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abril 2020 - page 2

La mafia es inmune al virus

Un asesinato en Agrigento (Sicilia). Un barco en Calabria con 600 kilos de coca o un fugitivo apresado después de una larga huida mientras iba a hacer la compra con la mascarilla y guantes. Minucias para el ritmo habitual. Pero la actividad principal de los clanes mafiosos estos días en Italia consiste en reposicionarse, ganar apoyos y buscar nuevas formas para dar lustre al dinero que volverá a raudales cuando la crisis sanitaria escampe. La policía ha sorprendido ya en Calabria y Sicilia a familiares y miembros de mafias repartiendo bolsas de la compra entre algunos vecinos. Mientras no llegan las ayudas anunciadas por el Gobierno de Giuseppe Conte, las mafias se infiltrarán en el tejido social, coinciden las fuentes judiciales y policiales consultadas. Abundan ya también los préstamos, empresarios con el agua al cuello que necesitan contante. “Ahora todo son facilidades”, señala un alto mando de los carabinieri en Trapani. Los clanes tienen líquidez. Cuando la crisis quede atrás, pasarán cuentas.

El confinamiento tiene algunos maestros que lo practicaban desde mucho antes de que el mundo supiese lo que es un coronavirus. Nicola Gratteri, fiscal jefe de Catanzaro y quizá el máximo experto del mundo en la ‘Ndrangheta, la mafia más poderosa de Italia, con más de 30.000 afiliados solo en Calabria y capaz de facturar unos 43.000 millones de euros anuales, teme lo peor. “El objetivo de la élite de la ‘Ndrangheta no es solo enriquecerse, sino gestionar poder. En el sur hay miles de personas que han trabajado en negro siempre y han ganado de máximo 40 euros al día… Ese dinero se ha esfumado. El Estado está preparando una inyección que llegará en pocos días, pero mucha gente tiene necesidad y acepta encantada la compra pagada por el capo de turno. También ayudas de 300 o 400 euros. Para ellos no es nada, para el pobre es todo. De ahí surge el modelo del hombre poderoso, que podrá pedir el voto a su candidato cuando haya elecciones”. Toca sembrar.

Las recesiones son oportunidades perfectas para las mafias, advierten el jefe de la Policía de Italia, Franco Gabrielli, y el fiscal general antimafia, Federico Cafiero de Raho. La crisis evapora el dinero líquido. Y organizaciones como la ‘Ndrangheta, cuya principal fuente de ingresos es el tráfico de drogas, lo tienen a raudales, recuerda Gratteri. “Buscarán prestar dinero a usura a empresarios. A intereses bajos, para competir con los bancos. La gente irá a buscarles: hoteleros, restauradores. El objetivo del usurero mafioso es arrebatarles esa actividad comercial cuando poco a poco suba los intereses y el empresario no logre pagar. Una vez sustraída, el mafioso la usará para lavar dinero. Así funciona. Para esto servirá este periodo”.

Sucede en Calabria. Pero también en Sicilia y en los callejones del centro de Nápoles. Cuando el Estado da un paso atrás, los clanes devoran el territorio. Las tres regiones están a la cabeza en pobreza y economía sumergida con cifras de alrededor del 20% de su riqueza, según el Instituto de Estadística Italiano (Istat). Son miles de familias sin prestación alguna en estos tiempos. El Gobierno ha prometido 400 millones de euros a los ayuntamientos para bonos de compra, pero el sistema es lento y la burocracia, mortal para el tejido social. En Palermo y en Nápoles proliferan las denuncias por asaltos a supermercados.

Algunos vecinos, dirigidos por la asociación Liberi di Volare y la Fundación San Gennaro, se han organizado para repartir comida a familias con necesidades en Nápoles. Es otra manera de evitar la infiltración de clanes. Davide Marotta forma parte del escuadrón que distribuye unos 350 paquetes de comida semanales y cheques para la compra en el barrio napolitano de Sanità. “Quien recibe ayuda, muchas veces, no piensa si es de alguien que mata o vende droga. El hambre es hambre. Nápoles ya estaba llena de problemas antes del coronavirus. El Estado está ausente en estas zonas, y la Camorra a menudo lo sustituye. El único mercado que no para es el ilegal. Y utilizan el viejo método del clientelismo político. Lo que hacemos nosotros es ocupar ese espacio”, señala al teléfono el único día que descansan.

Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, que fue uno de los primeros en alertar del incendio social que llegaba a las calles de su ciudad, lo resume así. “Cuando uno está enfermo y el médico no llega, termina acudiendo al curandero. Debemos evitar que llamen a la puerta estos falsos médicos. Los mafiosos están alimentando el malestar social para transformar a los nuevos pobres en correos de droga, esclavos. Solo el dinero público es la alternativa al dinero mafioso. Y esto vale en todo Italia, también en el norte”. Y hoy todo sucede a oscuras.

La pandemia complica el trabajo de investigación, explica uno de los fiscales con más peso en la lucha antimafia en Palermo, que pide anonimato. “En este momento los puntos de escucha, los lugares que estaban intervenidos con micrófonos, sus escondites ya no están dando demasiados frutos porque no los frecuentan. Los coches están parados, en los domicilios estando en familia no siempre se consigue tener información porque hay más ruido y las conversaciones son de otro tipo. Menos se mueve, menos visibles son los encuentros y menos información tenemos nosotros”, apunta. Un alto mando policial experto en la Cosa Nostra matiza algo la situación. “Es más difícil para todos, para ellos que dan cobertura y logística a la distribución de droga, y para nosotros, que debemos seguirles y no podemos camuflarnos entre los coches y la gente”.

La covid-19, sin embargo, corroe a la parte débil de la mafia. La que necesita el ruido para vivir en silencio. Grandes fugitivos, como el capo de la Cosa Nostra, Matteo Messina Denaro, fugado desde hace 26 años, tienen hoy más complicado esconderse. “Son como ballenas. Viven sumergidos y de vez en cuando tienen que salir a la superficie a respirar. Les cazaremos cuando lo hagan… o morirán ahogados”.

Daniel Verdú (publicado por El País el 18/04/2020)

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La Iglesia italiana echa un pulso a Conte por la misa

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, se presentó el domingo por la noche ante todos los italianos y trató de dar respuesta a la mayoría de incógnitas del calendario que deberá seguir el país para una posible reapertura. Aportó datos sobre deporte, comercio, industria, peluquerías, museos… Pero el jefe del Gobierno compareció sin hacer los deberes en un tema crucial: la misa. Pocos minutos después, la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) lanzaba un durísimo comunicado afeando al Ejecutivo su posición y recordándole el papel que ha desarrollado en esta crisis para proteger a los más desfavorecidos. La sentencia llegó así: “No podemos aceptar que se comprometa la libertad de culto”. El primer gran problema del Gobierno, tras 49 días de confinamiento en Italia, aterrizó donde menos lo esperaba.

Conte había cuidado hasta ahora el flanco de la Iglesia. Sus relaciones privilegiadas con el Vaticano, su estrecho canal de comunicación con el secretario de Estado, Pietro Parolin, y su discreto y sólido catolicismo tendieron un puente con la Iglesia en tiempos convulsos. El respaldo de los obispos y de sus medios de comunicación, como Avvenire, había sido hasta ahora total. Incluso el papa Francisco le echó una mano —más o menos solicitada por el propio Conte, según las distintas fuentes consultadas— en su discurso del Urbi et Orbi pidiendo una solución solidaria de la Unión Europea a la crisis de la covid-19, que muchos interpretaron como los famosos coronabonos que pedía Italia. “Recibió lo que quería”, apunta un colaborador del Papa.

El domingo por la noche, sin embargo, en una rueda de prensa deslavazada e imprecisa para explicar la fase 2, se oyó el crujido cuando indirectamente puso al mismo nivel las iglesias y las peluquerías (que, por cierto, también se han rebelado). Los expertos le habían dicho al primer ministro que hasta el 25 de mayo no era razonable pensar en celebraciones que pudiesen reunir a tanta gente como una misa. Él no quiso entrar en elucubraciones y tiró la pelota hacia adelante. Pero desató una insólita furia de la Iglesia.

La libertad de culto sigue siendo un tema delicado en Italia, aunque el número de fieles caiga cada año (en 2018 por primera vez fueron mayoría los que no pisaron en todo el año una iglesia). El Ejecutivo, formado por el Movimiento 5 Estrellas y el Partido Demócrata, ha sido siempre cuidadoso con los temas de la Iglesia. Algunos de sus hombres fuertes, como el ministro de Cultura, Dario Franceschini, son muy cercanos al mundo católico. Por eso causa estupor en algunos círculos la decisión. Marco Tarquinio, director de Avvenire cree que Conte cometió un error. “La Iglesia ha colaborado durante esta crisis en Italia, también en el resto del mundo, de todas las maneras sin dar problemas. El Papa ha dado ejemplo, la gente ha sido disciplinada. Pero hablar de una fase 2 sin ni siquiera evocar el retorno a las iglesias, en la medida de lo posible, de la participación de los cristianos a la misa es subestimar el problema. Ha tenido en cuenta a los técnicos, pero debe tener la corresponsabilidad política. Creo que lo está corrigiendo”, apunta.

Conte no puede permitirse ahora un problema con la Iglesia. Pero tampoco una marcha atrás demasiado evidente. Con un ojo puesto en las encuestas y consciente de que tras la crisis sanitaria el país volverá al debate sobre la necesidad de un Gobierno técnico que reconstruya la economía, el apoyo de los obispos y del Vaticano es crucial. Por eso, pocos minutos después de que la CEI lanzase su comunicado, la oficina de comunicación hizo saber que el Ejecutivo estudiaría los protocolos de seguridad propuestos por los obispos para volver a celebrar las misas. Pero dentro de su Gobierno, la ministra de Igualdad, la renziana Elena Bonetti (Italia Viva), ya había criticado la medida: “No es comprensible continuar impidiendo la misa en la iglesia”. El PD, por boca del diputado Stefano Ceccanti, ya ha anunciado que presentará una enmienda que permita celebrar la liturgia en las iglesias. Fuera del Ejecutivo también empezará la batalla.

El soberanismo afila ahora los cuchillos y se dispone a cabalgar la batalla de la misa, como advierte el fundador de la Comunidad de San Egidio y una de las figuras más influyentes en la comunidad cristiana italiana, Andrea Riccardi. “Hace años que no se veía un choque así entre la Iglesia y el Estado. La CEI ha sido muy dura. El Gobierno ha antepuesto el parecer del comité técnico-científico. La política no ha querido asumir sus responsabilidades. Y la vida religiosa, la cristiana, pero también la hebrea y musulmana, son consideradas menos que una categoría comercial. Un error. Este país necesita de todos los recursos espirituales y motivacionales posibles para volver a arrancar”, advierte.

Las parroquias de Italia tenían ya asumido que podrían empezar a celebrar misa de forma escalonada. Muchas pensaban que podrían repartir el peso de la misa dominical durante el resto de días de la semana para evitar una afluencia desequilibrada. De momento, tendrán que esperar lo mismo que las peluquerías.

Un enfado que recorre todas las religiones

La complicación de este asunto, como señala el historiador y experto en la Iglesia católica Gianmaria Vian, es que la medida que se plantee de ahora en adelante para retomar la vida espiritual en comunidad debería también afectar a otras religiones y confesiones. La comunidad judía italiana ya protestó el lunes y los evangélicos y musulmanes (que se encuentran en pleno Ramadán) esperan también a la puerta de sus templos el permiso para reabrir. “Sin tomar partido por una solución o por otra, ambas muy legítimas, la incertidumbre es incomprensible y muy dañina. Descontenta a todos y genera confusión. A todas las religiones”, señala.

Las mezquitas y las sinagogas también han permanecido cerradas a las liturgias colectivas durante los 49 días de confinamiento. La comunidad judía y musulmana están igualmente molestas con el Gobierno, y sus líderes han pedido con mayor o menor vehemencia una solución. El lunes, el imam Yahya Pallavini, presidente de la Comunidad Religiosa Islámica Italiana señaló que están de acuerdo con la Conferencia Episcopal Italiana. “No se trata solo de garantizar el derecho al culto, sino también de tener sensibilidad ante todos los creyentes de cualquier fe”.

Daniel Verdú (publicado por El País el 27/04/2020)

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“El 25 de abril: fin de la ocupación alemana, la Liberación e inicio de una época de paz”, conversación con el marqués Manfredo Cordero Luca de Montezemolo

Italia estaba gobernada por el Fascismo que la llevó a la guerra en 1940 al lado de los Alemanes y los Japoneses contra Gran Bretaña, el Imperio Británico, los Estados Unidos de América, Francia. El 25 de julio de 1943 el Gran Consejo Fascista aparta a Mussolini y nombra jefe del nuevo gobierno al general Pietro Badoglio, quien firma con los Aliados el Armisticio del 3 de septiembre y declara de hecho el fin de las acciones beligerantes en su contra, sólo el 8 de septiembre el gobierno comunica el armisticio al país y a los militares italianos. Del 3 al 8 de septiembre Italia es invadida por los alemanes. La Resistencia empieza de inmediato. El 10 de septiembre Roma es declarada Ciudad abierta y el 23 del mismo mes los alemanes toman su control. En octubre se forma el Corpo Italiano di Liberazione, integrado por militares, declarado nuevo Ejército Italiano de Liberación y reconocido por los Aliados como con-beligerante. El 5 de junio de 1944 los Aliados entran en Roma y el 25 de abril liberan Milán y para Italia termina la guerra.

La Resistencia fue realizada por militares y por grupos de partisanos, que no eran todos de un único partido, pero de todos los sectores políticos de aquellos años y abrieron el camino al ejercito de los aliados.

¿Dónde se encontraba cuando se firmó el Armisticio?

Estaba cursando la Academia Militar en Lucca y logré huir en casa de unos amigos en Perugia. Mi padre me había hecho comunicar que se encontraba en Roma con el general Carli Di Bergolo, yerno del rey Vittorio Emanuele
III, jefe de la ciudad abierta de Roma. El rey y Badoglio se habían ido a Brindisi.

¿Fue una huída o una decisión política?

Una decisión política, si el Rey se hubiese quedado en Roma, lo habrían hecho prisionero, Italia habría perdido la guerra con consecuencias catastróficas para el país. De esta manera el Rey y Badoglio siguieron la guerra.

¿Qué sucedió cuando el general Carli Di Bergolo pidió la colaboración de su padre?

Dejó el uniforme militar y pasó a la clandestinidad, cambió de identidad. El 23 de septiembre los alemanes tomaron Roma y apresaron a Carli Di Bergolo, así mi padre organizó el Frente Militar Clandestino con otros dos oficiales y el diplomático Filippo De Grenet. El 10 de octubre el gobierno italiano en el exilio lo declaró Representante Militar Legal del Lazio. Lo fue hasta enero 1944 cuando con De Grenet fue preso por los alemanes, como respuesta de los alemanes al atentado de via Rasella. Los mataron el 24 de marzo de 1944 en las Fosse Ardeatine con otros 336 italianos.

¿Cuándo su padre estaba libre le dio alguna indicación especial?

Dijo de no colaborar con los alemanes y pasé a la Resistencia como había hecho él. Cambié de nombre y llevaba mensajes de ida y vuelta entre el Frente y el gobierno de Brindisi y entre el Frente y el gobernador de Roma, Riccardo Motta, quien cumplía un doble juego.

¿Qué representa para usted el 25 de abril?

El inicio de la libertad y de la Paz.

¿Le quedó odio hacia los alemanes que habían torturado y matado a su padre?

No, soy militar, y nosotros tenemos otra mentalidad. En guerra se mata, me quedó mucho dolor por la muerte de mi padre pero no tengo rencor. Cuando apresaron a Erich Priebke, quien en 1943 era jefe de las S.S de Roma, me pidieron de ir a atestiguar su contra y no fui.

Manfredo Cordero di Montezemolo, fue nombrado marqués por Humberto II en reconocimiento de los servicios prestados durante la Resistencia. Emigró en Argentina el 16 de abril de 1946 para dejar atrás esta terrible historia.

Edda Cinarelli (publicado por Voce d’Italia 16/04/2013)

El sicario italiano que llegó a la Argentina para matar a un capo de la mafia pero terminó asesinado

A principios de la década de los 90 del siglo pasado una segunda oleada de inmigración italiana llegó al país. La primera, la de los que descendían de los barcos y se forjaron un futuro a base de trabajo y esfuerzo llegó 80 años antes y fue masiva. Esta fue escasa y sus integrantes no eran cultores del trabajo honesto como sus antepasados.
Importantes mafiosos italianos recalaron en ese tiempo en Argentina (también lo hacían en Venezuela y en Brasil).

Escapaban de la justicia de su país que había decidido juzgarlos y minar sus negocios espurios. El juez Giovanni Falcone era su pertinaz perseguidor (hasta que en 1992 hicieron volar su auto con una explosión: junto a él fueron asesinados su esposa y cuatro policías de la custodia).

Dos importantes capo mafias de dos clanes diferentes fueron los más notables de los que llegaron al país. Vicente Francesco Marianello, tercero en el orden jerárquico de la Camorra napolitana, recaló en Miramar. Poco tiempo después se lo involucró en la Conexión Santa Cruz de la Sierra- Buenos Aires. Fue detenido en la ciudad balnearia en enero del 90.

Un mes después, en febrero de ese año, el que cayó preso fue Gaetano Fidanzati, quinto en el orden de mérito de la Cosa Nostra, que se había escapado de Italia para no purgar una dura condena. Allí un tribunal lo había penado con 22 años de prisión por asociación ilícita, tráfico de drogas y lavado de dinero. Pero luego de una breve detención fue liberado por cuestiones formales. Mientras se decidía sobre la validez del proceso, Fidanzatti se fugó hacia Argentina, que siempre fue una tierra amable para los que buscan impunidad.

Pero algo había cambiado. Algunas dicen que Interpol puso más empeño y contó con la colaboración de las fuerzas policiales argentinas; que por ese motivo pudieron atrapar en el país a dos importantes capo mafias en un lapso tan breve.

Otros, menos ingenuos, cuentan otra historia.

A fines de 1989, Valeriano Forzatti llegó a Ezeiza. Otro italiano que no venía a hacer turismo. En Italia era buscado por la Masacre de Laguna Blue ocurrida en febrero de 1989. Laguna Blue no era una playa paradisíaca sino un cabaret de escaso lujo situado en Ferrara. Una noche, Forzatti ingresó al local con parsimonia, atravesó el humo azul de los cigarrillos y se paró en medio de la pista mirando hacia todos los rincones. Era el único que no bailaba ni reía, el único sin una copa en la mano. Una chica le propuso bailar y él la corrió, con desdén, con su brazo.

Cuando encontró lo que buscaba caminó con decisión hacia una mesa del fondo. Se paró frente a un hombre que estaba sentado, lo miró y con un disparo preciso le perforó la frente. El compañero de mesa, cubierto de sangre salpicada y enceguecido por la furia, se lanzó sobre el asesino. Forzatti volvió a disparar y otra vez le bastó un solo tiro. Padre e hijo, dueños del local, estaban muertos.

Una mujer gritó y lo insultó, el asesino no tuvo problema en volver a apretar el gatillo. Y acertó de nuevo: sangre fría y puntería le sobraban. Detrás del mostrador (no era una barra) el encargado manoteó un arma; pero fue lento y Forzatti se cobró una nueva víctima. Con el quinto muerto aparecen las divergencias. Algunos dicen que se enfrentaron fuera del local cuando el otro fue a buscar la revancha. Otros sostienen que intentó atacarlo dentro del cabaret y también fue alcanzado por una bala.

A esa altura de los eventos, los que habían sobrevivido no se movían. Ya nadie fumaba y la música se había apagado aunque nadie pudiera precisar cómo. Sólo se escuchaban las pisadas de Forzatti hacia la puerta, algunas de ellas más estruendosas, por el contacto -el chapoteo- de las suelas contra los charcos de sangre originados por él mismo. Antes de cruzar la puerta se giró y les dijo a los testigos que no se animaban a mirarlo: “Ustedes no vieron nada. No se olviden, nunca se olviden que les perdoné la vida”.

Forzatti era conocido como Don Vito. También lo llamaban Il Capo degli Sparatore (El Rey del Gatillo). Cualquiera de los dos apodos era incriminatorio por sí solo. Forzatti era un sicario, un asesino a sueldo. En Italia era célebre por la capacidad que tenía para cumplir con los encargos. Por lo general no desperdiciaba balas.

La causa que tenía, la de la Masacre de Laguna Blue, no lo preocupaba demasiado. Sabía que en su tierra siempre encontraba escapatoria; que si bien siempre sabía quién se quería vengar, también estaban los poderosos que le debían favores o le temían y que le garantizaban impunidad y protección. Era útil.

Sin embargo la ambición pudo más. Una oferta irresistible lo hizo dirigirse a Argentina. Pero al poco tiempo de llegar, una nutrida delegación de la Policía Federal irrumpió en el Hotel Esmeralda, del Microcentro porteño, y lo detuvo. Tenía orden de extradición. Era el 6 de marzo de 1990. Al día siguiente la imagen de este hombre de 38 años apareció en la tapa de Clarín. El pelo trabajosamente acomodado hacia atrás, las cejas frondosas, la mirada seca. Una campera de jean y una chomba.

Es alto y fuerte. Conserva un aire desafiante, invicto. El agente de Interpol que lo lleva, con las manos esposadas a su espalda, parece un enano al lado suyo. La prensa argentina se mostraba sorprendida porque en muy pocas semanas tres importantes mafiosos italianos habían sido arrestados en el país.

En el interrogatorio, uno de los agentes le preguntó por qué lo buscaban de Italia, cuál era la causa del requerimiento. Con una sonrisa, Forzatti le dijo que la justicia de su país se estaba poniendo algo quisquillosa, que él sólo le había quitado la cartera a una viejita por la calle.

Pese a su postura, Forzatti sabía que algo no andaba bien. Había llegado vía Venezuela, otra guarida utilizada por los mafiosos, y casi no se había movido, estaba estudiando el terreno. Repasó en su cabeza si había cometido alguna imprudencia, si había dado algún paso en falso para haber sido descubierto con tanta celeridad. Pero no encontraba nada. Si hasta se había hospedado bajo el nombre falso de Mario D’Alessio.

Su detención no era consecuencia de la perspicacia de la fuerzas del orden (locales o internacionales). La historia parece haber sido otra. Todo indica que se debió a una delación.

Gaetano Fidanzati, enterado de que el más eficaz killer de la mafia italiana estaba en el país, supuso que venía por él. Eran varios los que querían su cabeza. Argentina era un buen lugar para esconderse de la justicia pero no de sicarios.

La impunidad tiene sus desventajas. Atemorizado por el peligro cierto que corría su vida elucubró varias estrategias de acción. Luego de una charla con su abogado defensor, Pedro Bianchi, decidió entregarse ante la policía. El abogado le habría asegurado que no corría peligro de ser extraditado. Así negoció su entrega. Él daba las coordenadas para encontrar a Marianello (su rival) y a Forzatti y a cambio le aseguraban que sólo sería juzgado por violar leyes migratorias del país (por su ingreso irregular a Argentina), delito cuya pena no superaba los tres años. Además de su libertad conseguía proteger su vida, que con Forzatti en la calle no valía nada.

Bianchi, el abogado defensor del capo de la mafia, era muy conocido en el ambiente. Era un personaje influyente en Tribunales y no le hacía asco a ningún defendido. Representó entre otros a los Shocklender, Yiya Murano, Arquímides Puccio, Aníbal Gordon, Francois Chiappe, al criminal nazi Erich Priebke y a Emilio Massera. Una auténtica galería del horror de los 80. Sin embargo, Bianchi no era un improvisado. Su capacidad técnica era reconocida por su pares. Era un católico recalcitrante, de permanente mal humor y siempre llevaba encima un arma, al tiempo que se vanagloriaba de su habilidad en el disparo. Sus honorarios eran altísimos. Se dice que a Fidanzati le cobró 200 mil dólares. Pero la estrategia de Bianchi fracasó estrepitosamente. En 1993 fue extraditado a Italia. Bianchi no le pudo dar demasiadas explicaciones.

En ese tiempo los negocios de la Cosa Nostra, y por ende los de Fidanzati, eran el tráfico de heroína, contrabando de diamantes y el lavado de dinero. Se dice que él fue el nexo para conseguir con los clanes mafiosos de Nueva York el canje de cargamentos de heroína por los de cocaína con los que evitaban el traspaso de dinero.

Fidanzati fue juzgado a su regreso a su tierra. Y fue condenado. Pero estuvo, otra vez, poco tiempo entre rejas. Nuevamente errores de procedimiento le consiguieron la libertad. En 2009 fue noticia: por enésima oportunidad la policía lo apresó. Murió en su casa en el 2013 en Sicilia. Tenía 78 años.

Regresemos a Valeriano Forzatti. Detenido en la cárcel de Devoto veía como el juicio de extradición avanzaba. Lo habían dejado solo. Nadie quería quedar pegado a un reconocido sicario. La vida en Devoto no era fácil. Estaba destinado al peor pabellón. En el que habitaban los desahuciados, en el que la esperanza no tenía lugar; allí tampoco existían las mínimas normas de convivencia.

Forzatti era lo suficientemente duro para sobrevivir. Pero sabía que en ese clima anárquico era un blanco fácil. Ahora todo el mundo conocía su paradero. La elusión, su habilidad como escapista, habían sido una de sus principales armas de defensa en esos años. Ahora estaba quieto en un lugar, que para colmo de males era permeable. Intentó que lo trasladaran pero no lo consiguió. Si en Argentina debía tener cuidado, debía estar alerta para no ser víctima de algún ataque, Forzatti estaba convencido de que en Italia no duraría vivo ni siquiera un par de semanas. La orden de extradición era su condena de muerte.

Se sospecha que fue por eso que la noche del 6 de marzo de 1993 cuando un guardia ingresó a su celda, Forzatti lo atacó con el caño del lavatorio que había desprendido unas horas antes. Le dio decenas de brutales golpes en la cabeza. La masa encefálica del guardia quedó esparcida por el piso de la celda. Cuando otro guardia intentó defender a su compañero, Forzatti también se encargó de él. Este, al menos, logró sobrevivir. Forzatti creyó que quitando esa vida había conseguido extender la suya. Que al tener un delito “argentino”, cometido en suelo argentino (y uno bien grave) ya no sería deportado, que ya no volvería a Italia.

Tuvo razón sólo en parte. Ese homicidio le aseguró no regresar a su tierra. Pero una semana después estaba muerto. Lo mataron con la misma crueldad con la que él mató.

El 8 de marzo fue llevado ante el juez a comparecer por su crimen. El magistrado ordenó que fuera trasladado al Hospital Borda para que se le hiciera un exhaustivo análisis psiquiátrico. Según dijeron los investigadores en el momento en ese traslado fue golpeado ferozmente por los compañeros del guardia asesinado y quedó moribundo con severas heridas internas en el tórax y en la cabeza. Producto de esa especie de linchamiento, Valeriano Forzatti murió el 13 de marzo de 1993.

Fueron juzgados guardiacárceles y médicos del Servicio Penitenciario por el crimen. Autores, partícipes necesarios y cómplices. Pero todos fueron declarados inocentes en el juicio oral porque no había ninguna prueba que los inculpara. Los hechos habían ocurrido de manera diferente a la que los investigadores determinaron en un principio. La causa volvía a foja cero. Todo debía investigarse de nuevo. Alguien había buscado falsos culpables para que no surgieran los verdaderos responsables del asesinato.

Luego de ser llevado al Borda, Forzatti fue alojado en la alcaidía de Tribunales bajo estricta custodia (la acusación original decía que ahí lo habían golpeado como venganza). El día 12 de marzo fue derivado a la cárcel de Caseros, el penal al que Forzatti había expresamente solicitado no ir ya que allí se encontraba alojado, su enemigo, el que lo había delatado: Gaetano Fidanzatti.

A la mañana siguiente, Forzatti apareció muerto. Tenía 18 fracturas en los huesos de su torso, hemorragias internas y conmoción cerebral. Los peritajes determinaron que esas lesiones se produjeron entre 2 y 5 horas antes de su deceso. Es decir alguien lo mató durante su breve estadía en Caseros.

Con el tiempo se confirmó que Valeriano Forzatti había venido al país a cumplir un contrato. Debía matar a un capo mafia. Pero su objetivo no era Gaetano Fidanzatti sino a Vicente Francesco Marianello, el mafioso que había elegido la costa como refugio.

Matías Bauzo (publicado por Infobae el 04/03/2020)

Recuperable de https://www.infobae.com/sociedad/2020/03/04/el-sicario-italiano-que-llego-a-la-argentina-para-matar-a-un-capo-de-la-mafia-pero-termino-asesinado/

Contra la angustia por el coronavirus: los estudios que explican por qué hay que reír en medio de la pandemia

De golpe me di cuenta de que llevaba 30 días de mal humor, con un trapo de lavandina en la mano, mientras en la televisión contaban muertos y más muertos de Gran Bretaña, España, Italia y Estados Unidos. El mundo había explotado y me encontré queriendo ganarle al horror sabiendo de medicina y algoritmos, de cargas virales, de curvas de contagios, de cuánto dura una gotita de la peste en el aire o leyendo ensayos médicos sobre la inmunización.

Estaba por hablar un alto funcionario, y yo en pijama con el trapo amarillo en la mano impregnado de desinfectante, me hallaba en alerta máxima. Y justo entró el mensaje de WhatsApp de un viejo amigo.

Era un meme del funcionario. Se lo veía eterno, avejentado y canoso. En la placa superior decía 2039 y en una leyenda debajo se leía: “Ya pueden salir”.

Estalle de risa. Y mientras me secaba con un papel las lágrimas que me caían de tanta carcajada me di cuenta de la falta me estaba haciendo reír en esta cuarentena.

Recordé a Robin Williams, en la película Patch Adams, y del humor como herramienta de vida, de salud, de acompañamiento, de sostén. Y recordé que la medicina sabe desde hace mucho tiempo que la risa cura.

Riendo con la historia

Los griegos, que todo lo estudiaron, ya sabían de la importancia del humor en los procesos de curación. Por ello incluían una visita a la casa de los cómicos como parte del “remedio”. En la Edad Media, los bufones que hacían reír a los glotones de la nobleza tras los banquetes pantagruélicos, también tenían un sentido medicinal: mejorar la digestión mediante las risas.

Ya en el siglo XIV, el médico Henri de Mondeville, nacido en Normandía y llamado el padre de la cirugía francesa -quien fuera nada menos que cirujano de Felipe el Hermoso-, usaba el humor para distraer a sus pacientes del dolor provocado por las operaciones.

Un polémico colega suyo (también escritor y humanista), 200 años después, Francois Rabelais, recetó la risa como remedio de curación y en el prefacio de Gargantúa (escrito en 1534) mandó a los humanos a reír más: “la risa es propia del hombre”, sentenció.

Diana Szabó en su ensayo Humor y psicoanálisis, un asunto serio, arrancó con lo que decía Mark Twain (1835-1910): “El problema con el humor es que nadie lo toma en serio”. Y luego se refirió a Sigmund Freud: ”Ya desde 1905 Freud consideraba al humor las más elaborada operación defensiva frente a la posibilidad de sufrimiento”.

Freud ya describía a la risa como la mayor fuerza del mecanismo de defensa del hombre que le permitía enfrentar problemas y evitar las emociones negativas.

Vale rescatar dos frases de Bertrand Russell (filósofo, matemático y escritor británico ganador del Premio Nobel de Literatura) que mucho tienen que ver con nuestro encierro de hoy: “Una generación que no soporta el aburrimiento será una generación de escaso valor” y ”La risa es la droga más barata y la más maravillosamente efectiva. Es la medicina universal”. Ambas frases permiten reflexionar sobre el aislamiento y el encierro preventivo que estamos vivenciando para restarles dramatismo.

Podemos releer el Diario de Ana Frank, googlear cómo mantuvieron el espíritu los 33 mineros de Chile o tomar el libro de La Peste, de Albert Camus y leer en voz alta ese tremendo final donde su personaje nos dice que la alegría está “siempre amenazada” y que “se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio”.

La carcajada como remedio

No es algo nuevo. Aunque muchas veces lo olvidamos. Reír alivia las tensiones, entre mil ventajas más. Sobre todo, ahora que nos encontramos sumidos en el estrés que produce el pánico a contagiarse, en el vestirnos como astronautas cada vez que debemos asomar la cabeza a la calle y en el miedo de no saber de quién no nos habremos despedido. Enfrentamos, además, el temor de haber perdido una vida que ya no es ni será, por algún tiempo, la que teníamos.

La famosa Clínica Mayo, de los Estados Unidos, recomienda la risa para aliviar las tensiones. Según los expertos de esta prestigiosa institución la risa provoca cambios físicos concretos en el cuerpo. Hace tomar mayor cantidad de oxígeno; estimula el corazón, los pulmones y los músculos; genera endorfinas que benefician el cerebro y baja la presión sanguínea. Eso, en el corto plazo. Los efectos en el largo plazo, aseguran en su web, aumentan las defensas inmunitarias. Mientras los pensamientos negativos generan reacciones químicas indeseadas en el organismo, los positivos liberan neuropéptidos que ayudan a pelear no solo contra el estrés, sino también contra otras enfermedades graves. Además, la risa conecta con otros; hace olvidar, por un rato, las situaciones difíciles; combate la ansiedad y la depresión. Y aseguran que, además, el humor es algo que se puede aprender a ejercitar. Solo hay que poner voluntad.

Según Patrick Allmond, un experto en medios sociales, la risa aumenta la circulación de los anticuerpos convirtiéndonos en seres más resistentes a las infecciones. Y de eso se trata en esta pandemia que nos golpea.

Un estudio dirigido por la Universidad de Georgia, de los Estados Unidos, sostiene que incorporar la risa en un programa de actividad física puede mejorar muchos parámetros saludables. En el programa al que llamaron Risa Activa, participaron personas mayores que vivían en residencias. El resultado fue asombroso: mejoró la salud mental, la resistencia aeróbica, la confianza y las expectativas de recuperación de todos.

“Varios estudios médicos sostienen que, la gente mayor que usa el humor como una manera de enfrentar los desafíos de cada día, tienen mayor expectativa de vida”, explica Bernie Warren (de la escuela de arte dramático de Ontario, Canadá) que ha trabajado durante décadas con “payasos” al estilo Patch Adams en residencias de ancianos y en hospitales. “Los payasos terapéuticos… Inicialmente empezaron en las áreas pediátricas, pero actualmente esto se aplica en muchas áreas como en cuidados paliativos, en pacientes oncológicos (… ) Ayudan a reducir el estrés de los pacientes y de sus familias en enfermedades, tragedias y catástrofes”, escribió en un artículo en la publicación británica The Lancet.

Hipertensión a la baja y el yoga de la risa

La hipertensión, uno de los efectos colaterales más peligrosos del estrés, también se beneficia de la risa. Según los científicos es difícil estar estresado cuando estamos riendo. Por ello han investigado qué ocurre con la presión cuando reímos. Un estudio de 2017 del Journal of Research in Medical and Dental Science, puso a 40 pacientes que hacían hemodiálisis a escuchar CD de cómicos en sesiones repartidas durante ocho semanas. ¿El resultado? Un claro descenso de la presión arterial.

Años antes, la Asociación Americana del Corazón realizó una investigación con 79 participantes que fueron expuestos, durante tres meses, a sesiones de risoterapia y musicoterapia. La risa fue estimulada con contacto visual y ejercicios de respiración. La presión bajó considerablemente más con la risa que con la música.

Debido a los beneficios de la práctica de la risa nació el Laughter Yoga (Yoga de la risa), allá por 1995 y que hoy se practica en 53 países y tiene alrededor de 5000 clubes en el mundo. Su fundador, el doctor Madan Kataria, le dijo a Medscape: “No se necesitan chistes, ni comedias… Ni siquiera necesita usted estar feliz. Lo que nosotros hacemos en los grupos es iniciar la risa como una forma de ejercicio físico. Cuando lo hacemos miramos a los otros a los ojos y surge la risa… y la risa es contagiosa”.

Cuando le preguntaron si reír de una manera no espontánea también saludable, manifestó: “La risa falsa te da los mismos beneficios que la risa real. El cuerpo no distingue una de otra (…) Practíquenla cada día y verán cómo se sentirán más positivos y con un mejor balance emocional”.

Kataria relató que lideró un estudio de 200 pacientes hombres que participaron en sesiones de 30 minutos. Descubrieron que la presión en general bajaba. También la presión diastólica era significativamente más reducida. Y, además, los niveles de cortisol, la hormona del estrés, también disminuían.

Inmunes a lo negativo y un buen sueño

La reducción de la ansiedad es otro de los beneficios que aporta la risa en pacientes con Parkinson, con depresión o en las mujeres postmenopáusicas.

Bernard Saper (psicólogo, profesor de la Universidad Internacional de la Florida y quien fuera presidente de la Asociación de psicología del estado de Nueva York) sostuvo en su ensayo Psychiatric Quarterly, que el sentido del humor y la habilidad de reír son fundamentales para ayudar a una persona a sobrellevar momentos difíciles y hay que estimularlos. Podemos hablar también de sus beneficios en el sistema inmunológico. Ya antes de la pandemia, muchos especialistas sostenían que practicar la risoterapia era aconsejable antes de comenzar la temporada invernal de gripes porque así elevaban las defensas del organismo.

En Corea del Sur, pacientes con problemas de depresión de larga data y con dificultades para conciliar el sueño fueron testeados en el año 2017. Según el Korean Journal of Adult Nursing (Diario coreano de enfermería para adultos) los efectos de la risa en 42 de ellos -después de 8 sesiones, de 40 minutos, que incluían canto, ejercicios de risa a las carcajadas y aplausos- fueron altamente prometedores.

En el departamento de enfermería del Asan Medical Center de Seúl, también se trabajó con grupos oncológicos que estaban atravesando sesiones de radioterapia. Fueron 62 pacientes divididos en dos grupos. El que practicó la risa tuvo un incremento notable en la autoestima y en el modo en que se enfrentaba a la vida.

A más risa, corazón más sano

Después de reír no sentimos más livianos y respiramos mejor. Esto también ha sido estudiado. Reír aumenta el consumo de oxígeno y nuestro sistema cardiovascular funciona mejor. Pero el International Journal of Humor Research sostiene que los beneficios duran lo que dura la risa. Por ello recomiendan reír un buen rato. Si uno pudiera incorporar esta práctica como un ejercicio de rutina, durante 30 minutos, sería una excelente medida. Reír tonifica los músculos del abdomen (involucra alrededor de 400 músculos) y suministra oxígeno a todos los órganos internos haciendo una especie de masaje interior a nuestro cuerpo. Los pulmones también estarán agradecidos.

En un testeo de Medical Hypothesis (Hipótesis Médicas) compararon la reacción de los participantes del estudio mientras veían dos películas muy diferentes: Fiebre del sábado por la noche y Rescatando al soldado Ryan. La segunda aumentaba el estrés mental y influía en lo fisiológico. Usando una técnica no invasiva llamada (BART), que mide la reactividad vascular, detectaron que los que miraban la película estresante tuvieron un 35 por ciento de reducción en la vasodilatación. Mientras que, al otro grupo que se divertía con una película alegre, la sangre le circulaba mucho mejor.

Por algo la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón) recomienda reír para un corazón sano. Sostienen que reduce la inflamación arterial e incrementa la producción de HDL, el llamado colesterol bueno.

Reír y cultivar el sentido del humor puede ayudar a prevenir un ataque cardíaco, dicen los cardiólogos del hospital de la Universidad de Maryland en Baltimore, Estados Unidos. El doctor Michael Miller, director del Centro de Cardiología Preventiva de dicho hospital, epidemiólogo y profesor de la universidad, es contundente: “No sabemos por qué la risa protege al corazón, pero sabemos que el estrés mental está asociado con un daño del endotelio, la barrera protectora que recubre nuestros vasos sanguíneos. Esto a su vez puede provocar una serie de reacciones inflamatorias que conducen al aumento del colesterol y de la grasa en las arterias coronarias y, en última instancia, a un ataque cardíaco”. Concluye diciendo que la capacidad de reír, ya sea natural o aprendida, puede influir en la salud de nuestro corazón y afirma que él agregaría a la lista de recomendaciones como no fumar, comer bien y hacer ejercicio, el consejo de “reírse varias veces al día”.

Hormonas, dolor y calorías

La risa estimula muchos circuitos fisiológicos: baja los niveles de las hormonas como el cortisol (la que responde al estrés) y la epinefrina (la que aumenta la frecuencia cardíaca y contrae los vasos sanguíneos) y activa la dopamina (el neurotransmisor que entre otras cosas regula el sueño y el humor). Esto lo sostuvo en 2017 un estudio de Advances in Physiology Education.

La risa provoca la liberación de endorfinas que actúan como un medicamento frente al dolor y puede llegar hasta a reemplazar, en algunos casos, a los analgésicos, aseguran los autores de un estudio llevado a cabo por Proceedings of the Royal Society.

Y en tiempos de cuarentena, en lo que moverse puede resultar extremadamente complejo, no sólo se puede recurrir a las clases online de gimnasia. La risa también ayuda a quemar calorías. Lo dijo el International Journal of Obesity (Diario internacional de la Obesidad): los que rieron durante la proyección de clips con humor bajaban 10 calorías cada 10 minutos. Los que no rieron, porque miraron otras proyecciones, no quemaron directamente ni una sola caloría. El mismo diario asegura que si podemos mantenernos a carcajada limpia durante unos 15 minutos podríamos quemar 40 calorías, lo que equivale a caminar un kilómetro.

Ni hablar de combatir el insomnio que también sería otro de los objetivos que podrían lograrse por medio de la risa.
Cursos online sobre risoterapia y cursos para aprender a soltar carcajadas hay muchos. Solo hay que buscar alguno que interese e intentarlo.

Stella Maris Maruso, terapeuta biopsicosocial, directora de la Fundación Salud y autora de los libros El laboratorio del Alma y el laboratorio Interior, le dijo a Infobae: “Ya está demostrado que la risa, por sus componentes bioquímicos, es un importante antídoto natural para tratar el estrés provocado por el aislamiento y la separación de los seres queridos. La risa es un derecho de nacimiento psicológico del cerebro humano, el antecedente evolutivo de la alegría, que podría ser esencial en un nuevo enfoque para el tratamiento de crisis adaptativas con humor deprimido”.

“En nuestro Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo, dedicado a personas que atraviesan crisis severas como cáncer y otras enfermedades, la risa es un componente muy importante en el tratamiento integral para regresar a la salud. Cada paciente necesita reducir los bioquímicos de la tensión generando altas dosis de endorfinas, oxitocina, dopamina, serotonina, sustancias que se segregan cuando nos reímos”, continuó.

“Cuando les sugiero a los pacientes que, como parte de su plan de salud, deben reír dos minutos diarios con carcajada y con risa sostenida, es inevitable la pregunta: -¿de dónde saco ganas de reír si la estoy pasando tan mal?. Si no encontramos motivos para reír deberemos generarlos a la fuerza y eso es parte del tratamiento. Es como tomar una medicación”.

Para lograrlo Maruso propone ejercicios muy sencillos: “Podemos empezar a practicar solos, forzando una sonrisa o una carcajada frente al espejo. Porque la risa es contagiosa y mirarnos reír también lo es. Todo vale. Un video de Youtube con niños riendo, una película cómica o… que nos hagan cosquillas. Las cosquillas es un truco infalible. La contracción de los músculos de los ojos y de la boca al reír hace que el cerebro reciba el mensaje y libere instantáneamente endorfinas. La risa sostenida produce un torrente de química del bienestar, el cerebro se calma, bajan las ondas cerebrales y, en apenas unos minutos y sin darnos cuenta, habremos logrado cambiar la perspectiva de nuestra percepción, paso imprescindible para todo proceso de sanación. No reír es poco natural y va en contra de nuestra bioquímica fundamental”.

No es poco lo que se sabe y lo que se obtiene de la risa. Solo hay que recordarlo en tiempos en que pandemia, aislamiento, coronavirus, encierro, COVID-19 parecen conformar un nuevo y pesimista diccionario… ¿Por qué entonces no hacerle caso a los que saben y poner el humor en el corto horizonte nuestro de cada día? Poblar no solo de aplausos sino también de risas la cuadra puede ser un objetivo. Sembrarla como un virtuoso hábito cotidiano. Reírse sin razón alguna. O como niños. Porque la risa es salud y vida, dicen los expertos. Y no queremos que la cuarentena nos termine acorralando el alma.

Carolina Balbiani (publicado por Infobae el 18/04/2020)

Recuperable de https://www.infobae.com/sociedad/2020/04/18/contra-la-angustia-por-el-coronavirus-los-estudios-que-explican-por-que-hay-que-reir-en-medio-de-la-pandemia/

Venecia, Dubrovnik y Nueva York: las cuarentenas más famosas de la historia

Algunos sitios del mundo son recordados por las pestes que los asolaron o las cuarentenas prolongadas a las que se sometieron.

La peste de Inglaterra

Tal es el caso de Eyam, una localidad del Derbyshire, en Inglaterra, que es conocida como el “Pueblo de la Peste”. Sus habitantes aceptaron hacer un tremendo sacrificio y se autoimpusieron una cuarentena de un año y medio para no propagar una epidemia en el resto de la comarca. Este episodio histórico ocurrió en 1665. La peste llegó al pueblito con una partida de telas compradas en Londres, infectadas con pulgas portadoras de un virus. Para evitar la expansión de la enfermedad, el reverendo de Eyam, William Mompesson, exhortó a sus conciudadanos a aislarse del resto de la región. Algunos se fueron, pero la mayoría se quedó luego de la muerte del asistente del sastre (que se llamaba George Viccars y fue la primera víctima). El sacrificio fue enorme y cuando se declaró oficialmente el fin de la epidemia en el pueblo, 14 meses más tarde, habían fallecido 257 de los 350 habitantes del total estimado en aquella época. El ejemplo de Eyam marcó tanto las mentes que se lo recuerda todavía en la actualidad, y más especialmente en estos tiempos de pandemia. El pueblo recibe muchas visitas porque no cambió desde el siglo XVII y las casas aún tienen carteles que recuerdan a quienes vivían en tiempos de la epidemia. En agosto se organizan ceremonias en homenaje al inicio de la cuarentena y en las afueras de Eyam se pueden ver todavía las grandes piedras que mandó instalar Mompesson. Marcaban los límites del recinto de aislamiento y era donde la gente de pueblos vecinos dejaban comida y productos para que los pueblerinos pudieran seguir abasteciéndose.

Dubrovnik (Ragusa de Dalmacia): la primera cuarentena europea en 1377

Hasta el estallido de la pandemia, Dubrovnik, la perla de la costa croata, era una de la víctimas más patentes del sobreturismo. Al igual que Venecia o Barcelona, los habitantes de los barrios más visitados fueron desplazados por los turistas, los negocios de recuerdos y los pisos alquilados por Airbnb. La presión del turismo fue tal que había transformado el viejo centro italiano en un parque de atracciones. Con las medidas restrictivas adoptadas en Europa, la ciudad debe recordar sin duda que fue la primera en instaurar una cuarentena, el 23 de julio de 1377.

Dubrovnik se llamaba entonces Ragusa y era uno de los principales puertos de la república de Venecia. Durante el Medioevo y el Renacimiento fue una de las plazas más prósperas del Mediterráneo gracias a su dominio del comercio entre Occidente y Oriente. Esta bonanza le valió también varias epidemias que viajaron a bordo de los barcos: por esa razón el Gran Consejo de la ciudad impuso a todos los viajeros y a las embarcaciones un aislamiento de un mes en la isla de Marcana (ahora es también croata y se llama Mrkan). Esta primera cuarentena de la historia inspiró muchas otras y Venecia fue la segunda ciudad del Viejo Continente en adoptar esa medida para protegerse de enfermedades contagiosas. Con el tiempo, el período original de un mes fue extendido a 40 días, la quaranta, luego adoptada en todos los puertos de Italia, Francia y España en contacto con Oriente. En cuanto al cordón sanitario (un límite físico que no se puede traspasar para aislar una zona infectada) uno de sus principales teóricos y promotores durante el siglo XIX fue Adrien Proust, el padre del autor de En busca del tiempo perdido (una obra lo suficientemente voluminosa como para ocupar una cuarentena de varias semanas).

Ellis, la isla de los inmigrantes

Las visitas y navegaciones por el puerto de Nueva York hasta la Estatua de la Libertad incluyen por lo general la isla Ellis. Es donde funcionó el Centro Federal de Inmigración de la ciudad y por donde pasaron millones de personas que dejaron Europa para vivir el sueño americano, entre 1892 y 1954. Las instalaciones de Ellis Island abrieron sus puertas cuando la inmigración a Estados Unidos había cambiado radicalmente y los británicos, alemanes, holandeses y escandinavos ya eran una minoría. A lo largo de más de seis décadas, la isla vio pasar a 12 millones de personas y el año récord fue 1907, con más de un millón. Las instalaciones por donde se realizaban los trámites de ingreso y las inspecciones médicas se transformaron en un centro interpretativo que exhibe documentos y objetos de aquellas décadas. El recorrido aporta muchos datos concretos sobre quiénes llegaban y en qué condiciones pisaban por primera vez el suelo americano. También se descubre que los enfermos eran tratados de manera distinta según sus patologías: se mandaba de vuelta a los casos más graves, pero la gran mayoría pasaba largos períodos de cuarentena en un sector de la isla. Por el contrario, los que llegaban en buen estado de salud solo se quedaban un par de horas y la administración trataba de desagotar lo más pronto posible las inmensas filas que se formaban luego de la llegada de cada barco. Los que lograban dejar la isla luego de su periodo de confinamiento recordaban Ellis como the Island of Tears. Dos de cada cien candidatos a la inmigración no pudo llegar más allá de este pequeño islote. Más que por razones de enfermedad, eran rechazados por un pasado criminal o por sus ideas políticas.

Aislamiento en el Lazzaretto Vecchio, de Venecia

Como principal potencia comercial del Mediterráneo y del sur de Europa durante varios siglos, la Serenísima estuvo varias veces en primera línea durante las epidemias de peste que venían por lo general del Cercano Oriente.

La isla recurrió varias veces a las cuarentenas en épocas en las cuales no se sabía cómo luchar contra la propagación de la enfermedad. El aislamiento era la solución habitual que preconizaban los dogos y sus consejeros. Es así que el Lazzaretto Vecchio se transformó en uno de los principales lugares de cuarentena en Europa durante la Edad Media. Originalmente fue un monasterio que recibía a los viajeros de regreso de peregrinación a la Tierra Santa. A principios del siglo XV se transformó en el hospital de Santa Maria Stella del Cielo, con dos unidades: una para mujeres y otra para hombres. Pasada la epidemia de peste, las casas de la isla sirvieron de viviendas de cuarentena para los que venían de Oriente, tanto los casos sanos como los dudosos, que permanecían 40 días en el Lazaretto. Luego de remodelaciones durante los siglos XIX y XX, ya sin uso sanitario, el islote vecino al Lido tuvo varios usos. Durante un tiempo, se hicieron obras para crear un museo municipal y durante las obras se desenterraron cientos de esqueletos de víctimas de la peste.

Hasta la pandemia de coronavirus, se organizaban visitas guiadas un par de veces al mes, los fines de semana.

Cuarentena para astronautas

El principio de la cuarentena se aplicó a todos los astronautas que pisaron el suelo lunar, y los primeros en estrenar el MQF (Mobile Quarantine Facility) fueron los tres pioneros del Apolo 11 -Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin- en julio y agosto de 1969. Pasaron varias semanas en total en este pequeño módulo que se exhibe en el museo del USS Hornet, en Alameda, en la Bahía de San Francisco. El portaaviones rescató a los astronautas de las misiones Apolo 11 y 12 en alta mar, a su regreso de la Luna. Cuando fue transformado en museo, se dejaron en exhibición varios elementos de aquellos programas de la NASA. El MQF es el más llamativo de todos: la muestra incluye también el módulo de cuarentena de la misión Apolo 14, varios aviones militares y un helicóptero utilizado en la película que recreó la abortada misión Apolo 13, en 1995. Los MQF habían sido creados por la NASA y preparados para que varias personas pudieran convivir en un espacio muy reducido . El único contacto que tenían los astronautas con el exterior era por medio de aparatos de comunicación. Una vez recuperado por el USS Hornet, el módulo era llevado hasta la base de la NASA en Houston donde se completaba el periodo de cuarentena.

Cuando termine el periodo de restricciones total impuesto por el estado de California actualmente, el barco-museo volverá a abrir todos los días de 10 a 17.00. La entrada cuesta US$ 20.

Pierre Dumas (publicado por La Nación el 14/04/2020)

Recuperable de https://www.lanacion.com.ar/turismo/sitios-famosos-sus-cuarentenas-historicas-nid2353799

Argentinos varados en Italia

“Es desesperante porque tampoco se habla por parte del gobierno de vuelos desde Roma. Se habla de vuelos que saldrían desde Madrid, pero parece que Italia no figura en los planes de nadie”, dice Ignacio Mariano Méndez de 25 años, uno de los tantos argentinos varados en Italia.

Ignacio relata su odisea desde Torino y no puede volver a su casa en Berazategui: “Llegué a Europa el 17 de frebero, mucho antes que fuera decretada la cuarentena en los dos países. En mayo me quedo sin departamento, tengo que ir a Roma y buscar donde alojarme. Propusimos ser reempatriados en los vuelos que traen a los italianos desde Argentina y que salen vacíos desde Roma, pero no tuvismo respuesta”.

Nadie sabe con exactitud cuántos son, “somos entre 500 y 700 personas” dice Ignacio, pero podrían ser incluso el doble según fue publicado por Infobae y La Nación al contar la historia de la cordobesa Isabel Ribotta, una paciente oncológica de 78 años que cumple la cuarentena en un hotel de Roma desde el 23 de marzo, en su primer viaje a Europa en el que falleció su esposo. No hay conteos exactos, pero se calcular que habría más de 12 mil argentinos varados en todo el mundo.

Isabel e Igancio sólo son los casos más conocidos de los miles de argentinos que quedaron varados en todo el mundo: “no tenemos una respuesta acerca de una fecha de retorno, nos reprograman y cancelan los vuelos constantemente y ahora de Aerolíneas Argentinas directamente nos dicen que podemos volver recién en julio. Hay mucha gente que ya no tiene cómo pagar sus alojamientos y alimentos”, termina Ignacio.

En esta situación de angustia e incertidumbre que atraviesan miles argentinos varados en los más diversos rincones del planeta, están logrando organizarse para dar a conocer sus casos mediantes las redes sociales. Es posible seguirlos mediante el hashtag #VaradosEnItalia así como a los que están varados en cualquier otro lugar del mundo y en Instagram cuentan con el perfil @varadosenitalia donde puede leerse:

“Somos un grupo de ciudadanas/os argentinos varados en Italia. Todos estamos estamos en la misma condición de aislamiento y actualmente no tenemos forma de retornar. Ya nos cancelaron varios vuelos y tenemos noticias de que están repatriando argentinos en distintas partes del mundo, no así desde Italia, ni antes ni después de haberse decretado la cuarentena en ambos países. Es más, estamos recibiendo reservas para eventuales vuelos por parte de Aerolíneas Argentinas u otras aerolíneas, las cuales son canceladas entre las 24 y 48 hs. de emitidas. También, hemos recibido información que recién en el mes de julio, comenzaría la repatriación desde este país.

Cumplimos con todos los requisitos solicitdos, presentando los formularios requeridos para la repatriación, dado que la gran mayoría de nosotras/os debe reintegrarse a sus actividades laborales.

Necesitamos y queremos volver al país y cumplir con la cuarentena que corresponda, como lo estamos haciendo hasta ahora desde principios de marzo. No hemos presentado síntomas de Covid-19. Comprendemos lo complicado de la situación, las prioridades que se deben contemplar y sabiendo que estamos en uno de los países con más riesgo, necesitamos tener una respuesta a corto plazo.

Por lo tanto, solicitamos que los organismos encargados, creemos que el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, junto a los Ministerios de Salud y de Turismo y Deportes, puedan analizar este tema a la mayor brevedad posible y determinen las medidas que se van adoptar para nuestra repatriación, brindándonos una información fehaciente a través de los canales oficiales correspondientes.

Desde ya, muchas gracias”.

Paolo Bonanno

El coronavirus y la hora del juicio final

¡Viva el coronavirus! Milenaristas y anticapitalistas, soberanistas y nihilistas, terraplanistas y comunistas hinchan por él. La espada de la justicia vuela sobre sus alas, sus estragos anuncian la venganza del estado sobre el mercado, de la fe sobre la razón, de la naturaleza sobre el hombre, del “pueblo” sobre el “neoliberalismo”. Del bien sobre el mal, en fin: la hora del juicio finalmente ha llegado.

Todos juntos, el Estado en nombre del pueblo y la Fe en nombre de la naturaleza – o viceversa, da lo mismo – nos purgarán y redimirán, sanarán las plagas eternas del individualismo y del egoísmo. El virus tendrá éxito donde fracasó el espíritu de San Pablo, la utopía de Moro, el buen salvaje de Rousseau, la ametralladora del Che: creará el “hombre nuevo”. ¡Viva el virus! ¿O no?

Todo parece darles la razón: la pandemia causa miedo, el miedo estimula la culpa, la culpa busca la expiación, la expiación es la antesala de la salvación.

¡Camino a los salvadores! Ya hay quienes han tomado plenos poderes, quienes juran disparar a los infractores, quienes emiten decretos de urgencia como si fueran las cuentas del rosario. Y camino a la vigilancia de los acusones, a los ciudadanos más intolerantes y mojigatos, siempre listos para denunciar a los réprobos a las autoridades: por nuestro bien, claro. Esta es la cadena producida por tales tragedias, desde que el hombre es el hombre.

En realidad, ya no es lo que fue: las antiguas plagas demediaban la población, exterminaban amos y sirvientes, imponían la despiadada trampa maltusiana. Pero el hecho sigue siendo: éramos caducos, seguimos siendo caducos; por cada obstáculo que derribamos, otro se levanta frente a nosotros. No es mala suerte ni maldición. Es historia, es vida.

De ahí el miedo y, con el miedo, la culpa: ¿qué habremos hecho para sufrir parecido flagelo? Es un pensamiento pueril, una reflexión irracional, pero ¡ay de subestimarlo! Pérfido y penetrante, el sentimiento de culpa se disfraza de buenas intenciones, como a cada año nuevo, como el día de la boda.

Es inútil, pero nunca se sabe: seré más cariñoso y prudente, respetuoso y paciente, parco y piadoso. Estamos listos para expiar nuestras “culpas”, para arrojarnos en los brazos amorosos de los que nos absolverán. ¿El insensible? Que se trague este elixir de bondad!

Tranquilos: nadie nos obligará a ningún auto de fe; al fin y al cabo, estamos en el siglo XXI. Sin embargo, estoy seguro de que eso es lo que muchos piensan y desean: “no podíamos quedar sanos en un mundo enfermo”, sentenció el arzobispo de mi ciudad. Se lo intuye de la melosa retórica sobre el “redescubrimiento” de la familia, el “rescate” de los valores, el “retiro” de la contaminación, el “retorno” de la fauna, la “reacción” del orgullo nacional: ¡qué hermosa la cuarentena!

El castigo nos ha aplacado, soñamos con recuperar la inocencia perdida, con volver al estado de naturaleza. “Gracias coronavirus”, entonan los más entusiastas: qué saludable onda purificadora, qué oportuna explosión moralizante, qué sagrado leñazo sobre nuestros vicios. Expiación, expiación, expiación.

Así es como se entra al campo minado, como las campanas de alarma comienzan a sonar. ¿Yo solo las oigo? Sí, porque si hay “culpa” debe haber “culpable”, una bruja para quemar porque se apacigüe la naturaleza, un cáncer para erradicar porque se salve el organismo, un chivo expiatorio para sacrificar en el altar del “bien común”: la historia está llena de eso. La elección es amplia pero nunca accidental: dependerá de nuestra “cultura”, de la escala de valores de nuestra sociedad.

Por ejemplo: no veo a Angela Merkel tratando de “miserable” a un empresario. En una sociedad donde la ética del trabajo es sagrada, saldría mal parada. ¿Por qué difamar a quienes producen riqueza, crean empleos, pagan impuestos? ¿Por qué morder la mano que puede ayudar? Pero no me sorprende que lo haya hecho el presidente argentino, ni que las encuestas lo recompensen: si la prosperidad es un pecado y la pobreza una virtud, si hacer negocios es “adorar al becerro de oro”, insultarlo lleva grano para el molino: ¿hay mejor chivo expiatorio?

No importa: señalado el “mal” y expiada la “culpa”, ya se vislumbra la tierra prometida. “Viviremos en un mundo mejor”, en un mundo más “solidario”, se escucha por todas partes. Ojalá, si por solidaridad se entiende un arranque altruista, un impulso voluntario, un intercambio libre basado en la “amistad”. Pero me temo que muchos piensen en la consabida “solidaridad de Estado”: un juego de palabras, un truco de cartas, un robo con el que el gobierno le da a sus clientes lo que le quita a sus enemigos.

¿Qué concluir? Todo sopla en favor de la hinchada del virus, de quienes quieren aprovecharlo para limpiar nuestras almas, organizar nuestras vidas, planificar nuestras economías, imponernos sus verdades.

Pero una vez que termine la pandemia, mediremos la pobreza y la desesperación, la deuda y el desempleo, el conflicto y el rencor. Veremos entonces que el “hombre nuevo” es el de siempre: bueno y malo, ni bueno ni malo; que nuestro mundo caótico e imperfecto era mil veces mejor que el valle de lágrimas dejado por el virus. Se cerrará en ese instante el tiempo de los agoreros y volverá el tiempo de los constructores.

Arreglar las cosas dependerá como siempre de los “miserables” que invierten y arriesgan, de los “egoístas” que producen y prosperan, de los “individualistas” que se mofan de tutores y de burócratas, de grillos parlantes y de cassandras.

Así fue y aún será: la peste no impidió el Renacimiento, la viruela la Ilustración, la fiebre española la democracia liberal; el coronavirus no detendrá la innovación tecnológica o la globalización, las ganas de vivir y el deseo de abrir nuevas fronteras. No se trata de tener una fe ciega en el futuro, de cultivar ideas ingenuas de “progreso”: es que así es la historia, así es la vida.

Loris Zanatta (publicado por Clarín el 10/04/2020)

Recuperable de https://www.clarin.com/opinion/coronavirus-hora-juicio-final_0_X1cUhGRWe.html?fbclid=IwAR0DIrIINwtxkGgBkykSD50uspNe-mVOJPOtBbHkwfN6_Kd0Zy8lvcZSrPQ

Estudiantes discriminados en Buenos Aires: los acusan falsamente de romper la cuarentena por ser italianos

Tres estudiantes italianos de intercambio estudiantil en Buenos Aires vivieron horas de verdadera angustia por la tarde del sábado 11 de abril. Tras dos meses de residencia en el país debieron cambiar de alojamiento por razones de fuerza mayor contratando un nuevo alquier tamporáneo sobre la Avenida Santa Fe al 4.900 en el barrio de Palermo llevado sólamente sus valijas de viaje. Su llegada no fue bien recibida por sus nuevos vecinos que en plena pandemia del Covid-19 los denunciaron por violar la cuarentena y llamaron al 134, al 911 y al canal de noticias Crónica TV.

Los tres contaban con la documentación regular del caso tal cómo se los había indicado el personal policial y en pocos minutos resolvieron la situación con las fuerzas del orden. A pesar de eso, y en clara violación de las normas dispuestas por la cuarentena vigente, unos vecinos se agruparon con los periodistas en la entrada del edificio para manifestar su contrariedad hacia los estudiantes y el accionar del personal policial. El motivo central de la protesta era el temor de ser contagiados de coronavirus al tratarse de personas de nacionalidad italiana y que los jóvenes provenían de uno de los países más infectados del mundo.

Lejos de asumir una postura neutral y objetiva, los periodistas se hicieron eco de lo manifestado por los vecinos acusando a los italianos de romper la cuarentena y ser posibles agentes de contagio, llegaron a poner en duda la fecha de ingreso al país y el número de los recién llegados. Los periodistas afirmaban que se trataba de cuatro italianos llegados en marzo procedentes de lugares distintos.

Esto sucedía mientras en la pantalla alternaban placas rojas denunciando que “cuatro italianos rompieron la cuarentena”, “por decreto está prohibido mudarse”, “todo un edificio desesperado”, “denunciar a quienes no cumplen la cuarentena: línea 134” y aún “vecinos indignados temen lo peor” para llegar a “nos van a infectar a todos” y hasta insinuar un posible delito con la pregunta “¿italianos con papeles truchos?”.

La nota fue repentinamente sacada del aire luego que la referente de los estudiantes Ana María De Lellis junto a un colaborador informaron lo sucedido al Inadi y al mismo canal Crónica TV. A pesar de eso las guardias periodísticas del noticiero El 9 prosiguieron hasta la noche llegando a incomodar personalmente a los estudiantes.

Paolo Bonanno

El FMI: prevé la peor caída desde 1929 y que los países pobres y con “deuda insostenible” como Argentina corren gran riesgo

La pandemia del coronavirus provocará “la peor caída económica desde la Gran Depresión” de 1929, estimó hoy la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, quien advirtió además que países emergentes y pobres como los de Latinoamérica “corren un gran riesgo”.

La jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI) destacó que el mundo está confrontado a una “crisis sin igual”.

Según el organismo con sede en Washington, 170 países de sus 189 miembros van a registrar una contracción de su ingreso per cápita este año. El pronóstico cambió desde hace tres meses, cuando el Fondo proyectaba crecimiento en 160 naciones.

Georgieva indicó que de la misma forma que la emergencia de salud golpea a las personas vulnerables con más fuerza, se espera que la crisis afecte en mayor medida a los países más pobres. Expresó además que los países emergentes y pobres, en África, Latinoamérica y parte de Asia, enfrentan un “gran riesgo”.

Según explicó, tienen menos recursos, con sistemas de salud más débiles, y además están peligrosamente expuestos a perturbaciones de la demanda y de la oferta, con un “drástico endurecimiento de las condiciones financieras”.

Georgieva señaló que muchos de estos países “enfrentan el espantoso desafío de luchar contra el virus en ciudades densamente pobladas y en barrios marginales donde la distancia social –que es una medida recomendada por las autoridades sanitarias para evitar el contagio– es una opción poco viable”.

En una referencia en la que usó las mismas definiciones que el gobierno argentino –y que el propio Fondo también usó en los últimos meses para hablar del país–, agregó que “algunos países enfrentan la carga de una deuda insostenible”.

Al respecto, destacó que “necesitan ayuda urgentemente” y que en conjunto con el Banco Mundial están haciendo un llamado a que se suspenda el servicio de la deuda de los países más pobres del mundo con acreedores bilaterales oficiales. Además, el Fondo está estudiando el uso de líneas de crédito preventivas para llevar efectivo a los países y establecer préstamos a corto plazo; también otras opciones de financiación como el uso de activos especiales de giro (DEG).

La economista búlgara dijo que en los últimos dos meses la salida de capitales de los mercados emergentes fue de cerca de 100.000 millones de dólares.

Contexto global

En su descripción del contexto global, Georgieva dijo que la economía mundial tendrá un comportamiento “marcadamente negativo” en 2020, sin dar estimaciones, en un discurso antes del inicio de las reuniones semestrales del organismo durante las cuales la entidad multilateral publicará sus previsiones anuales.

Este año, el evento global donde el FMI y el Banco Mundial congregan a ministros, organizaciones multilaterales y altos ejecutivos del mundo financiero, también se vio perturbado por el coronavirus y será celebrado este mes en un formato virtual. “Todavía nos enfrentamos a una extraordinaria incertidumbre sobre la profundidad y la duración de la crisis”, dijo Georgieva sobre las consecuencias de una pandemia que comenzó en diciembre en China y ha dejado decenas de miles de muertos en el mundo.

La titular del FMI recordó que la capacidad de préstamo del organismo es un billón de dólares y que la entidad está respondiendo a llamados sin precedentes de financiamiento de emergencia. El FMI tiene previsto publicar el martes próximo el informe completo con sus previsiones económicas.

Con información de AFP, publicado por Infobae.com el 09/04/2020

Recuperable de https://www.infobae.com/economia/2020/04/09/duro-pronostico-del-fmi-preve-la-peor-caida-desde-1929-y-que-los-paises-pobres-y-con-deuda-insostenible-como-argentina-corren-gran-riesgo/

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