En el día del inmigrante italiano algunos datos históricos y características sociológicas de la inmigración

Entre 1880 y 1914 cerca de 5 millones de inmigrantes ingresaron a nuestro país, que en aquel momento contaba con 2 millones de habitantes. La mitad de esos inmigrantes eran italianos que migraban por distintas razones: pobreza, persecuciones políticas, etc.

En 1880 el Estado italiano estaba recién constituido tras el proceso de unificación de la península que culmina en 1870 con el establecimiento de la capital italiana en Roma (arrancada al Papa, que desde entonces y hasta la creación del Vaticano por el fascismo se declaró enemigo del Estado italiano).

Porque el Estado italiano estaba recién constituido, sumado a la precariedad de los medios de comunicación y de las industrias culturales, la identidad italiana era casi inexistente por lo cual prevalecían en aquellos inmigrantes las identidades regionales y provinciales: napolitano, siciliano, calabrés, genovés, etc.

Los inmigrantes afincados en la Argentina crearon federaciones identificadas con las distintas regiones de Italia y sus integrantes no hablaban una lengua nacional (italiano) sino dialectos provinciales hoy casi extintos.

Los italianos de distintas regiones, instalados en la Argentina, aprendían el español no solo para comunicarse con los criollos sino incluso para comunicarse entre ellos, ya que al ser de regiones distintas hablaban distintos dialectos y por una cuestión de economía de esfuerzos era mas conveniente comunicarse en la lengua que se hablaba en el país que los había acogido.

Este proceso de “castellanización” de los italianos, que contrataba con el de sus connacionales en Italia que cada vez mas aprendían el italiano para comunicarse entre ellos tuvo varios efectos: primero, no transmitieron su lengua a su descendencia, y por eso las generaciones posteriores casi no conocen la lengua italiana ni los dialectos. Segundo, ellos mismos olvidaron su propia lengua y aprendieron el castellano dejando su marca fonética y sus vocablos en nuestro lunfardo (giro, laburo, gamba, etc), al tiempo que se erguían barreras culturales y lingüísticas para comunicarse con sus familiares que habían quedado en Italia.

La interrupción de los mecanismos de transmisión cultural de la lengua y la cultura italianas y la escuela pública argentina creada por la ley 1420 que apuntó fundamentalmente a la construcción de la nacionalidad, hizo que si bien un gran número de argentinos tiene orígenes italianos, pocos conocen la lengua italiana o la cultura.

Fuimos la segunda y tercera generación quienes con mucho orgullo recuperamos la lengua y la cultura italianas y estamos orgullosos de esas raíces. En mi caso, además, me considero un difusor de la lengua y la cultura italianas.

Luis Esteban Cicalese