. La pandemia es un formidable acelerador de tendencias culturales y sociales que existían desde hace décadas. Tendencias sobre la organización general del trabajo, la hegemonía de los sectores económicos y financieros conectados a las nuevas tecnologías, la crisis de las formas tradicionales de democracia representativa.

P. Ustedes viven su propia forma de populismo. A pesar de las diferencias que hay entre unos y otros populismos, ¿tienen los mismos efectos en la vida política?

R. Se ha hablado demasiado de populismo. Los problemas sobre los que realmente hay que reflexionar son los que he mencionado anteriormente. Todos los populismos son reacciones a ese proceso que trastoca antropológicamente nuestras vidas. Son fenómenos de resistencia reaccionaria y, por tanto, a la larga, completamente impotentes. El problema radica en que hoy no parece existir en el mundo occidental una élite política capaz de gobernar la transformación en clave alternativa.

P. Platón creía que la política debe ser gobernada por filósofos. ¿Lo cree?

R. No se trata del gobierno de los filósofos. El paradigma platónico, traducido a términos actuales, plantea la pregunta: ¿es la política una mala práctica, es un mero trabajo o, para funcionar, debe estar estructurada a través de la organización, la burocracia y las competencias? ¿El político debe ser producto de un sorteo o de una casualidad, o más bien de un agotador proceso de formación y selección? En los orígenes del pensamiento democrático la respuesta era evidente: la democracia es válida como selección de los mejores. ¡Los valores de la democracia son aristocráticos! Esta es la paradoja que hemos olvidado.

P. En los últimos años ha reflexionado mucho sobre el humanismo. ¿De qué manera los grandes humanistas ayudan a entender y a repensar este presente?

R. He intentado ofrecer una imagen del humanismo en un sentido anti-antropocéntrico, lejos de cualquier utopismo irenista-conciliador. El humanismo de Alberti, Valla, Maquiavelo, y también de Guicciardini y Bruno. Son motivos que lo diferencian también de la corriente mayoritaria de la filosofía propia de la revolución científica. Y eso quizá lo acerque a los problemas que dominan nuestra crisis.

P. Usted es un filósofo, que reflexiona sobre los clásicos. ¿Sirven para iluminar un drama que hasta hace nada no podíamos ni imaginar?

R. Aún tenemos que entender a los clásicos; nos esperan mañana. Representan todo lo que no es pasado, lo que no se ha consumado. Nunca están de moda, no se adaptan a ninguna época. Aquellos que quieran pertenecer a su tiempo siempre serán alcanzados y superados. Los clásicos nos enseñan a no pertenecer nunca a él.

P. Usted se ha referido a Europa como un proyecto que se autodestruye. Se refiere a la carencia de estudios clásicos como un factor clave en la destrucción del saber. ¿Cuáles son las consecuencias de esta negligencia?

R. He trabajado mucho en la idea de Europa desde principios de la década de 1990. Fue mi Principio esperanza después de la caída del Muro. También se han traducido al castellano mis libros Geofilosofía de Europa (1994) y El Archipiélago (1997). Hoy ya no podría escribirlos. La Europa del euro ha sido un fracaso cultural y político. O se reconoce fríamente o cualquier recuperación será imposible. Sigue siendo necesario un espacio político unitario de Europa (que solo puede concebirse de forma federalista), o ningún estado podrá resistir la competencia global, pero parece que se ha convertido en algo imposible. Europa huye, como Italia ante los ojos de Eneas, pero es hacia allí hacia donde deberíamos ir…

P. Más allá de las religiones, la fe es un factor potente para afrontar los problemas de la vida, ha dicho. ¿La ausencia de fe consolida el miedo que causa el virus?

R. Los clásicos del pensamiento político siempre han reconocido el papel esencial de la fe religiosa en los grandes procesos de transformación social y política. Si hoy “Dios ha muerto”, la religión no ha sido destronada en absoluto. Es la religión —pero precisamente en el sentido lucreciano del vínculo opresivo— del dinero, del intercambio, del proceder indefinidamente sin ningún fin. La religión dominante es pura idolatría supersticiosa.

P. La pandemia ha vuelto a poner de manifiesto la inmigración como otro gran desafío europeo. Y ahí está Lesbos como metáfora del egoísmo humano.

R. La forma en que los Estados europeos han afrontado el gran problema de la inmigración es la señal más dramática de la miopía y el desamparo de Europa como sujeto político. Han reducido un problema de época a problemas de emergencia o incluso policiales. Como si Europa no tuviera una necesidad vital, dada su tendencia demográfica, de formidables flujos migratorios en su interior. Como si los movimientos bíblicos de pueblos entre distintas zonas del planeta fueran un fenómeno que se pudiera frenar con muros, con el bloqueo de algún puerto o con unos vergonzosos campos de concentración en Libia. Europa ha fracasado y sigue fracasando en su política mediterránea.

P. A lo largo de los años usted ha tenido estrecha relación con políticos, como Pasqual Maragall en Barcelona, o con instituciones como el Círculo de Bellas Artes, que le ha premiado. ¿Qué percepción tiene del papel que nuestro país tiene en la construcción europea?

R. No veo en qué, esencialmente, se distingue la política española de la de los demás Estados europeos. No he oído que se pronuncie de forma autónoma sobre ninguno de los temas principales que, diría yo, ni siquiera se han comprendido adecuadamente (como la inmigración). Creo, me gustaría añadir, que la forma en que se ha abordado la dramática cuestión catalana es una demostración de una forma mentís centralista rayana en lo autoritario, que contradice esa perspectiva de unidad europea como auténtico foedus entre naciones, que es (o era) la mía.

P. Se critica el liderazgo alemán de Europa. Pero, ¿hay una alternativa?

R. Lo he repetido varias veces. No hay federación de estados europeos si falta el federador. Y el federador solo puede ser el país que ejerce el mayor poder, y no solo económico, es decir, Alemania. Si Alemania insiste en que no quiere ser el líder de un proceso bien fundado de unidad política europea, basado en la cooperación y la solidaridad, este proceso se detendrá definitivamente en su dimensión meramente mercantil.

P. En su último libro parece hablar de una política inerme entre la economía y la técnica. De esta pandemia, ¿la política saldrá más fuerte o más débil?

R. La lección weberiana en la actualidad —a la que he dedicado mi último ensayo—, enseña que el político contemporáneo debe reconocer el poder del aparato, del sistema técnico-científico-económico-productivo. Pero, al mismo tiempo, debe saber competir y testar en conflicto consigo mismo según su propia vocación, o su propio deber-ser. Y esto solo puede expresarse en la voluntad de liberarse de cualquier forma de coacción, dependencia, del trabajo como castigo, imposición. Propósito de alguna manera inmanente en la misma filosofía, que ha guiado a la ciencia europea desde sus orígenes. Para Weber, esta perspectiva parecía muy poco probable hace ya un siglo. Hoy quizá sea imposible: en los grandes imperios, la dimensión política es ya un todo con el sistema técnico-económico, dando lugar a una nueva forma de capitalismo político. Realmente se necesitaría otro El capital para analizarlo.

P. Usted es uno de los grandes filósofos contemporáneos que ha hecho política toda su vida. ¿Esa relación de intelectuales y políticos está ahora superada?

P. La élite actual se va perfilando, de hecho, como una simbiosis entre formidables aparatos burocráticos, dirigentes políticos y líderes de grandes empresas multinacionales. Entre estas dimensiones subsiste un intercambio continuo, también personal. Cada una reconoce la necesidad de la otra y está lista para apoyarla. En imperios que aún presentan una forma democrática, pueden surgir conflictos, pero, cada vez con más frecuencia, se superan sin dificultad. En imperios autoritarios, de momento, ni siquiera se conciben. Pero el mecanismo es el mismo. Los aparatos de comunicación, información y desinformación giran en torno a este núcleo fuerte. El espacio para una élite crítica, orientada a la de la política como vocación, independiente del sistema económico-financiero, se reduce cada día. Sin embargo, aún no es su destino desaparecer.

P. En la izquierda italiana usted ha sido un gran defensor del federalismo. ¿Esta pandemia hará regresar nuevas olas de centralización?

R. La idea federalista es que el poder político se fortalece precisamente al articularse y diferenciarse. Se basa en la responsabilidad de cada parte; en la capacidad de cada elemento del conjunto para responder, en la medida que le corresponde, a las necesidades del sistema. Mayor poder significa mayor responsabilidad. La idea federalista se basa en la creencia de que una organización no centralista, no jerárquico-piramidal funciona mejor, garantiza más eficiencia que la forma de Estado tradicional; no es un obstáculo, sino que favorece la velocidad de la toma de decisiones. La resistencia de los viejos aparatos burocráticos y políticos ha impedido hasta ahora que se llegue siquiera a experimentar esta idea. Y, sin embargo, la unidad política europea nunca podrá lograrse si no es basándose en ella.

Juan Cruz (publicado por El País el 11/10/2020)

Fuente https://elpais.com/cultura/2020-10-11/massimo-cacciari-la-europa-del-euro-ha-sido-un-fracaso-cultural-y-politico.html

La historia de la Catedral de Milán

La construcción del Duomo de Milán inició en 1386 y terminó en 1965 y se llevó a cabo en el mismo lugar donde se encontraba desde el siglo V la Basílica de San Ambrosio a la que se agregó, en el año 836, la Basílica de Santa Tecla y que fueron destruidas por un incendio en el 1075. La construcción de la Catedral de Milán dio inicio bajo el mandado de Gian Galeazzo Visconti con el objetivo de renovar el área y celebrar la política de expansión territorial de los Visconti.

La construcción de la catedral se realizó en un período de cinco siglos durante los cuales, diferentes arquitectos, escultores y artistas aportaron su contribución profesional en la famosa “Fabbrica del Duomo” (Fabrica de la Catedral) que era una institución integrada por 300 empleados liderados por el arquitecto Simone da Orsenigo. Galeazzo concedió a la Fabbrica el uso exclusivo del mármol de la cantera de Candoglia y la exoneró del pago de impuestos.

Este impresionante proyecto dio como resultado una obra arquitectónica única, que fusiona el estilo gótico internacional con la arquitectura tradicional lombarda.

En 1389, el francés Nicolás de Bonaventure, fue designado arquitecto jefe dando a la catedral una fuerte impronta gótica. Así, el exterior de la Catedral se encuentra revestido de mármol blanco rosado al igual que la parte superior que culmina con una infinidad de pináculos y torres coronadas por estatuas que contemplan la ciudad. Giuseppe Perego esculpió una estatua de cobre dorado en 1774 que fue ubicada en el punto más alto del templo y que es conocida como la Madonnina que se convirtió en el símbolo de Milán. ( Milan- Museum)

Los detalles finales de la catedral fueron terminados ya en el siglo XX: la última puerta fue inaugurada en 1965.

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