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Causas de la desunión europea

A medida que se van conociendo las “proporciones bíblicas” de la pandemia, en palabras del expresidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, resulta más frustrante la desunión europea. Es inadmisible que una vez conocidas las tremendas dimensiones de la tragedia por la pérdida de miles de vidas humanas y millones de empleos y empresas no exista todavía una respuesta unitaria del potencial necesario.

Acusar a la UE genéricamente de falta de unidad es desacertado. Si la Unión falla habrá que promover otro proyecto equivalente que responda a las necesidades de todo tipo cada día más globales. La falta de una respuesta solidaria europea tiene unos responsables. Los hoy países ricos, con los Gobiernos de Alemania y Holanda a la cabeza, están dinamitando la Unión con su ciega negativa a mutualizar las deudas necesarias que origine la terapia necesaria. Nunca en la historia de la UE la acción común había sido más necesaria.

Estamos ante una crisis exclusivamente sanitaria que golpea a todo el mundo. Si Alemania tiene más capacidad de respuesta por tener menos deuda (61%) que España (97%) habrá que recordar lo ocurrido en la última crisis. Las irresponsables actuaciones de las entidades financieras alemanas, francesas, holandesas y españolas provocaron una burbuja crediticia e inmobiliaria cuyo estallido fue catastrófico. El instituto alemán IFO censuró en su día el comportamiento de la banca alemana.

Alemania para salvar a sus bancos exigió a España que el desastre bancario se reparase con dinero público, que la UE prestó. Esta fue una de las causas por las que la deuda pública española escaló desde un ejemplar 35% antes de la crisis al nivel actual. También es cierto que durante la recuperación, (2014 – 2018), el Gobierno del PP rechazó subir los impuestos para reducir la deuda. En una economía interdependiente como la europea, culpas y soluciones son compartidas.

Las críticas de las autoridades holandesas a España son también temerarias. El paraíso fiscal que de facto es Holanda genera unas pérdidas de ingresos a España de 1.161 millones de euros en 2018, según Oxfam.

La actitud de Alemania y Holanda es muy contradictoria si se tiene en cuenta que son los principales beneficiarios de la construcción europea. Un estudio de Matthias Kullas y Alessandro Gasparotti del Centre for European Policy (CEP) revela que el impacto el euro entre 1999 y 2017 benefició en 1,8 billones de euros a Alemania y en 346.000 millones a Holanda. Por contra, Italia perdió 4,3 billones y España 224.000 millones.

La Fundación Bertelsmann señala a Alemania como el país más favorecido por el mercado interior con unas ganancias de 86.000 millones de euros anuales, muy superiores a Francia, (69.360); Italia (46.300) o España (27.351).

La cuestión de fondo que explica estos comportamientos es el ascenso de la extrema derecha. Los Gobiernos no se atreven a adoptar políticas más solidarias por temor a perder votos. De esta crisis solo se puede salir con Estados más sociales y más solidaridad nacional e internacional. Lo contrario será más sufrimiento.

Andreu Missé (publicado en El País el 29/03/2020)

Recuperable de https://elpais.com/economia/2020-03-29/causas-de-la-desunion-europea.html

Giuseppe Conte: “El problema no es salir de la crisis, sino hacerlo cuanto antes”

— Hola, soy Giuseppe Conte. ¿Le molesto ahora?

Al otro lado del teléfono, a las 14.48 de este domingo, se escucha la voz grave y tranquila del primer ministro italiano, Giuseppe Conte (Volturara Appula, 55 años). Un político atípico, llegado a la presidencia del Consejo de Ministros de Italia en junio de 2018, que ha crecido enormemente en esta crisis sanitaria y que estos días lidera una batalla contra los países de la UE como Alemania y Holanda menos predispuestos a afrontar de manera conjunta una solución a la crisis del coronavirus. El primer ministro italiano advierte, en esta entrevista con EL PAÍS, de que la UE se acerca a un punto de no retorno respecto a la confianza de sus ciudadanos: o actúa ahora, señala, o la perderá definitivamente. Cinco semanas, 10.779 muertos y más de 73.800 contagios diagnosticados después, Italia es el mensaje del futuro más útil para países como España.

Pregunta. ¿Cómo es la situación en este momento en Italia? ¿Está cerca de superarse el peor momento?

Respuesta. Estamos en la fase más aguda. Es difícil hacer previsiones exactas. Los expertos son prudentes todavía, pero es razonable pensar que estamos cerca del pico. El sábado superamos las 10.000 víctimas y eso nos hiere profundamente y debe alertar a la comunidad internacional. Pero al mismo tiempo, también tuvimos ayer el número récord de curados: 1.434. Quiero expresar nuestra cercanía y solidaridad con el Gobierno español y su población. Es un drama que conocemos muy bien y puedo imaginar las dificultades que atraviesan. Queremos salir cuanto antes de esta crisis para, entre otras cosas, poder ayudar con médicos, respiradores y dispositivos de protección personal a otros países como España.

P. ¿Cuál es, según la experiencia italiana, la fórmula que mejores resultados ha dado?

R. Es difícil pronunciarse, solo puedo decirle los criterios que reivindico: máximo rigor en la reacción, absoluta transparencia con los ciudadanos y medidas graduales según los criterios adecuados y de proporcionalidad. Y, sobre todo, seguir siempre las indicaciones de los mejores científicos, aunque luego se tome la decisión política.

P. ¿Cuándo prevé que terminará el confinamiento en Italia?

R. Hay que razonar en términos de proporcionalidad. Hubiera sido un error introducir un cierre total del país inmediatamente. Además, es imposible asumir un impacto económico de este nivel demasiado prolongado. Debe hacerse gradualmente. Cuando vimos que el contagio estaba difundido, las medidas de restricción que habíamos tomado en Lombardía fueron asumidas por todo el país. Fue así hasta que entendimos que había que ser más radical e impusimos un cierre de las actividades no esenciales. Pero, insisto, son medidas que deben ser graduales.

P. ¿Este cierre de la actividad productiva puede durar mucho?

R. No, es una medida muy dura económicamente. Es la última que hemos tomado y no puede prolongarse demasiado. Para las escuelas y las universidades, en cambio, se pueden intentar introducir modificaciones. También para los exámenes y evaluaciones de fin de año para que no hagan perder a los estudiantes el año lectivo o el examen universitario.

P. ¿Italia sería favorable a abrir antes de que termine la pandemia?

R. Es prematuro decirlo. Cuando el comité científico diga que la curva empieza a descender podremos estudiar medidas de ralentización. Pero tendrá que ser muy gradual.

P. Europa ha reaccionado de forma tibia ante esta crisis que golpea más duramente a países como Italia o España. ¿Está decepcionado?

R. En este momento en Europa se juega una partida histórica. No es una crisis económica que haya tocado a algunos países menos virtuosos que otros. Aquí no hay una distinción que tenga que ver con sistemas financieros. Esto es una crisis sanitaria que ha terminado explotando en el campo económico y social. Es un desafío histórico para toda Europa. Y espero de verdad, teniendo un ánimo fuertemente europeísta, que sepa estar a la altura de esta situación. Si no lo lograse… Mire, estamos limitando derechos constitucionales de nuestros ciudadanos y Europa debe reaccionar evitando errores trágicos.

P. España e Italia pidieron enseguida la creación de eurobonos para afrontar la crisis. Pero Alemania y Holanda han bloqueado la propuesta. ¿A qué lo atribuye?

R. Algunos países no se dan cuenta de las fuertes restricciones que esta emergencia producirá en el plano económico. Italia y España son los más expuestos en este momento, pero todos lo estarán. Los números, desgraciadamente, aumentan en todos los países y es una emergencia sanitaria y económica que afecta a toda la UE. Pero además esos países razonan con una mirada vieja, antigua. Una óptica inadecuada para esta crisis. Esto es un choque simétrico que afecta a todos y es excepcional, como ha subrayado de forma acertada el presidente Pedro Sánchez. Por eso hay que responder con una reacción fuerte y unitaria, que recurra a instrumentos extraordinarios.

P. ¿Qué propone Italia además de los eurobonos?

R. Yo lo he llamado Plan de Recuperación Europea y Reinversión. Un modo de apoyar a toda la economía europea. El problema no es cuándo se saldrá de esta recesión, sino salir lo antes posible. El tiempo es clave, hay una urgencia máxima. No pienso en un instrumento particular, podemos recurrir a una gran variedad. Pero es el momento de introducir una herramienta de deuda común europea que nos permita vencer lo antes posible esta guerra y relanzar la economía. Ningún país, incluso los que creen que ahora sufren un impacto menor, pueden excluirse de esta grave crisis. Europa debe responder a desafíos globales de mercado. Reaccionar de forma unitaria le permitirá competir mejor.

P. Usted advirtió el otro día de que si la respuesta europea era así de tibia, Italia actuaría por su cuenta. ¿A qué se refería?

R. Italia no pide compartir su deuda pública acumulada. Esa deuda permanecerá a cargo de cada país. Italia estaba teniendo un gran comportamiento hasta ahora, incluso en el frente su deuda pública. El déficit de 2019 debía cerrarse en el 2,2% y logramos hacerlo en un 1,6%. Hemos intervenido en muchos sectores para hacer más eficiente la máquina del Estado y mejorar nuestra capacidad de inversión. Nadie pide a Europa que se haga cargo de las deudas soberanas, solo que sea capaz de asestar un golpe unitario para salir de este tsunami económico y social. Y quien sienta a Europa en el corazón, debe apoyar esta causa. Si la UE no está a la altura de su vocación y de su papel en esta situación histórica, ¿los ciudadanos tendrán más confianza en ella o la perderán definitivamente?

P. ¿Esta crisis puede dar alas al antieuropeísmo que circulaba fuertemente en países como Italia?

R. El riesgo es evidente. Los instintos nacionalistas, en Italia, pero también en España y en todos lados, serán mucho más fuertes si Europa no está a la altura.

P. ¿Italia considera a España a un aliado clave en este frente común?

R. Tenemos una vieja tradición de relaciones y una plena sintonía. Esta es una ocasión para consolidarlas y hacer todavía más eficaz nuestra acción común. También con el resto de países que han firmado la carta enviada al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. Tenemos que implicarlos a todos en este acercamiento. La Unión Europea ha dado siempre un paso adelante en estas situaciones, y los gobernantes tenemos la obligación de empujar para evitar la desconfianza de sus ciudadanos.

P. Mucha gente se pregunta ahora si Europa recuperará un espacio social, económico y de fronteras compartido tras esta crisis. ¿Usted qué piensa?

R. Trabajo para ello. Pero mire, el número de desocupados que habrá después de este tsunami, por ejemplo, será muy alto. Debemos poder llevar a cabo una reconstrucción ante este panorama.
P. En el sur de Italia empieza a haber algunos problemas de recursos. ¿Teme que esta crisis termine siendo una bomba social?

R. La razón por la que procedemos gradualmente es porque la emergencia sanitaria ha sido luego una crisis económica. Ahora el aspecto más importante está siendo social y, sobre todo, de orden público. La gente realiza grandes sacrificios, y crece un gran malestar, también psicológico. No están habituados a asumir esas restricciones de circulación y a confinarse en casa. Empezamos a tener un problema también material, muchos ciudadanos carecen de sueldos fijos. Por eso el domingo aprobamos la distribución de 400 millones y un fondo de 4.600 millones para los Ayuntamientos. El lunes podrán distribuirse bonos para realizar la compra alimentaria de primera necesidad. Hay que intervenir para evitar que la gente, como en un periodo de guerra, tenga dificultades para alimentarse.

P. Un mes después, ¿cambiaría algunas decisiones que tomó al inicio de esta crisis?

R. Llegará el tiempo de interrogarse sobre los errores cometidos y será justo que todo el mundo opine. Pero como decía Alessandro Manzoni, “del senno di poi son piene le fosse” [algo así como las fosas están llenas de profetas del ayer]. Es decir, a posteriori todos tienen la solución. En Italia hay un gran debate público, pero nunca he escuchado una solución alternativa a las que hemos adoptado que haya tenido una base y un apoyo verdadero. Si volviese atrás haría de nuevo todo igual. Ahora es el momento de la acción y la responsabilidad. Luego ya vendrá el de hacer cuentas y las críticas.

Daniel Verdú (publicado en El País el 30/03/2020)

Recuperable de https://elpais.com/internacional/2020-03-29/el-problema-no-es-salir-de-la-crisis-sino-hacerlo-cuanto-antes.html#?sma=newsletter_diaria_manana20200330m

Coronavirus en Argentina: desde su aislamiento, los descendientes de italianos están más conectados que nunca con sus familias en Italia

Los integrantes de instituciones y mutuales italianas locales viven pendientes de lo que pasa del otro lado del océano. “No minimicen los riesgos”, les dicen sus parientes desde Italia, uno de los países más golpeados por la enfermedad.

Aislados en sus casas pero conectados con el mundo: así viven la pandemia de coronavirus​ millones de ciudadanos. En este contexto, la doble nacionalidad multiplica el universo de parientes a quienes llamar y por los cuales preguntar. Es el caso de los descendientes de italianos en la Argentina. Se sabe, la cultura rioplatense le debe mucho a la patria del Dante. “Cuídense”, “Addio, ti voglio bene”, “Dopo parliamo”: los mensajes y las voces se cruzan a uno y otro lado del Atlántico.

Argentina comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio con 31 casos confirmados y 3 fallecidos, y aún no se llegó al pico. En Italia arrancó cuando ya se habían declarado 9.172 casos y 463 fallecidos. Al día de hoy, con casi 90 mil casos, el país europeo superó a China y aguarda a que por fin la ominosa curva comience a estabilizarse.

“Es como una serie de Netflix en la que ellos van dos o tres capítulos adelantados, pero no está dicho que aquí deba repetirse igual. Todos nuestros parientes allá nos insisten en que no minimicemos los riesgos y que cumplamos con las medidas dispuestas”, sostiene Alberto Spadoni, presidente de la Asociación Cultural Toscana de Buenos Aires.

Con una editorial de libros, cursos de idioma y una intensa actividad artística que incluye muestras en Italia y en distintos lugares de la Argentina, la Asociación tuvo que suspender una exposición de artistas latinoamericanos que iba a tener lugar en Siena. La realidad se impuso como un tsunami: “Italia sufrió una desinversión muy grande del sistema sanitario en los últimos tiempos. Bajó la cantidad de médicos, también la infraestructura, y además la pandemia se presentó a tal escala que no dan abasto los hospitales, las terapias intensivas, ni siquiera los cementerios”, explica Spadoni.

Junto a asociaciones similares en todo el mundo, los integrantes de laAsociación Cultural Toscana están abocados a difundir una campaña de recolección de fondos con el objetivo de comprar un monitor para la terapia intensiva del hospital de San Luca, en la ciudad de Lucca (de donde proviene la mayoría de los migrantes toscanos). “La solidaridad se da en forma recíproca: nosotros tratamos de aportar lo que podemos, si no son fondos también puede ser contención anímica. Ellos, a su vez, nos dan sus consejos, para que no nos pase lo mismo”, resume su titular.

Las diversas instituciones y mutuales italianas proliferan en un país que, desde la segunda mitad del siglo XIX, vio llegar a los “tanos” y después los vio traer a sus familias. Hoy las hay de muchos perfiles: por regiones o de toda Italia, mutuales, culturales, de primeras, segundas y hasta cuartas generaciones. Todas hoy comparten una misma experiencia: la de vivir la pandemia con el corazón repartido entre el hemisferio sur y el norte.

Ana María La Martire es presidenta de la Unión Molfettese Argentina María Santísima Reina de los Mártires Asociación Civil, que reúne a descendientes de la localidad de Molfetta, en la región de Apulia, frente a las costas del mar Adriático. Buena parte de su familia sigue allí, y aunque en el taco de la península no se sufre tanto el COVID 19, los mensajes abundan. De hecho, fue su primo Nino La Martire, farmacéutico, quien le envió una lista con las primeras precauciones a tomar, el 31 de enero. “Hoy nuestra asociación está conformada por personas de edad avanzada, los fundadores de la entidad y algunos de sus hijos. Suspendimos las reuniones semanales de la Comisión Directiva y las convocatorias masivas, como festejos y loterías en la sede social. Pero nos mantenemos en comunicación permanente por Whatsapp, proponemos el intercambio de recetas tradicionales, poemas, recuerdos, canciones, como una manera de acompañarse y sentirse cerca del pueblo”, comenta.

Miguel Santoro, de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y Cultural de General San Martín.
Con un profundo sentimiento religioso, la entidad participaba de acciones junto a la iglesia San Juan Evangelista, cocinaba para los chicos del barrio de La Boca –donde se encuentra su sede- y hacía donaciones para el Día del Niño, entre otras actividades que retomarán cuando la situación vuelva a la normalidad. Su efeméride más querida es la celebración de Nuestra Señora de los Mártires Navegantes, en octubre, cuando las colectividades del barrio acompañan la procesión de la Virgen por tierra y por agua, a orillas del Riachuelo. Hoy, ese sentimiento católico se refuerza. “Ya que no podemos asistir a la iglesia proponemos orar en comunidad diariamente, en un horario determinado, como forma de aunar espiritualmente el pensamiento dirigido a ‘Nuestra Madre Reina de los Mártires’, quien nos convoca y protege”, señala Ana María.

Una de las entidades más activas y renovadas es la Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina (FACA), que nuclea a 75 asociaciones, la mayoría de Capital y Gran Buenos Aires, pero también otras en todo el país. En su sede funciona además el grupo “Nuevas Generaciones Italianas”, que reúne a jóvenes que buscan conectarse con la patria y las tradiciones de los nonni, provenientes de cualquier región de Italia. “Esto cambió nuestra agenda. De hecho lo más probable es que se suspenda la fiesta Buenos Aires Celebra Calabria, prevista para el 19 de abril”, detalla Antonio Nicoletta, secretario general de la FACA y uno de los coordinadores de NGI.

El grupo tiene mucha presencia comunitaria y, de hecho, mantiene contacto por redes, pensando acciones para el día después. “El otro día una de las chicas, haciendo orden, se dio cuenta de que tenía un montón de cosas en buen estado para donar y nos propuso que hiciéramos lo mismo. Estamos pensando en una acción solidaria para cuando termine el aislamiento. Por lo general trabajamos con una ONG llamada ‘Italoargentina’, pero también podemos colaborar con otras instituciones”, dice Antonio.

Con 23 años, Chiara Brogno integra el grupo. Como buena “tana”, habla con pasión de la tierra de sus abuelos y de todo lo que queda pendiente por hacer. Fue varias veces a Italia y sueña con irse a vivir al sur, de donde viene parte de su familia. También tiene parientes en el norte, más precisamente en Lombardía, la región más castigada por la pandemia, y la voz le tiembla cuando habla de su prima Silvana, que vive allá desde 2001. “Están en Pavia, con su marido –que ya es ‘mi primo’- y sus nenas chiquitas. Cerraron su restaurante y se cuidan mucho. Siempre nos insisten en eso: que respetemos las precauciones, que no nos confiemos”, afirma. Con sus padres y su abuela, pensaban viajar a Calabria en julio, pero cancelaron la idea.

En el Museo de Flores, que funciona en el barrio desde hace más de un año y también padece las consecuencias por no poder funcionar con normalidad, apelaron a las herramientas virtuales para conectarse con Italia. Así, en el marco del programa Museo Solidario, dieron una charla gratuita en italiano a través de whatsapp.

A la espera del reencuentro, Miguel Santoro preside la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y Cultural de General San Martín, que en 2021 cumplirá 150 años y es una de las más antiguas del Conurbano. Descendiente de italianos de la región de la Apulia, se mantiene en contacto con sus tíos y primos de la localidad de Celenza Valfortore. También tiene familiares en Milán. “Por suerte ninguno se contagió pero sí es una experiencia muy fuerte para ellos ver pasar la muerte tan de cerca”, reconoce.

Otra de las preocupaciones de Santoro es la comunidad en la Argentina. “Algunas instituciones italianas tienen un fin social que es dar cabida a mucha gente que está sola, personas grandes que no tienen dónde ir. Los fines de semana hay fiestas y comidas, y el aislamiento impacta en la vinculación social que venían manteniendo. Ahora nos toca cuidarnos, pero cuando todo pase esperemos que los vínculos se recuperen con la misma intensidad”, desea.

Las reuniones, los abrazos, los gestos y los besos son parte de esa herencia italiana que hoy comparten los argentinos, sin importar su origen. “La desgracia no tiene banderas. Que sea Francia, España o Italia, el dolor es el mismo”, destaca Luis José Delfino, presidente de la Unión de La Boca, un club fundado por genoveses en 1877 y que hoy se integra con las diversas nacionalidades que pueblan el barrio. Justamente, en una reunión social de la Unión, Luis conoció a su esposa. “Soy familiero, así que no veo la hora de abrazar a mis hijos y a mis nietos, pero ahora tenemos que guardarnos. Si nuestros ancestros tuvieron que mandar a sus familiares a luchar en las guerras europeas, nosotros bien podemos enfrentar el encierro”, concluye, esperanzado.

Maria Sol Porta (publicado por Clarín el 30/03/2020)

Recuperable de https://www.clarin.com/ciudades/coronavirus-argentina-aislamiento-descendientes-italianos-conectados-familias-italia_0_dlREM9inA.html

 

 

Ya son 2.942 los casos de dengue y 158 los de sarampión en Argentina sin contar los casos de coronavirus

Las cifras son impactantes. Argentina está atravesando una emergencia epidemiológica sin precedentes. De acuerdo al último boletín epidemiológico difundido por el Ministerio de Salud, ya son 2.942 los casos confirmados y probables para dengue en el país, con 6 fallecidos. Del total, 2.053 no poseen registro de antecedentes de viaje en 16 provincias y 889 presentan antecedentes de viaje a zonas con circulación viral fuera de la jurisdicción de residencia o con antecedente epidemiológico en investigación.

Asimismo se detalla que son 158 los casos de sarampión en Argentina, de los cuales 49 fueron detectados en 2020: 9 son importados y 40 de origen desconocido.

El tercer brote que afronta el país, y en este caso el más preocupante por la situación mundial y el nivel de contagio, es el del COVID-19, enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2, que presenta 589 casos confirmados, 15 muertos, 74 pacientes con alta transitoria y 2 con alta definitiva.

DENGUE

En el caso del brote de dengue que afronta la Argentina, las autoridades sanitarias informaron que el número acumulado de notificaciones hasta el momento para la temporada 2019/2020 es 140% a 178% superior a las temporadas anteriores (2018/2019 y 2017/2018).

Del último boletín epidemiológico se desprende el dato de que se notificaron al Sistema Nacional de Vigilancia de Salud 11.103 casos, de los cuales fueron confirmados 2.942. Por los datos que recabó la cartera de Salud, observaron que se registran 3 serotipos: 68,8% del DEN-1, 27,5% de DEN-4 y menos del 3,7% DEN-2.

Del total de casos notificados (11.103 en total), 2.281 se concentran en la provincia de Buenos Aires, 1.525 en la ciudad de Buenos Aires, 1.118 en Salta, 1.022 en Misiones, 1.001 en Córdoba y 879 en Chaco.

A su vez, se comunicó que de los 6 muertos por dengue, 2 se registraron en la provincia de Buenos Aires (un varón de 74 años sin antecedente de viaje y una mujer de 70 años con antecedente de viaje a Paraguay), 1 en la provincia de Misiones (una mujer de 24 años, embarazada de 12 semanas), 2 en Santa Fe (un varón de 82 años sin antecedente de viaje y un varón de 39 años sin antecedente de viaje) y la sexta víctima de La Rioja, un hombre de 52 años.

El dengue, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una infección vírica transmitida por la picadura de las hembras infectadas de mosquitos del género Aedes aegypti. Hay cuatro serotipos de virus del dengue (DEN 1, DEN 2, DEN 3 y DEN 4). El dengue se presenta en los climas tropicales y subtropicales de todo el planeta, sobre todo en las zonas urbanas y semiurbanas.

¿Qué recomiendan las autoridades sanitarias en Argentina? Combatir al mosquito, el Aedes aegypti, vector que transmite esta enfermedad. A su vez especificaron que los esfuerzos de control de las enfermedades transmitidas por estos mosquitos se basan en la reducción de sus lugares de cría y no de los insecticidas aplicados. Para una mayor eficacia de las medidas de control, se requiere de la integración de las tareas domiciliarias de “descacharrado” que puedan desarrollar las personas en sus viviendas, los operativos de eliminación de los criaderos de Aedes aegypti y los servicios de manejo de residuos sólidos urbanos para su adecuada disposición final. “Cuantos menos mosquitos, menos riesgo de que se transmita el virus”. No hay vacunas disponibles contra esta enfermedad.

SARAMPIÓN

Desde el inicio del 2019, se confirmaron 158 casos de sarampión en Argentina y una muerte: 109 casos durante el año pasado (7 importados o relacionados a la importación, 2 casos detectados en España y 100 de origen desconocido) y 49 en 2020 (9 importados y 40 de origen desconocido).

Del total, un caso fue en la provincia de Córdoba que presentaba antecedente de viaje a Florianópolis, Brasil; 28 casos en la ciudad de Buenos Aires y 120 en la provincia de Buenos Aires, en 19 partidos: Tres de Febrero, Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, La Matanza, Lanús, Lomas de Zamora, Malvinas Argentinas, Marcos Paz, Merlo, Moreno, Morón, Pilar, Quilmes, Tigre y Vicente López.

El mayor número de casos confirmados de sarampión corresponden a menores de 1 año de edad, donde también se observa la mayor tasa de incidencia, seguido de los grupos de 1 a 4 años. Sin embargo, es importante el número de casos en adultos mayores de 20 años.

El sarampión es una enfermedad viral cuyos síntomas iniciales incluyen fiebre alta, rinorrea o congestión nasal, conjuntivitis bilateral y lesiones puntiformes blanquecinas ubicadas en el paladar (manchas de Koplit) durante los primeros diez días. Luego, aparece un exantema centrífugo que comienza en la cara y se extiende gradualmente al resto del cuerpo.

El período de contagio se prolonga hasta 3 a 4 días luego de que ha aparecido el exantema. Cerca del 30% de los casos de sarampión, en especial los menores de 5 años y los mayores de 20 años, presentan una o más complicaciones. Entre las más graves, ceguera, encefalitis, diarrea que puede llevar a la deshidratación o disnea con neumonía.

De acuerdo a lo postulado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC), “el sarampión es muy contagioso y se propaga cuando una persona infectada tose o estornuda”, al igual que sucede con la enfermedad del COVID-19. Asimismo, especifican que “se trata de un virus altamente contagioso que vive en las mucosidades de la nariz y la garganta de una persona infectada, y que puede propagarse a los demás a través de la tos y los estornudos. Además, el virus del sarampión puede vivir por hasta dos horas en el aire donde una persona infectada haya tosido o estornudado”.

Si otras personas respiran el aire contaminado o tocan la superficie infectada y luego se tocan los ojos, la nariz o la boca, pueden contraer la infección. Es tan contagioso que, si una persona tiene la enfermedad, el 90% de las personas que estén cerca de ella y que no tengan inmunidad también se infectarán.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 30 y 40 millones de personas contrajeron sarampión en el año 2000, y hubo 777.000 muertos. Además, entre 2000 y 2017, la vacunación contra el sarampión disminuyó la cifra de defunciones en un 80% en todo el mundo.

¿Qué se recomienda ante el sarampión? Toda la población debe verificar y completar su esquema de vacunación de acuerdo a su edad y consultar de forma inmediata ante la presencia de fiebre y erupción cutánea. Vacunarse es la única manera de protegerse contra el sarampión.

COVID-19

El Ministerio de Salud de la Nación confirmó este jueves que son 87 los nuevos casos positivos de COVID-19 y que la cifra de infectados aumentó a 589 en todo el país.

De los nuevos confirmados, 30 son de la ciudad de Buenos Aires, 27 de la provincia de Buenos Aires, 12 de Santa Fe, 3 de Chaco, 3 de Córdoba, 3 de Tierra del Fuego, 3 de Neuquén, 2 de Jujuy, 2 de Santa Cruz, 1 de Mendoza y 1 de San Luis. Hasta la fecha, en Argentina se registraron 13 muertes.

Según la OMS, los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En los humanos, se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS). El coronavirus que se ha descubierto más recientemente, el SARS-CoV-2, causa la enfermedad por coronavirus COVID-19.

La COVID-19 es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente. Tanto el nuevo virus como la enfermedad eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

Los síntomas más comunes de la COVID-19 son fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes pueden presentar dolores, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta o diarrea. Asimismo se observó en algunos pacientes la pérdida del apetito y del olfato y gastroenteritis. Estos síntomas suelen ser leves y aparecen de forma gradual. Algunas personas se infectan pero no desarrollan ningún síntoma y no se encuentran mal. La mayoría de las personas, alrededor del 80%, se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial. Alrededor de 1 de cada 6 personas que contraen la COVID-19 desarrolla una enfermedad grave y tiene dificultad para respirar.

Las personas mayores y las que padecen afecciones médicas subyacentes, como hipertensión arterial, problemas cardíacos o diabetes, tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave. En torno al 2% de las personas que han contraído la enfermedad han muerto. Las personas que tengan fiebre, tos y dificultad para respirar deben buscar atención médica.

Actualmente en todo el mundo hay más de 590 mil casos de coronavirus COVID-19, 26.826 personas murieron mientras que 131.428 se recuperaron. Son 199 países y territorios los que registran infectados.

publicado en Infobae.com el 28/03/2020

Recuperable de https://www.infobae.com/salud/2020/03/28/ya-son-2942-los-casos-de-dengue-y-158-los-de-sarampion-en-la-argentina/#Echobox=1585346909

La cuarentena obligatoria por el coronavirus seguirá hasta mediados de abril

El presidente Alberto Fernández ya resolvió extender la cuarentena obligatoria que por ahora está vigente desde el 20 al 31 de marzo. Asume que esa decisión presidencial causará malestar y hastío en la sociedad, y que profundizará la crisis económica que ya atraviesa a todo el aparato productivo. Pero explicó en la quinta de Olivos –donde está recluido– que es la única herramienta que tiene para contener al avance implacable del coronavirus en la Capital Federal y el Conurbano y determinar con rango científico si la curva de la pandemia se aplanará o crecerá –como supone– a partir de mayo.

Alberto Fernández ya tiene definido un plazo tentativo para la segunda etapa de la cuarentena obligatoria: iría del 1 al 13 de abril.

La elección de esas dos semanas no fue un acontecimiento casual y repentino. El Presidente tomó la decisión después de leer más de una decena de ensayos científicos y notas periodísticas publicadas en la prensa local e internacional, y de mantener una sucesión casi infinita de conversaciones con Santiago Cafiero, Gustavo Béliz, Ginés González García, Horacio Rodríguez Larreta, Axel Kicillof, Juan Pablo Biondi, Wado de Pedro, Cristina Fernández de Kirchner, Giuseppe Conte (premier italiano), Pedro Sánchez (jefe de Gobierno español) y Dr Maureen Birmingham, embajadora de la Organización Mundial de la Salud en la Argentina.

Con la suma de los textos leídos y de los argumentos escuchados, Alberto Fernández estableció una explicación teórica que le sirve para fundamentar su posible decisión institucional de prorrogar la cuarentena obligatoria desde el primero al trece de abril.

Ese argumento cartesiano se puede desmenuzar de la siguiente manera:

1. Para contener el contagio del coronavirus y saber su nivel real de propagación es necesario mantener a la población 14 días seguidos en cuarentena obligatoria. Es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

2. Los 14 días vencen el próximo 3 de abril. Por ende, de hecho, si se quiere conocer los niveles de contagio en la Argentina, la cuarentena debería ser extendida –sí o sí– hasta el 3 de abril incluido. Es decir: los 11 días de la cuarentena original –20 al 31 de marzo–, más los tres días restantes para completar las dos semanas que recomienda la OMS.

3. Entonces, el sentido de la cuarentena es aplanar la curva y determinar el nivel de contagio. Y para ello es necesario un número importante de tests en todo el país. Un informe confiable del número de casos se procesa en –al menos– cuatro días seguidos. Ese cuadro estadístico permitiría decidir los próximos pasos frente a la pandemia.

4. En el calendario presidencial, los 14 días de cuarentena se cumplen el 3 de abril. Y se necesitan otros cuatro días para determinar si la curva se aplanó o fue hacia arriba como sucedió en España e Italia. Alberto Fernández recibiría ese dossier el 8 de abril en la quinta de Olivos. Ya es Jueves Santo.

5. El informe del 8 de abril –fecha tentativa– permitirá saber al Presidente cómo funcionó la cuarentena obligatoria. Si la clave es la limitación del contacto social, y ese objetivo se cumplió en términos generales, el nivel de crecimiento del coronavirus exhibirá su real ferocidad y el probable daño que hará en las próximas semanas.

6. Alberto Fernández no tiene dudas de que el número de contagiados crecerá en medio de la extensión de la cuarentena. Es un dato obvio: se multiplicarán los testeos y hará más frío. Dos circunstancias que juegan a favor del crecimiento de la curva de la pandemia.

7. Si el cronograma presidencial se cumple, Alberto Fernández tiene la posibilidad de levantar la cuarentena durante el fin de Semana Santa (del jueves 9 al domingo 12 de abril). No lo haría.

8. El jefe de Estado considera que el pico de la pandemia será a principios de mayo. Entonces, no tiene sentido facilitar o adelantar ese probable acontecimiento al permitir la libre circulación en espacios públicos durante ese feriado largo.

Por esta sucesión lógica de hechos y circunstancias, que analizó una y otra vez en Olivos, Alberto Fernández tendría decidido que la cuarentena obligatoria debería prorrogarse del primero al trece de abril.

Al margen de la extensión de la segunda etapa de la cuarentena obligatoria, el Presidente decidirá este fin de semana si mantiene las excepciones previstas en su último Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), o si plantea variables por actividad o regiones.

“No lo tengo definido aún”, contestó Alberto Fernández cuando le preguntaron si podría excluir de la cuarentena a provincias que no tienen contagios o a determinados sectores de la producción que no activan o multiplican la propagación del coronavirus.

“Por ahora, cautela. Todo es muy delicado, y no podemos cometer errores por apurarnos”, concluyó el jefe de Estado.

Román Lejtman (publicado por infobae.com el 26/03/2020)

Rastreable desde https://www.infobae.com/politica/2020/03/26/la-cuarentena-obligatoria-seguira-durante-abril-como-lo-decidio-alberto-fernandez-ante-el-avance-del-coronavirus/

El mes que sumió a Italia en la peor crisis desde 1945

Hace un mes Roma, Milán, Florencia, Nápoles o Bérgamo derrochaban vida. Todo marchaba con normalidad, y el país, de hecho, se preparaba para celebrar el quingentésimo aniversario de la muerte de su gran pintor, Rafael. Italia miraba con preocupación a China, epicentro de la pandemia, pero con la sensación de que todo estaba bajo control. Los casos infectados eran tres, todos importados del país asiático, y estaban aislados en la capital en un hospital de referencia en enfermedades infecciosas. El primer contagio local confirmado aquel 21 de febrero, ahora imposible de olvidar, frenó todo en seco y dejó paso a la pesadilla.

Un hombre de 38 años, deportista, sin ninguna conexión con China, residente en la localidad de Codogno, un pueblo de 15.000 habitantes a 60 kilómetros de Milán, fue el paciente uno oficial en Italia. El virus se extendió en el hospital en el que había sido atendido, en principio por una neumonía atípica, también entre el personal sanitario. Los científicos no consiguieron identificar al paciente cero que contagió a este hombre, por lo que la contención del virus se complicó. Según los expertos, el virus circulaba ya por el país transalpino desde hacía semanas sin que nadie lo hubiera advertido, confundido con una gripe común o transmitido por pacientes asintomáticos. “El que llamamos el paciente uno probablemente era el paciente 200”, ha dicho el virólogo Fabrizio Pregliasco.

El domingo 23 de febrero, cuando el número oficial de contagiados superó los 130, el Gobierno ordenó cerrar por completo 11 localidades de Lombardía y Véneto en las que viven 50.000 personas y donde se había registrado la mayor parte de los contagios. Hoy, las buenas noticias solo llegan desde esos pueblos, donde se ha frenado casi completamente la propagación del virus. Además, el primer contagiado, después de pasar casi tres semanas ingresado en la UCI, está a punto de recibir el alta.

En el resto del país, que hace unos días superó a China en número de fallecidos, la situación sigue siendo crítica, aunque el domingo 22 de marzo se registró un ligero freno de los contagios y los decesos respecto al día anterior. En las últimas 24 horas, han muerto 651 personas que se habían contagiado, por lo que el total de muertos con coronavirus en Italia es de 5.476. En el último día se han infectado 3.957 personas y desde que se desató el brote se han registrado 59.138 casos, de los que 7.024 se han curado.

“Es la peor crisis que vivimos desde el final de la II Guerra Mundial”, resumió el primer ministro Giuseppe Conte el sábado por la noche cuando decretó el cierre de todas las fábricas y actividades productivas que no sean imprescindibles para el funcionamiento del país. Las medidas son cada vez más restrictivas. Este domingo, Sanidad e Interior prohibieron que la gente cambie de localidad, salvo por necesidades laborales comprobadas o por razones urgentes o de salud. Hasta el momento se permitía viajar de una ciudad a otra también para regresar a la propia residencia, por lo que muchas personas, sobre todo estudiantes, se han trasladado en masa desde el norte hasta el sur, menos afectado.

La toma de conciencia generalizada y las prohibiciones han llegado de forma paulatina. Al inicio, según Sandra Zampa, subsecretaria de Sanidad, Italia no percibió el ejemplo de China como una advertencia práctica, sino como “una película de ciencia-ficción que no nos concernía”. Más tarde, cuando se desató la crisis sanitaria, el resto de Europa y Estados Unidos miró al país transalpino “como nosotros habíamos mirado a China”, en palabras de Zampa.

El 27 de febrero, con más de 400 contagios y una decena de muertos, el líder del Partido Democrático, Nicola Zingaretti, que gobierna en coalición con el Movimiento 5 Estrellas, publicaba en sus redes sociales una imagen suya rodeado de amigos, en un típico aperitivo milanés. “Palabra obligada: normalidad. No perdamos nuestras costumbres”, se leía en el pie de foto. El mismo día, cuando ningún otro país europeo contabilizaba aún casos locales, los ministros de Exteriores y Sanidad comparecieron ante la prensa extranjera y aseguraron que la amenaza de contagio para el grueso de la población era ínfima y que Italia era un país seguro. Temían los estragos que el virus pudiera causar en la maltrecha economía del país.

Apenas 10 días después, el número de casos se había disparado hasta los 5.300 y habían fallecido más de 200 personas. Zingaretti publicó de nuevo un vídeo en sus redes, esta vez anunciando que él también había contraído el virus.

Esa misma noche, el primer ministro ordenó el confinamiento a 16 millones de personas de la región de Lombardía y otras 14 provincias del norte. Dos días después, el 11 de marzo, con una Italia aún en estado de choque, el Gobierno amplió la cuarentena a todo el territorio nacional y cerró todos los negocios salvo los de alimentación, las farmacias, los estancos y los quioscos. Giuseppe Conte lanzó un mensaje claro, en forma de eslogan: “Yo me quedo en casa”. “Mantengamos hoy las distancias para poder abrazarnos mañana más fuerte”, dijo.

Lorena Pacho (publicado en El País el 23/03/2020)

Recuperable de https://elpais.com/sociedad/2020-03-22/el-mes-que-sumio-a-italia-en-la-peor-crisis-desde-1945.html#?sma=newsletter_diaria_manana20200323m

Los riesgos de un mundo que será completamente distinto después de la pandemia

En un impactante artículo en la publicación británica The Financial Times, el historiador israelí Yuval Noah Harari reconoce que la humanidad enfrenta una crisis global de grandes dimensiones y alerta que las decisiones que se tomen moldearán nuestras vidas durante varios años y el riesgo de que la adopción de medios de vigilancia biométrica masiva trascienda la emergencia y habilite a que gobiernos y corporaciones controlen nuestras vidas. Además, critica severamente al presidente de EEUU, Donald Trump, por tomar decisiones unilaterales, lo que dificulta una acción global no sólo para combatir el virus sino también limitar el daño a la economía mundial.

“La humanidad enfrenta una crisis global. Tal vez la más grande de nuestra generación. Las decisiones que la gente y los gobiernos tomen en las próximas semanas”, dice el artículo, “… no sólo formatearán nuestro sistema de salud, sino también nuestra economía, nuestra política y nuestra cultura”.

Por eso, Harari pide “tener en cuenta las consecuencias de largo plazo de nuestras acciones” y preguntarnos “no sólo como superar la amenaza inmediata, sino también en qué clase de mundo viviremos cuando pase la tormenta”, porque “viviremos en un mundo diferente”.

En situaciones de emergencia, alerta el autor de “De animales a dioses”, “Homo Deus” y “21 lecciones para el siglo 21”, decisiones que normalmente llevan años de deliberación se toman en cuestión de horas y tecnologías inmaduras e incluso peligrosas se ponen en servicio porque los riesgos de no hacerlo son aún mayores. Naciones enteras, explica, hacen experimentos de gran escala que ni escuelas o universidades aceptarían tomar en tiempos normales.

Según Harari, las dos opciones más importantes del momento son entre “vigilancia totalitaria o empoderamiento de los ciudadanos” y “aislamiento nacionalista o solidaridad global”.

En la extensa nota, el autor explica que las actuales técnicas de vigilancia permiten a los gobiernos apoyarse en sensores ubicuos y algoritmos en vez de espías humanos y que en la batalla contra el coronavirus se han desplegado nuevas herramientas.

Al respecto, da el ejemplo de China, que mediante el monitoreo de smartphones y el uso de millones de cámaras de reconocimiento facial y obligando a los chinos a chequear y reportar su temperatura corporal y condiciones médicas logró detectar no sólo a los portadores del virus sino también trazar sus movimiento e identificar a todos con quienes estuvo en contacto.

Una de las claves del análisis de Harari es que ahora gobiernos y corporaciones tienen a su disposición herramientas antes impensadas. “Si no somos cuidadosos, la epidemia puede marcar un hito en la historia de la vigilancia -advierte- no tanto porque podría normalizar el despliegue de herramientas de vigilancia masiva en países que hasta ahora las han rechazado, sino más bien porque representa una dramática transición de vigilancia ‘sobre la piel’ a vigilancia ‘bajo la piel’”.

Hasta ahora, explica, cuando el dedo de una persona tocaba la pantalla de un smartphone o clickeaba un link en una tablet o computadora, el gobierno podía saber qué estaba tocando. Con el coronavirus, ahora también quiere saber la temperatura del dedo y la presión sanguínea debajo de de su piel.

El uso masivo de esas técnicas permitirá en un futuro cercano que gobiernos y corporaciones sepan si una persona está enferma, antes que la propia persona, y dónde y con quiénes estuvo. En tiempos de crisis, reconoce, estas tecnologías acortan drásticamente el tiempo para detectar cadenas infecciosas e incluso cortarlas de plano. Eso es maravilloso, reconoce, pero puede legitimar un temible sistema de vigilancia en el que gobiernos y corporaciones no sólo podrán saber las preferencias políticas de un ciudadano, sino también sus reacciones emocionales al mirar, por ejemplo, un videoclip, lo que les permitirá vigilarlo y manipularlo mejor.

“El enojo, la alegría, el aburrimiento y el amor son fenómenos biológicos, como la fiebre y la tos. La misma tecnología que identifica un estornudo puede identificar una sonrisa. Si los gobiernos y las corporaciones empiezan a acumular nuestros datos biométricos en masa, llegarán a conocernos mejor que nosotros mismos y podrán no sólo predecir nuestros sentimientos, sino también manipularlos y venderlos, lo que quieran: sea un producto o un político”, dice un pasaje, y sitúa un imaginario 2030 en Corea del Norte, en el que el gobierno, obligando a los ciudadanos a usar pulseras biométricas las 24 horas del día, sabe al instante de la furia de alguien ante una determinada frase o gesto de “el gran líder”.

Como ejemplo de la tendencia de los gobierno a extender emergencias, Harari recuerda que su propio país, Israel, aún no abolió las leyes de emergencia de 1948, durante la guerra de Independencia. Incluso si las infecciones de coronavirus se reducen a cero” -señala- algunos gobiernos “hambrientos de datos” mantendrán la vigilancia biométrica por si surge algún nuevo virus. La batalla de la privacidad puede perderse, dice, porque cuando hay que elegir entre privacidad y salud, habitualmente se elige la salud.

Ese planteo, dice, es la raíz del problema, porque es un falso dilema. Mejor que parar el coronavirus con sistemas de vigilancia totalitarios, plantea, es hacerlo empoderando a los ciudadanos, como hicieron Corea del Sur, Taiwán y Singapur, que usaron mecanismos de trazado de ciudadanos, pero se apoyaron mucho más en el testeo masivo y el reporte voluntario de una ciudadanía bien informada y dispuesta a cooperar. Según Harari, cuando a la gente se le dicen los hechos científicos y la gente confía en las autoridades que se lo dicen, puede hacer lo correcto sin que el “Gran Hermano” la vigile. “Un pueblo motivado y bien informado es mucho más poderoso y efectivo que un pueblo vigilado e ignorante”.

Como ejemplo, cita el lavado de manos, “uno de los más grandes avances en la historia de la higiene”, que salva millones de vidas cada año, pero cuya importancia fue descubierta recién en el siglo XIX, al punto que antes ni siquiera médicos y asistentes sanitarios se lavaban las manos incluso después de una operación. Gente bien informada se lava las manos, dice, porque entiende porqué debe hacerlo.

Uno de los problemas, añade, es que para lograr esa cooperación “la gente necesita confiar en la ciencia, confiar en las autoridades públicas y confiar en los medios”. Pero, se lamenta, “políticos irresponsables han deliberadamente socavado la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en los medios”. Ahora, prosigue, “esos mismos políticos irresponsables podrían estar tentados de tomar el camino del autoritarismo, argumentando que no se puede confiar en que la gente haga lo correcto”.

Un plan global

En cuanto a la opción entre aislamiento nacionalista y solidaridad global, Harari afirma que así como la pandemia y la crisis económica resultante son “problemas globales”, sólo pueden ser resueltos mediante la cooperación global. Para ello, sigue, es necesario compartir la información, que define como “la gran ventaja de los humanos sobre un virus”.

En ese sentido, llama a confiar más en la información que aporten los científicos y expertos en salud más que en las teorías conspirativos y políticos autoreferenciales. Como ejemplo de cooperación cita la distribución, basada en la información sobre las diferentes situaciones de los países a medida que pasan las semanas, no sólo de información, sino también de equipamiento médico e incluso de médicos, lo que requiere un acuerdo global sobre el movimiento de pasajeros, para permitir el desplazamiento de “viajeros esenciales”, mediante un sistema de monitoreo de los mismos, de modo que quienes viajen no teman compartir travesía con otros pasajeros.

publicado en Infobae.com el 20/03/2020

Recuperable de https://www.infobae.com/economia/2020/03/20/yubal-harari-y-el-coronavirus-el-guru-futurista-alerto-sobre-los-riesgos-de-un-mundo-que-sera-completamente-distinto-despues-de-la-pandemia/

Medidas extremas en Italia para contener el avance del coronavirus

El premier Giuseppe Conte ordenó el cese de toda producción no estratégica. “Es la crisis más difícil desde la posguerra”, analizó, y enfatizó: “No tenemos alternativa”.

El premier Giuseppe Conte anunció este sábado el cierre de todas las actividades de producción no estratégicas y dijo que Italia afronta “la crisis más difícil desde el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, a raíz de la brutal pandemia de coronavirus.

Lo que se implementará son “medidas estrictas, lo sé, pero no tenemos alternativa”, afirmó. Conte dijo que “en este momento debemos resistir, porque solo de esta manera podemos protegernos”.

Estas son medidas “que tomarán tiempo en mostrar sus efectos”, agregó. “Es la crisis más difícil que ha experimentado el país desde el segundo período de posguerra. La muerte de muchos conciudadanos es un dolor que se renueva todos los días”, afirmó el primer ministro Giuseppe Conte a través de una comunicación en Facebook.

“Necesitamos dar otro paso; debemos cerrar todo el territorio nacional cada actividad de producción no necesaria, no indispensable, aunque garantizarnos bienes y servicios esenciales”, argumentó.

Se trata del cierre de fábrica, como habían pedido las Regiones del Norte. El primer ministro aseguró que “continuarán abiertos” supermercados, comercios de alimentos y de bienes de primera necesidad. “No hay razón para hacer cola y apresurarse a comprar”, acotó.

“Como nunca antes nuestra comunidad debe asirse como una fuerte cadena para proteger el bien más importante, la vida. Si solo fuéramos un eslabón aislado estaríamos expuestos a mayores peligros, para todos. Aquellas exenciones que parecen un paso atrás hoy, mañana te permitirá correr”, afirmó luego.

También lanzó una aclaración en relación a un posible contagio. “Con respecto a la noticia de la positividad por Covid-19 de un hombre de la escolta del Primer Ministro, cabe señalar que en las últimas semanas no ha habido contacto directo con el Presidente del Consejo de Ministros, ya que nunca había viajado en el mismo automóvil”, afirmó, y dijo que los contactos con los otros hombres de la escolta “no son motivo de preocupación, ya que las distancias de seguridad social y todas las precauciones siempre se han respetado”.

El premier en los últimos días se ha realizado un test con resultado negativo”, dijeron fuentes del Palacio Chigi, donde se desempeña Conte.

Las cifras avivan el espanto en Italia, que este sábado tuvo otro récord de muertes, 793, lo que aumenta a 4.825 las vidas perdidas.

Según cifras oficiales anunciadas este sábado hubo otro récord de muertos en las últimas 24 horas. La cifra supera la que había registrado el día anterior, cuando el gobierno italiano reportó 627 víctimas fatales que llevaron el número de fallecimientos a 4.032 desde que el virus apareció por primera vez en el país, hace más de un mes.

El jueves, Italia se convirtió en el país que ha reportado más muertes a causa del nuevo coronavirus, superando a China, donde surgió la epidemia a finales de 2019 y que hasta este sábado había reportado 3.261 fallecidos.

Para paliar la epidemia, Italia se ha impuesto una cuarentena a nivel nacional que rige desde el 12 de marzo. Hay a este sábado un total de 42.681 pacientes con coronavirus en Italia, con un aumento en comparación con ayer de 4.821. El número total de personas infectadas, incluidas las víctimas y los sanados, llegó a 53.578, 4.670 más enfermos que el viernes.

La problemática desde Argentina

El diputado ítalo-argentino Eugenio Sangregorio (USEI) informó que “hace apenas minutos el premier de Italia Giuseppe Conte anunció que se agravó la crisis de emergencia sanitaria y firmó por decreto el cuarentena total en el país, por la crisis del coronavirus.

Ni bien estalló la crisis del coronavirus en Italia, el diputado Sangregorio en declaraciones efectuadas a la cadena CNN advirtió que “esta crisis podría costarle a Italia 100 mil millones de euros y se advierte ahora que es la crisis más grande desde la Segunda Guerra Mundial“. Sangregorio subrayó que además “Conte advirtió que las emergencias por la crisis sanitaria, se transformaron en emergencias económicas”.

publicado por Ambito.com el 21/03/2020

Recuperable de https://www.ambito.com/mundo/italia/tras-793-muertes-un-dia-italia-toma-medidas-extremas-contener-el-avance-del-coronavirus-n5090384

¿Vacaciones para el planeta?

Sin góndolas atiborradas de turistas, los canales de Venecia lucen aguas cristalinas y recuperaron sus peces. La bruma tóxica que solía encapotar el cielo de Hong Kong desapareció para dar lugar a un aire puro que no se respiraba desde antes de la revolución industrial. En tanto, en las ciudades del Mediterráneo la fauna marina se recupera y los delfines se acercan a la costa por primera vez en décadas.

En medio de una pandemia de consecuencias inconmensurables para la salud de la especie humana, estas postales de la naturaleza floreciente colocan al medio ambiente como un inesperado beneficiario de la crisis sanitaria global.

Mientras buscamos recluidos en casa explicaciones para semejante cisne negro, en estos días de cuarentena recobró vigencia una teoría que históricamente enfureció al mainstream científico: la hipótesis Gaia. Se trata de un provocadora interpretación que afirma que la Tierra es un sistema que tiende al equilibrio. Acuñado en 1969 por el químico y ambientalista James Lovelock, sostiene que el planeta se autorregula y que todos los seres vivos somos parte de un gigantesco organismo pluricelular.

Sucede que, con una vehemencia de la que quizás carecen otras amenazas globales como el cambio climático, el Covid-19 nos recuerda que no somos el centro del mundo. Y que por más que todo parezca bajo control, las cosas se pueden salir de su rumbo a una velocidad exponencial.

Por eso, algunos naturalistas encuentran una luz de esperanza en medio del oscuro panorama que se avecina. Sin minimizar la pérdida de vidas humanas, y conscientes de que se trata de un parate forzado y no del resultado de una política ambiental, se preguntan: ¿Es hora de que el planeta se tome un respiro ante la contaminación humana? ¿Estamos frente a un cambio de paradigma en la forma en que nos vinculamos con el medio ambiente? Con el libreto de la película de ciencia ficción por la mitad, es difícil saberlo. Mientras tanto, algo es seguro: la naturaleza es sabia y nos está dejando alguna señales para reflexionar.

La primera lección surge del origen mismo de la enfermedad. Los científicos coinciden en que nada de esto hubiera sucedido si estuviera controlado el tráfico de fauna silvestre. Por más que les pese a los adeptos a las teorías conspiranóicas, al origen del virus no hay que buscarlo en un sofisticado laboratorio militar sino en un insalubre mercado asiático en Wuhan, donde se comercializan todo tipo de animales salvajes.

Tal como relata el escritor y explorador David Quammen en su hoy profético libro Spillover -una fascinante investigación sobre los animales y las enfermedades infecciosas publicada en 2012- y como afirma la Wildlife Conservation Society en un informe esta semana, el coronavirus es solo un ejemplo más de las enfermedades zoonóticas que provienen de la explotación de animales silvestres. ¿Cuáles son las otras? El SARS, el Ébola, el SIDA, la gripe aviar y la lista sigue.

“Las especies que habitan los ambientes naturales se encuentran en un equilibrio, el cual incluye a virus, bacterias y otros patógenos con potencialidad de generar epidemias. Cuando arrasamos un ambiente natural, rompemos ese equilibrio y muchas especies desaparecen mientras que la abundancia de otras se dispara. Entre estas últimas, en general se encuentran los mencionados patógenos. Esto se magnifica porque después de arrasar los ambientes naturales el hombre aumenta su presencia y entra en contacto con estos microorganismos, disparando el ciclo”, explica Sebastián Di Martino, director de conservación de la Fundación Rewilding Argentina, en diálogo con LA NACION. Y comparte un dato por demás elocuente: en zonas del Amazonas, por ejemplo, un aumento de la tasa de deforestación de solo el 4% disparó la incidencia de la malaria hasta en un 50%”.

Otra efecto ambiental impensado que los urbanistas siguen de cerca es el hecho de que el lockdown en distintas ciudades del mundo está retrotrayendo los niveles de emisión de CO2, dándole un respiro considerable al cambio climático. Vale la pena googlear las imágenes satelitales: estamos ante una ventana temporal que muestra cómo serían las cosas si las economías más contaminantes del mundo levantaran el pie del acelerador. El escenario se completa con la desaparición del tráfico gracias a las recomendaciones de quedarse en casa y a la enorme adopción del home office. Aunque de modo dramático, la crisis del coronavirus también nos demuestra que existen formas más sustentables de vivir en las grandes ciudades.

Sin embargo, quizás la enseñanza más valiosa que nos deja estos días en los que la Tierra se detuvo, es poder reflexionar sobre la importancia de la responsabilidad individual. A diferencia de otras causas urgentes -la contaminación del planeta, la lucha contra la corrupción, el fin de la desigualdad- en donde una buena acción no siempre tiene resultados tangibles en el corto plazo, en el caso de esta epidemia, lo que hacemos -o lo que dejamos de hacer-, tiene consecuencias inmediatas.

“El coronavirus ayuda a entender el impacto de la responsabilidad individual en la sociedad. De la misma forma en que la gente se lava las manos o toma distancia social para combatir el virus, el hecho de adoptar hábitos sustentables tiene un efecto acumulativo y fundamental en el medio ambiente”, opina Dafna Nudelman, especialista en sustentabilidad y activista por el consumo responsable. Y concluye: “Es la falacia del granito de arena: muchas veces nuestras acciones pueden parecer insignificantes, pero en momentos como este nos damos cuenta de que tienen un impacto real”.

Manuel Torino (publicado en La Nación el 21/03/2020)

Recuperable de https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/vacaciones-para-el-planeta-nid2345773

Yuval Noah Harari: “en la batalla contra el coronavirus nos falta liderazgo mundial”

En este momento de crisis, la lucha crucial tiene lugar dentro de la propia humanidad. Si esta epidemia resulta en una mayor desunión y desconfianza entre los humanos, será la mayor victoria del virus. Cuando los humanos se pelean, los virus se duplican. Por el contrario, si la epidemia da lugar a una cooperación mundial más estrecha, será una victoria no sólo contra el coronavirus, sino contra todos los patógenos futuros.

Muchas personas culpan de la epidemia de coronavirus a la globalización y dicen que la única manera de prevenir más brotes de este tipo es des-globalizar el mundo. Construir muros, restringir los viajes, reducir el comercio. Sin embargo, si bien la cuarentena a corto plazo es esencial para detener las epidemias, el aislacionismo a largo plazo llevará al colapso económico sin ofrecer ninguna protección real contra las enfermedades infecciosas. Justo lo contrario. El verdadero antídoto contra las epidemias no es la segregación, sino la cooperación.

Las epidemias mataron a millones de personas mucho antes de la actual era de la globalización. En el Siglo XIV no había aviones ni cruceros y, sin embargo, la Peste Negra se extendió desde Asia Oriental a Europa Occidental en poco más de una década. Mató entre 75 y 200 millones de personas, más de un cuarto de la población de Eurasia. En Inglaterra, cuatro de cada diez personas murieron. La ciudad de Florencia perdió 50.000 de sus 100.000 habitantes.

En marzo de 1520, un solo portador de viruela -Francisco de Eguía- desembarcó en México. En ese momento, América Central no tenía trenes, autobuses o burros. Sin embargo, en diciembre una epidemia de viruela devastó toda América Central matando, según algunas estimaciones, hasta un tercio de su población.

En 1918, una cepa de gripe particularmente virulenta logró propagarse en pocos meses a los rincones más remotos del mundo. Infectó a 500 millones de personas, más de un cuarto de la especie humana. Se estima que la gripe mató al 5% de la población de la India. En la isla de Tahití murió el 14%. En Samoa, el 20%. En total, la pandemia mató a decenas de millones de personas -y hasta 100 millones- en menos de un año. Más de los que en la I Guerra Mundial murieron en cuatro años de brutales combates.

En el siglo transcurrido desde 1918, la humanidad se hizo cada vez más vulnerable a las epidemias, debido a una combinación de poblaciones crecientes y un mejor transporte. Una metrópoli moderna como Tokio o la Ciudad de México ofrece a los patógenos terrenos de caza mucho más ricos que la Florencia medieval, y la red mundial de transporte es hoy mucho más rápida que en 1918. Un virus puede llegar de París a Tokio y a Ciudad de México en menos de 24 horas. Por lo tanto, deberíamos haber esperado vivir en un infierno infeccioso, con una plaga mortal tras otra.

Sin embargo, tanto la incidencia como el impacto de las epidemias han disminuido dramáticamente. A pesar de los horribles brotes como el SIDA y el Ébola, en el siglo XXI las epidemias matan a una proporción mucho menor de humanos que en cualquier otro momento desde la Edad de Piedra. Esto se debe a que la mejor defensa que los humanos tienen contra los patógenos no es el aislamiento, sino la información. La Humanidad ha estado ganando la guerra contra las epidemias porque en la carrera armamentista entre los patógenos y los médicos, aquéllos se basan en mutaciones ciegas mientras que éstos lo hacen en el análisis científico de la información.

Cuando la Peste Negra golpeó en el Siglo XIV, la gente no tenía idea de lo que la causaba y lo que se podía hacer al respecto. Hasta la era moderna, los humanos solían culpar de las enfermedades a dioses furiosos, demonios malignos o al aire, y ni siquiera sospechaban de la existencia de bacterias y virus. La gente creía en ángeles y hadas, pero no podían imaginar que una sola gota de agua pudiera contener una armada entera de depredadores mortales. Por lo tanto, cuando la Peste Negra o la viruela vino a visitarnos, lo mejor que se les ocurrió a las autoridades fue organizar oraciones en masa a varios dioses y santos. No ayudó. De hecho, cuando la gente se reunía para rezar en masa, a menudo causaba infecciones en masa.

Durante el siglo pasado, científicos, médicos y enfermeras de todo el mundo reunieron información y juntos lograron entender tanto el mecanismo detrás de las epidemias como los medios para contrarrestarlas. La teoría de la evolución explicó por qué y cómo surgen nuevas enfermedades y las viejas se vuelven más virulentas. La genética permitió a los científicos espiar el propio manual de instrucciones de los patógenos. Mientras que los medievales nunca descubrieron qué causó la Peste Negra, a los científicos les llevó sólo dos semanas identificar el nuevo Coronavirus, secuenciar su genoma y desarrollar una prueba fiable para identificar a las personas infectadas.

Una vez que los científicos entendieron qué causa las epidemias, se hizo mucho más fácil combatirlas. Las vacunas, los antibióticos, la mejora de la higiene y una infraestructura médica mucho mejor han permitido a la Humanidad sacar ventaja sobre sus depredadores invisibles. En 1967, la viruela todavía infectó a 15 millones de personas y mató a dos millones de ellas. Pero en la década siguiente una campaña mundial de vacunación contra la viruela tuvo tanto éxito, que en 1979 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la Humanidad había ganado, y que la viruela había sido completamente erradicada. En 2019, ni una sola persona fue infectada o murió de viruela.

¿Qué nos enseña esta historia para la actual epidemia de Coronavirus? Primero, implica que no puede protegerse cerrando permanentemente sus fronteras. Recordemos que las epidemias se propagaban rápidamente incluso en la Edad Media, mucho antes de la era de la globalización. Así que aunque reduzcamos nuestras conexiones globales al nivel de la Inglaterra en 1348, eso sería todavía insuficiente. Para protegerse realmente a través del aislamiento, volver a la Edad Media no será suficiente. Tendríamos que regresar a plena Edad de Piedra.

¿Podemos hacerlo?

En segundo lugar, la Historia indica que la verdadera protección proviene de compartir información científica fiable y de la solidaridad mundial. Cuando un país se ve afectado por una epidemia, debe estar dispuesto a compartir honestamente la información sobre el brote sin temor a una catástrofe económica, mientras que otras naciones deben poder confiar en esa información y estar dispuestos a tender una mano amiga en lugar de condenar a la víctima al ostracismo. Hoy en día, China puede enseñar a los países de todo el mundo muchas lecciones importantes sobre el coronavirus, pero ello exige un alto nivel de confianza y cooperación internacional.

Nuestras compras por pánico representan una cosa que podemos controlar. La cooperación internacional también es necesaria para que las medidas de cuarentena sean eficaces. La cuarentena y el encierro son esenciales para detener la propagación de las epidemias. Pero cuando los países desconfían entre sí y cada uno siente que está solo, los gobiernos dudan en tomar medidas tan drásticas. Si se descubren 100 casos de coronavirus en su país, ¿cerraría inmediatamente ciudades y regiones enteras? En gran medida, eso depende de lo que se espera de otros países. El cierre de sus propias ciudades podría conducir a un colapso económico. Si cree que otros países vendrán en su ayuda, es más probable que adopte esta medida drástica. Pero si pensamos que otros países nos van abandonar, probablemente dudaremos hasta cuando sea demasiado tarde.

Tal vez, lo más importante que la gente debería comprender de estas epidemias es que su propagación en cualquier país pone en peligro a toda la especie humana. Esto se debe a que los virus evolucionan. Los virus del tipo corona se originan en animales, como los murciélagos. Cuando saltan a los humanos, inicialmente los virus se adaptan mal a sus huéspedes humanos. Mientras se replican en los humanos, los virus ocasionalmente sufren mutaciones. La mayoría de las mutaciones son inofensivas.

Pero de vez en cuando una mutación hace que el virus sea más infeccioso o más resistente al sistema inmunológico humano, y esta cepa mutante del virus se propaga rápidamente en la población humana. Dado que una sola persona puede albergar trillones de partículas de virus que se replican constantemente, cada persona infectada da al virus trillones de nuevas oportunidades para adaptarse mejor a los humanos. Cada portador humano es como una máquina de juego que le da al virus billones de billetes de lotería: el virus necesita premiar con un solo billete ganador para prosperar.

Esto no es una mera especulación. La “Crisis en la Zona Roja” (Crisis in the Red Zone), de Richard Preston, describe exactamente tal cadena de eventos en el brote del Ébola de 2014. El brote comenzó cuando algunos virus del Ébola saltaron de un murciélago a un humano. Estos virus hicieron que la gente se enfermara mucho, pero aún así se adaptaron a vivir dentro de los murciélagos más que al cuerpo humano. Lo que hizo que el Ébola pasara de ser una enfermedad relativamente rara a ser una epidemia furiosa fue una sola mutación en un solo gen de un virus del Ébola que infectó a un solo humano, en algún lugar de la zona de Makona, en África occidental. La mutación permitió que la cepa mutante del Ébola -llamada la cepa Makona- se vinculara con los transportadores de colesterol de las células humanas. Ahora, en lugar de colesterol, los transportadores transportaban el Ébola a las células. Esta nueva cepa Makona era cuatro veces más infecciosa para los humanos.

Al leer estas líneas, tal vez una mutación similar está ocurriendo en un solo gen del coronavirus que infectó a alguna persona en Teherán, Milán o Wuhan. Si esto está sucediendo, es una amenaza directa no sólo para los iraníes, italianos o chinos, sino también para nuestra propila vida. La gente de todo el mundo comparte un interés de vida o muerte por no darle al coronavirus tal oportunidad. Y eso significa que tenemos que proteger a cada persona en cada país.

En la década del 70, la humanidad logró derrotar al virus de la viruela porque todas las personas en todos los países fueron vacunadas contra la viruela. Si incluso un país no vacunaba a su población, podría haber puesto en peligro a toda la Humanidad, porque mientras el virus de la viruela existiera y evolucionara en algún lugar, siempre podría volver a propagarse por todas partes.

En la lucha contra los virus, la humanidad necesita vigilar de cerca las fronteras. Pero no las fronteras entre países. Más bien, necesita vigilar la frontera entre el mundo humano y la esfera de los virus. El planeta Tierra se está asociando con innumerables virus, y otros nuevos están evolucionando constantemente debido a las mutaciones genéticas. La frontera que separa esta esfera de virus del mundo humano pasa por el interior del cuerpo de todos y cada uno de los seres humanos. Si un virus peligroso logra penetrar esta frontera en cualquier lugar de la Tierra, pone a toda la especie humana en peligro.

Durante el último siglo, la Humanidad ha fortificado esta frontera como nunca antes. Se han construido modernos sistemas de salud para servir de muro en esa frontera. Enfermeras, médicos y científicos son los guardianes que la patrullan y repelen a los intrusos. Sin embargo, largos tramos de esta frontera han quedado lamentablemente expuestos. Hay cientos de millones de personas en todo el mundo que carecen incluso de los servicios básicos de salud. Esto nos pone a todos en peligro. Estamos acostumbrados a pensar en la salud en términos nacionales, pero proporcionar una mejor atención sanitaria para los iraníes y los chinos ayuda a proteger a los israelíes y a los americanos también de las epidemias. Esta sencilla verdad debería ser obvia para todos, pero desafortunadamente se le escapa incluso a algunas de las personas más importantes del mundo.

Un mundo sin líderes

Hoy, la Humanidad se enfrenta a una crisis aguda no sólo por el coronavirus, sino también por la falta de confianza entre los humanos. Para derrotar una epidemia, la gente necesita confiar en los expertos científicos, los ciudadanos necesitan confiar en las autoridades públicas y los países necesitan confiar entre ellos. En los últimos años, los políticos irresponsables han socavado deliberadamente la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en la cooperación internacional. Como resultado de ello, ahora nos enfrentamos a esta crisis desprovista de líderes mundiales que puedan inspirar, organizar y financiar una respuesta mundial coordinada.

Durante la epidemia del Ébola de 2014, Estados Unidos sirvió como ese tipo de líder. Washington desempeñó un papel similar también durante la crisis financiera de 2008, cuando se le unieron suficientes países para evitar el colapso económico mundial. Pero en los últimos años, Estados Unidos han renunciado a su papel de líder mundial. La actual administración estadounidense ha recortado el apoyo a organizaciones internacionales como la OMS, y ha dejado muy claro al mundo que ya no tienen amigos de verdad, sino sólo intereses. Cuando estalló la crisis del coronavirus, Estados Unidos se mantuvo al margen, y hasta ahora se abstuvo de asumir un papel de liderazgo. Incluso si finalmente trata de asumirlo, la confianza en la actual administración se ha erosionado hasta tal punto, que pocos países estarían dispuestos a seguirla. ¿Seguiría usted a un líder cuyo lema sea “Yo primero” (Me First)?

El vacío dejado por Estados Unidos no ha sido ocupado por nadie más. Todo lo contrario. La xenofobia, el aislacionismo y la desconfianza caracterizan ahora a la mayor parte del sistema internacional. Sin confianza y solidaridad global no podremos detener la epidemia de coronavirus, y es probable que veamos más epidemias de este tipo en el futuro. Pero cada crisis es también una oportunidad. Esperemos que la actual epidemia ayude a la humanidad a darse cuenta del grave peligro que supone la desunión mundial.

Por ejemplo, la epidemia podría ser una oportunidad de oro para que la UE recupere el apoyo popular que ha perdido en los últimos años. Si los miembros más pudientes de la UE enviaran rápida y generosamente dinero, equipo y personal médico para ayudar a sus colegas más afectados, esto demostraría el valor del ideal europeo mejor que cualquier número de discursos. Si, por otra parte, cada país se deja a su suerte, entonces la epidemia podría ser el toque de muerte de la unión.

En este momento de crisis, la lucha crucial tiene lugar dentro de la propia humanidad. Si esta epidemia resulta en una mayor desunión y desconfianza entre los humanos, será la mayor victoria del virus. Cuando los humanos se pelean, los virus se duplican. Por el contrario, si la epidemia da lugar a una cooperación mundial más estrecha, será una victoria no sólo contra el coronavirus, sino contra todos los patógenos futuros.

publicado por Time el 15/03/2020

Recuperable de https://www.embajadaabierta.org/post/en-la-batalla-contra-el-coronavirus-nos-falta-liderazgo-mundial-por-yuval-noah-harari

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