Conversando con el jurista Roberto Carlés, nuevo embajador argentino en Roma

Felicitaciones por su nombramiento. Con sus 39 años es el embajador más joven de la diplomacia argentina ¿Su designación fue una sorpresa o se la esperaba?

– ¡Muchas gracias! No tenía ese dato.  Durante mucho tiempo me tocó ser el más joven en diversos ámbitos. Lamentablemente eso sucede cada vez con menor frecuencia.

Como suele ocurrir en estos casos, había algunos rumores y conversaciones. He vivido varios años en Italia y me generó mucha ilusión la posibilidad de representar a la Argentina en un país con el que tenemos tantos lazos.  Es un gran honor que el Presidente haya confiado en mí para esta importante tarea.

Luego del encuentro entre el Presidente Alberto Fernández y el primer ministro italiano Giuseppe Conte, en enero pasado, las relaciones entre Italia y Argentina son muy cercanas. ¿En que ámbito desea trabajar o reforzarlas?

– La relación bilateral necesita ser impulsada en todos los ámbitos. Sin duda, la promoción comercial es prioritaria, no digo ninguna novedad: nuestro país necesita incrementar sus exportaciones.  Para ello me he propuesto ser embajador de las veinticuatro provincias argentinas, a las que quiero vincular con las veinte regiones italianas para promover el intercambio comercial.

En estos tres meses que han transcurrido desde que se me ofreció el cargo, hemos elaborado con mis colaboradores un programa de gestión que comprende todas las áreas, además de la económica y comercial: la promoción cultural, turística, la cooperación internacional –en particular en educación, ciencia, tecnología y desarrollo institucional– así como cuestiones de derechos humanos de importancia para ambos países.  En todas estas áreas trabajaremos junto con los ministerios nacionales y provinciales.

Usted instituyó la Fundación Laudato Si. ¿Como cree que los dos países puedan cooperar en función del medio ambiente y el mejoramiento de la calidad de vida?

– Los dos mayores desafíos de nuestro tiempo son las desigualdades –económicas, sociales, de género– y el cambio climático. Respecto de lo segundo, tanto Argentina como Italia, Estados Partes del Acuerdo de París, se han comprometido con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.  El desafío para nuestro país es prepararse para una transición ecológica.  Es importante observar lo que está haciendo la Unión Europea al respecto, en particular en materia de transición energética, que es también uno de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas.  Para esto es fundamental que la cooperación internacional facilite la transferencia de saberes y tecnología para que podamos producir y transportarnos de manera sustentable.

– ¿Como se vincula la pandemia del coronavirus con el deterioro del medio ambiente? ¿Qué consecuencia podría tener a futuro?

– Los especialistas sostienen que hay una relación entre la degradación ambiental y el avance de las enfermedades zoonóticas.  Parece estar fuera de duda que el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad –entre otros factores– favorecen la migración de diferentes patógenos.  Pero, como sostiene el Papa Francisco, el planeta atraviesa una crisis que es ecológica y también social.  Estas dos dimensiones son inescindibles.  Y la pandemia también se vincula con lo social.  Es improbable que este virus se hubiera propagado como lo hizo si no fuera por el hacinamiento urbano y el deterioro de los sistemas de salud.

Me pregunta por el futuro y, sinceramente, que lo tengamos depende de que se tome conciencia del cambio climático y de sus consecuencias, que son observables desde hace ya muchos años: desertificación de los suelos, sequías e inundaciones, entre otros fenómenos que impactan directamente en la producción de alimentos.  Como siempre, esas consecuencias golpearán con más fuerza a las poblaciones vulnerables.  Esto ya está ocurriendo: en el mundo hay más de cincuenta millones de migrantes forzados por el cambio climático y por la inseguridad alimentaria que provoca.  El momento de actuar es ahora.

-¿Cómo es su relación con el Papa Bergoglio?

– Es mi amigo.  Ha estado cerca de mí en momentos muy importantes de mi vida y siempre he contado con su consejo y apoyo.  Es un referente.

Pero lo importante es qué representa Francisco para el mundo. Es sin dudas un referente moral para toda la humanidad.  Muchos líderes mundiales lo han comprendido, otros no.  Creo que los argentinos lo hemos maltratado, en nuestro afán de interpretar todo lo que hace o dice a la luz de cuestiones locales o intereses pequeños.  Está realizando una gran transformación en la Iglesia, ha iniciado un proceso que pronto será irreversible.  Como dice él, el tiempo es superior al espacio. Creo que este es un principio fundamental para el obrar cristiano: sembrar sin saber si seremos nosotros los que recogeremos los frutos de nuestra siembra.

-Un sacerdote amigo y muy conocido, ya fallecido, Don Gallo, me había dicho que los papas anteriores no seguían los pasos del Concilio Vaticano II. ¿Cree que el Papa Francisco los sigue? 

– No sé si tengo la autoridad para responder esta pregunta.  Respondo como católico.  No creo que esa sea una afirmación justa.  Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI fueron hijos del Concilio Vaticano II.  Pero, desde luego, cada pontificado lo ha interpretado a su modo, sin por ello apartarse de la doctrina.  El de Francisco es, sin duda alguna, un pontificado transformador y con un marcado mensaje social que está en el centro de sus dos encíclicas.

Vuelve a Roma como embajador. ¿ Cuales son sus recuerdos romanos y sus expectativas?

– Roma en particular es una ciudad que quiero mucho y a la que, luego de doctorarme en Ferrara, regresé muchas veces por mi actividad académica.

Tengo muchas expectativas con respecto a la misión que en breve asumiré. Como dije en la audiencia ante la Comisión de Acuerdos del Senado, creo que es tiempo de conjugar la relación bilateral en tiempo presente.  Los fuertes lazos familiares, culturales, sociales, históricos que nos unen con Italia no deben ser motivo de quietud sino, por el contrario, deben impulsarnos a trabajar mucho para darle un nuevo impulso a nuestra relación. Argentina tiene una imagen que reconstruir, debe reposicionarse como actor relevante en la región, y para ello tiene que partir de sus fortalezas, como el reconocimiento internacional de nuestra política de derechos humanos y la riqueza de nuestra cultura.

Breve curriculum del embajador Roberto Carlés

Nació el 17 de septiembre de 1981, en el partido de Morón, provincia de Buenos Aires. Se recibió con diploma de honor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, tiene un doctorado en Derecho de la Università degli Studi di Ferrara y es doctor en Ciencias Penales por la Universidad de San Carlos de Guatemala.  Es especialista en Derecho penal y Criminología. Presidió el Comité de Jóvenes Penalistas de la Asociación Internacional de Derecho Penal y fue asesor de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Senado de la Nación.  Hasta su designación como embajador se desempeñó como Secretario Letrado de la Procuración General de la Nación.  Es Secretario de la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología.

Edda Cinarelli