Coronavirus en Argentina: desde su aislamiento, los descendientes de italianos están más conectados que nunca con sus familias en Italia

Los integrantes de instituciones y mutuales italianas locales viven pendientes de lo que pasa del otro lado del océano. “No minimicen los riesgos”, les dicen sus parientes desde Italia, uno de los países más golpeados por la enfermedad.

Aislados en sus casas pero conectados con el mundo: así viven la pandemia de coronavirus​ millones de ciudadanos. En este contexto, la doble nacionalidad multiplica el universo de parientes a quienes llamar y por los cuales preguntar. Es el caso de los descendientes de italianos en la Argentina. Se sabe, la cultura rioplatense le debe mucho a la patria del Dante. “Cuídense”, “Addio, ti voglio bene”, “Dopo parliamo”: los mensajes y las voces se cruzan a uno y otro lado del Atlántico.

Argentina comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio con 31 casos confirmados y 3 fallecidos, y aún no se llegó al pico. En Italia arrancó cuando ya se habían declarado 9.172 casos y 463 fallecidos. Al día de hoy, con casi 90 mil casos, el país europeo superó a China y aguarda a que por fin la ominosa curva comience a estabilizarse.

“Es como una serie de Netflix en la que ellos van dos o tres capítulos adelantados, pero no está dicho que aquí deba repetirse igual. Todos nuestros parientes allá nos insisten en que no minimicemos los riesgos y que cumplamos con las medidas dispuestas”, sostiene Alberto Spadoni, presidente de la Asociación Cultural Toscana de Buenos Aires.

Con una editorial de libros, cursos de idioma y una intensa actividad artística que incluye muestras en Italia y en distintos lugares de la Argentina, la Asociación tuvo que suspender una exposición de artistas latinoamericanos que iba a tener lugar en Siena. La realidad se impuso como un tsunami: “Italia sufrió una desinversión muy grande del sistema sanitario en los últimos tiempos. Bajó la cantidad de médicos, también la infraestructura, y además la pandemia se presentó a tal escala que no dan abasto los hospitales, las terapias intensivas, ni siquiera los cementerios”, explica Spadoni.

Junto a asociaciones similares en todo el mundo, los integrantes de laAsociación Cultural Toscana están abocados a difundir una campaña de recolección de fondos con el objetivo de comprar un monitor para la terapia intensiva del hospital de San Luca, en la ciudad de Lucca (de donde proviene la mayoría de los migrantes toscanos). “La solidaridad se da en forma recíproca: nosotros tratamos de aportar lo que podemos, si no son fondos también puede ser contención anímica. Ellos, a su vez, nos dan sus consejos, para que no nos pase lo mismo”, resume su titular.

Las diversas instituciones y mutuales italianas proliferan en un país que, desde la segunda mitad del siglo XIX, vio llegar a los “tanos” y después los vio traer a sus familias. Hoy las hay de muchos perfiles: por regiones o de toda Italia, mutuales, culturales, de primeras, segundas y hasta cuartas generaciones. Todas hoy comparten una misma experiencia: la de vivir la pandemia con el corazón repartido entre el hemisferio sur y el norte.

Ana María La Martire es presidenta de la Unión Molfettese Argentina María Santísima Reina de los Mártires Asociación Civil, que reúne a descendientes de la localidad de Molfetta, en la región de Apulia, frente a las costas del mar Adriático. Buena parte de su familia sigue allí, y aunque en el taco de la península no se sufre tanto el COVID 19, los mensajes abundan. De hecho, fue su primo Nino La Martire, farmacéutico, quien le envió una lista con las primeras precauciones a tomar, el 31 de enero. “Hoy nuestra asociación está conformada por personas de edad avanzada, los fundadores de la entidad y algunos de sus hijos. Suspendimos las reuniones semanales de la Comisión Directiva y las convocatorias masivas, como festejos y loterías en la sede social. Pero nos mantenemos en comunicación permanente por Whatsapp, proponemos el intercambio de recetas tradicionales, poemas, recuerdos, canciones, como una manera de acompañarse y sentirse cerca del pueblo”, comenta.

Miguel Santoro, de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y Cultural de General San Martín.
Con un profundo sentimiento religioso, la entidad participaba de acciones junto a la iglesia San Juan Evangelista, cocinaba para los chicos del barrio de La Boca –donde se encuentra su sede- y hacía donaciones para el Día del Niño, entre otras actividades que retomarán cuando la situación vuelva a la normalidad. Su efeméride más querida es la celebración de Nuestra Señora de los Mártires Navegantes, en octubre, cuando las colectividades del barrio acompañan la procesión de la Virgen por tierra y por agua, a orillas del Riachuelo. Hoy, ese sentimiento católico se refuerza. “Ya que no podemos asistir a la iglesia proponemos orar en comunidad diariamente, en un horario determinado, como forma de aunar espiritualmente el pensamiento dirigido a ‘Nuestra Madre Reina de los Mártires’, quien nos convoca y protege”, señala Ana María.

Una de las entidades más activas y renovadas es la Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina (FACA), que nuclea a 75 asociaciones, la mayoría de Capital y Gran Buenos Aires, pero también otras en todo el país. En su sede funciona además el grupo “Nuevas Generaciones Italianas”, que reúne a jóvenes que buscan conectarse con la patria y las tradiciones de los nonni, provenientes de cualquier región de Italia. “Esto cambió nuestra agenda. De hecho lo más probable es que se suspenda la fiesta Buenos Aires Celebra Calabria, prevista para el 19 de abril”, detalla Antonio Nicoletta, secretario general de la FACA y uno de los coordinadores de NGI.

El grupo tiene mucha presencia comunitaria y, de hecho, mantiene contacto por redes, pensando acciones para el día después. “El otro día una de las chicas, haciendo orden, se dio cuenta de que tenía un montón de cosas en buen estado para donar y nos propuso que hiciéramos lo mismo. Estamos pensando en una acción solidaria para cuando termine el aislamiento. Por lo general trabajamos con una ONG llamada ‘Italoargentina’, pero también podemos colaborar con otras instituciones”, dice Antonio.

Con 23 años, Chiara Brogno integra el grupo. Como buena “tana”, habla con pasión de la tierra de sus abuelos y de todo lo que queda pendiente por hacer. Fue varias veces a Italia y sueña con irse a vivir al sur, de donde viene parte de su familia. También tiene parientes en el norte, más precisamente en Lombardía, la región más castigada por la pandemia, y la voz le tiembla cuando habla de su prima Silvana, que vive allá desde 2001. “Están en Pavia, con su marido –que ya es ‘mi primo’- y sus nenas chiquitas. Cerraron su restaurante y se cuidan mucho. Siempre nos insisten en eso: que respetemos las precauciones, que no nos confiemos”, afirma. Con sus padres y su abuela, pensaban viajar a Calabria en julio, pero cancelaron la idea.

En el Museo de Flores, que funciona en el barrio desde hace más de un año y también padece las consecuencias por no poder funcionar con normalidad, apelaron a las herramientas virtuales para conectarse con Italia. Así, en el marco del programa Museo Solidario, dieron una charla gratuita en italiano a través de whatsapp.

A la espera del reencuentro, Miguel Santoro preside la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y Cultural de General San Martín, que en 2021 cumplirá 150 años y es una de las más antiguas del Conurbano. Descendiente de italianos de la región de la Apulia, se mantiene en contacto con sus tíos y primos de la localidad de Celenza Valfortore. También tiene familiares en Milán. “Por suerte ninguno se contagió pero sí es una experiencia muy fuerte para ellos ver pasar la muerte tan de cerca”, reconoce.

Otra de las preocupaciones de Santoro es la comunidad en la Argentina. “Algunas instituciones italianas tienen un fin social que es dar cabida a mucha gente que está sola, personas grandes que no tienen dónde ir. Los fines de semana hay fiestas y comidas, y el aislamiento impacta en la vinculación social que venían manteniendo. Ahora nos toca cuidarnos, pero cuando todo pase esperemos que los vínculos se recuperen con la misma intensidad”, desea.

Las reuniones, los abrazos, los gestos y los besos son parte de esa herencia italiana que hoy comparten los argentinos, sin importar su origen. “La desgracia no tiene banderas. Que sea Francia, España o Italia, el dolor es el mismo”, destaca Luis José Delfino, presidente de la Unión de La Boca, un club fundado por genoveses en 1877 y que hoy se integra con las diversas nacionalidades que pueblan el barrio. Justamente, en una reunión social de la Unión, Luis conoció a su esposa. “Soy familiero, así que no veo la hora de abrazar a mis hijos y a mis nietos, pero ahora tenemos que guardarnos. Si nuestros ancestros tuvieron que mandar a sus familiares a luchar en las guerras europeas, nosotros bien podemos enfrentar el encierro”, concluye, esperanzado.

Maria Sol Porta (publicado por Clarín el 30/03/2020)

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