Cada vez hay más pobres

Las estimaciones privadas marcan que, por el impacto del freno de la actividad económica fruto del aislamiento obligatorio, la pobreza podría estar afectando al 45% de la población, mientras que el nivel de informalidad habría superado el 50%. El propio ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, sostuvo que aunque es “difícil” hacer proyecciones en este momento, es “evidente que está aumentando la pobreza”, porque la pandemia hizo que subiera el costo de los alimentos y que bajaran los ingresos.

Un informe del Ministerio de Economía señala que el Gobierno destinará $1,7 billones (5,6% del producto bruto interno) entre abril y junio para paliar los efectos de la crisis. La certeza es que cuando la cuarentena termine, la situación económica será peor que la ya mala con que la Argentina enfrentó el Covid-19. La incógnita es qué podría hacerse para acelerar la recuperación. Devaluación, organización entre jurisdicciones de la asistencia social y convocatoria al Consejo Económico Social son algunas de las ideas que se barajan.

Las nuevas filas de pobres se alimentan de aquellos que integraban los sectores medios bajos, monotributistas, autónomos, pequeños emprendedores e incluso asalariados formales que ven recortados sus ingresos. Quienes ya eran pobres son los que están recibiendo algún tipo de compensación por parte del Estado y, en ese grupo, están los que bajarían un escalón más, hacia la indigencia. Según el estudio “El impacto social de la cuarentena”, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas), el índice de pobreza podría subir unos cinco puntos respecto del último semestre de 2019, cuando el resultado de la medición oficial hecha por el Indec dio un nivel de 35,5%.

Desde el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierten que esa estimación corresponde a inicios de abril y que, por la extensión del aislamiento, el índice podría ahora rondar entre 43% y 45%.

“¿Cuánto de lo perdido se puede recuperar? -se pregunta Agustín Salvia, director del Observatorio-. Depende del nivel de reactivación; las compensaciones que se están otorgando no resuelven el problema, hacen que no sea más profundo, que no empeore el clima social. Lo que podrá sacar a la gente de esa situación es un proceso; mientras más extendida y extensa sea la cuarentena, más impacto tiene en el empobrecimiento, en la pérdida de empleo y en la retracción de ingresos. La situación solo se resuelve con reactivación”.

Tema prioritario

Desde el Cedlas, su director Leonardo Gasparini señala que las necesidades actuales son “tan urgentes que se vuelven prioridad” por sobre el diseño de políticas de más mediano plazo, para cuando la pandemia ceda. “Para esto, habrá que ver cuál es su duración y qué daños difíciles de revertir dejará”, resume. En el “cortísimo plazo” incluye en su análisis dos frentes a atender: proveer una red de contención de ingresos para todos los hogares, en especial para aquellos de mucha vulnerabilidad, y una combinación de políticas para evitar “efectos sistémicos en la economía, de los cuales es mucho más difícil de volver”.

Jorge Colina, economista de Idesa, plantea que hay que pensar qué hacer cuando se salga del confinamiento, “porque buena parte de la población dejó de recibir ingresos”. A su criterio, ese momento será el “inicio de la película”, porque el Gobierno viene dando ayudas a los que ya la venían recibiendo. Además de la necesidad de que la actividad repunte, Colina señala que es “imprescindible” ordenar los programas sociales.

“Eso nunca se hizo en el país; hay programas nacionales que se entrometen en funciones provinciales y que, además, se van sumando -agrega-. Es una suerte de competencia entre jurisdicciones para ver quién da más, pero en una restricción presupuestaria tan dura como tiene la Argentina, es urgente una administración eficiente; de lo contrario, agravamos la crisis”.

Colina subraya que hay que diferenciar las posibilidades que tiene la Argentina de las de otros países que lanzaron paquetes de incentivos con fondos públicos, porque el punto de partida es diferente: “Son Estados que ahorraron toda la vida; nunca emitieron y ahora lo van a hacer. Los que tienen un Estado más ordenado cuentan con margen para desordenarse; nosotros solo agravamos el caos”. En ese contexto, analiza que la emisión monetaria no genera más bienes y servicios; “sí se sostienen los niveles de ingresos, pero la oferta de bienes y servicios cae y la inflación recrudecerá”.

Para el economista de Idesa, la escapada del valor del dólar paralelo es “solo un anticipo” de lo que está por venir con el resto de los precios. “Si hay menos producción de bienes y servicios, alguien tiene que hacer el esfuerzo equivalente para que la demanda agregada se reduzca a un nivel consistente con la menor oferta agregada -añade-. Más honesto sería explicitar que la sociedad tiene que hacer un sacrificio equivalente a la pérdida de producción que genera el aislamiento; o lo hacen los sectores de ingresos medios y altos aceptando menores remuneraciones, o el grueso del sacrificio se concentrará en las familias de más bajos ingresos a través de una mayor inflación”.

Salvia coincide en que, de cara a la poscuarentena no se ven “señales claras”, teniendo en cuenta el contexto de estancamiento e inflación en el que ya estaba el país previamente. Insiste en que las medidas a las que se esté echando mano son “para detener la caída, para no hacerla tan grave, para que no se corte la cadena de pagos, pero no dan capacidades para reactivar”. Y duda de cuánta es la capacidad que tendrá el Estado de reactivar “sin poder inyectar mucho más dinero sin que se produzca un efecto inflacionario”.

Una salida difícil

A los consultados para esta nota se les dificulta establecer qué forma podría tener la salida de la crisis. Por caso, Gasparini indica que todo dependerá de cuánto se prolonguen la pandemia y la necesidad de mantener la cuarentena; sostiene que el país está “mejor posicionado” que en 2001 en varias dimensiones, pero a diferencia de esa vez, “el mundo no contribuye para nada en una eventual recuperación”.

“Vislumbro una depresión económica y social; una manera de amortiguar sería una megadevaluación para que todo el dinero inyectado pierda valor -expresa Salvia-; sino, se extenderá el tiempo de espera de la reactivación aunque la duda es con qué financiación. No será una salida ni ‘V ni en U’, no hay señales en ese sentido. Tal vez sea en ‘L'”.

De todos modos, el sociólogo cree que esta crisis, una vez más, es una “oportunidad” en la que “hay que pensar que en el día después nadie va a salir solo, ni siquiera un sector político”. La convocatoria al Consejo Económico Social para avanzar en acuerdos, políticas de Estado y reglas de juego, es una de sus propuestas.

El exministro de Economía Domingo Cavallo está entre quienes sostienen que para poner en marcha un plan de estabilización se requerirá “una devaluación fuerte en el mercado comercial” . Para él, esa es “la clave para pensar la solución para el futuro” aunque alerta también que, si bien puede servir para “convencer y recrear la confianza”, “si se ve una mayor desorganización, no habrá regreso ni aplicación de capitales, sino una fuga aun mayor”.

Los economistas consultados por LA NACION coinciden en que el Estado tiene en la Argentina poco margen fiscal para actuar y advierten que, cuando se empiece a normalizar la actividad económica, la mayor liquidez que habrá como consecuencia de la emisión monetaria podría acelerar la inflación.

Gabriela Origlia (publicado por La Nación el 17/05/2020)

Fuente https://www.lanacion.com.ar/economia/indicadores-sociales-mas-pobreza-un-efecto-que-requiere-alivio-urgente-nid2366096