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diciembre 2019

La misteriosa desaparición de un genial físico que se esfumó para no construir la bomba atómica

Un expediente policial delgado. La carátula dice Desaparición con propósito de suicidio. En una de sus pocas páginas una anotación manuscrita. Subrayada dos veces. “Quiero que lo encuentren”. Podía haber sido la expresión de deseos de un familiar desesperado. Pero no. Al leerla, el comisario que llevaba el caso –que hasta ese momento pensaba que su mayor problema era el de lidiar con la ansiedad de la familia del desaparecido hasta que se le fueran apagando las esperanzas- comprendió que lo que él tenía entre manos no era un caso más. Después de leer esa frase de cuatro palabras, lo recorrió un escalofrío por todo el cuerpo: la letra la podía identificar cualquier italiano de la época. El Duce Benito Mussolini en persona, de puño y letra, dejó su orden (nadie lo hubiera interpretado como un deseo) en el expediente de Ettore Majorana.

Ettore Majorana era un físico italiano que al momento de su desaparición, en 1938, tenía 32 años. Muchos sostienen que la física hubiera sido otra si se hubiera mantenido en actividad al menos 10 años más. Sin embargo en vida sólo publicó seis o siete trabajos muy breves.

Enrico Fermi, premio Nobel de física 1938 y de quien Majorana había sido discípulo, dijo: “Hay varias clases de científicos. Están los de segundo y tercer orden, que hacen correctamente su trabajo. Están los de primer orden, que hacen descubrimientos que abonan el progreso de la ciencia. Y luego están los genios como Galileo o Newton. Pues bien, Ettore Majorana era uno de ellos”.

En el colegio había deslumbrado con su precocidad. Luego, ingresó a la facultad de ingeniería. Al poco tiempo pidió su traspaso a la de física. Ingresó en el más exclusivo grupo de físicos de Europa, los Ragazzi di Vía Panisperna, dirigidos por Enrico Fermi.

Leonardo Sciascia, en su libro La desaparición de Majorana que en estos días reedita Tusquets, escribió que Majorana llevaba la ciencia dentro, que era una condición natural para él. Para los otros, sus colegas, un acto de voluntad. “Para Majorana la ciencia era un secreto interior, que ocupaba el centro de su ser; un secreto del que no podía escapar sin escapar a la vez de la vida, sin que la vida escapara”.

Sus métodos de trabajo no eran convencionales. Cuando era pequeño, y sus padres descubrieron su don, se escondía debajo de la mesa para pensar con claridad, desde allí daba siempre la respuesta correcta. De grande anotaba, a toda velocidad, con letra ilegible y a lápiz, sus fórmulas en marquillas de cigarrillo. Luego de exponerlas verbalmente ante otros físicos de su equipo -y fumado el último cigarrillo- hacía un bollo con el envoltorio y lo tiraba a la basura. Se negaba sistemáticamente a publicar sus descubrimientos.

Cierta vez mientras le comentaba a sus compañeros de Via Panisperma una de estas fórmulas, éstos descubrieron que Majorana había formulado, como en un comentario al paso, la teoría de los protones y neutrones. Le pidieron que la hiciera pública. Ettore se negó.

El físico alemán Werner Karl Heisenberg recién la formularía y daría a conocer al mundo dos años después. Majorana al enterarse no demostró resentimiento ni envidia alguna. Al contrario, solicitó una beca para ir a estudiar a Leipzig con Heisenberg. La consiguió de inmediato. Allí se hizo gran amigo del físico alemán. Tal vez fuera porque como dice Sciascia: “Heisenberg vivía el problema de la física y su papel como físico dentro de un vasto y dramático contexto de pensamiento. Era un filósofo”.

Durante el tiempo que pasó estudiando en Alemania compartió largas charlas y caminatas con Heisenberg. El alemán a inicios de la Segunda Guerra Mundial alertó a los físicos del mundo de los peligros de la carrera nuclear. Vivía aterrado de esa posibilidad y no desarrolló la bomba atómica para Adolf Hitler. Sus colegas de Estados Unidos e Inglaterra no escucharon sus ruegos.

Unos meses después de la desaparición de Majorana, Enrico Fermi obtuvo el premio Nobel de Física. No volvió a Italia (no fueron estos los motivos, pero de haber vuelto hubiera estado en problemas por haber estrechado la mano del rey de Suecia al recibir el Nobel: los italianos esperaban que levantara el brazo derecho enérgicamente haciendo el saludo romano). Se instaló en Estados Unidos y participó en el Proyecto Manhattan, el proyecto que desarrolló la bomba atómica que devastó a Hiroshima y Nagasaki.

Al volver de Alemania, Ettore Majorana se mantuvo alejado del mundo de la física durante tres años. Cuando Fermi anunció que dejaba su puesto se presentó, sorpresivamente, a concursar por el cargo. Eso trajo un grave problema administrativo. Todos lo pensaban retirado. Al presentarse, Majorana debía ganar el cargo. Tal era su superioridad. Las autoridades decidieron suspender el concurso y le dieron una cátedra universitaria en Nápoles en reconocimiento a sus méritos científicos.

Duró apenas tres meses en la Universidad. Sacó un pasaje en barco de Nápoles a Palermo. Envió dos cartas de despedida. Una a Carelli, un colega. Otra a su familia. Y desapareció. Para siempre. Sin dejar rastro.

La carta dirigida a su familia: “Sólo les pido una cosa: no vistan de negro, y, si es por seguir la costumbre, póngase alguna señal de luto, pero no más de tres días. Luego, si pueden, recuérdenme con el corazón y perdónenme”.

La carta a Carelli decía: “He tomado una decisión a estas alturas inaplazable. No es por egoísmo, aunque soy consciente de los trastornos que mi repentina desaparición les causará a ti y a los alumnos. Te pido perdón, por eso y sobre todo por traicionar la confianza, la sincera amistad que me has demostrado estos meses. Dales por favor recuerdos a quienes he podido conocer y estimar en tu instituto, en especial a Sciuti; siempre los recordaré con cariño, al menos hasta las once de esta noche, y es posible que después también”.

Carelli recibió la carta junto a un telegrama, despachado por Majorana pocas horas después donde le decía que olvidara lo que en ella había escrito. Al día siguiente recibió otra carta de Ettore: “Querido Carelli: Espero que te llegaran a la vez el telegrama y la carta. El mar me rechaza y vuelvo mañana al Hotel Bologna, quizás en el mismo barco que esta carta. Pero voy a renunciar a la docencia. No creas que soy como una de esas jovencitas ibsenianas, porque es distinto. Seguiremos en contacto”. La carta es del 26 de marzo de 1938, con membrete del Grand Hotel Sole de Palermo. Esa misma tarde tomó el barco hacia Nápoles. Nunca más se supo de él. Al menos oficialmente.

Jamás se había preocupado demasiado por el dinero. Hasta el día en que desapareció. Ese día retiró del banco los sueldos de los últimos cuatro meses, de los que no había tocado un peso. Además, le pidió a uno de sus hermanos que le enviara el dinero que tenía ahorrado. También llevó con él su pasaporte. Demasiadas previsiones para un suicida.
La madre de Majorana nunca creyó que su hijo se hubiera suicidado. En su testamento le dejó al hijo la parte de la herencia que le correspondía “para cuando vuelva”. Le escribió una carta a Musssolini para que se ocupara de la búsqueda de su hijo: “Fue siempre una persona juiciosa y equilibrada y por eso el drama de su alma y de sus nervios parece un misterio. Pero una cosa es cierta, y así lo dirán todos sus amigos, su familia y yo misma, que soy su madre: nunca dio muestras de trastorno psíquico o moral como para que podamos pensar que se suicidó; al contrario, lo tranquilo y riguroso de su vida y sus estudios no permite, incluso lo prohíbe, creer que fuera otra cosa que una víctima de la ciencia”.

Sus cartas de despedida –la dirigida a su familia y la de Carelli- tienen letra firme y decidida, la letra habitual de Ettore. No hay rasgos temblorosos como en todas las notas suicidas. Acaso en las mismas cartas existan algunas claves más en su redacción.

En abril de ese año, la foto de Ettore Majorana apareció en los diarios. En la sección personas buscadas. Muchos llamaron para dar datos. Aseguraban que habían visto al hombre de la foto varios días después de su desaparición.

Enrico Fermi, en cambio, ya había perdido las esperanzas de volver a ver a Ettore. Cuando la policía lo consultó sobre el posible destino de Majorana, su respuesta fue contundente: “Con lo inteligente que era, tanto si hubiera decidido desaparecer como hacer desaparecer su cadáver, lo habría logrado sin ninguna duda”.

¿Qué pasó con Majorana? ¿Qué es lo que hizo? Nadie lo sabe con certeza. Su cuerpo no apareció jamás. Sus biógrafos debaten con ardor y sostienen distintas hipótesis. Algunos afirman que se suicidó en el barco en que retornaba a Nápoles.

Otros que se refugió en Argentina. Siempre en estos relatos de desaparición hay una pista argentina. Algunas personas testimoniaron haberlo visto en el país austral durante las décadas del 50 y 60.
Una versión distinta lo sindica como L’umo cane, el hombre-perro, un vagabundo de las calles de Mazara del Vallo, un pueblito siciliano, hasta que apareció muerto por causas naturales el 9 de julio de 1973. L’OmuCani ayudaba a los jóvenes del pueblo con sus tareas de física y matemáticas y caminaba apoyado en un bastón, que en el puño llevaba tallado 5-agosto-906. La fecha en que había nacido Ettore Majorana: 5 de agosto de 1906.

La sospecha de que fue secuestrado y asesinado por los intereses cruzados en la carrera del armamento atómico también fue esgrimida por sus biógrafos.

Pero sin dudas, es la hipótesis sostenida por Leonardo Sciascia la más convincente. Sciascia visita, con un amigo periodista, un convento. Más de treinta años después de los hechos. Va tras un rastro difuso, una figura que se desvaneció en el aire. Le habían dicho que en ese convento había vivido, retirado, un gran científico. Pocos días antes de su visita alguien le hace llegar una revelación. Se comentaba, no era una certeza, que en ese mismo convento estaba asilado un miembro del Enola Gay, el avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima. A partir de allí, de ese dato revelador, todas las dudas de Sciascia se convirtieron en certezas. Una revelación. Una experiencia metafísica. Esos dos hechos, no confirmados -sin la autoridad del dato, con el dudoso prestigio del dato-, no podían carecer de significado. “¿Cómo no iban a estar estas dos circunstancias relacionadas -pregunta Leonardo Sciascia-, a reflejarse la una en la otra, a explicarse mutuamente, a valer como revelación?”.

Ya en el convento, mientras el prior los guiaba por sus laberintos con amabilidad y pocas respuestas, el escritor italiano no quiso ya preguntar nada, saber nada (más de lo que ya sabía). “Nos sentimos como llamados, obligados a guardar un secreto”, escribe Sciascia.

Pero todavía subsisten las preguntas sobre los motivos por los cuales un joven científico brillante como Majorana se esfumara.

Ettore Majorana, “el hombre que escapó a su destino” como lo llamó Juan Forn, tal vez vio el futuro. El negro futuro. Si seguía en actividad. Su capacidad, su don, lo hubiera llevado por un sendero maligno. Él, y la ciencia que llevaba en su interior, que era parte de su esencia, no podía no ver lo que los otros buscaban, pero todavía no descubrían.

Sus compañeros y su hermana sostienen que en los meses previos a su desaparición trabajaba febrilmente en algo “muy importante, pero que evitaba hablar de ello”.

Ettore Majorana, cuando se refirió al descubrimiento de Heisenberg, dijo que el alemán había dicho todo lo que se podía decir sobre el tema, quizás demasiado.

Ese demasiado, tal vez, se refiere no a un plano científico, sino moral. Tal vez, Majorana tomó conciencia de que si seguía en actividad no podía no construir la bomba atómica. Lo que es seguro, lo que no admite especulación, es que supo ver los alcances de la investigación de la física nuclear, de su poder destructor en manos de las potencias mundiales. Y supo también que llegado el momento los que decidían actuarían de la misma manera: Hitler, Mussolini, Hirohito o Harry Truman.

Y con ese conocimiento, con esa convicción, Ettore Majorana prefirió desvanecerse.

Eligió que se declarase su presunción de muerte.

Eligió no ser responsable de la certeza de la muerte (de los otros).

Matías Bauso (publicado por Infobae.com el 27/11/2019)

Recuperado de: www.infobae.com/historias/2019/11/27/la-misteriosa-desaparicion-de-un-genial-fisico-que-se-esfumo-para-no-construir-la-bomba-atomica/

El pequeño pueblo medieval italiano que busca ser el nuevo Mónaco

Entre las fronteras italianas ya se encuentran la Ciudad del Vaticano y San Marino, pero hay quienes amenazan con crear otro microestado. Son los 300 habitantes de Seborga, un pueblo medieval junto a la frontera con Francia que reivindica su independencia del Estado italiano desde hace más de cincuenta años.

Seborga, cuya historia se remonta al siglo IX, ha vuelto a las noticias al haber elegido a su nueva soberana, la primera mujer, la princesa Nina Döbler Menegatto, que a partir de ahora recibirá el título de la Sua Tremendità. La nueva princesa resulta ser la exmujer del anterior príncipe, Marcello I –quien abdicó por motivos personales y ahora vive en Catalunya– y ganó las elecciones con 122 votos contra los 69 de su única contrincante, Laura Di Bisceglie, la hija del florista que declaró la independencia de este territorio en 1963 y se autoproclamó príncipe Giorgio I.

Por supuesto, Italia nunca los ha reconocido.

Argumentos históricos

Los habitantes de Seborga claman que tienen motivos históricos de peso para ser independientes. Según explica Luca Pagani, portavoz del principado, el conde Guidone de Ventimiglia donó en el 954 el territorio a los monjes benedictinos de la abadía de San Honorato en las islas de Lérins, situadas delante de Cannes.

A partir del siglo X el abad empezó a usar el título de príncipe con la autorización del papa Gregorio VII, e incluso en 1666 obtuvieron su propia moneda, el luigino, la adaptación italiana de pétit-Louis, por el Louis, la entonces moneda francesa. Pronto estas tierras empezaron a ser incómodas para los monjes, así que tras unas malas cosechas y la negativa de los campesinos a pagar más impuestos, el abad decidió vender el territorio a Vittorio Amedeo II de Savoia, rey de Sardegna, en 1729.

El principio del conflicto

Este es el principio de todas las reivindicaciones independentistas de Seborga. La teoría de sus defensores es que el acto de venta de 1729 a los Savoia nunca fue legal porque no quedó registrado.

Además, el territorio fue vendido “como posesión personal del rey, no para que entrase en el reino de Sardegna, sino que el monarca iba a ejercitar un rol de protector”, asegura Pagani, que afirma que Vittorio Amedeo II pagó con sus propios fondos y no con los del reino.

Agregan que el soberano nunca utilizó el título de príncipe de Seborga, y que “en 1815 ningún documento del Congreso de Viena dice que Seborga formaba parte del Reino de Sardegna”, y que, por lo tanto, la anexión de Sardegna, en 1861, al Reino de Italia y, en 1946, a la República Italiana deben ser consideradas “unilaterales e ilegítimas”.

Campaña de marketing y los Grimaldi como modelo

“Somos independientes porque nunca hemos dejado de serlo”, promete la princesa Nina, que se dedica a la inmobiliaria y vive a caballo entre Seborga y el cercano Mónaco. Ella quiere, precisamente, el modelo de los Grimaldi.

“Mis electores sostienen que debemos ser como Mónaco, es decir, independientes pero con los servicios italianos. Fomentaría el turismo y ayudaría a las poblaciones italianas cercanas”, opina. La princesa tampoco esconde que tras la defensa de esta independencia hay una campaña de marketing turística.

Las reivindicaciones soberanistas de Seborga habían quedado olvidadas hasta 1963, cuando Giorgio Carbone (luego el príncipe Giorgio) decidió recuperar la historia y creó una constitución, un himno, una bandera, una matrícula de coche y empezó a promover el retorno del luigino, que ahora se cambia a 0,18 euros.

Carbone murió en el 2009 y en el 2010 fue elegido Marcello, porque decidieron que como los célibes abades no se pasaban el principado por herencia debían someter el título a votación. Han sufrido muchos desafíos, hasta un intento de golpe de Estado. En el 2016 un ciudadano francés que se presentaba como Nicola I declaró ser él el verdadero príncipe de Seborga y en un vídeo para las 300 almas del municipio prometía batirse para lograr finalmente la independencia.

¿Referéndum o autodeterminación?

Entre las propuestas electorales de la Sua Tremendità está hallar los papeles que sostendrían sus tesis en los archivos del Vaticano y del Estado italiano.

Preguntada por si piensan reclamar un referéndum de autodeterminación, Menegatto rechaza hacer nada “ilegal”, porque su plan es recurrir a la justicia europea. No bromea cuando asegura que lo pueden lograr. “Nada es imposible, mira el Brexit o Trump”.

Eso sí, no apoyan la independencia de Cataluña​. Las autoridades de Seborga creen que “el elevado grado de incertidumbre de la cuestión no consiente al principado de asumir una posición clara y definida” y optan por la cautela: “Esperaremos el desarrollo de la situación y las reacciones de la comunidad internacional”.

Anna Buj (publicado por Clarín el 22/11/2019)

Recuperado de: www.clarin.com/mundo/pequeno-pueblo-medieval-italiano-busca-nuevo-monaco_0_zNrDYtLb.html

Casas por 1 euro en Italia

Viviendas con filtraciones en sus tejados, paredes agrietadas, revoques desprendidos, pisos levantados por la humedad y problemas en la conexión de la luz, el gas y el agua. Este tipo de propiedades en estado de abandono están distribuidas por distintas regiones italianas, y la mayoría están deshabitadas. Sus dueños -que las heredaron de sus antepasados- ya no son residentes porque decidieron emigrar a las grandes ciudades en busca de mejores oportunidades. Y si ese éxodo continúa firme, el destino de esos lugares será convertirse en “pueblos fantasmas”.

Muchos de ellos se levantan en cascos históricos del medioevo, a los pies de un volcán o en islas con vistas al Mediterráneo. Otros, en cambio, ofrecen panorámicas privilegiadas por estar construidos sobre montes o a 700 metros por encima del nivel del mar. Pero todos ellos tienen algo en común: necesitan de la llegada de nuevos habitantes para resurgir.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Italia (ISTAT), unos 6.000 pueblos sufren la despoblación. Y ante esta situación, el Gobierno puso en marcha un ambicioso plan que consiste en la venta de casas a tan solo 1 euro con el objetivo de conseguir nuevos pobladores.

De hecho, en los últimos días se conoció la historia de una argentina que adquirió una propiedad de 250 metros cuadrados por un precio insólito en un pequeño pueblo italiano llamado Mussomeli. La argentina Cecilia Solari, una artesana de 46 años que tras la muerte de su esposo -en 2016- se dedicó a recorrer el mundo, fue una de las que decidió invertir 1 euro para quedarse a vivir en la comuna siciliana de Sambuca.

Bivona, Sambuca, Mussomeli, Salemi, Regalbuto y Gangi (en Sicilia); Borgomezzavalle y Carrega Ligure (en Piemonte); Cantiano (en Marche); Zungoli (en Campania); Fabbriche di Vergemoli y Montieri (en Toscana); Patrica (en Lazio); Ollolai y Nulvi (en Sardegna) y Lecce nei Marsi (en Abruzzo) son algunas de las comunas promocionadas para tal fin, según publicó Lainformacion.com. Esto fue posible tras un acuerdo hecho entre los municipios y los dueños de las viviendas abandonadas.

Desde el Consulado de Italia en Buenos Aires informaron a Infobae que “si bien los requisitos varían de pueblo en pueblo, hay lineamientos generales que aplican a todos estos lugares que necesitan volver a ser poblados”. Por lo que aconsejan “chequear los sitios web de cada una de las comunas para interiorizarse en los pormenores de los contratos que le hacen firmar a los compradores”.

La condición general para los nuevos propietarios es comprometerse a remodelar el inmueble adquirido en el plazo de uno a tres años, invirtiendo al menos 15 mil euros. Además, es necesario hacer un depósito anticipado de entre 2.500 y 5.000 mil euros, que se pierde si no se hace la reconstrucción. Por el contrario, será devuelto una vez finalizada la obra.

Los gastos notariales, el pago de sellos e impuestos locales también están a cargo del comprador; que suman entre 4 mil y 7 mil euros dependiendo de la región. El valor del metro cuadrado estimado para la construcción de una propiedad cotiza en 1.500 euros aproximadamente. Nada se dice sobre la tramitación de la ciudadanía o un permiso de residencia en el país ya que son cuestiones que exceden a las comunas y son de competencia del gobierno italiano.

En la comuna de Bivona, por ejemplo, sus autoridades rematan edificios ubicados en el casco antiguo, con la misión de mejorar el asentamiento con viviendas familiares, actividades turísticas, negocios comerciales o tiendas de artesanía. “Son casas deshabitadas y en malas condiciones. Son propiedad de ciudadanos privados que no tienen interés en restaurar estos edificios”, informan. Los nuevos dueños deberán iniciar las obras de refacción dentro del primer año de hecha la compra y desembolsar una garantía de 2.500 euros. Para más datos, hay que enviar una solicitud a bivona.casea1euro@gmail.com, ingresar a la web oficial http://www.comune.bivona.ag.it o al Facebook “Ciudad de Bivona”.

En Mussomeli, en tanto, las casas están situadas en el llamado “Centro Histórico” y quienes compren por 1 euro deberán cumplir ciertos requisitos, según se informa en http://www.comunedimussomeli.it/. “La escritura debe hacerse en el plazo de seis meses realizada la compra. Los gastos administrativos están a cargo del comprador. El proyecto de renovación deberá iniciarse dentro del primer año a la fecha de compra teniendo tres años para concluir la obra. La política de garantía es de 5 mil euros y en caso de incumplimiento, el Municipio tendrá la facultad de recuperar la propiedad”, precisan.

El objetivo de las autoridades sicilianas de Borgomezzavalle es atraer a familias que estén dispuestas a radicarse en la aldea abandonada de Viganella. Los interesados puede contarse vía mail a sindaco@comune.borgomezzavalle.vb.it o ingresar a la web de la comuna http://www.comune.borgomezzavalle.vb.it/ para interiorizarse en las propiedades disponibles.

Los amantes del senderismo, el ciclismo y las actividades hípicas pueden encontrar en Cantiano un lugar ideal para vivir en medio de un pueblo medieval. El Municipio le solicita al comprar una garantía de 4 mil euros dentro de los dos meses posteriores a la asignación de la propiedad. Las obras deben comenzar, a más tardar, un año después de obtener el permiso de construcción y completarse dentro de los tres años siguientes. El mail habilitado para solicitar información es case1euro@comune.cantiano.pu.it.

Debido a los exitosos resultados que se vienen dando desde hace dos años, una pareja italiana creó la web “Una casa por 1 euro” para informar sobre todos los nuevos casos que salgan a la luz, incluso en otros países como España, Francia y Gran Bretaña. Desde el sitio en cuestión se pueden bajar formularios de adhesiones y acceder a las fichas técnicas de las casas a la venta, con sus fotos y precios estimados de los gastos para hacer las remodelaciones. Actualmente hay más de 20 pueblos disponibles para descubrir y dejarse seducir por sus encantos.

Cecilia Ruth (publicado en Infobae.com el 27/11/2019)

Recuperado de: www.infobae.com/sociedad/2019/11/27/casas-por-1-euro-en-italia-en-que-pueblos-se-encuentran-y-que-requisitos-deben-cumplir-los-que-quieran-comprarlas/

Una argentina compró su casa por 1 euro en Sicilia

Mussomeli es uno de los pueblos italianos en el corazón de Sicilia que, al igual que Sambuca, vendía casas a precios bajísimos con el objetivo de poblar su territorio. Una argentina no lo dudó y se embarcó en el proyecto que busca combatir la despoblación y el éxodo de los jóvenes a centros metropolitanos. ¿El resultado? Hoy es propietaria de una vivienda de 250 metros.

En mayo se abrió la convocatoria y 138 casas salieron a la venta a un euro con una única condición: solo podrían ser adquiridas por alguien que se comprometiera a reconstruirla. Desde entonces, se vendieron más de 120 viviendas.
El contrato traía un detalle: quienes no la renueven en tres años deberán pagar los 5000 euros del depósito.

Además, se agrega otro factor: los costos administrativos y los impuestos suman unos 4000 euros más. Y a eso hay que añadir el costo de llegar volando hasta allá: unos 1000 más desde Argentina. En total, serían poco más de 10.000 euros de base de los cuales 5000 se recuperan si se cumple con el proyecto. Para anotarse hay que visitar el sitio oficial de www.case1euro.it

Los atractivos del pueblo

Mussomeli se encuentra en el medio de la isla y allí viven 11.000 personas. Ubicada en una zona montañosa, al este del río Platani, en el centro de Sicilia, tiene una elevación de 765 metros sobre el nivel del mar, lo cual le da una vista imponente desde las ventanas de sus casas.

El aeropuerto más cercano está a 150km, en Catania, y su temperatura es, en promedio, muy buena: ni muy frío ni muy caluroso. El clima es más bien continental, rígido y seco en invierno, cálido y ventoso en verano, con temperaturas mínimas en invierno de 3-6 °C y una máxima en verano con pícos de 35 °C.

Es conocida por ser uno de los lugares más seguros de Italia, gracias a un sistema sofisticado de video que controla todos los rincones y de un buen número de policías per cápita. En consecuencia, no ha habido robos desde hace años, y se destaca una presencia de numerosas fuerzas policiales que controlan la ciudad.

Como suele pasar en los países europeos, los pueblos más alejados de los centros corren peligro porque las tasas de natalidad son bajas. En los últimos 50 años, la población se redujo de 15.000 habitantes a casi 11.000. Por eso, gran parte de la ciudad está abandonada con casas de piedra muy antigua que necesitan de mucho trabajo para verse como hogares, lo que llevó a los gobiernos a tomar políticas destinadas a repoblar el pueblo.

Publicado en La Nación el 14/11/2019

Recuperable de: www.lanacion.com.ar/turismo/mussomeli-otro-pueblo-sicilia-vende-casas-1-nid2247653

 

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